Tendencia 2013: No subvenciones un smartphone a tu hijo, cómpratelo

No me extraña que con tanto cambio a Javier Leiva le duela en la biblioteca pensando en qué van a encontrar sus hijos si deciden aparecer por allí. Como él, también estoy preocupado: mira que si lo primero que encuentran es un mostrador custodiado por un tipo con gafas (¡ay, la presbicia!) o una señora con moño, sin un smartphone en el bolsillo o un tablet entre las manos. Vaya, para una vez que se animan a venir, se topan con lo más rancio del modelo anterior sin las prestaciones más innovadoras del nuevo.

Tendencias 2013: smartphone

Cualquier persona que se acerca a nuestros mostradores (todavía muchas, a tenor de las estadísticas) posee la tecnología para descubrir y acceder a la información; sus principales estímulos para seguir acudiendo a las bibliotecas no serán ni la colección ni el catálogo, sino el espacio y, sobre todo, el factor humano (sí, me refiero a tí que estás leyendo estas líneas). El edificio sigue siendo muy importante (y hay que cuidar los detalles: mobiliario adaptado a las nuevas necesidades, ambiente agradable,…a mí personalmente me gustan con posibilidad de café) pero no como espacio físico contenedor y cerrado sino como un lugar de socialización y de tránsito en el que los profesionales facilitarán a las personas la vida en el entorno digital.

La capacitación tecnológica es clave y, hoy por hoy, se consigue con un smartphone en el bolsillo. A diferencia de periodos anteriores, no disponemos de una tecnología específica para bibliotecas sino de una tecnología cotidiana “tuneada” para uso bibliotecario. Negar la mayor y obcecarse en vetar llevar un cacharro de esos por considerarlos una intromisión del trabajo en el ámbito privado nos impide conocer para poder tunear. 

Por favor, cuando vayas a subvencionar el smartphone de tu hijo no te olvides de renovar tu zapatófono. Las gafas y el moño son inevitables (vemos mal de cerca y el pelo recogido es más cómodo), lo de los dispositivos, no. Y eso sí que es preocupante.

Por cierto, Natalia cuenta lo mismo…pero de otra manera 😉

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Sorpresas en los datos de acceso a la web de las bibliotecas desde dispositivos móviles en EE.UU.

El acceso a los sitios web de las bibliotecas desde dispositivos móviles ha dejado de ser minoritario y no se ve afectado por los mismos factores que afectan al acceso desde ordenadores de sobremesa o portátiles. Aunque estamos hablando de dispositivos con un coste alto, el factor socioeconómico no resulta significativo. Así lo muestran los datos de una encuesta publicada recientemente por Pew Internet.

El 13% de los usuarios de bibliotecas mayores de 16 años se conecta a la web de la biblioteca desde un dispositivo móvil —teléfono móvil, smartphone, tableta o lector de libros electrónicos— en los últimos meses en Estados Unidos. Este dato podría parecer insignificante, pero he aquí la primera de las sorpresas anunciadas en el título: no lo es tanto si se tiene en cuenta que solo una cuarta parte de los usuarios se ha conectado a la web de la biblioteca en los últimos 12 meses y tan solo el 39% declara haberlo hecho alguna vez.

El estudio de Pew Internet también arroja datos sobre el tipo de usuarios que acceden a la web de la biblioteca desde un móvil en función de variables como su edad, sexo, origen étnico, nivel educativo y socioeconómico y hábitat. Las variables que marcan realmente mayores diferencias son tres: nivel educativo, hábitat y edad. Respecto al primero, el nivel educativo, se observan diferencias de diez puntos porcentuales entre los universitarios superiores (el 21% se ha conectado a la web de la biblioteca desde el móvil) y los no universitarios (9% en el caso de estudios medios y otro 9% entre personas con estudios elementales). Por otra parte, se reduce a la mitad el acceso en el ámbito rural (8%) con respecto al urbano (16%) y suburbano (13%) y son los mayores de 65 años el grupo que menos emplea un dispositivo móvil para acceder a la web de la biblioteca (5%).

El resto de las variables muestran algunas diferencias ligeras a favor de las mujeres sobre los hombres, de negros (17%) e hispanos (14%) frente a blancos (12%) y en función de niveles socioeconómicos más altos, con solo tres puntos porcentuales de diferencia entre las rentas más altas y las más bajas. En este sentido, sorprende que, a pesar del alto coste de los teléfonos inteligentes, no sea mayor la brecha entre los diferentes niveles socioeconómicos.

La última de las sorpresas que revelan estos datos es la diferencia de patrones con respecto al acceso a la web desde un ordenador. En este caso sí son significativas las diferencias que marcan el nivel socioeconómico (del 18% entre las rentas menores de 30.000$ anuales a 34% entre las mayores de 75.000$) y el factor educativo (entre el 11% en niveles elementales y el 43% de los universitarios superiores). También se observan diferencias por edad, aunque quizás no tanta entre los más mayores, y se invierte el efecto del factor étnico, pues en este caso son blancos y negros quienes más acceden.

A la luz de estos datos se podría afirmar que la brecha de acceso a los sitios web de las bibliotecas en EE.UU. se traslada especialmente al hábitat, nivel educativo y edad y deja de ser económica. Estos datos suponen una buena noticia, por cuanto indican una mayor igualdad de condiciones en el acceso a la información desde dispositivos móviles de lo que cabría suponer. Habrá que permanecer atentos a su evolución.

¿Podrían las bibliotecas sustituir los ordenadores por tabletas y otros dispositivos móviles?

La cuestión formulada en el título de este post fue planteada por Dídac Martínez durante el XI Workshop de REBIUN (pdf) celebrado en la UPC el pasado 23 de noviembre. Sinceramente, no tengo una respuesta para ello, pero después de darle vueltas un par de días no me parece en absoluto descabellada, incluso creo que es casi hasta lógica.

Por una parte, si pensamos en ordenadores de uso público, las tabletas son las más adecuadas para sustituir al PC, y permiten un acceso cómodo a cualquier web, desde el periódico a la web de la biblioteca o el OPAC. Incluso acceder a redes sociales, correo electrónico o programas ofimáticos en la nube, como Google Docs, y también leer libros electrónicos en formatos ePub y pdf. Por otro, permitirían flexibilizar los espacios de la biblioteca y cambiar las mesas y sillas por cómodos sillones, ahorrando espacio y haciendo sentir al usuario como en casa.

Su coste no es mucho mayor que el de algunos PCs, incluso existen tablets más baratas que ellos. Y si hablamos de mantenimiento, es sencillo resetear. Como respondió Eva Patricia Gil durante el Workshop, los usuarios no los soltarían de las manos. Yo tampoco lo haría, desde luego.

El tema de la seguridad es el mayor inconveniente que se podría plantear, pues son muy golosos y habría que buscar alguna manera de evitar que se cuelen distraídamente en alguna mochila sin lastrar su movilidad. También habría que solucionar algunos aspectos relacionados con el mantenimiento, pues algunas tabletas necesitan crear cuentas para la descarga de apps.

Algo más difícil sería sustituir los ordenadores de uso interno, puesto que los ordenadores son óptimos para el uso continuado y en muchos puestos de trabajo se requieren programas especializados que no se pueden instalar en una tableta, pero seguramente para el desempeño de algunas funciones sería factible.

¿Podemos soltar lastre?

Actualización 01/12/2012: Los vídeos con las intervenciones en el Workshop de REBIUN pueden verse en UPC Commons.