El uso de las bibliotecas públicas desciende en el Reino Unido

Los servicios de biblioteca pública cada vez se utilizan menos en el Reino Unido. En 2005-2006 casi la mitad de los adultos entrevistados afirmaba haberlos utilizado (48,2%), mientras que en 2015-2016 ese porcentaje se ha reducido a un tercio (33,4%). Es una de las conclusiones más significativas y alarmantes que revelan las estadísticas publicadas recientemente por el Department for Media, Culture & Sport de dicho país en el informe Taking Part 2015/16 Quarter 4.

Los datos también revelan que el uso de las bibliotecas públicas se mantiene estable en las áreas más desfavorecidas y es en las áreas con menos carencias donde más desciende, casi 15 puntos porcentuales entre 2009-2010 y 2015-2016.

DCM&S

Tendencias en las visitas a instituciones culturales en el Reino Unido, 2005-2016. Fuente: Taking Part 2015/16 Quarter 4.

Otras instituciones culturales, como los museos, no están sufriendo la misma suerte, sino que han visto incrementar la afluencia de público, como se puede apreciar en la imagen. El periódico The Guardian ha publicado una noticia en la que comenta estos y otros datos.

Aunque las estadísticas publicadas no explican la razón de este descenso, todo apunta a que el deterioro de los servicios bibliotecarios está detrás de ello. En los últimos años hemos tenido noticia del vapuleo que están sufriendo las bibliotecas de este país: 343 bibliotecas cerradas, casi 8.000 puestos de trabajo perdidos, según algunas fuentes, además de la sustitución del personal por voluntarios, menos horas de apertura y los severos recortes presupuestarios, como ha venido informando Ian Anstice en su blog puntualmente.

La #biblioteca vuelve a superarse

«Nunca pensamos que ‪#biblioteca llegaría a ser lo que hoy es», decía Enzo Abbagliati en su cuenta de Twitter. En el octavo intento el hashtag #biblioteca se ha situado entre las tendencias en Twitter desde primera hora de la mañana en España y ha estado presente todo el día en diferentes posiciones, compartiendo protagonismo con otros temas de actualidad.

Los datos de Trendinalia dicen que la #biblioteca ha estado entre las principales tendencias en España desde las diez de la mañana hasta las siete de la tarde, con más fuerza a primeras horas, entre los puestos segundo y quinto, para después ir perdiendo fuerza. Esto demuestra que en nuestro país preferimos la mañana, a pesar de que la hora propuesta para hacerlo con mayor intensidad fueron las cuatro y las ocho de la tarde.

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Comportamiento de las 20 primeras tendencias en España. Fuente: Trendinalia.

Haciendo balance del día, #biblioteca ha sido la séptima tendencia más importante y ha estado en los más alto durante diez horas. Recordemos que el pasado año estuvo en el número catorce y se mantuvo la mitad de tiempo, cinco horas.

La #biblioteca también ha sido tendencia en Chile,Perú y Argentina. En Chile lo anunciaba la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (@dibam_cl) alrededor de las 16 (las 10:00 en Chile) y ha estado presente durante toda la mañana, según señalaba Gonzalo Oyarzun (@gonzaloyarzun). En esta edición el logro ha sido más duradero que en las anteriores.

En Perú lo indicaba Silvana Aquino, alias @cibertecaria, aproximadamente a la misma hora que se lograba en Chile.

Este éxito ha sucedido de forma tan natural que parece algo sencillo y normal, aunque no lo sea en absoluto. Después de ocho intentos, sigue siendo extraordinario que cientos de bibliotecarios de todo el mundo consigan que la #biblioteca esté en uno de los espacios con mayor visibilidad social del momento y de forma espontánea. No es habitual que un gremio se una de esta manera, al menos yo no conozco ningún otro ejemplo similar, y que continúe año tras año el intento.

En definitiva, tiene que haber un elemento que ejerza de aglutinante: el compromiso de los profesionales, la convicción de que las bibliotecas son importantes y de que merecen estar situadas en un lugar visible de nuestra sociedad. El reto ahora está en trasladar este logro a otros espacios, ¿lo aceptamos?

#biblioteca, octava edición

El próximo 10 de agosto te invitamos a participar en la acción colaborativa con más poder de convocatoria en el ámbito bibliotecario hispanohablante, el día de la #biblioteca, cuyo objetivo consiste en posicionar el hashtag #biblioteca entre las tendencias de Twitter. Por octavo año consecutivo, personas de todo el mundo aportaremos nuestro granito de arena para que nuestras bibliotecas sean más visibles, pero sobre todo para divertirnos y fortalecer lazos.

10 de agosto de 2016

Todo comenzó hace ya ocho veranos, cuando un grupo de bibliotecarios nos preguntamos si seríamos capaces de conseguir que la etiqueta #biblioteca fuera una de las más comentadas del día en Twitter. Aunque no lo logramos en esa ocasión, sentimos la emoción de compartir con otros colegas nuestra pasión por las bibliotecas. #biblioteca ha sido tendencia en varias ocasiones ya, la última el pasado verano, pero aún mantenemos la ilusión por volver a conseguirlo y lograr que en otros lugares del mundo se repita la hazaña.

Si quieres participar, a continuación te dejamos cinco ideas:

  1. Tuitea sobre las bibliotecas durante el próximo 10 de agosto e incluye la etiqueta #biblioteca. Presta atención de escribir el hashtag en singular y sin errores tipográficos, porque si no tu esfuerzo no sumará.
  2. Si estás de vacaciones ese día, programa tus tuits con servicios como Hootsuite o TweetDeck.
  3. Algunos temas sobre los que puedes tuitear: cuál es tu biblioteca favorita, por qué te gustan o por qué crees que son necesarias para nuestra sociedad, servicios bibliotecarios, bibliografía, fotografías o curiosidades.
  4. Difunde la iniciativa entre tus amigos, en tus perfiles en redes sociales y entre los usuarios de tu biblioteca para que puedan participar.
  5. Ten en cuenta las reglas de Twitter para evitar que tu cuenta se vea bloqueadas.

Aunque tuitearemos a lo largo de todo el día, las horas en las que concentraremos nuestros esfuerzos serán las siguentes:

  • 08:00 y 12:00 h. Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua.
  • 09:00 y 13:00 h. Colombia, Ecuador, México, Panamá, Perú.
  • 09:30 y 13:30 h. Venezuela.
  • 10:00 y 14:00 h. Cuba, Bolivia, Chile, Estados Unidos (Washington), Paraguay, Puerto Rico, República Dominicana.
  • 11:00 y 15:00 h. Argentina, Brasil, Uruguay.
  • 15:00 y 19:00 h. España (Canarias), Portugal.
  • 16:00 y 20:00 h. España (Península).
  • Encontrarás más información sobre esta iniciativa y las anteriores convocatorias: 2009 | 2010 | 2011 | 2012 | 2013 | 2014 | 2015.

    ¿Te sumas al reto?

¿Nuevos modelos de cooperar, colaborar y compartir?

Desde hace décadas las bibliotecas han colaborado entre ellas para optimizar recursos, aunar esfuerzos, compartir experiencias etc.. que con el tiempo se han formalizado en redes, consorcios, asociaciones, etc.. como REBIUN la Red de Bibliotecas Universitarias Españolas, el Consorcio de Bibliotecas Universitarias de Catalunya (CBUC) que actualmente está integrado en el Consorcio de Servicios Universitarios de Catalunya (CSUC) o a más alto nivel como puede ser LIBER la Ligue des Bibliothèques Européennes de Recherche u OCLC.

Uno participa o ha participado en diferentes grupos de trabajo especialmente en las dos primeras entidades y sin desmerecer la utilidad y las ventajas de este tipo de entidades, en general se quedan en el nivel de direcciones y técnicos con poca influencia de los “front office” de las bibliotecas que finalmente tienen que implementar los proyectos acordados.

Pero en  los últimos diez días hemos vivido tres experiencias ligeramente diferentes a las dinámicas de esas macroentidades mencionadas.  

Por un lado el segundo encuentro entre equipos de las bibliotecas con perfil politécnico lease las bibliotecas de las universidades politécnicas de Madrid, Valencia, Cartagena y Catalunya. La idea surge a partir del proyecto UP4, una alianza entre las cuatro universidades para entablar acciones conjuntas en materia de docencia, investigación,
transferencia del conocimiento e innovación. 

El planteamiento de las bibliotecas de estas cuatro instituciones fue,  ¿Si lo hacen los de “arriba”,  porque no las bibliotecas? Pues nada, un sondeo aprovechando la última asamblea de REBIUN, unos e-mail más alguna llamada y manos a la obra.   

Mañana intensa en donde cada institución presentó sus proyectos más relevantes, además de tratar aspectos que nos inquietan y cómo los podemos afrontar, acordando algunos proyectos a desarrollar conjuntamente.

Se mostraron iniciativas, algunas de las cuales se presentarán en el próximo Workshop de REBIUN   como la geolocalización de la producción científica, mapas de la ciencia, plataformas de préstamo de e-books, como incorporar los materiales de las editoriales, la gestión de datos de investigación, cómo se gestiona el flujo de trabajo entre los CRIS y los repositorios,  el autopréstamo de portátiles. UP4

Todo un conjunto de temas en los que alguna de las bibliotecas está trabajando, otras ya lo hacen pero tienen inputs para mejorar o bien iniciativas para afrontar conjuntamente. Mención especial merece los costes que supone para cada una de las bibliotecas los productos digitales que suscriben: la diversidad de tarifas es sorprendente y  requieren de una normalización, No digo precios, pero algunas diferencias eran de escándalo y aquí hay tarea😉

…. Y  seguimos: 24 horas más tarde celebramos un encuentro conjunto entre los equipos y directores/as de las bibliotecas de la Universidad de Barcelona (UB) y la de Politècnica de Catalunya  (UPC).

Contextualicemos primero: la zona universitaria de Barcelona debe ser una  de las áreas con mayor densidad de bibliotecas académicas. En poco más de un kilómetro cuadrado,  además de los servicios técnicos, hay siete bibliotecas de la UB y cinco de la UPC y resulta que salvo alguna excepción los responsables de la UB no conocen a los de la UPC y viceversa. UB_UPC

Pues la idea del encuentro es empezar a recortar ese “gap” entre bibliotecas que realizan actividades similares y que nunca habían hablado entre ellas cuando en algún caso les separa un semáforo o menos.

Tras una breve presentación se generaron un sinfín de propuestas de colaboración que por votación se redujeron a seis que se concretaron gracias a diferentes grupos de trabajo y de las que durante el próximo curso desarrollaremos un par de ellas, además del compromiso de realizar el encuentro regularmente.  

Mis percepciones del encuentro más allá de las propuestas: la importancia de conocer al o la de la biblioteca de al lado, las conversaciones sobre temas terrenales que afectan  a las bibliotecas como el modo de gestionar el silencio, los hurtos, el esfuerzo mantener las instalaciones abiertas con recursos reducidos, la gestión de los fondos, el mobiliario, los conflictos etc… una pausa y buen café tuvo su efecto.  Y creo que como decía Rick Blaine (Bogart) a Louis Renault (Claude Rains) en Casablanca:  presiento que este es el comienzo de una gran amistad.

Y para finalizar la semana una reunión de seguimiento del  Proyecto LaboBiblioteques  otro ejemplo de buenas prácticas y colaboración en dónde están implicadas la redes de bibliotecas públicas de la Generalitat de Catalunya, de la Diputació de Barcelona, del Consorci de Biblioteques de l’Ajuntament de Barcelona y las bibliotecas de la Universidades de Girona, Barcelona, Oberta de Catalunya y Politècnica de Catalunya.

LaboBiblioteques es un espacio abierto de colaboración entre bibliotecas públicas y universitarias y con toda una serie de actuaciones y propuestas.   En este caso, lo relevante labono es la reunión de seguimiento, sino comprobar cómo va avanzando las diferentes actuaciones y especialmente  la completa autonomía de las diferentes bibliotecas para entablar proyectos basándose en la proximidad, en la temática  intereses, etc… y cada proyecto es completamente autónomo y que avanza al ritmo que acuerdan los responsables del proyecto.  También son temas muy pero muy terrenales como coordinarse en las aperturas en época de exámenes, el intercambio  temporal de lotes de libros o la formación en programación a usuarios de bibliotecas públicas entre otras actividades que se van cocinando.

Si has llegado hasta aquí, te debes estar preguntado el porqué de contar estas tres iniciativas, pues porque creo que estamos viviendo un nuevo modelo de colaboración. Me explico:

En estos casos considero relevante a diferencia de las asociaciones digamos formales como las mencionadas al inicio, que hemos logrado bajar algún escalón de lo podríamos definir “jerarquía bibliotecaria”. Ya no es tan macro o por “arriba” sino ya a nivel de biblioteca, completamente informal y como ya he mencionado anteriormente más terrenal y que implica pequeñas actuaciones y no grandes proyectos que a las “grandes asociaciones” por sus dinámicas es lógico que no contemplen.

Es probable que en una época de crisis a la que si le añadimos rápidos cambios tecnológicos que afectan a los modelos de aprendizaje y por extensión a las bibliotecas aparezca una filosofía basada en una fuerte colaboración desde abajo a casi coste cero y abierta a ideas y proyectos.  Probablemente puro instinto de supervivencia.

El futuro de los diferentes acuerdos ¿Quién lo sabe? pero va a depender de los que están en primera fila de las bibliotecas no de las cabezas pensantes.

Curiosamente cooperar, colaborar y compartir empiezan en CO,  otra característica es que también es low COst.

Si conoces experiencias similares, este puede ser un buen lugar para compartirlo 

…. y luego dicen que cuando finaliza la actividad académica, las bibliotecas vamos al ralentí. Leyenda urbana naturalmente😉

Los bibliotecarios académicos y el apoyo a la investigación

“Los bibliotecarios académicos y el apoyo a la investigación” es una colaboración de Antonio Luis Galán Gall, Director del área de bibliotecas de la Universidad de Castilla-La Mancha.

BUCCM_CuencaEstoy seguro de que nadie pone en duda la enorme evolución (¿revolución?) que las bibliotecas universitarias has desarrollado en las últimas décadas. Evolución en cuanto a su concepto (pensemos si no en la asunción no solo de modelo, sino también del término CRAI), en cuanto a las tareas que asumen, a sus objetivos y, muy en especial, en cuanto a sus servicios.
Si hacemos un somero repaso de los servicios ofrecidos por nuestras bibliotecas, de los años 90 a esta parte, nos encontramos con conceptos que a más de uno le hubieran parecido casi disparatados, y que hoy no sólo forman parte del quehacer cotidiano de los bibliotecarios, sino que, además, ocupan tal vez ya la mayor parte de nuestro tiempo, quizás porque otras tareas más “clásicas” han alcanzado unos elevadísimos niveles de automatización, con el consiguiente ahorro de costes y rentabilización del tiempo, al mismo tiempo que han surgido otras necesidades (o, tal vez, sólo se han hecho más evidentes).

La implantación de estos nuevos modelos ha contado con factores favorables, pero también adversos. Entre los que lo han facilitado están, como decíamos, el elevado nivel de automatización de algunas tareas, el modelo Bolonia de enseñanza/aprendizaje y la implicación institucional de las universidades, que han hecho de la biblioteca el verdadero epicentro de nuestras instituciones. Pero, por encima de lo anterior, la magnífica implicación de los profesionales y su enorme formación y preparación.

Esta formación, que comienza en las diversas facultades, y continúa a lo largo de la vida de la gran mayoría de nuestros profesionales, se debe tanto a la calidad que la enseñanza de la biblioteconomía y la documentación ha alcanzado en España, como al empeño de cada profesional por mantenerse formado, así como de las universidades por contar con los mejores profesionales. Otro factor, nada desdeñable, ha sido la cooperación entre bibliotecas y bibliotecarios, que toma forma, de modo muy especial, en la Red de Bibliotecas Universitarias (CRUE-REBIUN) o en cada uno de los consorcios existentes.
Así, las bibliotecas universitarias españolas cuentan con personas magníficamente preparadas para realizar las tareas más tradicionales de una biblioteca, pero también aquellas que se han incorporado a nuestra rutina en los últimos años: Alfabetización Informacional, marketing y difusión, evaluación de servicios y gestión de la calidad, responsabilidad social, apoyo a la docencia, y un larguísimo etcétera que no cabe aquí detallar.

Existe, sin embargo, un tipo de servicios que, aunque en algunas bibliotecas gozan de una larga tradición, están adquiriendo un auge que va a la par de la necesidad que universidades e investigadores tienen de hacerse visibles y competitivos: los servicios de apoyo a la investigación.

La investigación, como una de misiones fundamentales de la universidad, junto con la docencia, necesita de una serie de recursos que no se limitan a los concretos de cada proyecto o de cada campo del conocimiento científico. Recursos comunes e inherentes al hecho mismo de investigar, hacer visibles los resultados del trabajo realizado, y conseguir que, por diversos medios, ese resultado sea conocido y reconocido por la sociedad. Facilitar que esto sea posible, es también tarea de las bibliotecas.

Nunca es bueno partir de ejemplos, y si nos empeñáramos en acudir a alguno, tendríamos, sin salirnos del entorno REBIUN, al menos 60 o 70 casos válidos, por supuesto, cada uno con las limitaciones derivadas de su disponibilidad de recursos humanos y técnicos.  Es por eso por lo que no vamos a hablar de universidades o bibliotecas concretas, y nos limitaremos a enumerar, muy por encima, algunos de los servicios que, bajo este paraguas, se están ofreciendo a las comunidades universitarias y a las propias instituciones, tales como:

  • Apoyo para la evaluación de la actividad investigadora
  • Manejo de fuentes para la evaluación de la producción científica
  • Apoyo para la acreditación y la obtención de sexenios de los investigadores
  • Formación para el uso de recursos bibliográficos y herramientas
  • Formación y gestión de la Propiedad Intelectual
  • Normalización de firmas y de instituciones
  • Ayuda para publicar mejor, con más visibilidad y proyección
  • Gestión de la publicación en abierto
  • Realización de curriculum vitae normalizados
  • Y, por supuesto, estudios e informes bibliométricos que ayudan a que la universidad conozca mejor el impacto de la investigación de su personal, y de su posicionamiento en rankings universitarios, posibilitando su mejora.

Aunque resulte un tanto reiterativo, debo insistir: si esto es posible, con unos niveles de calidad además indudables, se debe, fundamentalmente, a los factores que ya hemos apuntado anteriormente:

–    Los profesionales que prestan sus servicios en las bibliotecas universitarias, son conscientes de la importancia que estos servicios tienen para su comunidad y, en consecuencia, su propia formación para gestionarlos. Es, precisamente, su vocación de servicio, lo que ha llevado a su implantación generalizada.

–    Las universidades, sabedoras también de la importancia de estos servicios, así como de todos aquellos que se prestan desde las bibliotecas, confían en su personal y lo apoyan con, entre otras cosas, importantísimas inversiones en formación continua (en ocasiones favorecida por asociaciones o incluso empresas especializadas).

–    La preparación previa con la que los profesionales llegan a sus puestos de trabajo, adquirida, en origen, en las facultades en las que estudian sus grados y master.

–    A la intensa labor de cooperación que existe entre bibliotecas, y que facilita el intercambio de ideas, de experiencias y de elementos formativos.

Los bibliotecarios académicos, universitarios en su inmensa mayoría, asumimos los retos que las nuevas necesidades de nuestras instituciones nos demandan, y lo hacemos con una enorme capacidad de innovación y de aprendizaje, adelantándonos, en la mayoría de las ocasiones, a que las propias universidades nos lo exijan. No se trata de crear necesidades, sino de anticiparnos a ellas y afrontarlas con enorme profesionalidad y dedicación.

 

 

 

 

 

Usuarios en vulnerabilidad social ¿por qué y para qué generar capital cultural desde la biblioteca?

[José-Antonio Gómez-Hernández. Grupo ThinkEPI]

Este texto es una reproducción de la nota ThinkEPI enviada por José-Antonio Gómez-Hernández a la lista de distribución IWETEL y se ha publicado con el previo consentimiento del autor y del Grupo ThinkEPI. Cita recomendada: Gómez-Hernández, José-Antonio (2016). “Usuarios en vulnerabilidad social ¿por qué y para qué generar capital cultural desde la biblioteca?”. Anuario ThinkEPI, v. 10, en prensa.

En este texto partimos de considerar que para las personas en situación de desventaja social el capital cultural es importante, y que las bibliotecas son un servicio público de referencia para facilitarlo, como se ha venido declarando durante la crisis económica por organizaciones profesionales e instituciones nacionales e internacionales en distintos documentos que sintetizamos. Citamos también iniciativas que compendian lo que se está realizando en bibliotecas públicas españolas y finalmente hacemos unas reflexiones acerca de uno de los colectivos más afectados de exclusión, el de personas sin hogar, difícil de atender pero que debemos conocer más para ayudar, a partir del ejemplo de la Zagreb City Library.

1. Capital cultural y personas en situación vulnerable

Puede parecer que la crisis se ha superado en términos estadísticos, pues ciertos indicadores económicos ofrecen mejores resultados, augurando el fin de la recesión. Sin embargo, las desigualdades sociales se han incrementado como consecuencia de las políticas con las que se ha afrontado esta crisis (Llano-Ortíz, 2015) y el número de personas en riesgo de pobreza o exclusión no deja de aumentar: a fines de 2014 casi un 30% de la población española la sufre, con regiones como Valencia, Castilla-La Mancha, Canarias, Extremadura, Andalucía y Murcia muy por encima.

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La cultura es importante para este sector de la sociedad: el VII Informe sobre exclusión social (Fundación FOESSA, 2014) afirma que «el capital cultural (…) es la condición de posibilidad para que una persona, un grupo o un territorio se desarrollen y superen las situaciones de pobreza y exclusión. Dota a los sujetos de conciencia, orientación, juicio moral, ánimos, capacidades y recursos de reflexión, creatividad y comunicación. El capital cultural es progresivamente crucial para poder empoderarse y desarrollarse en la sociedad infomoderna que vivimos, caracterizada por reflexividad, redes, globalidad, diversidad, informacionalización, riesgo y participación». Siendo así, las bibliotecas públicas como instituciones promotoras de la cultura y la educación deben integrarse con las políticas sociales, en una labor compensatoria de la falta de oportunidades que conlleva la pobreza, contribuyendo en la medida de sus posibilidades y recursos a que las personas se empoderen. Así se formuló en la Declaración de Murcia sobre la acción social y educativa de las bibliotecas en tiempos de crisis (Castillo et. al., 2010).

Porque en el mismo Informe FOESSA recién mencionado se explicaba que «la pobreza agudiza las desigualdades de capital cultural relativo a medios de reflexión y expresión (…). Los pobres y excluidos tienen menos recursos de información y comunicación (…). Los pobres sufren una barrera para su participación en la conversación pública (…). Cuanto más pobre y excluida es la persona y el entorno en el que vive, menos accede a prensa, menos accede a Internet en su hogar y menos participa en redes sociales. Si lo comparamos con alguien que vive en una zona de clase media alta, un ciudadano que resida en una zona marginal tiene un 31% menos de probabilidades de poder acceder a la prensa y noticias, el 71% menos de que en su hogar se acceda a Internet y el 58% menos de que se participe en redes sociales». Y a este problema deberíamos sumar que el sistema educativo no parece estar consiguiendo la reducción de las desigualdades, pues según el Informe PISA. Estudiantes de bajo rendimiento, en España ser socioeconómicamente desfavorecido supone una probabilidad tres veces mayor de fracasar en los estudios (OECD, 2016). El nacimiento y la condición económica, lamentablemente, siguen marcando el éxito educativo, por la falta de políticas que compense la igualdad de oportunidades.

2. Declaraciones y estudios recientes sobre nuestra función social

En primer lugar recordemos la Declaración de Lyon (IFLA, 2014), promovida para que se incluyera el derecho de acceso a la información en la nueva Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Para la Declaración de Lyon, «el creciente acceso a la información y al conocimiento, respaldado por la alfabetización universal, es un pilar fundamental del desarrollo sostenible. Una mayor disponibilidad de información y datos de calidad, así como la participación de las comunidades en el proceso de creación, originarán una asignación de recursos plena y más transparente». El acceso a la información sería un recurso transformacional y empoderador especialmente de los que viven en situación de pobreza y marginación, y condición de posibilidad para tener derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, para poder aprender y aplicar nuevas habilidades o para encontrar soluciones basadas en la comunidad. No hay desarrollo sostenible si no se hacen efectivos los derechos de modo que la desigualdad se pueda reducir, y ello implica el fortalecimiento, la educación y la integración de grupos marginales y minoritarios, migrantes, refugiados, personas con discapacidades y ancianas, niños y jóvenes. Y debe lograrse desde un enfoque de igualdad de género, de fomento del acceso equitativo a la información, de libertad de expresión, reunión y asociación, de respeto a la privacidad, y de posibilidad de participación pública de toda la ciudadanía.

Por ello en la Declaración de Lyon se proponía que las bibliotecas y los archivos junto a otros intermediarios ayudáramos a gobiernos, instituciones e individuos a transmitir, organizar, estructurar y comprender la información para el desarrollo,

  1. Ofreciendo información sobre los derechos fundamentales, servicios públicos, medio ambiente, salud, educación, oportunidades laborales y gasto público que apoye a las personas y comunidades locales a orientar su propio desarrollo.
  2. Identificando y centrando la atención sobre las necesidades y problemas que sean relevantes y urgentes entre la población.
  3. Vinculando a las partes interesadas más allá de las barreras regionales, culturales y de otro tipo para facilitar la comunicación y el intercambio de soluciones para el desarrollo que puedan adaptarse para conseguir un mayor impacto.
  4. Preservando y garantizando el acceso al patrimonio cultural, a los registros gubernamentales y a la información por medio de la gestión de bibliotecas y archivos nacionales y otras instituciones del patrimonio público.
  5. Proporcionando foros y espacios públicos para una mayor participación y compromiso de la sociedad civil en la toma de decisiones.
  6. Ofreciendo formación y desarrollo de habilidades que ayuden a las personas a acceder y comprender la información y los servicios que les sean más útiles.

Felizmente, la Agenda 2030 en vigor desde enero de este 2016 recoge la meta 16.10: «garantizar el acceso público a la información y proteger las libertades fundamentales, de conformidad con las leyes nacionales y los acuerdos internacionales» (Organización de las Naciones Unidas, 2015). De modo que marca un rumbo social a los bibliotecarios.

En España destacaríamos tres estudios que también nos orientan hacia esa función social. En primer lugar la Prospectiva 2020. Las diez áreas que más van a cambiar en nuestras bibliotecas en los próximos años, promovido por la Subdirección General de Coordinación Bibliotecaria (Gallo León, 2013, coord.). Dos de sus tendencias están directamente concernidas con nuestro tema: (5) «Las bibliotecas deben reforzar su función de crear comunidades, dotarlas de cohesión social y garantizar la igualdad de oportunidades de los ciudadanos en el acceso a la información» y (6) «Bibliotecas ágora o bibliotecas como tercer lugar». De acuerdo con la Prospectiva 2020 las bibliotecas deben fortalecer su rol instrumental en las políticas contra la exclusión social y ser cada vez más una plaza pública, un espacio social democratizador y en donde se desarrolle el conocimiento mediante herramientas, actividades, experiencias y oportunidades. Y asumir retos como profundizar en su dedicación a las necesidades de la comunidad, generar espacios y servicios que faciliten el acogimiento de los ciudadanos y usuarios, renovar actitudes del personal de las bibliotecas hacia una perspectiva aún más abierta de sus funciones y servicios bibliotecarios, concienciar a las autoridades para que respalden este uso de las bibliotecas como espacios abiertos y libres, y diseñar campañas para que la ciudadanía conozca y aproveche los nuevos usos de los centros. La Prospectiva 2020 incide también en que los usuarios participen en la toma de decisiones sobre la oferta de la biblioteca, que diseñaremos no solo para ellos sino también con ellos.

Un segundo documento de referencia es el Estudio FESABID sobre el Valor económico y social de los servicios de información: bibliotecas (Gómez-Yáñez, 2014). Además de acreditar que lo que se invierte en bibliotecas prácticamente multiplica por tres su valor económico medido en servicios prestados, resaltaríamos varias observaciones que nos dirigen en la misma línea:

  • La ciudadanía en general, incluso la no usuaria, tiene ya la consideración de nuestras instituciones como lugares acogedores, amables, siempre disponibles y que contribuyen al bienestar social a través de una variedad de servicios, altamente valorados por quienes las utilizan (en torno a 8 sobre 10). En contrapartida, aún no las perciben suficientemente como instrumento para mejorar sus cualificaciones profesionales o mejorar sus oportunidades de empleo, marcando una necesidad de comunicar más estas iniciativas que llevan tiempo realizando.
  • Los principales razones mencionadas para no usar las bibliotecas, la falta de tiempo (circunstancia aludida sobre todo por los empleados), y la disponibilidad de ingresos para acceder a los contenidos de modo privado, explican que la asistencia a las bibliotecas tienda a ser inversamente proporcional al estatus económico, y que tengamos que atender a los colectivos menos favorecidos por situaciones de desempleo y bajo nivel de renta.

En tercer lugar es fundamental la investigación de la Diputació de Barcelona sobre El valor de las bibliotecas públicas en la sociedad (Togores, 2014), porque identificó y explicó quince ámbitos de beneficio social de nuestra labor, así como diez recomendaciones para incrementarlos. Los beneficios son: el fomento del hábito y la competencia lectora, el acceso universal al conocimiento y la lectura, la inclusión social, la inclusión de personas con discapacidad, la inclusión de la diversidad cultural, el fomento de la inclusión laboral, la alfabetización informacional, la inclusión digital, la preservación y difusión de la memoria cultural local, el progreso cultural y artístico local, la cohesión social, el capital social, la revitalización del espacio público, el fomento del progreso económico y social local y en suma el posibilitar sociedades más y mejor informadas. Y las recomendaciones para incrementarlos:

  1. Aprovechemos que somos una institución de proximidad: debemos implicarnos al máximo en la realidad social inmediata para contribuir al bienestar y la calidad de vida del entorno.
  2. Procuremos accesibilidad e igualdad, porque la equidad de acceso es nuestra seña de identidad y hay que prestar especial atención a quienes tienen más dificultades.
  3. Fomentemos actividades que favorezcan los valores del diálogo, la autonomía crítica y la identidad, colaborando en planes de cohesión social, de lectura o alfabetización del territorio, como espacio público de referencia que somos.
  4. Hemos de evolucionar, adaptarnos e innovar de acuerdo con las nuevas realidades y las necesidades sociales para asegurar la sostenibilidad de las bibliotecas, apostando por la creatividad para afrontar el difícil contexto económico.
  5. Cooperemos con otros servicios públicos, empresas privadas, entidades ciudadanas y entre las propias bibliotecas para aumentar el alcance de los beneficios generados.
  6. Integremos la participación de la ciudadanía en la detección de necesidades, el diseño de servicios y el apoyo a nuestras actividades a través del voluntariado, el micro-mecenazgo o la evaluación, para asegurar la adaptación máxima de la biblioteca a su entorno.
  7. Fomentemos en los equipos de trabajo la formación, compromiso, creatividad, aptitud, flexibilidad, polivalencia y capacidad de generar sinergias: es base del éxito de una biblioteca más social.
  8. Planifiquemos y evaluemos las actuaciones sin perder de vista sus funciones y distinguiendo las propias de las que son de otros servicios.
  9. Comuniquemos activamente para que la oferta de servicios llegue a los públicos a los que se dirige y se supere el concepto sesgado de la biblioteca está todavía en parte vigente.
  10. Busquemos la eficiencia, calidad y sostenibilidad ajustando la oferta a las necesidades.

3. Conocer los problemas y las buenas prácticas

Los bibliotecarios han estado poniendo en práctica ya durante estos años un enfoque inclusivo de su trabajo. Este rol social y ciudadano, con énfasis en colectivos de personas mayores y desfavorecidas, fue una de las oportunidades percibidas en el Estudio FESABID sobre los profesionales de la información (Merlo-Vega et. al., 2011). Y para reforzarnos es bueno que se conozcan tanto las dificultades como las buenas experiencias, como ejemplo y para su continuidad.

Ambas ya fueron descritas en publicaciones de Gómez-Hernández (2013), y Hernández-Sánchez & Arroyo-Vázquez (2014) entre otros, pero nos gustaría reconocer dos esfuerzos colectivos por difundir los problemas sufridos durante la crisis: el Mapa de recortes bibliotecarios que puso en marcha la Plataforma No al préstamo de pago en bibliotecas (2012), y la recopilación cooperativa de experiencias, a través del documento Bibliotecas en acción, iniciado por Merlo-Vega (2012), que luego las categorizó en ocho tipos de actuación: profesional, comunicativa, social, política, digital, patrimonial, económica y ontológica, logrando una amplia panorámica de las actuaciones de los bibliotecarios para seguir atendiendo a sus usuarios.

Y una última labor a resaltar aquí es la que realiza la Fundación Biblioteca Social, a partir de su convicción de que son un eje clave para la mejora de la calidad de vida, para la cohesión y para el crecimiento. Una de sus iniciativas es convocar el Premio Biblioteca y Compromiso Social, que reconoce la voluntad de paliar la situación de los sectores más vulnerables por parte de nuestras instituciones. Gracias a este Premio se está conociendo y difundiendo más la labor de las bibliotecas que se presentan, y se ha generado un Mapa de proyectos bibliotecarios (Fundación Biblioteca Social, 2015) en el que se describen tanto los proyectos ganadores como finalistas y demás participantes.

4. Personas sin techo o infravivienda como usuarias de la biblioteca

Entre las personas en exclusión social, un sector extremo es el de aquellos que están sin hogar o en situación de infravivienda, que suelen carecer de empleo y prácticamente de ingresos por prestaciones sociales. Conforman un colectivo heterogéneo, marginado por causas diversas y combinadas, no siendo solo cuestión de adicciones o enfermedad mental como sugiere el estereotipo. Tenemos actualmente personas en exclusión con un perfil más joven y masculinizado, quizás con estudios que ya no son garantía de protección. Muchas veces son usuarios de la biblioteca pública, y quizás los bibliotecarios necesitarían saber más sobre sobre cómo orientar los servicios para, más allá de acogerlos y permitirles la estancia y el uso, profundizar en su atención.

Ocasionalmente coincido o me cruzo en la Biblioteca Regional de Murcia con otros usuarios a los que veo ejercer la mendicidad en mi barrio, a la entrada de supermercados o panaderías. Pregunto al personal de la biblioteca qué suelen hacer y me explican que algunos aprovechan para estar pasando el tiempo, otros leen o ven películas pero sobre todo muchos ocupan la sala de ordenadores con acceso a Internet, algo lógico porque en las clases medias está prácticamente generalizado el acceso privado en el hogar y en los teléfonos móviles. No son pocos: la Biblioteca Regional de Murcia registra que 715 usuarios al hacerse el carné de usuario dieron como domicilio el del Albergue Jesús Abandonado para personas sin hogar que hay en nuestra ciudad.

Para saber más de estas problemáticas, IFLA está recopilando las experiencias internacionales de atención en las bibliotecas a personas sintecho (IFLA Section on Library Services to People with Special Needs, 2016), y con la información redactará unas normas sobre servicios para este colectivo (Bunić, 2015a). Bunić es la bibliotecaria de la Zagreb City Library que ha llevado durante cinco años el proyecto A book for a roof (Bunić, 2015b), a través del cual ha gestionado actividades para sus usuarios sintecho, con iniciativas como:

  • Talleres para enseñar las competencias digitales e informaciones.
  • Incorporación de personas sintecho como voluntarias de la biblioteca para ejercer de mediadoras ante otros usuarios en exclusión.
  • Talleres de apoyo psicológico y formación para la búsqueda de empleo de los sintecho.
  • Venta en la biblioteca de objetos hechos por los sintecho y de la edición croata de la revista La farola.
  • Asesoramiento para la redacción de artículos para La farola.
  • Actividades de promoción y publicaciones divulgativas del Programa A book for a roof con la participación de los sintecho.
  • Reuniones con el fin de traer amigos a la biblioteca («Bring Along A Friend» gatherings).
  • Campañas de donación de ordenadores y libros para las asociaciones de apoyo a los sintecho.

Toda esta experiencia permite a Bunić formular conclusiones de utilidad para nosotros: que nos formemos para el servicio; que identifiquemos las necesidades reales de los sintecho de nuestra comunidad; que trabajemos junto con las ONGs que atienden a estos grupos; que decidamos qué servicios podemos gestionar; que incluyamos a personas sintecho y voluntarias en los programas, y que nos asesoremos con los profesionales expertos en su atención (trabajadores sociales, psicólogos, abogados, enfermeros…). Sobre todo, Bunić defiende que siempre es mejor hacer algo que nada, y que debemos sensibilizar, construir redes y promover el cambio. Lo que hagamos redundará siempre en la mejora de la imagen pública de la biblioteca, en su integración con otros organismos sociales y en financiación para continuar con los programas.

Pero Bunić, a pesar del éxito de un proyecto que ha contribuido a que vuelvan a buscar empleo estos usuarios, e incluso algunos lo hayan encontrado, declara su sensación de estar agotada por el esfuerzo y por trabajar casi en solitario, pues ni otras bibliotecas ni otros bibliotecarios croatas colaboran y desarrollan de modo estable este tipo de actividades. Para saber por qué se producían sus dudas, encuestó a una muestra de 33 colegas, que arguyeron principalmente falta de preparación específica, dificultad para la comunicación empática con estos usuarios o la necesidad de realizar otras tareas. A pesar de las aristas del tema, Sanjia Bunić (2015b) concluía con una advertencia: «if librarians do not build a community that shows compassion and care for the homeless, that same community might not show compassion and engagement when libraries’ resources are drastically reduced and the libraries start closing. Today, somebody else is homeless, but tomorrow, it could be our library!» Es decir, nuestra función de cohesión es algo que también nos legitima socialmente. Sabemos que no es fácil, pero es necesario: hay que lograr unos servicios que realmente mejoren sus condiciones, fomentando una adaptación mutua, tanto de la biblioteca a sus circunstancias como de los usuarios sin recursos a las condiciones elementales para el uso.

Reflexiones finales

En todo caso son situaciones complejas, y se nos plantearán otras. Por ejemplo, tanto en el conjunto de Europa como en España deberemos acoger en un futuro próximo a muchos cientos de miles de personas refugiadas por causa de guerras, la persecución política o la inhabitabilidad de zonas afectadas por el cambio climático. Entre los nuevos inmigrantes que huyen de la guerra en Siria habrá una amplia diversidad de niveles de estudio y profesiones, y además un tercio menores de edad, que necesitarán aprender idiomas o apoyo escolar. Se convertirá en un nuevo reto para la biblioteca ayudar a estos ciudadanos, sin recursos económicos pero una vida por delante, contribuyendo a su integración.

En resumen: las bibliotecas públicas son un espacio social que junto con otros puede posibilitar procesos de integración ciudadana. Sus servicios contribuyen al ejercicio de derechos básicos como el acceso a la información, la educación y la cultura, que tienen un carácter universal. La gratuidad, su enfoque compensatorio de dificultades y su presencia en el centro de pueblos y ciudades las hace un recurso de cohesión social, de aprendizaje permanente y de generación de oportunidades. En particular para colectivos en desventaja, personas desempleadas, con exclusión residencial, con dificultades para acceder a los servicios por razones de enfermedad, discapacidad o limitaciones funcionales… No es cuestión de voluntarismo, sino de necesidad: si la biblioteca pública es para todos, especialmente lo debe ser para quienes menos medios propios o alternativos tienen para acceder a información, lectura, ocio, cultura o redes de comunicación.

Ya les atendemos, pero se puede avanzar más: hacerlo con un enfoque proactivo, en el que se busque e integre a los usuarios adaptando los servicios a sus necesidades y situaciones personales. Comprender sus características, intereses y problemas que les atañen. Conocer las condiciones de producción del capital cultural en la sociedad y, especialmente, entre las personas y enclaves que sufren riesgo de exclusión social. Y a partir de esta sistematización identificar dificultades y articular propuestas de mejora, preparándonos como profesionales para lograr una óptima atención.

La filósofa Adela Cortina en su Discurso de Investidura como doctora honoris causa en la Universidad de Murcia (2016), hizo una afirmación por la que me sentí interpelado como profesor, y creo que también podríamos asumirla como bibliotecarios: «Una universidad del siglo XXI se ve instada a formar ciudadanos de su tiempo, de su lugar concreto, y abiertos al mundo. Sensibles a los grandes desafíos, entre los que contarían el sufrimiento inefable de quienes buscan refugio en esta Europa (…), el drama de la pobreza extrema, el hambre y la indefensión de los vulnerables, los millones de muertes prematuras y de enfermedades sin atención. Si la Universidad quiere perseguir sus metas en nuestro tiempo, tendrá que educar, pues, ciudadanos compasivos, capaces de asumir la perspectiva de los que sufren, pero sobre todo de comprometerse con ellos».

Como bibliotecarios y como educadores, y sobre todo como ciudadanos, se trata de que seamos capaces de comprender la perspectiva social de los que sufren y comprometernos con ellos desde la actividad profesional que desempeñemos. Es cierto que queda mucho por hacer para realizar la utopía de lograr bibliotecas o escuelas que contrarresten las desigualdades en una sociedad más justa, pero debemos continuar aportando nuestro pequeño granito de arena. Y como en 2016 se cumplen quinientos años desde que Tomás Moro publicara su Utopía, tenemos una buena excusa para celebrarlo intentando hacerlo.

Referencias

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Bibliotecas, lugares para desconectar

unpluggedUna de las tendencias que señala The ALA Center for the Future of Libraries es la desconexión, el unplugged, una palabra que nos recuerda a los conciertos acústicos los noventa y que ahora vuelve a nosotros con otro significado. La idea que se esconde tras este concepto es que, en una sociedad siempre conectada, se hacen necesarios momentos y espacios para reflexionar y centrarse en lo que es importante.

Aprender a gestionar la conexión es indispensable para quienes llevamos todo el día un smartphone. En los momentos en que necesitamos concentrarnos en alguna tarea aprendemos a configurar las notificaciones para que What’s App y otras aplicaciones no nos hagan perder el hilo.

Las bibliotecas son lugares que algunos de nuestros usuarios asocian al silencio y a la concentración. Sin embargo, en ocasiones la distribución de espacios —que en muchas bibliotecas se escribe en singular— no hace posible condicionar otros servicios a las necesidades de unos pocos. A partir de la tendencia que señala la ALA surgen varias cuestiones: ¿cómo capitalizar ese valor que se asocia a nosotros y que es útil para la sociedad? ¿Realmente debemos renunciar al silencio? La respuesta no es sencilla, especialmente para quienes no cuentan con espacios separados, y por eso este tema es recurrente y sigue generando controversias en una sociedad que sigue asociándonos al estudio y la concentración.

Por otra parte, ¿saben nuestros usuarios cómo desconectar? Algunas bibliotecas celebran talleres sobre el uso de dispositivos móviles en los que también se explica cómo silenciar el móvil, configurar las notificaciones en sus diferentes aplicaciones y en qué momento no está bien considerado socialmente que se utilice el móvil. Como suele ser habitual en estos casos, la culpa de muchos de los males que se asocian a la tecnología nos son suyos, sino del uso que hacemos de ella y que en muchos casos aún no hemos aprendido.