Los bibliotecarios académicos y el apoyo a la investigación

“Los bibliotecarios académicos y el apoyo a la investigación” es una colaboración de Antonio Luis Galán Gall, Director del área de bibliotecas de la Universidad de Castilla-La Mancha.

BUCCM_CuencaEstoy seguro de que nadie pone en duda la enorme evolución (¿revolución?) que las bibliotecas universitarias has desarrollado en las últimas décadas. Evolución en cuanto a su concepto (pensemos si no en la asunción no solo de modelo, sino también del término CRAI), en cuanto a las tareas que asumen, a sus objetivos y, muy en especial, en cuanto a sus servicios.
Si hacemos un somero repaso de los servicios ofrecidos por nuestras bibliotecas, de los años 90 a esta parte, nos encontramos con conceptos que a más de uno le hubieran parecido casi disparatados, y que hoy no sólo forman parte del quehacer cotidiano de los bibliotecarios, sino que, además, ocupan tal vez ya la mayor parte de nuestro tiempo, quizás porque otras tareas más “clásicas” han alcanzado unos elevadísimos niveles de automatización, con el consiguiente ahorro de costes y rentabilización del tiempo, al mismo tiempo que han surgido otras necesidades (o, tal vez, sólo se han hecho más evidentes).

La implantación de estos nuevos modelos ha contado con factores favorables, pero también adversos. Entre los que lo han facilitado están, como decíamos, el elevado nivel de automatización de algunas tareas, el modelo Bolonia de enseñanza/aprendizaje y la implicación institucional de las universidades, que han hecho de la biblioteca el verdadero epicentro de nuestras instituciones. Pero, por encima de lo anterior, la magnífica implicación de los profesionales y su enorme formación y preparación.

Esta formación, que comienza en las diversas facultades, y continúa a lo largo de la vida de la gran mayoría de nuestros profesionales, se debe tanto a la calidad que la enseñanza de la biblioteconomía y la documentación ha alcanzado en España, como al empeño de cada profesional por mantenerse formado, así como de las universidades por contar con los mejores profesionales. Otro factor, nada desdeñable, ha sido la cooperación entre bibliotecas y bibliotecarios, que toma forma, de modo muy especial, en la Red de Bibliotecas Universitarias (CRUE-REBIUN) o en cada uno de los consorcios existentes.
Así, las bibliotecas universitarias españolas cuentan con personas magníficamente preparadas para realizar las tareas más tradicionales de una biblioteca, pero también aquellas que se han incorporado a nuestra rutina en los últimos años: Alfabetización Informacional, marketing y difusión, evaluación de servicios y gestión de la calidad, responsabilidad social, apoyo a la docencia, y un larguísimo etcétera que no cabe aquí detallar.

Existe, sin embargo, un tipo de servicios que, aunque en algunas bibliotecas gozan de una larga tradición, están adquiriendo un auge que va a la par de la necesidad que universidades e investigadores tienen de hacerse visibles y competitivos: los servicios de apoyo a la investigación.

La investigación, como una de misiones fundamentales de la universidad, junto con la docencia, necesita de una serie de recursos que no se limitan a los concretos de cada proyecto o de cada campo del conocimiento científico. Recursos comunes e inherentes al hecho mismo de investigar, hacer visibles los resultados del trabajo realizado, y conseguir que, por diversos medios, ese resultado sea conocido y reconocido por la sociedad. Facilitar que esto sea posible, es también tarea de las bibliotecas.

Nunca es bueno partir de ejemplos, y si nos empeñáramos en acudir a alguno, tendríamos, sin salirnos del entorno REBIUN, al menos 60 o 70 casos válidos, por supuesto, cada uno con las limitaciones derivadas de su disponibilidad de recursos humanos y técnicos.  Es por eso por lo que no vamos a hablar de universidades o bibliotecas concretas, y nos limitaremos a enumerar, muy por encima, algunos de los servicios que, bajo este paraguas, se están ofreciendo a las comunidades universitarias y a las propias instituciones, tales como:

  • Apoyo para la evaluación de la actividad investigadora
  • Manejo de fuentes para la evaluación de la producción científica
  • Apoyo para la acreditación y la obtención de sexenios de los investigadores
  • Formación para el uso de recursos bibliográficos y herramientas
  • Formación y gestión de la Propiedad Intelectual
  • Normalización de firmas y de instituciones
  • Ayuda para publicar mejor, con más visibilidad y proyección
  • Gestión de la publicación en abierto
  • Realización de curriculum vitae normalizados
  • Y, por supuesto, estudios e informes bibliométricos que ayudan a que la universidad conozca mejor el impacto de la investigación de su personal, y de su posicionamiento en rankings universitarios, posibilitando su mejora.

Aunque resulte un tanto reiterativo, debo insistir: si esto es posible, con unos niveles de calidad además indudables, se debe, fundamentalmente, a los factores que ya hemos apuntado anteriormente:

–    Los profesionales que prestan sus servicios en las bibliotecas universitarias, son conscientes de la importancia que estos servicios tienen para su comunidad y, en consecuencia, su propia formación para gestionarlos. Es, precisamente, su vocación de servicio, lo que ha llevado a su implantación generalizada.

–    Las universidades, sabedoras también de la importancia de estos servicios, así como de todos aquellos que se prestan desde las bibliotecas, confían en su personal y lo apoyan con, entre otras cosas, importantísimas inversiones en formación continua (en ocasiones favorecida por asociaciones o incluso empresas especializadas).

–    La preparación previa con la que los profesionales llegan a sus puestos de trabajo, adquirida, en origen, en las facultades en las que estudian sus grados y master.

–    A la intensa labor de cooperación que existe entre bibliotecas, y que facilita el intercambio de ideas, de experiencias y de elementos formativos.

Los bibliotecarios académicos, universitarios en su inmensa mayoría, asumimos los retos que las nuevas necesidades de nuestras instituciones nos demandan, y lo hacemos con una enorme capacidad de innovación y de aprendizaje, adelantándonos, en la mayoría de las ocasiones, a que las propias universidades nos lo exijan. No se trata de crear necesidades, sino de anticiparnos a ellas y afrontarlas con enorme profesionalidad y dedicación.

 

 

 

 

 

Usuarios en vulnerabilidad social ¿por qué y para qué generar capital cultural desde la biblioteca?

[José-Antonio Gómez-Hernández. Grupo ThinkEPI]

Este texto es una reproducción de la nota ThinkEPI enviada por José-Antonio Gómez-Hernández a la lista de distribución IWETEL y se ha publicado con el previo consentimiento del autor y del Grupo ThinkEPI. Cita recomendada: Gómez-Hernández, José-Antonio (2016). “Usuarios en vulnerabilidad social ¿por qué y para qué generar capital cultural desde la biblioteca?”. Anuario ThinkEPI, v. 10, en prensa.

En este texto partimos de considerar que para las personas en situación de desventaja social el capital cultural es importante, y que las bibliotecas son un servicio público de referencia para facilitarlo, como se ha venido declarando durante la crisis económica por organizaciones profesionales e instituciones nacionales e internacionales en distintos documentos que sintetizamos. Citamos también iniciativas que compendian lo que se está realizando en bibliotecas públicas españolas y finalmente hacemos unas reflexiones acerca de uno de los colectivos más afectados de exclusión, el de personas sin hogar, difícil de atender pero que debemos conocer más para ayudar, a partir del ejemplo de la Zagreb City Library.

1. Capital cultural y personas en situación vulnerable

Puede parecer que la crisis se ha superado en términos estadísticos, pues ciertos indicadores económicos ofrecen mejores resultados, augurando el fin de la recesión. Sin embargo, las desigualdades sociales se han incrementado como consecuencia de las políticas con las que se ha afrontado esta crisis (Llano-Ortíz, 2015) y el número de personas en riesgo de pobreza o exclusión no deja de aumentar: a fines de 2014 casi un 30% de la población española la sufre, con regiones como Valencia, Castilla-La Mancha, Canarias, Extremadura, Andalucía y Murcia muy por encima.

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La cultura es importante para este sector de la sociedad: el VII Informe sobre exclusión social (Fundación FOESSA, 2014) afirma que «el capital cultural (…) es la condición de posibilidad para que una persona, un grupo o un territorio se desarrollen y superen las situaciones de pobreza y exclusión. Dota a los sujetos de conciencia, orientación, juicio moral, ánimos, capacidades y recursos de reflexión, creatividad y comunicación. El capital cultural es progresivamente crucial para poder empoderarse y desarrollarse en la sociedad infomoderna que vivimos, caracterizada por reflexividad, redes, globalidad, diversidad, informacionalización, riesgo y participación». Siendo así, las bibliotecas públicas como instituciones promotoras de la cultura y la educación deben integrarse con las políticas sociales, en una labor compensatoria de la falta de oportunidades que conlleva la pobreza, contribuyendo en la medida de sus posibilidades y recursos a que las personas se empoderen. Así se formuló en la Declaración de Murcia sobre la acción social y educativa de las bibliotecas en tiempos de crisis (Castillo et. al., 2010).

Porque en el mismo Informe FOESSA recién mencionado se explicaba que «la pobreza agudiza las desigualdades de capital cultural relativo a medios de reflexión y expresión (…). Los pobres y excluidos tienen menos recursos de información y comunicación (…). Los pobres sufren una barrera para su participación en la conversación pública (…). Cuanto más pobre y excluida es la persona y el entorno en el que vive, menos accede a prensa, menos accede a Internet en su hogar y menos participa en redes sociales. Si lo comparamos con alguien que vive en una zona de clase media alta, un ciudadano que resida en una zona marginal tiene un 31% menos de probabilidades de poder acceder a la prensa y noticias, el 71% menos de que en su hogar se acceda a Internet y el 58% menos de que se participe en redes sociales». Y a este problema deberíamos sumar que el sistema educativo no parece estar consiguiendo la reducción de las desigualdades, pues según el Informe PISA. Estudiantes de bajo rendimiento, en España ser socioeconómicamente desfavorecido supone una probabilidad tres veces mayor de fracasar en los estudios (OECD, 2016). El nacimiento y la condición económica, lamentablemente, siguen marcando el éxito educativo, por la falta de políticas que compense la igualdad de oportunidades.

2. Declaraciones y estudios recientes sobre nuestra función social

En primer lugar recordemos la Declaración de Lyon (IFLA, 2014), promovida para que se incluyera el derecho de acceso a la información en la nueva Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Para la Declaración de Lyon, «el creciente acceso a la información y al conocimiento, respaldado por la alfabetización universal, es un pilar fundamental del desarrollo sostenible. Una mayor disponibilidad de información y datos de calidad, así como la participación de las comunidades en el proceso de creación, originarán una asignación de recursos plena y más transparente». El acceso a la información sería un recurso transformacional y empoderador especialmente de los que viven en situación de pobreza y marginación, y condición de posibilidad para tener derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, para poder aprender y aplicar nuevas habilidades o para encontrar soluciones basadas en la comunidad. No hay desarrollo sostenible si no se hacen efectivos los derechos de modo que la desigualdad se pueda reducir, y ello implica el fortalecimiento, la educación y la integración de grupos marginales y minoritarios, migrantes, refugiados, personas con discapacidades y ancianas, niños y jóvenes. Y debe lograrse desde un enfoque de igualdad de género, de fomento del acceso equitativo a la información, de libertad de expresión, reunión y asociación, de respeto a la privacidad, y de posibilidad de participación pública de toda la ciudadanía.

Por ello en la Declaración de Lyon se proponía que las bibliotecas y los archivos junto a otros intermediarios ayudáramos a gobiernos, instituciones e individuos a transmitir, organizar, estructurar y comprender la información para el desarrollo,

  1. Ofreciendo información sobre los derechos fundamentales, servicios públicos, medio ambiente, salud, educación, oportunidades laborales y gasto público que apoye a las personas y comunidades locales a orientar su propio desarrollo.
  2. Identificando y centrando la atención sobre las necesidades y problemas que sean relevantes y urgentes entre la población.
  3. Vinculando a las partes interesadas más allá de las barreras regionales, culturales y de otro tipo para facilitar la comunicación y el intercambio de soluciones para el desarrollo que puedan adaptarse para conseguir un mayor impacto.
  4. Preservando y garantizando el acceso al patrimonio cultural, a los registros gubernamentales y a la información por medio de la gestión de bibliotecas y archivos nacionales y otras instituciones del patrimonio público.
  5. Proporcionando foros y espacios públicos para una mayor participación y compromiso de la sociedad civil en la toma de decisiones.
  6. Ofreciendo formación y desarrollo de habilidades que ayuden a las personas a acceder y comprender la información y los servicios que les sean más útiles.

Felizmente, la Agenda 2030 en vigor desde enero de este 2016 recoge la meta 16.10: «garantizar el acceso público a la información y proteger las libertades fundamentales, de conformidad con las leyes nacionales y los acuerdos internacionales» (Organización de las Naciones Unidas, 2015). De modo que marca un rumbo social a los bibliotecarios.

En España destacaríamos tres estudios que también nos orientan hacia esa función social. En primer lugar la Prospectiva 2020. Las diez áreas que más van a cambiar en nuestras bibliotecas en los próximos años, promovido por la Subdirección General de Coordinación Bibliotecaria (Gallo León, 2013, coord.). Dos de sus tendencias están directamente concernidas con nuestro tema: (5) «Las bibliotecas deben reforzar su función de crear comunidades, dotarlas de cohesión social y garantizar la igualdad de oportunidades de los ciudadanos en el acceso a la información» y (6) «Bibliotecas ágora o bibliotecas como tercer lugar». De acuerdo con la Prospectiva 2020 las bibliotecas deben fortalecer su rol instrumental en las políticas contra la exclusión social y ser cada vez más una plaza pública, un espacio social democratizador y en donde se desarrolle el conocimiento mediante herramientas, actividades, experiencias y oportunidades. Y asumir retos como profundizar en su dedicación a las necesidades de la comunidad, generar espacios y servicios que faciliten el acogimiento de los ciudadanos y usuarios, renovar actitudes del personal de las bibliotecas hacia una perspectiva aún más abierta de sus funciones y servicios bibliotecarios, concienciar a las autoridades para que respalden este uso de las bibliotecas como espacios abiertos y libres, y diseñar campañas para que la ciudadanía conozca y aproveche los nuevos usos de los centros. La Prospectiva 2020 incide también en que los usuarios participen en la toma de decisiones sobre la oferta de la biblioteca, que diseñaremos no solo para ellos sino también con ellos.

Un segundo documento de referencia es el Estudio FESABID sobre el Valor económico y social de los servicios de información: bibliotecas (Gómez-Yáñez, 2014). Además de acreditar que lo que se invierte en bibliotecas prácticamente multiplica por tres su valor económico medido en servicios prestados, resaltaríamos varias observaciones que nos dirigen en la misma línea:

  • La ciudadanía en general, incluso la no usuaria, tiene ya la consideración de nuestras instituciones como lugares acogedores, amables, siempre disponibles y que contribuyen al bienestar social a través de una variedad de servicios, altamente valorados por quienes las utilizan (en torno a 8 sobre 10). En contrapartida, aún no las perciben suficientemente como instrumento para mejorar sus cualificaciones profesionales o mejorar sus oportunidades de empleo, marcando una necesidad de comunicar más estas iniciativas que llevan tiempo realizando.
  • Los principales razones mencionadas para no usar las bibliotecas, la falta de tiempo (circunstancia aludida sobre todo por los empleados), y la disponibilidad de ingresos para acceder a los contenidos de modo privado, explican que la asistencia a las bibliotecas tienda a ser inversamente proporcional al estatus económico, y que tengamos que atender a los colectivos menos favorecidos por situaciones de desempleo y bajo nivel de renta.

En tercer lugar es fundamental la investigación de la Diputació de Barcelona sobre El valor de las bibliotecas públicas en la sociedad (Togores, 2014), porque identificó y explicó quince ámbitos de beneficio social de nuestra labor, así como diez recomendaciones para incrementarlos. Los beneficios son: el fomento del hábito y la competencia lectora, el acceso universal al conocimiento y la lectura, la inclusión social, la inclusión de personas con discapacidad, la inclusión de la diversidad cultural, el fomento de la inclusión laboral, la alfabetización informacional, la inclusión digital, la preservación y difusión de la memoria cultural local, el progreso cultural y artístico local, la cohesión social, el capital social, la revitalización del espacio público, el fomento del progreso económico y social local y en suma el posibilitar sociedades más y mejor informadas. Y las recomendaciones para incrementarlos:

  1. Aprovechemos que somos una institución de proximidad: debemos implicarnos al máximo en la realidad social inmediata para contribuir al bienestar y la calidad de vida del entorno.
  2. Procuremos accesibilidad e igualdad, porque la equidad de acceso es nuestra seña de identidad y hay que prestar especial atención a quienes tienen más dificultades.
  3. Fomentemos actividades que favorezcan los valores del diálogo, la autonomía crítica y la identidad, colaborando en planes de cohesión social, de lectura o alfabetización del territorio, como espacio público de referencia que somos.
  4. Hemos de evolucionar, adaptarnos e innovar de acuerdo con las nuevas realidades y las necesidades sociales para asegurar la sostenibilidad de las bibliotecas, apostando por la creatividad para afrontar el difícil contexto económico.
  5. Cooperemos con otros servicios públicos, empresas privadas, entidades ciudadanas y entre las propias bibliotecas para aumentar el alcance de los beneficios generados.
  6. Integremos la participación de la ciudadanía en la detección de necesidades, el diseño de servicios y el apoyo a nuestras actividades a través del voluntariado, el micro-mecenazgo o la evaluación, para asegurar la adaptación máxima de la biblioteca a su entorno.
  7. Fomentemos en los equipos de trabajo la formación, compromiso, creatividad, aptitud, flexibilidad, polivalencia y capacidad de generar sinergias: es base del éxito de una biblioteca más social.
  8. Planifiquemos y evaluemos las actuaciones sin perder de vista sus funciones y distinguiendo las propias de las que son de otros servicios.
  9. Comuniquemos activamente para que la oferta de servicios llegue a los públicos a los que se dirige y se supere el concepto sesgado de la biblioteca está todavía en parte vigente.
  10. Busquemos la eficiencia, calidad y sostenibilidad ajustando la oferta a las necesidades.

3. Conocer los problemas y las buenas prácticas

Los bibliotecarios han estado poniendo en práctica ya durante estos años un enfoque inclusivo de su trabajo. Este rol social y ciudadano, con énfasis en colectivos de personas mayores y desfavorecidas, fue una de las oportunidades percibidas en el Estudio FESABID sobre los profesionales de la información (Merlo-Vega et. al., 2011). Y para reforzarnos es bueno que se conozcan tanto las dificultades como las buenas experiencias, como ejemplo y para su continuidad.

Ambas ya fueron descritas en publicaciones de Gómez-Hernández (2013), y Hernández-Sánchez & Arroyo-Vázquez (2014) entre otros, pero nos gustaría reconocer dos esfuerzos colectivos por difundir los problemas sufridos durante la crisis: el Mapa de recortes bibliotecarios que puso en marcha la Plataforma No al préstamo de pago en bibliotecas (2012), y la recopilación cooperativa de experiencias, a través del documento Bibliotecas en acción, iniciado por Merlo-Vega (2012), que luego las categorizó en ocho tipos de actuación: profesional, comunicativa, social, política, digital, patrimonial, económica y ontológica, logrando una amplia panorámica de las actuaciones de los bibliotecarios para seguir atendiendo a sus usuarios.

Y una última labor a resaltar aquí es la que realiza la Fundación Biblioteca Social, a partir de su convicción de que son un eje clave para la mejora de la calidad de vida, para la cohesión y para el crecimiento. Una de sus iniciativas es convocar el Premio Biblioteca y Compromiso Social, que reconoce la voluntad de paliar la situación de los sectores más vulnerables por parte de nuestras instituciones. Gracias a este Premio se está conociendo y difundiendo más la labor de las bibliotecas que se presentan, y se ha generado un Mapa de proyectos bibliotecarios (Fundación Biblioteca Social, 2015) en el que se describen tanto los proyectos ganadores como finalistas y demás participantes.

4. Personas sin techo o infravivienda como usuarias de la biblioteca

Entre las personas en exclusión social, un sector extremo es el de aquellos que están sin hogar o en situación de infravivienda, que suelen carecer de empleo y prácticamente de ingresos por prestaciones sociales. Conforman un colectivo heterogéneo, marginado por causas diversas y combinadas, no siendo solo cuestión de adicciones o enfermedad mental como sugiere el estereotipo. Tenemos actualmente personas en exclusión con un perfil más joven y masculinizado, quizás con estudios que ya no son garantía de protección. Muchas veces son usuarios de la biblioteca pública, y quizás los bibliotecarios necesitarían saber más sobre sobre cómo orientar los servicios para, más allá de acogerlos y permitirles la estancia y el uso, profundizar en su atención.

Ocasionalmente coincido o me cruzo en la Biblioteca Regional de Murcia con otros usuarios a los que veo ejercer la mendicidad en mi barrio, a la entrada de supermercados o panaderías. Pregunto al personal de la biblioteca qué suelen hacer y me explican que algunos aprovechan para estar pasando el tiempo, otros leen o ven películas pero sobre todo muchos ocupan la sala de ordenadores con acceso a Internet, algo lógico porque en las clases medias está prácticamente generalizado el acceso privado en el hogar y en los teléfonos móviles. No son pocos: la Biblioteca Regional de Murcia registra que 715 usuarios al hacerse el carné de usuario dieron como domicilio el del Albergue Jesús Abandonado para personas sin hogar que hay en nuestra ciudad.

Para saber más de estas problemáticas, IFLA está recopilando las experiencias internacionales de atención en las bibliotecas a personas sintecho (IFLA Section on Library Services to People with Special Needs, 2016), y con la información redactará unas normas sobre servicios para este colectivo (Bunić, 2015a). Bunić es la bibliotecaria de la Zagreb City Library que ha llevado durante cinco años el proyecto A book for a roof (Bunić, 2015b), a través del cual ha gestionado actividades para sus usuarios sintecho, con iniciativas como:

  • Talleres para enseñar las competencias digitales e informaciones.
  • Incorporación de personas sintecho como voluntarias de la biblioteca para ejercer de mediadoras ante otros usuarios en exclusión.
  • Talleres de apoyo psicológico y formación para la búsqueda de empleo de los sintecho.
  • Venta en la biblioteca de objetos hechos por los sintecho y de la edición croata de la revista La farola.
  • Asesoramiento para la redacción de artículos para La farola.
  • Actividades de promoción y publicaciones divulgativas del Programa A book for a roof con la participación de los sintecho.
  • Reuniones con el fin de traer amigos a la biblioteca («Bring Along A Friend» gatherings).
  • Campañas de donación de ordenadores y libros para las asociaciones de apoyo a los sintecho.

Toda esta experiencia permite a Bunić formular conclusiones de utilidad para nosotros: que nos formemos para el servicio; que identifiquemos las necesidades reales de los sintecho de nuestra comunidad; que trabajemos junto con las ONGs que atienden a estos grupos; que decidamos qué servicios podemos gestionar; que incluyamos a personas sintecho y voluntarias en los programas, y que nos asesoremos con los profesionales expertos en su atención (trabajadores sociales, psicólogos, abogados, enfermeros…). Sobre todo, Bunić defiende que siempre es mejor hacer algo que nada, y que debemos sensibilizar, construir redes y promover el cambio. Lo que hagamos redundará siempre en la mejora de la imagen pública de la biblioteca, en su integración con otros organismos sociales y en financiación para continuar con los programas.

Pero Bunić, a pesar del éxito de un proyecto que ha contribuido a que vuelvan a buscar empleo estos usuarios, e incluso algunos lo hayan encontrado, declara su sensación de estar agotada por el esfuerzo y por trabajar casi en solitario, pues ni otras bibliotecas ni otros bibliotecarios croatas colaboran y desarrollan de modo estable este tipo de actividades. Para saber por qué se producían sus dudas, encuestó a una muestra de 33 colegas, que arguyeron principalmente falta de preparación específica, dificultad para la comunicación empática con estos usuarios o la necesidad de realizar otras tareas. A pesar de las aristas del tema, Sanjia Bunić (2015b) concluía con una advertencia: «if librarians do not build a community that shows compassion and care for the homeless, that same community might not show compassion and engagement when libraries’ resources are drastically reduced and the libraries start closing. Today, somebody else is homeless, but tomorrow, it could be our library!» Es decir, nuestra función de cohesión es algo que también nos legitima socialmente. Sabemos que no es fácil, pero es necesario: hay que lograr unos servicios que realmente mejoren sus condiciones, fomentando una adaptación mutua, tanto de la biblioteca a sus circunstancias como de los usuarios sin recursos a las condiciones elementales para el uso.

Reflexiones finales

En todo caso son situaciones complejas, y se nos plantearán otras. Por ejemplo, tanto en el conjunto de Europa como en España deberemos acoger en un futuro próximo a muchos cientos de miles de personas refugiadas por causa de guerras, la persecución política o la inhabitabilidad de zonas afectadas por el cambio climático. Entre los nuevos inmigrantes que huyen de la guerra en Siria habrá una amplia diversidad de niveles de estudio y profesiones, y además un tercio menores de edad, que necesitarán aprender idiomas o apoyo escolar. Se convertirá en un nuevo reto para la biblioteca ayudar a estos ciudadanos, sin recursos económicos pero una vida por delante, contribuyendo a su integración.

En resumen: las bibliotecas públicas son un espacio social que junto con otros puede posibilitar procesos de integración ciudadana. Sus servicios contribuyen al ejercicio de derechos básicos como el acceso a la información, la educación y la cultura, que tienen un carácter universal. La gratuidad, su enfoque compensatorio de dificultades y su presencia en el centro de pueblos y ciudades las hace un recurso de cohesión social, de aprendizaje permanente y de generación de oportunidades. En particular para colectivos en desventaja, personas desempleadas, con exclusión residencial, con dificultades para acceder a los servicios por razones de enfermedad, discapacidad o limitaciones funcionales… No es cuestión de voluntarismo, sino de necesidad: si la biblioteca pública es para todos, especialmente lo debe ser para quienes menos medios propios o alternativos tienen para acceder a información, lectura, ocio, cultura o redes de comunicación.

Ya les atendemos, pero se puede avanzar más: hacerlo con un enfoque proactivo, en el que se busque e integre a los usuarios adaptando los servicios a sus necesidades y situaciones personales. Comprender sus características, intereses y problemas que les atañen. Conocer las condiciones de producción del capital cultural en la sociedad y, especialmente, entre las personas y enclaves que sufren riesgo de exclusión social. Y a partir de esta sistematización identificar dificultades y articular propuestas de mejora, preparándonos como profesionales para lograr una óptima atención.

La filósofa Adela Cortina en su Discurso de Investidura como doctora honoris causa en la Universidad de Murcia (2016), hizo una afirmación por la que me sentí interpelado como profesor, y creo que también podríamos asumirla como bibliotecarios: «Una universidad del siglo XXI se ve instada a formar ciudadanos de su tiempo, de su lugar concreto, y abiertos al mundo. Sensibles a los grandes desafíos, entre los que contarían el sufrimiento inefable de quienes buscan refugio en esta Europa (…), el drama de la pobreza extrema, el hambre y la indefensión de los vulnerables, los millones de muertes prematuras y de enfermedades sin atención. Si la Universidad quiere perseguir sus metas en nuestro tiempo, tendrá que educar, pues, ciudadanos compasivos, capaces de asumir la perspectiva de los que sufren, pero sobre todo de comprometerse con ellos».

Como bibliotecarios y como educadores, y sobre todo como ciudadanos, se trata de que seamos capaces de comprender la perspectiva social de los que sufren y comprometernos con ellos desde la actividad profesional que desempeñemos. Es cierto que queda mucho por hacer para realizar la utopía de lograr bibliotecas o escuelas que contrarresten las desigualdades en una sociedad más justa, pero debemos continuar aportando nuestro pequeño granito de arena. Y como en 2016 se cumplen quinientos años desde que Tomás Moro publicara su Utopía, tenemos una buena excusa para celebrarlo intentando hacerlo.

Referencias

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Bunić, S. (2015b). Why they need us and why we hesitate: the homeless in the library. http://library.ifla.org/1261/1/100-bunic-en.pdf

Castillo Fernández, J., Gómez-Hernández, J.-A., & Quílez Simón, P. (Eds.). (2010). Declaración de Murcia sobre la acción social y educativa de las bibliotecas públicas en tiempo de crisis. In La biblioteca pública frente a la recesión. Acción social y educativa (pp. 199–201). Murcia: ANABAD y Ediciones Tres Fronteras. https://digitum.um.es/jspui/handle/10201/47755

Cortina, A. (2016). Ética para una universidad cosmopolita. In Discursos pronunciados en el Acto de investidura de la profesora Adela Cortina Orts como doctora honoris causa de la Universidad de Murcia. Murcia: Ediciones de la Universidad de Murcia.

Fundación Biblioteca Social. (2015). Mapa de proyectos de bibliotecas públicas. http://fundacionbibliotecasocial.org/es/categories-map/convocatoria-2014-es/

Fundación FOESSA. (2014). VII Informe sobre exclusión y desarrollo social en España. 2014. Madrid. http://www.foessa2014.es/informe/uploaded/descargas/VII_INFORME.pdf

Gallo León, J. P. (2013). Prospectiva 2020. Las diez áreas que más van a cambiar en nuestras bibliotecas en los próximos años. Madrid. http://www.mecd.gob.es/cultura-mecd/dms/mecd/cultura-mecd/areas-cultura/bibliotecas/mc/consejocb/grupos-de-trabajo/21/estudio-prospectiva-2020.pdf

Gómez-Hernández, J.-A. (2013). Adaptación y reacciones del sector bibliotecario a la crisis de presupuestos públicos para cultura. Anuario Thinkepi, 7(2012), 138–145. doi:10.13140/RG.2.1.4832.5203

Gómez-Yáñez, J.-A. (2014). Estudio Fesabid: El valor económico y social de los servicios de información: bibliotecas. Madrid: FESABID. http://www.fesabid.org/sites/default/files/repositorio/fesabid-valor-economico-social-servicios-informacion-bibliotecas.pdf

Hernández-Sánchez, H., & Arroyo-Vázquez, N. (2014). Efectos de la crisis económica en las bibliotecas españolas. El Profesional de La Información, 23(2). http://eprints.rclis.org/22806/1/158-164_Hernandez-Sanchez.pdf

IFLA. (2014). Declaración de Lyon sobre el acceso a la información y el desarrollo. http://www.lyondeclaration.org/content/pages/lyon-declaration-es-v2.pdf

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Plataforma No al préstamo de pago en bibliotecas. (2012). Mapa de recortes bibliotecarios. http://noalprestamodepago.org/2012/01/08/mapa-de-recortes-bibliotecarios/

Togores, R. (2014). El valor de las bibliotecas públicas en la sociedad: El caso de la red de bibliotecas municipales. Versión reducida. Barcelona. http://www.diba.cat/documents/16060163/22275360/valor_social_bibliotequesXBM_cast.pdf/02926665-2d7e-4044-88c2-9634abed0c89

Bibliotecas, lugares para desconectar

unpluggedUna de las tendencias que señala The ALA Center for the Future of Libraries es la desconexión, el unplugged, una palabra que nos recuerda a los conciertos acústicos los noventa y que ahora vuelve a nosotros con otro significado. La idea que se esconde tras este concepto es que, en una sociedad siempre conectada, se hacen necesarios momentos y espacios para reflexionar y centrarse en lo que es importante.

Aprender a gestionar la conexión es indispensable para quienes llevamos todo el día un smartphone. En los momentos en que necesitamos concentrarnos en alguna tarea aprendemos a configurar las notificaciones para que What’s App y otras aplicaciones no nos hagan perder el hilo.

Las bibliotecas son lugares que algunos de nuestros usuarios asocian al silencio y a la concentración. Sin embargo, en ocasiones la distribución de espacios —que en muchas bibliotecas se escribe en singular— no hace posible condicionar otros servicios a las necesidades de unos pocos. A partir de la tendencia que señala la ALA surgen varias cuestiones: ¿cómo capitalizar ese valor que se asocia a nosotros y que es útil para la sociedad? ¿Realmente debemos renunciar al silencio? La respuesta no es sencilla, especialmente para quienes no cuentan con espacios separados, y por eso este tema es recurrente y sigue generando controversias en una sociedad que sigue asociándonos al estudio y la concentración.

Por otra parte, ¿saben nuestros usuarios cómo desconectar? Algunas bibliotecas celebran talleres sobre el uso de dispositivos móviles en los que también se explica cómo silenciar el móvil, configurar las notificaciones en sus diferentes aplicaciones y en qué momento no está bien considerado socialmente que se utilice el móvil. Como suele ser habitual en estos casos, la culpa de muchos de los males que se asocian a la tecnología nos son suyos, sino del uso que hacemos de ella y que en muchos casos aún no hemos aprendido.

De cuando esas cosas que a veces te preocupan descubres que tienen nombre y apellido

Saludos de nuevo, volvemos de nuevo al blog después de una larga temporada de letargo. Espero que entre post y el siguiente el intervalo no sea tan largo. ¡Venga!, al grano:

Uno de los aspectos que siempre me ha preocupado ha sido el que cualquier aplicación, web, base de datos, temas en los que yo esté implicado, etc. quede bien documentada para las “generaciones futuras”.  Aunque si soy sincero, en realidad es que las personas de tu equipo lo dejen bien documentado por si tengo que enfrentarme al producto y resulte que mi conocimiento sobre cómo está hecho sea limitado.

Eso lo ha sufrido en sus carnes el amigo David Maniega durante los años que trabajamos juntos: David como webmaster y desarrollador cerraba un proyecto y con la presión ya se metía en otro. Yo le insistía en que debía documentarlo todo por si en su ausencia debía enfrentarme a todo eso que desarrollaba. Bien, en realidad se lo decía de modo más coloquial: que si lo atropellaba un autobús yo que quedaba “colgado” con la aplicación.  Aunque debo reconocer que con el tiempo me familiaricé con su modo de trabajar y sin documentación podía deducir porqué lo había hecho de un modo y no de otro😉

Volviendo al tema de este post: Unos días antes de cerrar el 2015 asistí a un interesante curso sobre Arquitectura REST y APis, pero tranquil@s, no voy a disertar sobre conceptos marcianos, ni REST ni APIs, no sufran.

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Imagen: Pixabay  CCO Public Domain

Pero en las conclusiones, Alex Muntada que impartía el curso apuntaba que la peor pesadilla sobre las API y el diseño de una API REST era la documentación: que en general es mala, obsoleta, errónea o inexistente.  Y gracias a esto descubro el concepto de “Semantic Gap”, que tal como lo describe Wikipedia hace referencia a la diferencia entre lo que se describe y lo que se interpreta al utilizar “lenguajes” distintos.

Y salvando las distancias entre este concepto tecnológico y llevándolo a nuestro terreno, me atrevo a afirmar que esto también nos sucede a nosotros. Imaginémonos el siguiente caso:

  • El equipo TIC, desarrolla una aplicación que debe ser administrada por nosotros y utilizada por nuestros usuarios
  • La documentación –y los comentarios dentro del código– estarán probablemente redactados en un lenguaje “marciano” para la mayoría de nosotros pero entendible para los miembros del equipo TIC.
  • Y si los desarrolladores elaboran la documentación para el administrador de la aplicación y para el usuario final, lo más probable es que suceda algo similar: en un lenguaje no tan “marciano”, pero probablemente de difícil comprensión.
  • Seguramente el administrador de la aplicación realizará el esfuerzo en familiarizarse con ella y acabe descubriendo todas las prestaciones de esta. Pero ¿Y si cambiamos al administrador? …. pues volver a empezar de nuevo hasta tomarle de nuevo el pulso.
  • Lo peor estaría en el lado del usuario: Ese fantástico –y a veces demasiado extenso–tutorial que ha costado tanto esfuerzo ¿Está pensado para ellos? ¿Se utilizó la terminología que ellos entienden? Atent@s que aquí puede hallarse el éxito o fracaso de una aplicación y también de un servicio, protocolo, etc.

Como ejemplo “la aplicación tiene un “cron” que cada noche lanza una “query” que llama a una “vista” que se llama “Importpatron””.

Si no estamos familiarizados con el tema de servidores eso de “cron” no lo asociaremos a una “tarea programada”, según nuestros conocimiento con el diseño de bases de datos quizás desconozcamos que “query” se refiere a una consulta y que “vista” es una tabla creada a partir de consultar diferentes tablas (¿Tablas?, ¿Qué son tablas?😉 )  y quizás sí que interpretamos lo de  “importpatron” que deben ser los datos de usuarios importados de otro sistema de información, aunque quizás otro TIC no entienda en concepto ”patron” al que muy probablemente estemos familiarizados los que gestionamos sistemas de gestión bibliotecaria.

Vamos, todo un tema que se podría traducir para el administrador por  “La información de los usuarios es importada cada noche de la base de datos ….. que gestiona el Servicio ….. ” y quizás para el usuario como “La información se actualiza diariamente a las … horas”.

El ejemplo lo he centrado en el entorno TIC, pero si eres TIC no te ofendas, es tan solo un ejemplo. Hace poco encontré  un manual que hice hace casi 10 años sobre cómo realizar el inventario en mi lugar de trabajo y si los que realizan dicha tarea lo entendieron a la primera, se merecen un homenaje.

Me imagino que para minimizar el “gap”  –que no resolverlo– debemos trabajar de modo transversal e interdisciplinar y además de realizar el esfuerzo de ponerse en la “piel” del destinatario y sin olvidar que cuando mejoramos la aplicación, desarrollamos una nueva versión o simples cambios menores deberemos revisar la documentación ya que lo ms probable es que requiera algunos cambios.

Pues,  ¡ya tenemos un nuevo propósito para 2016!😉

Bien, ya sabéis, cualquier comentario, aportación y mejora de esta entrada será bienvenida. Un poco de “scroll”, y  más abajo tenéis la oportunidad de hacerlo (¿Scroll?, ¿Qué es scroll?😉

PD: Algun@s sabéis que otra de las cosas que me preocupan es tener que hacer las cosas dos veces, vamos que si la información ya está disponible en un sitio, no volver a entrarla o duplicarla. Si también os preocupa, entonces “rascar” un poco en el tema de Arquitectura REST y APIs, vuestros bibliotecarios y usuarios os lo agradecerán.

Las mejores apps de 2015

Se acerca el final de año y la industria tecnológica comienza a hacer balance. Las principales tiendas de aplicaciones, App Store y Google Play, han publicado recientemente listas de las que consideran las mejores apps del año, una oportunidad que no hay que dejar escapar para descubrir buenas aplicaciones.

Las listas son extensas, así que he seleccionado aquellas que he creído pueden ser interesantes para bibliotecarias y bibliotecarios. Aquí va mi lista personal, escogida de entre las mejores del año.

LiquidText, una excelente app para leer y estudiar

LiquidTextEntre las mejores apps para iPad de este año destaca LiquidText, que de momento solo está disponible para dispositivos iOS pero posiblemente acabe lanzando una versión para Android. Se trata de una app gratuita para la lectura de documentos que destaca por la flexibilidad de sus opciones para incluir anotaciones y comentarios y nos hace replantearnos el uso de las tabletas para el estudio.

LiquidText cuenta con un espacio de trabajo adicional para cada documento en el que se pueden realizar esquemas, relacionándolos con el texto original y enlazando unas ideas con otras. Otras opciones interesantes son la búsqueda en el texto, la importación de documentos de Dropbox y otros servicios similares, así como la opción de agrupar las anotaciones.

Utilizando el gesto de pellizcar, se pueden unificar todos los subrayados del texto. Sin duda esta app ofrece opciones mejoradas sobre el papel.

Periscope

PeriscopePeriscope es la app del año, según Apple. Junto con Meerkat, Periscope ha iniciado en 2015 una nueva generación de aplicaciones para retransmitir vídeo en streaming. Esta idea asombra y asusta por igual, tanto sus enormes posibilidades como por las implicaciones para la privacidad. En mis primeras incursiones en Periscope ví a jóvenes hablando o mirando directamente a la cámara, sin más, pero también pude acompañar a una persona en su visita turística por París y ví las noticias de Antena 3 desde un punto muy diferente al que vieron los telespectadores.

Sin duda Periscope es una potente herramienta al alcance de cualquiera con un smartphone, Android o iPhone, para romper los muros de cualquier biblioteca y contar al mundo lo que se hace en ella. En el mes de agosto Verónica Juárez nos dejó algunas ideas en su blog.

Todoist: no olvides ninguna tarea

TodoistEsta app de productividad, una de las favoritas de la Google Play, está pensada para gestionar nuestra lista de tareas. Su funcionamiento es sencillo: una vez creada una cuenta de usuario, se añaden las tareas pendientes de desempeñar, se les asigna un proyecto y una prioridad y se establece una fecha y una hora para recibir un recordatorio que impida olvidarla.

Todoist es gratuita y también funciona en dispositivos con sistemas operativos iOS y Windows, además de Android, y tiene versiones web.

Paper 53, una app para dibujar y hacer collages

Paper 53Paper 53 es una gran aplicación para dibujar, disponible para iPad y iPhone. Combina textos, fotos y dibujos en una misma composición, a modo de collage. Su uso es muy intuitivo, se aprende rápidamente tras estar atento un rato al tutorial inicial, y se basa una serie de herramientas para dibujar de forma táctil. Aunque se puede utilizar con un lápiz especial que se compra aparte, funciona perfectamente con el dedo.

La oruga glotona, ahora en app

La oruga glotonaLa app My Very Hungry Caterpillar [La oruga glotona], basada en el famoso cuento con el mismo título, fue distinguida con uno de los premios de la Feria de Bolonia este año y ahora recibe un nuevo reconocimiento como una de las mejores apps para Android. Esta app se diferencia de otras similares porque constituye un complemento al propio cuento, en lugar de ser una traslación del mismo con algo de interacción añadida, como es común. Se trata por lo tanto de un juego para que los niños de hasta cinco años aprendan a amar la naturaleza a través del personaje de Eric Carle.

La aplicación funciona en dispositivos móviles con sistemas operativos Android, iOS y Windows y la versión completa tiene un coste de 3,99€, aunque cuenta con una versión lite gratuita.

Seedling Comic Studio: dibuja tus propios cómics

Seedling Comic StudioEsta app gratuita para iPad está pensada para crear un verdadero cómic fácilmente y con estupendos resultados. Los numerosos recursos de esta aplicación nos permiten combinar en cada viñeta los típicos fondos urbanos de los cómics, diferentes bocadillos y tipos de letra, stickers e incluso fotografías capturadas con la cámara de la tableta. Seedling Comic Studio está dirigida a niños entre 9 y 11 años y tienen la posibilidad de comprar temas para mejorar nuestros cómics.

NLB Mobile, la mejor app de una biblioteca en 2015

NLBmobileEsta aplicación no está incluida en los listados de las mejores, pero sin duda es la mejor app bibliotecaria del año. Como ya expliqué en el blog de SEDIC, esta app supone un paso adelante en la evolución de las apps de bibliotecas, pues no es meramente informativa, sino que además permite al usuario realizar sus propios préstamos.

Otras apps interesantes

La tienda de aplicaciones de Google también destaca entre las mejores del año apps como el editor de textos Microsoft Word, el Power Point de Microsoft, Colorfy, que está pensada para colorear, o Writing Wizard, una app educativa para que los niños practiquen la escritura.

De entre las destacadas por la App Store de Apple también merece la pena explorar iTranslate, el traductor de Google con opciones de realidad aumentada que traducen en contexto; Tandem, para aprender idiomas practicando conversación con nativos; y PlayKids Talk, un What’s App seguro para utilizar con niños menores de doce años.

Desde luego, hay muchas más apps increíbles y estas son solo algunas.

¿Cuál es, para ti, la app del año?

#biblioteca, uno de los temas más importantes del día en Twitter

La séptima edición de la #biblioteca se ha convertido en una de las más memorables: nunca antes se había conseguido que la etiqueta #biblioteca estuviera durante tanto tiempo entre los trending topics, hasta ahora solo se había posicionado de forma intermitente y muy efímera (ver los datos de 20142013, 2012, 201120102009).

tendencias2Como muchos hemos podido constatar, el 10 de agosto de 2015 la etiqueta #biblioteca ha estado entre las más importantes de 10 a 14 horas: ocupando la segunda posición hasta la 1 del mediodía (hora peninsular española) y la quinta después, para luego desaparecer, según los datos ofrecidos por Trendinalia. Durante la tarde no se le ha vuelto a ver en la lista de los diez primeros, a pesar de que la hora de mayor concentración de tuits han sido las 16 (con 1.581 tuits publicados, según los datos de Talkwalker). Aunque se había establecido también las 20 como otro momento para concentrar mayor número de tuits, solo se han lanzado 755 durante esa hora.

Además, los datos de Trendinalia muestran cómo #biblioteca ha sido el trending topic número 14 del día y se ha mantenido entre los primeros durante 5 horas y 15 minutos.

Gráfico elaborado por Trendinalia.

Gráfico elaborado por Trendinalia.

En total se han publicado 21.729 tuits con la etiqueta #biblioteca, un número muy cercano al de la pasada edición. En España han sido 10.909, según los datos ofrecidos por Talkwalker. Otros países con una importante representación han sido México, Chile y Venezuela, como se aprecia en la siguiente tabla.

 País Número de tuits
España 10.909
Mexico 3.441
Chile 1.604
Venezuela 921
Argentina 873
Colombia 689
Estados Unidos 490
Uruguay 408
Italia 400
Otros 1.656

En Chile y Perú la #biblioteca ha sido también trending topic durante algunos momentos de la tarde, según reportaban Enzo Abbagliati (@cadaunante) y Silvana Aquino (@cibertecaria).

Para mí esto no es un experimento científico, sino un juego, y por eso no podría asegurar cuáles han sido los motivos del logro de esta edición frente a las anteriores. Pero sí puedo imaginar algunas: quizás un arranque fuerte y el efecto sorpresa, una competencia más débil y la participación de personas fuera del entorno bibliotecario, como apuntaba Jordi Serrano hace unos años. Mi compañero de blog, Fernando Juárez, dijo en una ocasión que «a veces hay que actuar primero para pensar después», y esta vez ha funcionado.

Al igual que en ediciones anteriores, lo mejor de esta séptima edición ha sido compartir un proyecto común con bibliotecarios de todo el mundo. Mis felicitaciones para todos ellos. Y desde luego, haber conseguido que el espíritu de algo que sigue siendo un juego se haya mantenido durante estos siete años.

A por la séptima #biblioteca

El lunes 10 de agosto de 2015, por séptimo año consecutivo, personas de todo el mundo volveremos a tuitear el hashtag #biblioteca para posicionarlo entre los trending topics en nuestros respectivos países.

Todo comenzó como un juego, un 10 de agosto de 2009, cuando un grupo de amigos nos preguntamos si seríamos capaces de convertir a la #biblioteca en trending topic. Aunque ya hace años que logramos este objetivo y lo hemos conseguido en más de una ocasión, no deja de emocionar, año tras año, la experiencia de compartir con personas de todo el mundo el mismo empeño en que la biblioteca tenga una mayor visibilidad.

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Tras siete años esta experiencia sigue siendo un juego colectivo y espontáneo en el que cada uno aporta su granito de arena. Este año la emoción será doble, porque se une el logro de que el espíritu de la #biblioteca haya permanecido vivo durante siete años consecutivos. Sigue habiendo dos retos importantes, como conseguir el trending topic en algunos países e involucrar a más personas. Por eso te invitamos a que difundas esta iniciativa en tu entorno, pues aunque haya nacido en el entorno bibliotecario está abierta a todo aquel que quiera unirse a ella.

Aunque puedes tuitear durante todo el día, queremos concentrar los esfuerzos en dos momentos:

  • 08:00 y 12:00 h. Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua.
  • 09:00 y 13:00 h. Colombia, Ecuador, México, Panamá, Perú.
  • 09:30 y 13:30 h. Venezuela.
  • 10:00 y 14:00 h. Cuba, Bolivia, Chile, Estados Unidos (Washington), Paraguay, Puerto Rico, República Dominicana.
  • 11:00 y 15:00 h. Argentina, Brasil, Uruguay.
  • 15:00 y 19:00 h. España (Canarias), Portugal.
  • 16:00 y 20:00 h. España (Península).

Es recomendable que tengas en cuenta la política anti-spam de Twitter para evitar que tu cuenta se bloquee. También te recomendamos que te asegures de que la etiqueta que tuiteas es #biblioteca, y no #bibliotecas (en plural) u otras posibles variaciones.

Consulta información sobre la historia de esta iniciativa y las anteriores convocatorias: 2009 | 2010 | 2011 | 2012 | 2013 | 2014.

¿Vamos a por la séptima #biblioteca?