Escenas cotidianas

Nota: texto escrito para el Grupo Thinkepi y publicado originalmente en la lista IweTel. La intención es provocar reflexión y debate, así que cualquier comentario al respecto será muy bienvenido.

Escenas cotidianas: el juego, la música y la lectura

OLYMPUS DIGITAL CAMERAUn niño jugando con bloques de construcción, una escena que lleva produciéndose muchos años en cualquiera de nuestros hogares… LEGO, fundada en los años 30, vive uno de sus mejores momentos pero en 2003 estuvo al borde de la desaparición; los niños se estaban alejando de los juguetes tradicionales atraídos por las nuevas tecnologías y la compañía, aunque muy popular, no encontraba la forma de ofrecer lo que estos querían. La empresa superó el momento crítico volviendo a los orígenes (apuesta por los productos estrella de siempre), cerrando líneas poco productivas (reducción de costes) e implementando pequeñas innovaciones tecnológicas para mejorar la experiencia del usuario (entre ellas, la mejora de la presencia en Internet creando su propia red social y diseñando una comunidad online donde la gente pudiera compartir sus creaciones).

LEGO apuesta por el bloque de toda la vida y, sin perder de vista el futuro digital, se esfuerza también en implicar a las personas utilizando los nuevos canales de comunicación.

Una persona sentada en un transporte público, mirada absorta, auriculares en los oídos, una escena que lleva produciéndose muchos años en cualquiera de nuestros trenes y autobuses… En 2014 se ha dejado de vender el reproductor musical de bolsillo que propició el terremoto en la distribución musical: el iPod Classic. Tony Fadell, uno de los creadores del primer iPod, intuía esa desaparición desde el momento mismo en que se empezó a comercializar. “En el 2003-2004 nos empezamos a preguntar qué es lo que mataría el iPod. Y aún en esa época ya vimos que sería el streaming. Lo llamábamos “el reproductor celestial en el cielo”. Y eso es lo que tenemos ahora: la música en la nube y contenidos en streaming.”

“En cuanto al futuro de la música, no se trata ni del iPhone ni del iPad. Se trata de aplicaciones que lean tu mente. Ahora que tenemos acceso a toda la música que podemos imaginar, la gallina de los huevos de oro pasa a ser la capacidad de descubrir esa música. […] Que ese reproductor celestial te dé la canción adecuada en el momento adecuado”.

Una persona acercándose a la biblioteca para coger un libro, una escena que lleva produciéndose muchos años en cualquiera de nuestras bibliotecas…¿y si analizamos la escena teniendo en cuenta la experiencia de LEGO y el fin del IPod?

Escenas cotidianas: del libro a la lectura, de la desiderata a la experiencia del usuario

Últimamente, con e-biblio, e-liburutegia y su tímida oferta de préstamo digital, la escena está sufriendo pequeñas variaciones: en la colección hay libros que pertenecen a terceros que imponen condiciones que la biblioteca repercute en los usuarios, esto tienen más opciones para obtener lectura y deciden si merece la pena otorgar valor a lo que las bibliotecas ofrecen. Estamos dejando de pensar en clave de objeto (libro) y empezamos a valorar la importancia del acceso al contenido (lectura): el préstamo ya no es necesariamente presencial ni acudir a la biblioteca imprescindible.

La biblioteca ofrece una colección amplia, plural, bien construida, garantiza el anonimato, no considera al lector como un producto, el poder adquisitivo no es un problema para usar sus servicios; lleva tanto tiempo asociada al libro y a la lectura que la “marca” biblioteca es un gran activo…pero al igual que con la música, el streaming y el leer todo lo que quieras por 10 euros al mes está a la vuelta de la esquina. Acudir a la biblioteca porque allí se encuentran los libros tiene fecha de caducidad.

Seguimos teniendo muchos libros en baldas (y los seguiremos teniendo) pero nos equivocamos si nos empeñamos en pensar que lo nuestro es más el libro que la lectura; si identificamos plataforma de préstamo con estrategia digital, el libro con nuestro bloque…. No, en la era del streaming no iremos a la biblioteca a por libros, pero tal vez sí a por esa recomendación, a por esa experiencia de lectura compartida (nuestro verdadero bloque).

Ahora que el libro y el espacio físico están dejando de ser imprescindibles necesitamos a nuestros lectores para perfilar colecciones y mejorar “la experiencia del usuario”

En la economía de la información el valor de las cosas depende de los usuarios. Cada vez que alguien se acerca a la biblioteca tenemos un potencial creador de valor, una pequeña inversión para ese futuro que nos preocupa, un futuro que no existirá si no es con una comunidad lectora alrededor de la biblioteca. Siempre ha habido personas que nos han comentado sus lecturas, si el libro les ha gustado o no; comentarios que muchas veces no hemos valorado en su justa medida.

Para ese tipo de lectores la biblioteca no es almacén sino plaza donde poder intercambiar impresiones; plaza que frecuentarán con sus amigos si se sienten valorados y correspondidos.

Empezar a mirar con otros ojos a quien viene a por un libro y animarle a, junto a nosotros, recomendar y fomentar la lectura, es clave para el futuro en streaming que se avecina.¿Por qué no aprovechar el mostrador tradicional para construir el virtual del futuro?, ¿por qué no democratizar la recomendación de la lectura “en presencial” para implicar a nuestros lectores en la construcción de la recomendación “en virtual”?

La construcción del fondo bibliográfico es toda una declaración de intenciones: empezamos a recomendar cuando realizamos la selección. Podemos argumentar que en esa selección teníamos en cuenta a nuestros usuarios a través de las desideratas, esa petición en la que quedaba claro quien decidía.

En la era del acceso invitar al usuario a que nos diga que le interesaría a ver si lo tenemos en cuenta en la próxima compra ya no tiene sentido; el tiempo de la desideratas, entendida como una gracia, ha pasado.

Lo interesante es saber qué opina, qué comenta, qué busca, qué recomienda y aprovechar esa información para, sin olvidar la calidad y la pluralidad que se nos supone, ofrecer servicios de lectura más personalizados.

Fíjate, ahí está la usuaria acercándose al mostrador; comenta con tanta pasión el libro que está devolviendo que dan ganas de dejar todo lo que tienes entre manos y ponerte a leer. Y mira esa otra que escucha mientras espera a ser atendida y pregunta si se puede llevar el libro que acaban de dejar. A nada que te descuides se establecerá una conversación entre ambas (“Ya verás cómo te va a gustar”) que molestará a los estudiantes del fondo. Dependiendo de nuestra forma de ser:

  • facilitaremos que la conversación que hemos descrito llegue a producirse,
  • escucharemos con atención el comentario del lector emocionado y
  • aprovecharemos para beneficio de la biblioteca esa información que nos están ofreciendo

o, por contra,

  • cortaremos de raíz el intercambio de opiniones en pos de un silencio que garantice el recogimiento y el estudio.

Aunque no hayamos preguntado el lector siempre nos ha dicho lo que le gusta y hemos empleado esa información para difundir la impersonal y muy solicitada lista de los libros más prestados, clave para mejorar las estadísticas de préstamo. Si estamos tan convencidos de la importancia del usuario ¿por qué no poner el acento en la persona y en la lectura que recomienda? ¿por qué no preguntar directamente para saber lo que le gusta?, ¿por qué no apelar a la creación de un vínculo afectivo entre el lector, la lectura y la biblioteca que les ha puesto en contacto y animar a otras personas a vivir esa experiencia?; y ya puestos ¿por qué no usar las nuevas posibilidades tecnológicas y los nuevos canales de comunicación para hacerlo? LEGO lo ha hecho, sigue vendiendo (analógicas) piezas de plástico y parece que no le va mal.

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Un pensamiento en “Escenas cotidianas

  1. Cualquier cosa que se haga, sin tomar en cuenta las opiniones, gustos, necesidades, intereses, sugerencias de las personas que usan un bien o un servicio, no se podrá ir muy lejos, eso mismo se puede aplicar al mundo de los servicios de información, es un principio de marketing o mercadotecnia como prefieran decir.

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