Ese bazar llamado préstamo electrónico

Jérusalem. Le bazar ; Bildmaterial

Jérusalem. Le bazar ; Bildmaterial. Fuente: Europeana

Acceder al catálogo, realizar la búsqueda y solicitar el préstamo son acciones cotidianas en nuestras bibliotecas…siempre que tratemos de libro impreso. De momento son testimoniales las bibliotecas públicas españolas que en 2014 ofrecen préstamo electrónico a sus usuarios. ¿Porqué? (Suspiros virtuales)

En el plazo de una semana he asistido a dos reuniones sobre préstamo electrónico, una invitado por los editores de revistas culturales (ARCE) y otra en el grupo de trabajo sobre el préstamo electrónico de la red de bibliotecas de Euskadi a la que pertenece mi biblioteca. Esa situación me da el privilegio de conocer los argumentos que esgrimimos cada cual para defender nuestras tesis sobre los diferentes modelos de acceso y compra que condicionan el préstamo.

Los editores temen que el préstamo digital devalúe su negocio (subyace la identificación de préstamo con “no venta” y pérdida de control de su activo); los bibliotecarios recelamos de la carísima “no compra” que nos ofrecen los editores (y nos preocupa la pérdida patrimonial que ello conlleva). Para que engañarnos, mientras todos veamos el palo en la pata y el parche en el ojo ajeno el concepto de préstamo (un usuario, un libro, un préstamo) no será aplicable al libro electrónico. Mientras no entendamos que nos enfrentamos a un problema común no seremos capaces de buscar una solución al mismo. Y me preocupa…

Me preocupa la desaparición de las industrias culturales, me preocupa la falta de un ecosistema de lectura que no considere al lector como el producto a exprimir y me preocupa  no poder acudir a una biblioteca para leer sin sentirme vigilado y explotado. Creo que toca reacondiconar nuestras visiones y posturas antes de que la catástrofe (aquí que cada cual ponga la suya, por ejemplo, Amazon para los editores, el olvido de nuestros usuarios para las bibliotecas y la explotación comercial para mí como lector) sea inevitable.

El negocio del libro electrónico está más cerca del bazar en el que todo es negociable que de la tienda con precio más o menos fijo en la que estamos acostumbrados a desenvolvernos. En este bazar todos somos nuevos, todos tenemos temores y todos tenemos que ceder para ganar. Así que propongo la siguiente terapia antes de volvernos a reunir para negociar las condiciones:

– Estimada industria editorial, repita en voz alta al menos tres veces al día (desayuno, comida y cena) : “La biblioteca me quiere, respeta mis derechos, y cuida y difunde mi obra con cariño”, “La biblioteca es una gran oportunidad para que los lectores se acerquen a mi obra y la aprecien”, “El inmovilismo me está matando”. (No es necesario creérselo)

– Estimados bibliotecarios, repitamos al menos tres veces al día (desayuno, comida y cena): “Los autores nutren nuestras bibliotecas de buenos contenidos; las editoriales facilitan que esa creación sea posible y llegue a nuestros lectores”,  “El inmovilismo me está matando”. (No es necesario creérselo)

– Estimada industria editorial, estimados colegas bibliotecarios, pensemos en la frase que tenemos en común y que, sin duda alguna, todos creemos.

Ahora, vayamos al bazar y negociemos; convirtamos el préstamo electrónico en bibliotecas en futuro cercano y, por qué no, rentable.

 

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