Cuando los servicios digitales no necesitan ser reforzados por los presenciales en la Biblioteca

huellaCada vez que se habla de poner en marcha servicios basados en lo digital hay alguien que apostilla que los servicios presenciales son insustituibles, que lo digital no puede dejar de estar respaldado por lo presencial. A estas alturas, desde mi punto de vista, resulta una obviedad decir que la experiencia de ambos tipos de servicios es diferente, que no es lo mismo acudir a la biblioteca a tomar prestado un libro que descargarlo de una plataforma en línea, como no es lo mismo asistir a las reuniones de un club de lectura que seguirlo a través de Facebook.

No creo de que lo digital deba ir siempre de la mano de lo presencial, como si necesitara un refuerzo. En el ámbito de la enseñanza existen tres modalidades —presencial, semipresencial y online—, cada una de las cuales se adapta mejor a unas situaciones u otras. ¿Por qué en los servicios bibliotecarios debemos prescindir de una modalidad online independiente de las demás? Eso no significa que las otras dos deban desaparecer. ¿Por qué al hablar de servicios presenciales nadie dice que deben ir acompañados de lo digital, cuando cada vez es más evidente que la Biblioteca —entendida como marca global— no podrá prescindir de ellos en el futuro?

Sin duda la experiencia de la relaciones personales, el contacto directo, enriquece nuestros servicios, pero también es verdad que lo digital llega donde no llega lo presencial, a nuestras casa, a nuestros bolsillos, a cualquier hora. Poder obtener un libro en cualquier momento, incluso por la noche, los fines de semana o en vacaciones, o seguir ese club de lectura al que nunca pude apuntarme por incompatibilidad de horarios no tiene precio. Estoy convencida de que lo digital constituye una forma de ampliar nuestros servicios presenciales, de llegar donde antes no podíamos.

Todo lo demás son fantasmas. Detrás de la idea de que lo online debe ir respaldado por lo presencial subyacen el desconocimiento de la realidad digital y un miedo a ser reemplazados, a convertirnos en prescindibles como profesionales, reforzado por el momento de crisis y los recortes presupuestarios a los que asistimos en los últimos años. También contribuye la inercia del tiempo, que impide ver nuevos horizontes y nos lleva a seguir haciendo las cosas de la misma forma en que las hemos hecho hasta ahora, sin cambios. Y también, por qué no, una desconfianza hacia todo lo que rodea a lo digital que se ha instalado en un sector de la profesión.

Esos miedos sólo nos paralizan y nos impiden adaptarnos a una realidad que cada vez cobra más fuerza. Son los que están poniendo en desventaja a la Biblioteca frente a empresas emergentes que, en palabras de Eric Hellman, están ocupando las tareas que tradicionalmente ha desempeñado la Biblioteca en el entorno digital. Si no perdemos esos miedos, si no somos más rápidos en trasladar nuestra experiencia y nuestro rol a lo digital —por ejemplo en la gestión de comunidades lectoras o en recomendar libros adecuados para cada persona— estaremos perdiendo una gran oportunidad de seguir siendo útiles a la sociedad en el futuro.

Dejémonos de miedos, ampliemos horizontes.

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2 pensamientos en “Cuando los servicios digitales no necesitan ser reforzados por los presenciales en la Biblioteca

  1. Interesante post, Natalia, gracias. Sin que ello implique estar en desacuerdo con algunas de las lineas que se mencionan en el post, si convendria reflexionar en el contexto de la comunicacion entre la Biblioteca y los Departamentos de Investigacion de las universidades sobre en que medida la sobreabundacia de comunicacion digital de variable importancia (cada vez hay mas spam en nuestras cuentas de correo y demas ventanas a la ‘realidad digital’) puede llevar a que muchos de los mensajes importantes sean directamente ignorados si no cuentan con el apoyo de una comunicacion directa y ‘personal’ (face-to-face).

  2. Estoy de acuerdo contigo, Pablo, el spam es un engorro. Recientemente hablaba Enrique Dans sobre cómo cada vez nos pasan más desapercibidos los mensajes comerciales y son menos efectivos, como sucede con el buzoneo: http://www.enriquedans.com/2013/10/gmail-y-el-correo-comercial-reflexionando-sobre-el-marketing-y-el-sentido-comun.html
    Existe otro tipo de spam que mantenemos entre todos: el que nos envían nuestros contactos. Cadenas de mensajes, bulos y demás basura circulan cada día gracias a la credulidad de la gente.
    Entonces habrá que mejorar los filtros antispam, en el caso del correo, y aprender a utilizarlos mejor. En el caso de las redes sociales no hay excusa que valga: nosotros seguimos a quien queremos, y si no nos interesa lo que alguien comparte basta con retirarlo de nuestra lista de contactos.
    Cada medio de comunicación (teléfono, correo electrónico o postal, wasap…) tiene unas características y somos libres de utilizarlos cuando y como nos resulte más cómodo. Pero, desde mi punto de vista, también tenemos que saber emplear bien los medios digitales. A eso se le llama alfabetización digital.

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