Porque hay maneras y maneras de decir las cosas

barachiens[Biblioblog] Paseando por París durante las últimas vacaciones encontré esta estampa a la entrada de un bar. Los propietarios, en lugar de poner el consabido cartel de “prohibida la entrada a perros” se las habían ingeniado para decir lo mismo, pero de otra forma, más simpática, que me hizo soltar una sonrisa. Así, se me ocurre que posiblemente esta haya sido una buena razón para iniciar algunas conversaciones dentro y fuera del bar o el motivo por el que se hable del negocio, como sucede ahora mismo en este blog. El resultado, por lo tanto, no es el mismo que si vemos en la puerta una pegatina con el dibujo de un perro tachado con líneas rojas.

¿Os habéis parado a pensar cómo decimos las cosas en nuestras bibliotecas? ¿Cuál es el lenguaje que usamos para comunicarnos con nuestros usuarios? ¿Y cuál es el resultado?

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4 pensamientos en “Porque hay maneras y maneras de decir las cosas

  1. Siempre decimos las cosas en negativo: prohibido… no puedes hacer… no hables… no comas… Uf, al final se te quitan las ganas de ir a la biblioteca, no? Habría que intentar hablar siempre en positivo. Sobre los perros, he visto en muchas panaderías de por aquí que tienen unos enganches de hierro fuera en las paredes de la calle, y al lado una inscripción que dice algo así “Yo me tengo que esperar fuera”. Se le parecen.

  2. Sí, es un esfuerzo que vale la pena, se ve muy claro con los niños, como dice Karo. Pero es cierto que hay que cambiar de chip, parece que llevamos muy adentro la norma formulada en negativo.
    Así, propongo que en vez de prohibir hablar el móvil por la biblioteca, se permita… ¡Se permita arrancar la cabeza a quien lo haga! 😀
     

  3. Ya, si a nadie le gusta ser la bibliotecaria del moño que manda callar, pero la dura realidad obliga a los carteles. Por ejemplo, se sienta la mamá a darle la merienda al niño y se sorprende de que le llames la atención. “Ah, que no se puede comer aquí”. ¿Cómo se dice esto con gracia? “¿Venga merendado de casa?”
    Siendo positivos, recuerdo que en el Museo de Arte Contemporáneo de Lisboa había unos paneles enormes en la entrada en los que había bocadillos (como los de los cómics) en los que habíen escrito cosas que sí se pueden hacer y otros tachados con cosas que no se pueden hacer. Luego había otros en blanco donde los visitantes escribian sus impresiones sobre el museo… era original y efectivo.

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