Soy minero

mineroYo no maldigo mi suerte porque minero nací…” cantaba Antonio Molina; ¿Minero yo?, pues no, bliotecario de mi pueblo y tampoco maldigo mi suerte…Umm, bien pensado, aunque quienes trabajamos en una biblioteca no nos tengamos por mineros tal vez no deberíamos descuidar las repercusiones de la minería de datos en nuestra relación con los usuarios.

La biblioteca siempre ha solicitado datos para poder controlar el fondo y ofrecer un (supongo) buen servicio; datos relacionados con la residencia, sexo, profesión… con un recorrido muy limitado.

Una de las derivadas del uso de las tecnologías de la información es la cantidad de datos que hacemos generar a quien quiera relacionarse con la biblioteca; otra la capacidad de almacenamiento y posterior proceso de los mismos para obtener patrones de comportamiento; y otra es que la mina se nos escapa de las manos sin darnos cuenta.

La irrupción de los Servicios de Redes Sociales y su gran aceptación entre nosotros facilita el que fomentemos una relación con nuestros usuarios cuyo manejo se nos escapa. Y si hasta hace poco la mina, aunque un tanto descuidada, estaba bajo nuestro control, en este momento estamos perdiendo el dominio de la explotación. Y eso repercute en el fondo y en la forma de nuestra relación. No solíamos pedir identificación previa para entrar a consultar información: alguien entraba, consultaba a su libre albedrío y si quería llevarse algo le pedíamos identificarse como usuario de la biblioteca; quien tenga un perfil en una red social sabe que lo primero que hay que hacer es identificarse…

Cuando la mina era 100% nuestra todos los datos tenían un control ético (por ejemplo, no podíamos rastrear las lecturas); en este momento es muy difícil saber qué desean obtener los nuevos propietarios de los datos que almacenan.

Tal vez se interpreten estas líneas como un alegato contra la utilización de los servicios de redes sociales en las bibliotecas; a mí me gustaría que se interpretasen como una defensa de la actualización de la explotación “ética” de nuestra mina: adoptemos las nuevas herramientas sin perder nuestro espíritu. ¡Seamos mineros del XXI!


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