Todos tenemos un dispositivo de lectura: el teléfono móvil

cabecera3Los lectores de libros electrónicos están destinados a ser un producto de nicho. Es lo que contaba Todd Wasserman en Mashable hace unos días, y la noticia está replicándose hasta percibirse como una verdad absoluta. A pesar de lo que a nosotros, gente del libro, pueda parecerno, los eReaders nunca han sido dispositivos populares y lo que contaba ayer Mashable no es más que la afirmación de una realidad.

Una muestra del desinterés de la industria es que los grandes fabricantes de dispositivos de lectura se están dirigiendo a otros negocios, contaba Wasserman: Amazon ya ha anunciado su smartphone, el Fire Phone, y Barnes & Noble externalizará la división del Nook. Y es que son ya varios los medios que han advertido de la falta de innovación en el sector del eReader y de la desaceleración en las ventas, que en 2012 cayeron un 28%, según IDC, y se espera que sigan bajando.

No se trata de que los eReaders vayan a desaparecer, sino más bien que quedarán en nicho de mercado muy concreto, el de los grandes lectores. Y es el smartphone quien está destinado a ocupar un papel importante como dispositivo lector, asegura Wassman, por delante de la tableta. Desde luego, el eReader y las tabletas son más cómodos para leer que un smartphone, pero sólo los lectores intensivos parecen estar dispuestos a adquirir un dispositivo dedicado exclusivamente a ello. El resto de los mortales prefiere leer en el mismo dispositivo que utiliza para todo lo demás ―escuchar música, llamar por teléfono, tomar fotografías y grabar vídeos, actualizar el perfil de Facebook o consultar la predicción del tiempo, entre muchos otros― y que ya tienen, y suele ser un smartphone.

Nos cuesta pensar en el smartphone como un dispositivo de lectura, también de lectura de libros, pero no es nada descabellado: los formatos de libros electrónicos como el ePub o el .mobi de Kindle se adaptan a cualquier pantalla y éstas son cada vez más grandes. Cada vez hay más datos que revelan que en los smartphones también se lee: un informe de Pew Internet descubrió que el 29% de los lectores de libros electrónicos los leyó desde su teléfono móvil. Y un reciente estudio de la Unesco, realizado en países en vías de desarrollo, expone que quienes leían en el smartphone lo hacían sobre todo porque siempre lo llevaban consigo (67%) o por ser más barato (13%) y sólo un 9% lo escogía por ser el único soporte disponible para ellos.

hab

Fuente: Hábitos de lectura en compra de libros en España, 2012.

El último barómetro de lectura y compra de libros en España, correspondiente a 2012 (pdf), ya mostraba que la lectura era más frecuente en el móvil que en el eReader. Aunque estos datos se refieren a lectura en general, incluyendo, revistas, blogs, libros y otros formatos, la diferencia en la lectura de libros desde el smartphone y el eReader no es tan grande como cabría parecer: el 4,6% de los encuestados leía entonces libros en el móvil y el 6,3 lo hacía en un eReader. Cabe esperar que en los dos últimos años estos datos hayan evolucionado.

Quizás sea hora de empezar a pensar en contar a nuestros usuarios las utilidades para la lectura de los smartphones que llevan en el bolsillo, casi todos tienen uno.

¿Por qué la administración necesita préstamo electrónico en las bibliotecas?

IMG_20140613_092231Parece que la desmaterialización del libro obliga a tomar decisiones peliagudas. Desde hace años vengo participando en diferentes foros que intentaban analizar el impacto de los libros electrónicos en los hábitos de lectura, en las bibliotecas y en los mercados; en cada foro se reproducía una dinámica de bloques conformados según la posición de cada cual respecto a la cadena del libro (el bloque de los productores, el bloque de los facilitadores custodios) y entre ambos, una administración que pudiendo con sus decisiones regular la dinámica decidía no mover ficha.

La inacción, el dejar que las cosas se autocorrijan y autorregulen, además de dejar insatisfechos a todos los sectores del tradicional “universo libro”, está llevando los impuestos a, pongamos, Luxemburgo y eso enciende ya todas las alarmas. El problema no es tanto el desplome de la industria tradicional (ley de vida, nada nuevo bajo el mercado) como el que la nueva que retoma el negocio no cotice donde debe.

Reconducir la situación obliga a discernir si un libro es industria, si es cultura, si es industria y cultura al 50%, o más industria que cultura o viceversa….vaya rollo, con lo bien organizado que lo teníamos con el papel. Ser consciente de que no vas a dejar a nadie contento y sopesar con quién te importa enemistarte más o menos es el reto de la lectura en digital al que se enfrentan nuestros administradores. Mientras los editores piden que se vele por el negocio las bibliotecas reclaman un capote para poder seguir ofreciendo lecturas a la ciudadanía…como si ambas cuestiones fuesen incompatibles.

Recientemente se ha hecho público el convenio de colaboración entre el Gobierno Vasco y los editores de Euskadi. La iniciativa tiene cuatro objetivos fundamentales: ayudar al sector editorial en el impulso de la edición digital, garantizar una oferta de contenido digital en euskera , fomentar la lectura entre los jóvenes, (aprovechando la penetración de las nuevas tecnologías y el uso de los dispositivos entre las personas mayores de 12 años) y luchar contra la piratería.

De los dos aspectos (que es un vehículo de difusión cultural defendido desde las bibliotecas; que es el protagonista de una industria que necesita ser protegida esgrimido por la industria editorial. ¿cuál ha pesado más para la administración en este convenio? Salomón nunca lo ha tenido fácil ;-)

Piketty, la desigualdad económica y el papel de la biblioteca en la era digital

Llevo varios días leyendo en la prensa sobre el libro de Piketty, El capital en el siglo XXI, que defiende la tesis de que «la desigualdad económica es un efecto inevitable del capitalismo y que, si no se combate vigorosamente, la inequidad seguirá aumentando hasta llegar a niveles que socavan la democracia y la estabilidad económica», en palabras de Moisés Naim. Desde que estallara la crisis económica hemos visto en nuestro entorno más cercano cómo esa desigualdad ha ideo creciendo, por lo que la teoría de Piketty nos resulta evidente, sean o no ciertas las acusaciones de manipulación de datos que se han vertido sobre su obra.

La creciente desigualdad económica es un aspecto de especial relevancia para las bibliotecas públicas, que siempre han trabajado, y lo siguen haciendo, por acortar esa brecha económica y también la digital. Por eso las bibliotecas son ahora más necesarias que nunca y prescindir de ellas, como está sucediendo en algunos países, significaría un aumento de la desigualdad.

Las bibliotecas no son menos necesarias ante el avance de lo digital, sino que siguen siendo imprescindibles en la lucha contra la desigualdad. Esta es la idea con la que comienza Andrew Roskill, director ejecutivo de BiblioLabs, su charla en TEDx Charleston. En poco más de once minutos Roskill explica su teoría sobre por qué existe una gran diferencia entre el número de estadounidenses que considera importantes las bibliotecas (el 95%, según los datos de Pew Internet) y el porcentaje de población que las usa (52%).

¿Por qué la gente no utiliza los servicios de las bibliotecas, aunque crea que son importantes? Porque son complicadas. Esa es la respuesta de Roskill, para quien los sitios web de las bibliotecas son mucho más complicados que los de Google, Amazon o Apple. ¿Por qué hay mucha más gente que compra libros electrónicos en Amazon que libros impresos y, sin embargo, no se prestan más libros electrónicos en bibliotecas, a pesar de ser gratuitos?, se pregunta. Son cinco los puntos que Roskill recomienda a las bibliotecas:

  1. Enfocarse hacia los dispositivos móviles, que cada vez utiliza más gente.
  2. Hacer los sitios web más fáciles de usar, elegantes y de forma que enganchen.
  3. Atención al contenido: lo que la gente busca son best sellers, ¿por qué no dárselos?
  4. Curation, selección de contenidos y su puesta en contexto.
  5. Presencia física, que sigue siendo una ventaja competitiva también en el entorno digital.

En definitiva, las bibliotecas deben pensar como un negocio si quieren seguir tendiendo puentes que acorten la brecha económica y digital.

La biblioteca como “community manager” y “content curator” (2/2). Servicios y herramientas para la gestión de comunidades y contenidos

La primera parte de esta nota tuvo la intención de interpretar los fenómenos recientes de la gestión de comunidades (community management) y de la curación de contenidos (content curation) desde una perspectiva bibliotecaria tradicional. Las bibliotecas, desde su origen, por su concepción, siempre han prestado servicios de información a personas; por lo tanto, siempre ha habido una relación con los usuarios (comunidades), a quienes se han facilitado documentos o información (contenidos). Las bibliotecas son gestoras de comunidades y de contenidos y las tecnologías participativas han aumentado las posibilidades de relación directa con sus usuarios (gestión de comunidades) y de obtención, procesamiento y difusión de información (gestión de contenidos). Como se destacó en el texto anterior: “La biblioteca es gestora de comunidades y contenidos cuando mantiene actividad en redes y medios sociales y utiliza servicios participativos para la obtención y agregación de la información, tratamiento de los recursos y comunicación de los contenidos”.

El debate continúa con los dos principales rechazos que provocan los ámbitos del “community manager” y del “content curator”. La primera negación es la terminológica, ya que se introducen términos de difícil traducción sin que se pierdan los obligados matices que contienen dos actividades que se desarrollan en entornos digitales. Un gestor de comunidades puede ser un animador sociocultural, pero nadie duda de que un “community manager” trabaja en, por y para las redes sociales. Pero el principal desprecio lo provoca el concepto de “content curator”, de una dureza inusual para el oído castellano. La extrañeza es todavía mayor si se traduce, como algunos hacemos, como “curador de contenidos”. Aún así, defiendo que es preferible emplear la traducción, ya que es una mera cuestión de acostumbrarse a los términos que existen en español y para las que simplemente se rescatan acepciones en desuso. Un curador es una persona que cuida de algo o alguien. Es así en español desde hace más de dos siglos. Considero que el problema se resolverá con el uso, al igual que ocurrió con el término “repositorio”, que se intentó evitar por su malsonancia en el español actual, cuando ya existía en castellano como “lugar donde se guarda algo”. Hoy nadie se extraña de la palabra “repositorio” y, si los empleamos con naturalidad, nadie se sorprenderá de la “curación” y de los “curadores”. Por ese motivo, uso expresiones como “gestor de comunidades” o “curación de contenidos”.

La segunda negación es la utilidad profesional. La gestión de comunidades y contenidos se entienden como dos nuevas frivolidades de los filotecnólogos y de hipsters aficionados. ¿A mí de qué me sirve todo esto? Esta es la pregunta y este artículo quiere aportar alguna respuesta, porque hay una decidida utilidad profesional para las bibliotecas. Si el profesional de las bibliotecas se relaciona con los usuarios, las herramientas de la gestión de comunidades aumentan las posibilidades, acortan la relación, la profundizan y la llevan hasta donde quieran o puedan las dos partes (usuarios y bibliotecarios), siendo una extensión de un servicio o convirtiendo la gestión de comunidades en un servicio bibliotecario propiamente dicho. Además, si el profesional de las bibliotecas selecciona información para recomendar, asesorar u ofrecérsela al usuario, la gestión de contenidos multiplica también las posibilidades de obtener información, para procesar y difundir.

La utilidad de la gestión de comunidades y contenidos para la biblioteca reside en la oferta de herramientas para la identificación de recursos, el procesamiento de la información y la difusión de contenidos.

La argumentación que se está defendiendo aquí se basa en que existen nuevas herramientas que la biblioteca puede emplear para apoyarse en ellas para bien prestar servicios existentes o bien desarrollar nuevos servicios, que se pueden ofrecer gracias a las herramientas de gestión de comunidades y contenidos. Junto a los servicios bibliotecarios hay que delimitar los servicios participativos, que en este contexto son las operaciones que se pueden realizar vía Internet para fines específicos. Los servicios participativos se realizan con herramientas concretas. Por ejemplo, la sindicación de contenidos es un servicio participativo y Feedly es una herramienta para realizar este servicio. Además, las bibliotecas pueden usar los servicios participativos para prestar servicios bibliotecarios. En el ejemplo anterior, la sindicación es un servicio participativo que se emplea para los servicios bibliotecarios de información.

Curador RAE 1780

Los servicios y herramientas para la gestión de comunidades y contenidos se aplican a la actividad bibliotecaria en función de las necesidades y posibilidades de cada biblioteca. En el ciclo de la gestión de comunidades y contenidos, que se describió en la primera parte, se insertan los diferentes servicios participativos y sus herramientas. El ciclo se resumía en siete etapas: selección de la información, agregación de los contenidos, revisión de los contenidos, publicación de la información, difusión de la información, consulta de la información y evaluación de los servicios. Los servicios participativos disponibles para la gestión de comunidades y contenidos se pueden agrupar en veinte categorías, que se desarrollan a continuación, junto a la mención de algunas de las herramientas más conocidas para llevarlos a cabo. Cada uno de estos servicios puede incuirse en una etapa del ciclo de la gestión de comunidades y contenidos.

01. Recursos. Fuentes de información externas que pueden ser de utilidad para la selección y difusión de contenidos orientados a las demandas de usuarios concretos o a los canales informativos creados por la biblioteca. Herramientas: Alltop, Buzzfeed, Digg, Menéame, Niagarank, Reddit, Stumble Upon.

02. Sindicación. Suscripción a canales de información externos que se agrupan en una misma herramienta con la finalidad de poder recibir información, para su posterior filtrado, elaboración y difusión. Herramientas: Digg Reader, Feedly, Feedspot, The Old Reader.

03. Gestión de redes. Plataformas mediante las que se organizan de forma conjunta los diferentes perfiles de la biblioteca en redes sociales, para monitorizarlos simultáneamente. Herramientas: Friendfeed, Gremln, HootSuite, Lifestream, Plaxo, Sendible, Sobees, TweetDeck, Twitlistmanager.

04. Alertas. Programación de búsquedas de contenidos que se remiten al medio elegido (correo, sindicación, redes) a medida que se producen nuevas informaciones que cumplen los criterios establecidos. Herramientas: Google Alertas, Mention, Talkwalker.

05. Marcadores. Selección almacenada de recursos web que se consideran de utilidad y que se archivan en una plataforma, indicando temas tratados (etiquetas) y una descripción de los enlaces seleccionados. Herramientas: Blinklist, Delicious, Diigo, Google Bookmarks.

06. Lectura diferida. Archivo de contenidos que se almacenan para su posterior consulta y posible reutilización de la información. Herramientas: Evernote, Instapaper, Pocket, Readability.

07. Escritorios. Plataformas que permiten agrupar en una única interfaz diferentes servicios como sindicación de noticias, lectura de contenidos, widgets de recursos externos (buscadores, diccionarios, etc.), perfiles de redes sociales, etc. Herramientas: Netvibes, Protopage, Symbaloo, Ustart.

08. Gestores bibliográficos. Aplicaciones para la administración de referencias bibliográficas, a menudo con la posibilidad de creación de listas, formación de grupos y seguimiento de las bibliográficas creadas por otros usuarios. Herramientas: Google Mi biblioteca, Mendeley, Worldcat Listas, Zotero.

09. Acortadores. Sistemas para obtener direcciones web sencillas y personalizadas, que suelen ofrecer también estadísticas de uso y redifusión de los contenidos. Herramientas: Bit.ly, Dlvr.it, Google Shortener, Ow.ly.

10. Planificación. Programación temporal para la difusión de contenidos, consistente en establecer qué información se envía, a qué medio o red social y en qué preciso momento. Herramientas: Buffer, IFTTT, Twitterfeed.

11. Autopublicación. Páginas que se crean publicando automáticamente contenidos enviados a diferentes medios o redes sociales, reproduciendo tanto el texto enviado a las redes como los enlaces que se hayan adjuntado. Herramientas: Tagboard, Tweed Times.

12. Tablones. Publicación gráfica de contenidos disponibles en fuentes o canales dispersos, que son seleccionados por los administradores o bien abiertamente por usuarios interesados en contribuir. Herramientas: List.ly, Padlet, Pinspire, Pinterest, Quiet.ly, Visualize.us.

13. Cronologías. Archivo organizado cronológicamente que reúne las informaciones enviadas a diferentes medios sociales a partir de determinadas cuentas de usuarios, etiquetas y términos concretos. Herramientas: Storify, Storycrawler, Storyful.

14. Curación. Selección de contenidos publicados en canales externos, que se agrupan y ofrecen de forma conjunta siguiendo criterios informativos y documentales, ya sea reelaborando las informaciones originales o bien redifundiendo tal cual se crearon. Herramientas: Curata, Paper.li, RebelMouse, Scoop.it.

15. Redes. Plataformas para el establecimiento de relaciones entre personas, basadas en el intercambio de informaciones y contenidos. Herramientas: 500px, Academia, Facebook, Google +, Instagram, Ivoox, Linkedin, Research Gate, Tagged, Twitter.

16. Blogs y webs. Sistemas de publicación de información en red, que permiten la sindicación de contenidos o seleccionar y compartir los recursos creados. Herramientas: About.me, Blogger, Flickr, Google Sites, SlideshareTumblr, Vimeo, Weebly, Wikispaces, WordPress, Youtube.

17. Boletines. Medios para la difusión de informaciones a usuarios que han solicitado la recepción periódica de los contenidos, que han sido seleccionados y reelaborados conforme a la intención de quien produce los boletines. Herramientas: Issuu, Mach5, Mailchimp, Scribd.

18. Agregadores. Plataformas que reúnen contenidos procedentes de redes y medios sociales para su presentación gráfica conjunta y su lectura en dispositivos móviles. Herramientas: Flipboard, Google Currents, News 360, Pulse, Zite.

19. Reputación. Servicios para medir el alcance de la actividad de cuentas en redes sociales, que sirven para conocer la repercusión de la difusión específica de contenidos o bien la influencia global de perfiles en redes y medios sociales. Herramientas: Hubspot’s Grader, Kloud, Kred, Peer Index, Social Mention.

20. Métricas. Análisis estadístico de la actividad en redes sociales, así como del uso de medios y páginas, permitiendo conocer información valiosa sobre conexiones, medios empleados, comportamiento de usuarios, indicadores de uso y otros datos sobre las consultas a un servicio o espacio web. Herramientas: Alexa, Almetric, Buzzdeck, Google Analytics, Google Scholar, Google Tendencias, Plum Analytics, SocialBro, Statscrop, Topsy, Trendinalia.

Las herramientas que se ofrecen como ejemplo en los párrafos anteriores a menudo sirven para diferentes servicios. Soy consciente de que además de mencionarlas sería útil incluir una pequeña indicación sobre para qué es recomendable emplearlas o seleccionar aquellas más necesarias y las que son 100% gratuitas. Si hiciera falta, pensaré en una tercera parte, pero para esta “biblionota” simplemente quería sistematizar los servicios participativos de utilidad para las bibliotecas y ofrecer las herramientas más específicas y conocidas. Hace algunos años escribí el artículo Las 10 claves de la web social e incluía la “personalización como posibilidad” como una de las claves. La utilidad de estas herramientas para la gestión de comunidades y contenidos está demostrada, pero más aún si la biblioteca las emplea de forma creativa, adaptándolas a sus servicios y tomándolas tanto como instrumentos de trabajo, como medios de comunicación con sus usuarios.

Primera parte: La biblioteca como “community manager” y “content curator” (1/2). El ciclo de la gestión de comunidades y contenidos.

Nota

Los contenidos de estas dos notas sobre gestión de comunidades y contenidos proceden del trabajo que se realiza como docente del Máster Oficial de Sistemas de Información Digital de la Universidad de Salamanca, así como de los talleres impartidos para el Sistema de Bibliotecas de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí.

 Biblioblog es ajeno a la publicidad que introduce WordPress al final de cada nota.

 Biblioblog es ajeno a la publicidad que introduce WordPress al final de cada nota.

Biblioblog es ajeno a la publicidad que introduce WordPress al final de cada nota.

 Biblioblog es ajeno a la publicidad que introduce WordPress al final de cada nota.

Menos presupuesto y más demanda de servicios en las bibliotecas públicas

bp2Se señalan a continuación algunos de los datos más representativos publicados en el artículo Efectos de la crisis económica en las bibliotecas españolas, que forma parte del último número de El profesional de la información y cuyos autores somos Hilario Hernández y yo misma. Aunque el artículo hace referencia al conjunto de las bibliotecas, se han extraído datos correspondientes a las bibliotecas públicas, que en 2012 representan el 62,9% del total.

  • El gasto en adquisiciones se ha reducido un 35,9% entre 2008 y 2012 y es el que más está notando los efectos de la crisis. Las adquisiciones que más se han reducido son los documentos audiovisuales, sonoros y electrónicos, que acumulan un 43,6% de descenso entre 2008 y 2012. Pero también se observa una importante reducción en las altas de libros, que suponen una tercera parte menos de las registradas en 2008.
  • En 2012 las bibliotecas públicas registran 594 empleados menos que en 2010. La media de empleados por cada punto de servicio se reduce a 1,91, habiendo estado en 2,5 en 2008. Así, se retrocede a niveles de 2002, cuando era de 2,0.
  • La demanda de los servicios bibliotecarios no ha dejado de crecer en la última década, incluso se ha acentuado durante los años en que se produce la crisis económica, a partir de 2008. Las bibliotecas públicas han registrado un importante incremento del número de visitas, que entre 2008 y 2012 han aumentado en un 20,5%. Entre 2002 y 2012 el número de inscritos casi se ha duplicado, pasando de 8,2 a 15,6 millones.
  • Sin embargo, los niveles de préstamo se han estancado en 2012 debido a la desactualización de las colecciones y al cambio de hábitos de consumo de contenidos. En 2012 se prestaron 56,6 millones de documentos, un 6,1% menos con respecto al dato de 2010. Ese descenso se debe especialmente a los audiovisuales, a los documentos sonoros, a las publicaciones periódicas y a otros documentos, mientras que el préstamo de libros mantiene casi en el mismo valor de 2010, con un ligero ascenso.
  • Esta evolución se explica por los cambios en los hábitos de consumo de música, en los que los soportes físicos han sido sustituidos por el acceso y descargas a través de internet. En 2012 aún no se ha incorporado el préstamo de libros electrónicos en las bibliotecas españolas, salvo algunas excepciones.

Por cortesía de la revista El profesional de la información, el artículo del que se han extraído estos datos estará disponible en acceso abierto durante un tiempo limitado.

¿Por qué los lectores necesitamos préstamo electrónico en bibliotecas?

¿quién lee qué?

¿quién lee qué?

Ayer tuve visita. Alex y Esti querían conocer la biblioteca y ya de paso aprovechamos para comer.

- “Alex, ¿sabes cuál es la principal diferencia entre leer tu libro en papel o hacerlo en digital?”

- “Dime”

- “Que cuando te tengo en papel yo soy el lector pero cuando abro la pantalla el libro me lee a mí”

- “No jodas”

- “Hay dos diferencias significativas entre el libro impreso y el digital que condicionan el acto de leer: el anonimato y el sujeto lector. Con el libro impreso el acercamiento (ojear, leer,comprar) es anónimo; no nos preguntará el nombre, ni los apellidos; mucho menos la identificación fiscal. Un lector de libros electrónicos antes de decidir qué quiere leer tendrá que darse a conocer y aceptar una serie de condiciones (registrarte como cliente, dar el nombre, apellidos, dirección, el NIF…).

La segunda diferencia tiene su cosa: los libros electrónicos nos leen. Un libro electrónico sabe en todo momento el ritmo de nuestras lecturas, qué y cuándo leemos, qué párrafos nos saltamos, en cuales nos demoramos, que palabras buscamos, anotamos… información que puede ser utilizada por autores y editores para “fabricar” lecturas digitales ad hoc, para diseñar campañas publicitarias personalizadas, para saber de qué pie cojeamos…

- “Nunca me había planteado así la lectura de los libros”

- “Una de las demandas que hacen los usuarios en la biblioteca a pie de mostrador es que miremos en el historial y les digamos si han leído tal o cual libro. La respuesta siempre es la misma: no podemos; un bibliotecario no tiene acceso al historial de lecturas de un usuario. Dime que lees y te diré qué piensas, cómo eres, qué deseas, qué te puedo vender, qué querrás comprar…

La lectura social (que es como eufemísticamente se está llamando a esta nueva forma de lectura) está muy bien si es el lector quien decide qué, cómo y cuándo compartir. Eso que tanto se le envidia a Amazon es nuestra gran carencia y nuestra gran virtud. La biblioteca debe ser intransigente para evitar que el lector mute en producto…o por lo menos así lo creo. La privacidad de la lectura le pertenecen al lector y debe ser este quien la gestione. ”

- “Ahora entiendo lo complicado de las negociaciones para implantar el préstamo en bibliotecas. Hay mucho en juego…y no sólo mis derechos de autor”

-” En este bazar electrónico en el que todo es negociable -licencias, precios, periodos…- la biblioteca no debe olvidar su misión. Quién controle la plataforma tecnológica que gestiona el préstamo de libros, la base de datos de los lectores, los ritmos de lectura, definirá el modelo de lectura.”

La próxima vez que vayas a leer un libro electrónico ten presente si deseas ser un lector o un producto…y pregúntate porqué el préstamo de libros digitales no está aún disponible en tu biblioteca.

Sólo un tercio de las bibliotecas españolas tiene presencia web, casi la mitad no tiene OPAC

Imagen compartida por Elias Gayles bajo licencia CC BY 2.0.

Imagen compartida por Elias Gayles bajo licencia CC BY 2.0.

Los últimas estadísticas disponibles sobre las bibliotecas españolas, correspondientes a 2012, revelan la existencia de una gran brecha en cuestiones tecnológicas. No tanto en lo relativo al equipamiento, sino en lo que a presencia web se refiere. Esa es la realidad que se describe en el artículo Efectos de la crisis económica en las bibliotecas españolas, publicado por Hilario Hernández-Sánchez y por mí misma en la revista El profesional de la información:

  1. Sólo un tercio de las bibliotecas tienen página web, proporción casi idéntica a la de las bibliotecas públicas. Los datos del MECD correspondientes a 2011 no indican avances en este apartado en el caso de las bibliotecas públicas.
  2. Casi la mitad de las bibliotecas no tiene catálogo de consulta pública (OPAC) en 2012 (46,5%). En el caso de las bibliotecas públicas el porcentaje es muy similar, 43,8%.
  3. Dos de cada diez bibliotecas no disponen de ordenadores de uso público. La inmensa mayoría de las bibliotecas (95,6%) dispone de ordenadores o terminales informáticos para gestión interna.
  4. Nueve de cada diez bibliotecas tienen acceso a internet en sus salas, un servicio casi universal en las bibliotecas públicas (94,9%) y en las universitarias (97,9%).
  5. Las bibliotecas españolas cuentan con un total de 4.908 dispositivos lectores de libros electrónicos, de los que cerca de las tres cuartas partes (71,6%) pertenecen a bibliotecas públicas y una quinta parte (19,3%) a las universitarias.

Según se explica en el citado artículo, «desde 2008 los niveles de equipamiento informático se han estancado, lo que hace pensar que existe un número de bibliotecas que no han superado la etapa pre-tecnológica y que, teniendo en cuenta la situación, no parece que la vayan a superar en los próximos años.»

Por cortesía de la revista El profesional de la información, el artículo Los efectos de la crisis económica en las bibliotecas españolas estará disponible en acceso abierto durante las próximas dos semanas.