Nueve de cada diez internautas utilizan el teléfono móvil para acceder a internet en España

Imagen de James Theophane compartida bajo licencia CC by 2.0.

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El smartphone es el dispositivo que más gente utiliza para conectarse a internet en España. Según los datos recién publicados de la Encuesta AIMC a usuarios de internet, el 91,8% de los internautas se conectó a internet desde un teléfono móvil en 2014. Además, quienes utilizan el móvil lo hacen cada vez con mayor frecuencia, durante más tiempo y para más cosas. El uso de tabletas también sigue creciendo: más de la mitad de los internautas las utiliza para conectarse a internet (54,%). El smartphone es el principal dispositivo de acceso a internet para el 23,4% de los internautas, quizás porque hay quienes han comenzado a utilizarlo por primera vez desde el móvil. El ordenador de sobremesa sigue siendo el equipamiento principal para el 38,4% de los internautas, seguido del ordenador portátil (31,3%), pero ambos pierden peso respecto a años anteriores. En esta 17ª edición de la Encuesta se han incluido nuevas preguntas sobre el uso de apps y de otras utilidades de los dispositivos móviles. Los datos revelan que el 61,2% de quienes se conectan a internet desde un smartphone utiliza apps varias veces al día y el 18,0% todos o casi todos los días. Ocho de cada diez usuarios de smartphones utilizan la geolocalización. El uso más habitual consiste en obtener la ruta para llegar a un sitio (69,3%). ¿No crees que va siendo hora de que tu biblioteca se vea bien desde la pantalla de un smartphone? ¿No te parece que es el momento para comenzar a poner en marcha servicios para los usuarios de dispositivos móviles? Actualización 16/03/2015. El título original, Nueve de cada diez personas acceden a internet desde el móvil en España, ha sido modificado por el actual. Gracias a Santiago Martín por sus observaciones. 

Escenas cotidianas

Nota: texto escrito para el Grupo Thinkepi y publicado originalmente en la lista IweTel. La intención es provocar reflexión y debate, así que cualquier comentario al respecto será muy bienvenido.

Escenas cotidianas: el juego, la música y la lectura

OLYMPUS DIGITAL CAMERAUn niño jugando con bloques de construcción, una escena que lleva produciéndose muchos años en cualquiera de nuestros hogares… LEGO, fundada en los años 30, vive uno de sus mejores momentos pero en 2003 estuvo al borde de la desaparición; los niños se estaban alejando de los juguetes tradicionales atraídos por las nuevas tecnologías y la compañía, aunque muy popular, no encontraba la forma de ofrecer lo que estos querían. La empresa superó el momento crítico volviendo a los orígenes (apuesta por los productos estrella de siempre), cerrando líneas poco productivas (reducción de costes) e implementando pequeñas innovaciones tecnológicas para mejorar la experiencia del usuario (entre ellas, la mejora de la presencia en Internet creando su propia red social y diseñando una comunidad online donde la gente pudiera compartir sus creaciones).

LEGO apuesta por el bloque de toda la vida y, sin perder de vista el futuro digital, se esfuerza también en implicar a las personas utilizando los nuevos canales de comunicación.

Una persona sentada en un transporte público, mirada absorta, auriculares en los oídos, una escena que lleva produciéndose muchos años en cualquiera de nuestros trenes y autobuses… En 2014 se ha dejado de vender el reproductor musical de bolsillo que propició el terremoto en la distribución musical: el iPod Classic. Tony Fadell, uno de los creadores del primer iPod, intuía esa desaparición desde el momento mismo en que se empezó a comercializar. “En el 2003-2004 nos empezamos a preguntar qué es lo que mataría el iPod. Y aún en esa época ya vimos que sería el streaming. Lo llamábamos “el reproductor celestial en el cielo”. Y eso es lo que tenemos ahora: la música en la nube y contenidos en streaming.”

“En cuanto al futuro de la música, no se trata ni del iPhone ni del iPad. Se trata de aplicaciones que lean tu mente. Ahora que tenemos acceso a toda la música que podemos imaginar, la gallina de los huevos de oro pasa a ser la capacidad de descubrir esa música. […] Que ese reproductor celestial te dé la canción adecuada en el momento adecuado”.

Una persona acercándose a la biblioteca para coger un libro, una escena que lleva produciéndose muchos años en cualquiera de nuestras bibliotecas…¿y si analizamos la escena teniendo en cuenta la experiencia de LEGO y el fin del IPod?

Escenas cotidianas: del libro a la lectura, de la desiderata a la experiencia del usuario

Últimamente, con e-biblio, e-liburutegia y su tímida oferta de préstamo digital, la escena está sufriendo pequeñas variaciones: en la colección hay libros que pertenecen a terceros que imponen condiciones que la biblioteca repercute en los usuarios, esto tienen más opciones para obtener lectura y deciden si merece la pena otorgar valor a lo que las bibliotecas ofrecen. Estamos dejando de pensar en clave de objeto (libro) y empezamos a valorar la importancia del acceso al contenido (lectura): el préstamo ya no es necesariamente presencial ni acudir a la biblioteca imprescindible.

La biblioteca ofrece una colección amplia, plural, bien construida, garantiza el anonimato, no considera al lector como un producto, el poder adquisitivo no es un problema para usar sus servicios; lleva tanto tiempo asociada al libro y a la lectura que la “marca” biblioteca es un gran activo…pero al igual que con la música, el streaming y el leer todo lo que quieras por 10 euros al mes está a la vuelta de la esquina. Acudir a la biblioteca porque allí se encuentran los libros tiene fecha de caducidad.

Seguimos teniendo muchos libros en baldas (y los seguiremos teniendo) pero nos equivocamos si nos empeñamos en pensar que lo nuestro es más el libro que la lectura; si identificamos plataforma de préstamo con estrategia digital, el libro con nuestro bloque…. No, en la era del streaming no iremos a la biblioteca a por libros, pero tal vez sí a por esa recomendación, a por esa experiencia de lectura compartida (nuestro verdadero bloque).

Ahora que el libro y el espacio físico están dejando de ser imprescindibles necesitamos a nuestros lectores para perfilar colecciones y mejorar “la experiencia del usuario”

En la economía de la información el valor de las cosas depende de los usuarios. Cada vez que alguien se acerca a la biblioteca tenemos un potencial creador de valor, una pequeña inversión para ese futuro que nos preocupa, un futuro que no existirá si no es con una comunidad lectora alrededor de la biblioteca. Siempre ha habido personas que nos han comentado sus lecturas, si el libro les ha gustado o no; comentarios que muchas veces no hemos valorado en su justa medida.

Para ese tipo de lectores la biblioteca no es almacén sino plaza donde poder intercambiar impresiones; plaza que frecuentarán con sus amigos si se sienten valorados y correspondidos.

Empezar a mirar con otros ojos a quien viene a por un libro y animarle a, junto a nosotros, recomendar y fomentar la lectura, es clave para el futuro en streaming que se avecina.¿Por qué no aprovechar el mostrador tradicional para construir el virtual del futuro?, ¿por qué no democratizar la recomendación de la lectura “en presencial” para implicar a nuestros lectores en la construcción de la recomendación “en virtual”?

La construcción del fondo bibliográfico es toda una declaración de intenciones: empezamos a recomendar cuando realizamos la selección. Podemos argumentar que en esa selección teníamos en cuenta a nuestros usuarios a través de las desideratas, esa petición en la que quedaba claro quien decidía.

En la era del acceso invitar al usuario a que nos diga que le interesaría a ver si lo tenemos en cuenta en la próxima compra ya no tiene sentido; el tiempo de la desideratas, entendida como una gracia, ha pasado.

Lo interesante es saber qué opina, qué comenta, qué busca, qué recomienda y aprovechar esa información para, sin olvidar la calidad y la pluralidad que se nos supone, ofrecer servicios de lectura más personalizados.

Fíjate, ahí está la usuaria acercándose al mostrador; comenta con tanta pasión el libro que está devolviendo que dan ganas de dejar todo lo que tienes entre manos y ponerte a leer. Y mira esa otra que escucha mientras espera a ser atendida y pregunta si se puede llevar el libro que acaban de dejar. A nada que te descuides se establecerá una conversación entre ambas (“Ya verás cómo te va a gustar”) que molestará a los estudiantes del fondo. Dependiendo de nuestra forma de ser:

  • facilitaremos que la conversación que hemos descrito llegue a producirse,
  • escucharemos con atención el comentario del lector emocionado y
  • aprovecharemos para beneficio de la biblioteca esa información que nos están ofreciendo

o, por contra,

  • cortaremos de raíz el intercambio de opiniones en pos de un silencio que garantice el recogimiento y el estudio.

Aunque no hayamos preguntado el lector siempre nos ha dicho lo que le gusta y hemos empleado esa información para difundir la impersonal y muy solicitada lista de los libros más prestados, clave para mejorar las estadísticas de préstamo. Si estamos tan convencidos de la importancia del usuario ¿por qué no poner el acento en la persona y en la lectura que recomienda? ¿por qué no preguntar directamente para saber lo que le gusta?, ¿por qué no apelar a la creación de un vínculo afectivo entre el lector, la lectura y la biblioteca que les ha puesto en contacto y animar a otras personas a vivir esa experiencia?; y ya puestos ¿por qué no usar las nuevas posibilidades tecnológicas y los nuevos canales de comunicación para hacerlo? LEGO lo ha hecho, sigue vendiendo (analógicas) piezas de plástico y parece que no le va mal.

La segunda oportunidad (la gestión del ahora III)

msthematics¿También te pones nerviosa cuando se te acumulan los usuarios en el mostrador? Los que trabajamos en solitario pasamos en un instante de la soledad más absoluta a estar desbordados durante diez minutos por personas que han decidido que, por ejemplo, cuando has decidido ir a tomar el café (sí, confieso, todos los días) es un buen momento para solicitar un préstamo, pedir ayuda para imprimir un documento o interesarse por un libro del que han oído hablar pero que no encuentran en ninguna parte.

El préstamo y la impresión son demandas rutinarias que exigen tiempo pero no reflexión; si todo va bien (conexión a internet mediante) en cinco minutos se libera de nuevo el mostrador. Pero cuando se trata de suministrar información, de buscar un dato, necesitamos un momento de pausa que a veces no tenemos. Cuántas veces no habremos hallado eso que nos demandaba el usuario cuando ya se ha ido (un libro que no encontramos por estar en la estantería equivocada, una referencia, …) o respondes apresuradamente y te quedas con esa sensación de “tendría que haberle comentado esto”.

Hace poco, instantes antes de cerrar la biblioteca, me preguntaron por un libro de matemáticas. Tras buscar en varios catálogos no conseguí dar con él; la usuaria, apurada al ver mis esfuerzos y temiendo perder el autobús, comentó que no me preocupase y se marchó como había venido, sin noticias del libro. Tenía el dato del autor (Parnaut),  el título (Dimensions in Mathematics) y decidí preguntarle a Google… Lisbeth Salander, la heroína-hacker de la trilogía Millennium, es una gran aficionada a las matemáticas que intenta resolver el enigma de Fermat mientras devora un libro ficticio –Dimensions in Mathematics de L. Parnaut- cuya existencia tuvo que negar la prestigiosa editorial de Harvard ante las peticiones de los fans de la trilogía sueca.

Solo habían pasado diez minutos desde que la usuaria había abandonado la biblioteca y consideré que la biblioteca necesitaba una segunda oportunidad;  decidí enviar un wasap para, con la disculpa del hallazgo, transmitir un mensaje de calado: tus demandas de información nos preocupan, y en la medida de nuestras posibilidades intentaremos satisfacerlas aunque tal vez no podamos hacerlo al momento; te has molestado en venir a la biblioteca, lo agradecemos y, por supuesto, la biblioteca también acudirirá a tí para informarte.

El inmediato ok confirmó que el mensaje había sido recibido y, espero, la declaración de principios entendida.

WhatsApp y las cincuenta de Grey (La gestión del ahora II)

La gestión del ahoraWhatsApp y las cincuenta sombras de Grey han conseguido algo que la biblioteca perseguía pero no lograba: llevar la tecnología y la lectura a ámbitos y grupos de usuarios impensables hasta hace poco. La trilogía propició que muchos “no usuarios” se acercasen a las bibliotecas a por un libro que les habían recomendado en la calle; el whatsApp que la proporción de usuarios de biblioteca con smartphone sea muy elevada y que incluso nosotros sepamos cómo funciona. El whatsApp ha mutado el teléfono del abuelo en el smartphone de mi suegra; el erotismo ha convertido el libro en objeto de deseo. Creo que ninguna de nuestras campañas ha conseguido reducir la brecha digital y fomentar el interés por el libro con tanto éxito ¿por qué no aprovechar la coyuntura?

Una persona se acerca al mostrador de la biblioteca en busca de información;  sabes que nos puede preguntar cualquier cosa: la disponibilidad de un libro, el horario de autobuses o dónde encontrar una imagen de un elefante azul para los deberes del cole. Trabajamos delante de un terminal con acceso a internet, lo habitual es que busquemos respuestas a través de la pantalla. Al preguntar a los colegas si la situación es cotidiana en sus bibliotecas todos asienten; cuando me intereso  en cómo transmiten la respuesta las opciones van desde la voz hasta escribir en un papel o imprimir un pantallazo…¿Sábes qué echo en falta? Alguien que apunte la posibilidad de enviar la respuesta al momento y directamente al bolsillo de quién nos solicita la información. Y ya puestos, si el usuario quiere que le ayudemos, ¿por qué no invitarle a comunicarse con nosotros como lo haría con sus amigos?, ¿por qué no ofrecerle nuestra ayuda sin hacerle venir a la biblioteca, sin tener que dejar de hacer lo que tiene entre manos, en la certeza de que en el mismo momento en que tengamos lo que necesita le llegarà el aviso?, ¿por qué no aprovechar que la mayoría tenemos un nuevo canal de comunicación en el bolsillo que, ahora sí, sabemos usar?. Las formas de comunicación cotidianas e informales son necesarias en una biblioteca que quiera conectar con sus usuarios.

La referencia es una de nuestras especialidades, un servicio que podemos adaptar a los nuevos canales de comunicación con mucha facilidad.  Y si ayer, en los inicios de internet, mejoramos ese servicio de referencia con el correo electrónico y posteriormente con el chat, hoy podemos hacerlo con el whatsApp. Ser receptivos a la omnicanalidad nos permite  personalizar el servicio, nos da la oportunidad de fidelizar, de “poner en valor” nuestra actividad. Nos preocupa el futuro y hacemos cábalas sobre cómo afrontarlo; desconocemos cuáles serán las  posibilidades y las herramientas que tendremos mañana, pero hoy ya sabemos que tanto el número de personas  permanente conectadas como el consumo de datos en movilidad va en aumento así que, mientras llega el futuro, parece fácil adaptar y mejorar nuestro presente aprovechando ese teléfono que no falta casi en ningún bolsillo, ¿no te parece?

La gestion del ahora (haz caso a mi suegra)

La gestión del ahoraCuando tu suegra, de visita en casa, te pide el cargador del móvil para su teléfono, no hay duda, algo ha cambiado radicalmente. Hace años que la mía usa móvil pero nunca había mostrado preocupación por el estado de la batería; no hasta que sus hijas le enseñaron que gracias al nuevo teléfono puede mantenerse en contacto al instante con toda la familia siempre y cuando mantenga operativo ese nuevo cordón umbilical familiar. Envidio el modo en el que mi suegra se ha acercado a la tecnología; no ha tenido ningún problema en adaptarla a sus circunstancias (nada de teclear, que resulta difícil; ella habla y el teléfono se encarga de enviar mensajes de voz personalizados a cada hija, nieto…) y aunque sigue usando el teléfono para llamar lo que más valora es el grupo de whatsApp que le acerca a esa familia tan dispersa.

Cuando vas a dar un curso a bibliotecarios y no tienes que emplear más de la mitad de tus energías en convencer al personal de las posibilidades de los smartphones, no hay duda, algo ha cambiado radicalmente. En los que imparto me gusta empezar la jornada pidiendo a los asistentes que se presenten (ya sabes, lo típico, decir el nombre y la biblioteca en la que trabajan) y animo también a enseñar el teléfono que llevan encima. En 2008 no había muchos smartphones y gran parte del tiempo lo dedicaba no a “convencer” al personal de las posibilidades de los nuevos aparatos sino a negar sus temidos efectos secundarios (“¿Para qué necesito uno de esos, que solo sirven para aislarnos y hacernos más antisociales?”, “Eso no es para las bibliotecas”.)

2014, mismo ritual de presentación; de la treintena larga de asistentes tan solo 2 no disponen de smartphone y enseñan el móvil casi casi entonando un “mea culpa”. Sin rastro ni del argumento de la edad (el manido “es que ya estoy mayor”) ni del de la alienación social de la tecnología; la preocupación es ahora cómo convencer a nuestras administraciones de la necesidad de considerar estos dispositivos como herramienta de trabajo básica en las bibliotecas.

En estos seis años entre cursos se ha popularizado internet, han mejorado  las telecomunicaciones y ha cambiado la forma de comunicamos. Si tuviese que explicar ese cambio en pocas palabras emplearía una: WhatsApp. Al igual que mi suegra, muchas bibliotecarias utilizamos el whatsApp; hemos llegado a esa herramienta no por lo laboral sino desde el ámbito personal; nadie se plantea la edad y el argumento de lo antisocial cae por su propio peso. Whatsapp presenta otro matiz interesante: está siendo empleada con total naturalidad por personas que (Iba a volver a poner a mi suegra pero creo que voy a emplear el nosotros.), como muchos de nosotros, no son usuarias de las redes sociales al uso.

Volviendo al curso de 2014, al preguntar quién utilizaba esa herramienta en la biblioteca, los 2 que no tenían smartphone se convirtieron en 30. Es curioso observar cómo renunciamos al uso de la tecnología en el momento en el que dejamos de actuar como individuos y empezamos a pensar como bibliotecarios. Aunque argumentamos que el principal problema es que la biblioteca no dispone de un dispositivo la mayoría reconoce que, simplemente, no se había planteado la posibilidad. Una vez más la separación de lo laboral y lo personal, el esquema de tecnología para trabajar y tecnología para lo privado. Afortunadamente el problema se puede subsanar con un simple cambio de enfoque, y sólo tenemos que emplear un cuarto del curso para explicar que necesitamos hacer un trasvase de conocimiento tecnológico desde el ámbito privado al profesional.

Antes de que me interpretes mal, no me refiero a usar nuestra cuenta personal en redes sociales o mensajería para gestionar la biblioteca, no; estoy intentando explicarte que esa tecnología que ya sabemos aprovechable para el ámbito privado puede ser útil también para mejorar los servicios que tu biblioteca ofrece a los usuarios y que, por tanto, necesitamos que la biblioteca cree su propia personalidad digital y acceda sin problemas al tiempo real. Y, si reflexionamos sobre ello, podremos encontrar los argumentos necesarios para que una tableta y un smartphone sean consideradas herramientas imprescindibles en nuestras bibliotecas.
Cuando mi suegra utiliza whatsapp no está pensando en términos de filtrado y difusión de la información en tiempo real; cuando nuestros colegas, entre cañita y somontano, se intercambian fotos y chascarrillos en las pausas del curso, se comportan como mi suegra, no están pensando en la interacción en tiempo real, ni en que el emisor emite cuando quiere y el receptor recibe y procesa cuando le da la gana. Y sin embargo todas están gestionando eficientemente la creación y difusión de información en tiempo real. ¿No te parece que una de las grandes mejoras que podemos implementar ya en nuestras bibliotecas es dotar a nuestros servicios de esa interacción en tiempo real?. No dejará de ser el whatsapp pero, si quieres, lo podemos llamar Servicio de referencia virtual en tiempo real, que es más profesional, ¿no?.

El libro electrónico en las bibliotecas universitarias

El libro electrónico en las bibliotecas universitarias: recursos, servicios y 20 aspectos clave para su desarrollo

El libro electrónico en la universidad española

El libro electrónico está presente en las bibliotecas universitarias desde su nacimiento. Su presencia no ha sido significativa hasta el momento, pero todas las bibliotecas han ido  adquiriendo o suscribiendo monografías digitales de forma progresiva. Las estadísticas de REBIUN (1) podrían indicar que la incorporación del libro electrónico está siendo destacada, ya que desde 2009 hasta 2013 el crecimiento de la colección de libros electrónicos ha sido de un 51%, pasando de una media de 63.753 títulos en 2009 a 129.701 monografías electrónicas de pago o con licencia en 2013 (media de títulos de las bibliotecas de REBIUN). Partiendo de estas cifras se podría concluir que el libro electrónico es un recurso asentado en las bibliotecas universitarias españolas, algo que no puede afirmarse, como se describirá en este texto y que requiere tanto una reflexión acerca de cómo se están desarrollando las colecciones de libros electrónicos en las universidades, como una análisis de la realidad española en el que se determine como están afrontando las bibliotecas universitarias y científicas la formación de colecciones de libros electrónicos y la prestación de los servicios de acceso a este tipo de recursos. Una primera explicación para estas altas cifras, en cuanto al volumen de títulos disponibles, es que las bibliotecas académicas a menudo suscriben licencias de acceso a las colecciones íntegras de los proveedores, con derechos limitados de consulta. Si las estadísticas de REBIUN recogieran también las obras electrónicas adquiridas en propiedad, los datos serían muy diferentes.

Las bibliotecas universitarias españolas están empezando a tomar decisiones en torno a los libros electrónicos, debido a la diversidad de modelos de comercialización y a la necesidad de integrar toda la información bibliográfica dispersa en las plataformas de los editores y proveedores con los que las bibliotecas trabajan (2). En este sentido, REBIUN aprobó un nuevo objetivo estratégico en su Asamblea anual de 2014 orientado hacia el libro electrónico en las bibliotecas universitarias y científicas (3). El nuevo objetivo quedó redactado de la siguiente forma: “Fomentar la incorporación del libro electrónico en las bibliotecas como recurso para la promoción de colecciones académicas, la prestación de servicios innovadores y el desarrollo de cooperación científica”. La línea estratégica 3, que coordina las iniciativas de REBIUN relacionadas con ámbitos digitales, es la responsable de este objetivo y ya ha creado un grupo de trabajo específico para producir documentación sobre la situación del libro electrónico en las bibliotecas académicas y científicas españolas. Otra muestra de este interés es el grupo de trabajo mixto UNE-REBIUN creado para experimentar vías de colaboración entre editoriales y bibliotecas universitarias y cuyo primer resultado ha sido el intercambio científico de libros electrónicos a través de plataformas de préstamo digital (4).

La gestión del libro electrónico en bibliotecas universitarias es un tema de análisis en la bibliografía profesional actual (5). Desde las políticas de selección hasta el análisis de uso, los procesos en la administración del libro electrónico en las bibliotecas universitarias deben tener en cuenta una serie de consideraciones que van a condicionar qué colecciones se ofrecen, cuánto valen dichos recursos, a quién se pondrán adquirir, dónde se encontrarán los libros o qué se podrá hacer con ellos. Los aspectos que se deben considerar se pueden agrupar en las cinco fases sucesivas por las que la biblioteca debe pasar desde que se plantea la compra de un libro electrónico hasta que evalúa su uso: formación de colecciones, adquisición de las obras, proceso técnico, prestación del servicio y evaluación y promoción del servicio. En los apartados siguientes se desarrollan estas cinco etapas, detallando los principales aspectos que se deben tener en cuenta en cada una de ellas.

Libros electrónicos en las bibliotecas universitarias

Formación de colecciones: seleccionar libros electrónicos

La selección de los libros electrónicos que una universidad desea incorporar, además del presupuesto disponible, dependerá de las políticas de desarrollo de colecciones que la biblioteca haya establecido y de las necesidades concretas que atiendan a las titulaciones o a proyectos de investigación específicos. La selección de los libros electrónicos se podrá realizar de distintas maneras, en función de los proveedores y herramientas con los que trabaje la biblioteca. Existen diferentes agregadores de contenidos y distribuidores a los que las bibliotecas pueden adquirir contenidos digitales, siempre teniendo en cuentas las posibilidades de consulta de los libros, como se verá más adelante.

Los modelos de venta que se suelen contemplar son los siguientes: título a título (pick & choose), colecciones (package), evaluación (evidence) y desiderata (PDA, Patron Driven Acquisition). La compra título a título es la más conveniente para la biblioteca, ya que la selección se realiza con los criterios que marcan las universidades y no los proveedores. Se trata del modelo “pick & choose”, de selección de libros a partir de los catálogos y plataformas de compra de los proveedores. Junto a este modelo, sigue siendo común la compra por paquetes, en algunos casos como única posibilidad para adquirir contenidos de editores. Así ocurre con Springer, quien vende por colecciones temáticas y años. Un modelo híbrido es la compra de colecciones basada en el uso o “evidence”. Consiste en abrir durante un tiempo limitado todo o parte del contenido de una editorial a cambio de un pago previamente establecido. Tras el periodo de prueba, la biblioteca se queda en propiedad con los libros que se puedan adquirir conforme al importe acordado. La selección se apoya en los datos de consulta y descarga que facilita la editorial. Este modelo es posible con grandes editoriales como Elsevier, Springer o Wiley. Por último, un modelo que se ofrece para la selección y que todavía está muy poco representado en las bibliotecas universitarias españolas es la compra bajo demanda de los usuarios, que recibe nombres como “Patron-driven acquisition” (PDA) o “Demand-driven acquisition” (DDA). Este modelo parte de que la biblioteca acuerda con el proveedor las condiciones para que los libros electrónicos estén a disposición de los usuarios, quienes podrán hacer uso de las colecciones, independientemente de que sean o no parte de los recursos adquiridos, porque la compra se activa por iniciativa del usuario, tras un periodo de consulta, descargas o impresiones. Este modelo está activo en España en empresas como Ebsco o Ebrary de Proquest, quienes ya tienen modelos de venta y plataformas para ello.

Los precios que las bibliotecas pagan por los libros electrónicos pueden variar sensiblemente si se compran por títulos o colecciones, así como por el número de usuarios y de si se trata de compra o suscripción. Muchas editoriales, como Elsevier, Emerald, DeGryter o Springer tienen precios diferentes para novedades (Frontlist) y para obras retrospectivas (Backlist). De igual forma, la compra por colecciones siempre es más asequible que la que se realiza título a título, aunque en los paquetes la selección no suele ser posible. La compra de colecciones consorciadas también es una de las vías que se están empleando en las universidades españolas para dotar a sus bibliotecas de libros digitales. En el caso de las compras consorciadas, son habituales las negociaciones entre los consorcios y los proveedores para acordar precios y condiciones. Los precios variarán en función del número de usuarios y de las posibilidades de consulta. Lo habitual en las bibliotecas universitarias es adquirir libros electrónicos para toda la universidad, permitiendo la consulta y descarga ilimitada a los usuarios autorizados. Este tipo de condiciones son más caras y no todos los editores las ofrecen, por lo que las bibliotecas emplean otros procedimientos, como la compra de títulos individuales o licencias concurrentes limitadas o 3-5 usuarios, por ejemplo. E-Libro es una buena muestra de proveedor que ofrece tanto licencias de usuario único como de multiusario. Otras vías de adquisición que se están empleando son la compra temporal o suscripción a colecciones, el alquiler de un número de licencias complementarias que se puedan necesitar provisionalmente y la compra de versiones digitales de obras que ya se tenían en formato impreso. El acceso a todas la colección por un tarifa anual es una modalidad muy utilizada con determinados proveedores.

Los aspectos que se deben tener en cuenta en el desarrollo de colecciones de libros electrónicos en las bibliotecas universitarias son los siguientes:

  1. Políticas: existencia de programas de innovación o universidad digital, apoyo a los campus virtuales, distribución de recursos en bibliotecas con estructura descentralizada.
  2. Contenidos: preferencias en disciplinas según especialización de las titulaciones, temas preferentes de investigación, áreas prioritarias de provisión de recursos de información, apoyo a nuevos programas de formación.
  3. Formatos: tecnologías hacia las que se orientan los libros electrónicos, formatos electrónicos prioritarios (estándares y comerciales), dispositivos de lectura (lectores, tabletas, teléfonos) desde los que se prevé la consulta.
  4. Modelos: procedimientos para la selección, compra de los libros electrónicos a través de editores, agregadores, distribuidores o plataformas de préstamo digital, usos posibles de los libros electrónicos.
  5. Presupuestos: contratación, tipo de gasto y facturación del mismo, paquetes, suscripciones, depósitos económicos para PDA, inventario, tributación, incrementos anuales, renovaciones, adquisición de forma individual o consorciada.

Adquisición de las obras: comprar o suscribir libros electrónicos

Una vez realizada la selección se procede a la compra de los libros electrónicos que hayan resultado de interés para las bibliotecas y sus usuarios. Pueden resumirse en cuatro grandes tipos los proveedores que las bibliotecas universitarias españolas están empleando para adquirir o suscribir libros electrónicos: editores, agregadores, distribuidores y plataformas de préstamo digital. Por lo general, las obras estarán en los servidores de los proveedores. El mayor porcentaje de las adquisiciones se realiza a través de los propios editores (6), quienes ofrecen los libros para su consulta y descarga desde sus plataformas. La relación de los editores más presentes en las bibliotecas universitarias españolas y la oferta aproximada de su catálogo de libros electrónicos, ordenados por volumen, es la siguiente: Springer (176.000), Tailor & Francis (58.000), Elsevier (23.000), Cambridge (22.000), Wiley (16.500), ABC-Clio (7.000), Ovid (5.400), Emerald (2400), DeGryter (2.000). A estos editores habría que sumarles las sociedades científicas, con catálogos menores, pero también muy presentes en las bibliotecas españolas, como son IEEE, Institute of Physics (IOP), Royal Society of Chemistry (RSC), American Chemical Society (ACS) o American Mathematical Society (AMS), así como los grandes servicios cooperativos como Huti Trust, Project Muse o JSTOR, que también son proveedores de libros electrónicos.

La compra a través de agregadores es común en las bibliotecas universitarias españolas. Se trata de proveedores que integran en sus plataformas los libros electrónicos de múltiples editoriales, para su adquisición o suscripción y lectura desde las plataformas de los agregadores. Este tipo de compra suele conllevar la aceptación de las condiciones del modelo de venta de los agregadores, en cuanto a cómo se consultan los contenidos y qué se puede hacer con ellos: lectura en línea, descarga con o sin DRM, impresión, etc. Los principales agregadores que operan en España, también ordenados por el volumen de sus catálogos, son los siguientes: Ebrary-Proquest (890.000), Myilbrary (475.000), Dawsonera (275.000), 123Library (111.000), Safari (24.000), Torrossa (22.500), E-Libro (17.500), Digitalia (10.800). En este apartado se puede incluir a Ebsco, ya que ofrece la adquisición de miles de libros electrónicos que se consultan desde su plataforma Ebscohost. No obstante, el modelo de compra de Ebsco puede ser agrupado también en la categoría de distribuidor, entendiendo como tales a las empresas que disponen de amplios catálogos de libros electrónicos de diferentes editoriales para la venta a bibliotecas, siendo la biblioteca la que decide donde se consulta el libro, por lo general en la plataforma del editor o de otro agregador. Los distribuidores son “meta-agregadores”, ya que incluso ofrecen las obras que están en estas plataformas de intermediarios. El modelo de negocio de los distribuidores se basa en la amplia oferta de contenidos y en la simplificación de los trámites de las adquisiciones. Además de Ebsco, con su servicio Ebscohost Collection Manager, en España operan distribuidores como YBP Libray Services con su plataforma GOBI3 y Proquest con su servicio E-Book Library EBL, que está integrando con Ebrary. Otros distribuidores son Greendata, que ofrece un servicio centralizado de adquisiciones de libros electrónicos y la plataforma OASIS (Online Acquisitions and Selection Information System) de Ingram.

El modelo más reciente de adquisición de libros electrónicos es el que se realiza a través de las plataformas de préstamo digital. Se trata de los catálogos de los editores que trabajan con los proveedores de servicios de préstamo digital, desde donde adquieren las obras las bibliotecas que trabajan con ellas (7). Las plataformas con mayor contenido fuera de España son 3M Cloud Library y Overdrive, que opera de forma conjunta con Amazon para los libros para Kindle. En las bibliotecas públicas españolas se emplea el catálogo de Libranda, para las bibliotecas que ofrecen préstamo digital en el servicio Ebiblio. De igual forma, las bibliotecas que emplean el sistema OdiloTk compran las obras a través de la plataforma OdiloPlace y las bibliotecas universitarias que emplean Xebook de la empresa Xercode compran las obras desde su plataforma, realizando la gestión directamente con los editores. El siguiente paso obligado será la interconexión de plataformas de editores, agregadores, distribuidores y plataformas de préstamo digital. En este sentido, E-Libro y Xercode ya tienen integrados sus servicios para que las bibliotecas puedan elegir dónde comprar y para que las compras realizadas en el agregador se dispongan de forma conjunta desde el sistema de préstamo digital.

Es importante destacar que los libros electrónicos también pueden ser incorporados desde plataformas de acceso abierto. Los servicios de publicaciones de las universidades, así como muchas editoriales científicas ofrecen libros electrónicos en acceso abierto, que pueden ser seleccionados por las bibliotecas e incorporados a sus catálogos. En muchos casos, las propias políticas de las editoriales sirven como base a su publicación en abierto, aunque también es común que el acceso abierto se realice previo pago por parte del autor, como ocurre con obras de Springer, Taylor & Francis o DeGryter. Una modalidad similar es aquella en la que la biblioteca paga por el acceso abierto, como ocurre con los libros de Open Editions, que son de lectura abierta, pero donde la descarga se restringe a lo que haya adquirido la biblioteca. Ejemplos de proyectos donde las bibliotecas han pagado el acceso abierto son Knowledge Unlatched y Unglue. La localización de libros electrónicos de editoriales científicas puede hacerse a partir de los directorios DOAB y OApen.

En resumen, los aspectos que las bibliotecas universitarias deben tener en cuenta para la adquisición de libros electrónicos son los siguientes:

  1. Proveedor: compra de las obras a editores directamente o agentes intermediarios, como son los agregadores, los distribuidores y los catálogos de proveedores de servicios de préstamo digital.
  2. Licencias: compra en perpetuidad o por suscripción renovable, con derechos de archivo o sin ellos, número de concurrencias en el acceso a los libros electrónicos.
  3. Plataformas: almacenamiento de los libros electrónicos en los servidores de los editores, plataformas de agregadores o servicios de préstamo digital, enlaces a libros en acceso abierto, archivo local de los títulos.

Proceso técnico: describir e integrar libros electrónicos

El proceso técnico de los libros electrónicos se realiza como el del libro impreso, con las necesarias particularidades del formato digital. La normativa de descripción aplicable es la misma que se emplea en la biblioteca, aunque los profesionales de los procesos técnicos en bibliotecas se encuentran con problemas añadidos como son la integración de los registros en el catálogo y en las herramientas de descubrimiento o la carga y revisión de la información que facilitan los editores y proveedores a quienes se han adquirido los libros electrónicos. La organización de los flujos de trabajo está siendo una constante en las bibliotecas universitarias, debido a que las compras se realizan en grandes volúmenes, por lo general debido a compras consorciadas, suscripciones a contenidos completos y adquisiciones de paquetes. Los procesos técnicos han debido normalizarse para establecer las políticas acerca de cuándo se integraban los registros en un catálogo (sólo cuando la compra es en propiedad, en todos los casos), cómo se cargaban los registros (tipo de importación, metadatos, MARC) o desde qué herramientas se difundían los libros electrónicos (sección de recursos electrónicos de la web, integración en el discovery).

En relación a los procesos técnicos cobra una especial relevancia la forma de integrar los recursos adquiridos con los registros bibliográficos de la biblioteca, sobre todo su catálogo y su herramienta de descubrimiento. Los proveedores de libros electrónicos para bibliotecas ofrecen los registros MARC de las obras que son adquiridas y que a menudo se ofrecen en tablas de Excel o en archivos CSV. Los sistemas de gestión bibliotecaria actuales disponen de herramientas de interoperabilidad de datos que simplifican la carga de los registros provistos por editores o agregadores en el catálogo. La importación de los datos incluye un enlace al libro electrónico, que dirige a la plataforma del proveedor al que se ha adquirido el libro electrónico. El trabajo habitual de los departamentos de proceso técnico incluye la revisión de la información bibliográfica, el control de autoridades o la inclusión de materias a partir de los procedimientos de las bibliotecas. La revisión es más necesaria cuando los metadatos facilitados por el editor son específicos de comercialización de libros, como ONIX, que difieren de los de intercambio de información bibliográfica, aunque son compatibles.

La adquisición de libros electrónicos se está haciendo a una amplia variedad de proveedores, lo que implica una dispersión del fondo de libros electrónicos. Para poder ofrecer de forma simultánea los títulos adquiridos, las bibliotecas, además de sus catálogos, han empezado a emplear servicios de descubrimiento o “discovery services”, donde los usuarios pueden encontrar cualquier recurso disponible en la biblioteca o en Internet, si está abierto. Los sistemas de integración en este tipo de herramientas pueden ser los mismos que en el catálogo; es decir, la biblioteca carga en el “discovery” el archivo que le haya facilitado el proveedor. Está ganando presencia la carga mediante archivos KBART (Knowledge Bases And Related Tools), que están creados de forma específica para recursos electrónicos y que pretenden resolver los problemas de las cargas con archivos de Excel o en formatos CSV. No obstante, lo habitual en las plataformas de descubrimiento es que las colecciones que adquieran las bibliotecas ya estén descritas en la herramienta, debiendo la biblioteca simplemente seleccionar desde el módulo de administración del servicio de descubrimiento los recursos a los que tiene acceso. Este método es útil cuando se adquieren paquetes o colecciones, pero no es válido en caso de compras título a título, donde la biblioteca tiene que cargar los registros. Algunos proveedores, como Ebrary, tienen acuerdos con los servicios de descubrimiento, para que periódicamente se sincronice la información de las adquisiciones de la biblioteca en ambos proveedores y se detecte qué libros electrónicos han adquirido o suscrito, para que aparezcan en los resultados de las búsquedas que se hagan desde el “discovery” y se dé acceso a los mismos a los usuarios autorizados.

Los aspectos que tienen que ser revisados y tenidos en cuenta por las bibliotecas universitarias en cuanto a la integración de los libros electrónicos en los catálogos y herramientas de consulta son los siguientes:

  1. Metadatos: posibilidades de importación de los registros, información en un formato MARC o similar de aplicación en la biblioteca, tipos de metadatos empleados por el editor (ONIX).
  2. Integración: sistema de integración en los catálogos y en las herramientas de descubrimiento (ficheros CSV, MARC, XML, KBART), base de datos de conocimiento del servicio de descubrimiento.
  3. Procesos: organización de los flujos de trabajo, establecimiento de los procedimientos, normativa aplicable, revisión y homogeneización de los registros bibliográficos.

Prestación del servicio: ofrecer libros electrónicos

La consulta de los libros electrónicos adquiridos o suscritos por las bibliotecas se debe garantizar a toda la comunidad universitaria. Para ello, se establecen los mecanismos necesarios para la identificación de usuarios autorizados y el acceso a los recursos tanto desde las redes de las universidades como a través de acceso remoto. Las bibliotecas y los proveedores de libros electrónicos emplean dos formas esenciales de reconocimiento de las personas autorizadas: el rango de direcciones IP de la universidad y las diferentes posibilidades de los servicios de identidad. Es poco frecuente que los editores o agregadores ofrezcan usuarios y contraseñas para acceder a los libros electrónicos. El sistema de acceso más básico es el reconocimiento de las direcciones IP que la biblioteca facilita al editor, agregador o proveedor. Este sistema debe ser completado con otros que permitan el acceso remoto a través de los datos de los usuarios autorizados, como son el registro de usuario en el sistema de gestión automatizada de la biblioteca o el correo electrónico. Es frecuente el acceso remoto a través de sistemas Web Access Management (WAM), que emplean la base de datos de usuarios de la biblioteca y, sobre todo, el sistema más extendido para el acceso remoto es el que se basa en protocolos de federación como PAPI y Shibboleth, que se ofrecen en el Servicio de Identidad de RedIRIS, mediante el que se facilita el acceso a más de un centenar de proveedores (8). Por lo general, se emplean servicios Single Sign-On, basados en las tecnologías mencionadas, como PAPI y Shibboleth. Este tipo de accesos permiten que el correo electrónico institucional sea el único requisito para acceder a los libros electrónicos. Al igual que los editores, las plataformas de préstamo digital están empleando los mismos protocolos.

La consulta a los libros electrónicos puede estar limitada según los modelos de venta de los editores o agregadores. Muchos de ellos permiten exclusivamente la lectura en línea de sus contenidos o bien limitan a un número de páginas la impresión o la copia de contenidos. En otros casos, se permite la descarga con caducidad de los contenidos, que están controlados por sistemas DRM de gestión de derechos digitales. Por el contrario, los grandes editores permiten la consulta y descarga sin límites de los libros, una vez realizada la autentificación. Es necesario que la información relacionada con las posibilidades de consulta, descarga y limitaciones que impongan los proveedores. Algunos agregadores como Dawsonera basan su modelo de acceso en el número de usos o créditos, pudiendo impedirse la consulta a un libro si ya han se ha superado el número de consultas anuales permitida. En otros casos, como en las plataformas de préstamo digital, se compran bonos por números de préstamo, aunque también existen tarifas planas para el acceso a los contenidos.

El control de copias y temporalidad del acceso se suele realizar con sistemas de protección de contenidos denominados DRM (Digital Rights Management). Estos sistemas son diferentes en función del formato o de las empresas que los desarrollan. En los libros que ofrecen las bibliotecas universitarias españolas los DRM más comunes son los de Amazon y Adobe. El DRM de Amazon es necesario para poder leer sin conexión los libros adquiridos a este proveedor y que están editados en formatos legibles por su dispositivo y aplicación Kindle. El DRM más frecuente que se emplea por los editores que lo requieren suele ser el de Adobe, que se está convirtiendo en un estándar de hecho, dada la diversidad de proveedores que lo utiizan. E-Libro y Ebrary, que emplean la misma plataforma, usan el DRM de Adobe para leer los libros descargados desde estas plataformas. De igual forma, el DRM de Adobe es el que usan las plataformas de préstamo digital. Esta tecnología requiere la creación de una cuenta en Adobe, así como la instalación de programas de lectura y gestión de DRM, como Adobe Digital Editions (ordenadores) y Aldiko o Bluefire Reader (dispositivos móviles), siendo necesaria la conexión de estas aplicaciones con la cuenta de Adobe para poder leer los libros con su DRM. Por este motivo, es esencial que las bibliotecas produzcan tutoriales y páginas informativas en las que expliquen estos procedimientos, que son necesarios para leer contenido con DRM (9).

La prestación del servicio puede realizarse de forma consorciada, ya que las obras a menudo se han adquirido de forma conjunta. Las formas de acceso suelen ser las mismas, es decir, rangos de direcciones IP de las bibliotecas integradas en el consorcio y los sistemas de identidad que emplee el consorcio para el acceso remoto. La participación en redes también supone la integración en servicios de préstamo interbibliotecario. En el caso de los libros electrónicos, las licencias que las bibliotecas firman con los grandes editores suelen restringir este servicio a capítulos y porcentajes de las obras. En el ámbito de la cooperación se ha introducido una nueva herramienta para el intercambio de publicaciones: los servicios de préstamo digital. Estas plataformas están siendo la base para el intercambio científico de los libros electrónicos que publican las universidades y ha sido el objeto de uno de los proyectos conjuntos UNE-REBIUN que están en desarrollo. Un resultado concreto de esta colaboración es el grupo de universidades que emplean Xebook (biblioteca y editorial universitarias), que ya ofrecen sus publicaciones en intercambio científico, de tal forma que las obras editadas por una editorial del grupo se ofrecen de forma gratuita a las restantes, como ya se hacía con las publicaciones en papel. El grupo está formado hasta el momento por las universidades de Burgos, Cádiz, León, Murcia, Salamanca y Santiago de Compostela y se encuentran instalando la aplicación la UNED y la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

Para la prestación de servicios de acceso a libros electrónicos, las bibliotecas universitarias deben tener en cuenta los siguientes aspectos:

  1. Identificación: autorización de usuarios mediante el reconocimiento de IPs, sistemas de identidad mediante protocolos de federación (PAPI, Shibboleth), control de usuarios mediante sistemas de gestión de bibliotecas (WAM).
  2. Consulta: condiciones y posibilidades que permiten los proveedores: lectura en línea, descarga temporal o permanente, número de acceso concurrentes o usuarios simultáneos.
  3. Seguridad: empleo de sistemas de gestión de derechos digitales (Adobe, Amazon), control de copias con DRM, descarga sin DRM, acceso a las condiciones establecidas en el DRM.
  4. Cooperación: acceso consorciado a los libros electrónicos, posibilidad de ofrecer contenidos en préstamo interbibliotecario, intercambio científico de libros universitarios desde las mismas plataformas.

Evaluación y promoción del servicio: analizar y potenciar el uso del libro electrónico

La etapa final de cualquier servicio bibliotecario es la evaluación del mismo. Es necesario un análisis desde el que se obtenga la información sobre el uso real de los libros electrónicos, como el número de lecturas y descargas. Los editores científicos habitualmente emplean estadísticas normalizadas, generalmente mediante COUNTER (Counting Online Usage of Networked Electronic Resources). Este método es el que usa también para contabilizar accesos a revistas electrónicas y bases de datos, por lo que ha sido fácil de implementar por los editores. Una evaluación necesaria que debe hacer la biblioteca es el análisis de coste/eficiencia, que ofrece información sobre la rentabilidad de la inversión económica realizada. Los libros electrónicos de interés universitario suelen tener precios elevados, por lo que se debe potenciar el uso de los mismos. Las estadísticas que ofrecen los proveedores también suelen incluir datos sobre las obras, materias y colecciones más usadas. En el caso de las plataformas de préstamo digital, además de la información sobre número global y temático de préstamos, es muy útil conocer el número de préstamos de cada obra, que servirá para decidir la adquisición de nuevas licencias para las libros con más préstamos y reservas. De igual forma, en todos los casos es necesario disponer de información estadística sobre los dispositivos que se emplean para la lectura de los libros electrónicos (ordenadores, tabletas, lectores, teléfonos), así como de los formatos preferidos cuando se ofrecen varios (epub, mobi, pdf). Estos datos servirán para orientar las futuras compras. La satisfacción del usuario debe ser conocida a través de métodos de investigación cualitativa, ya que es esencial determinar si la colección que se está desarrollando responde a las necesidades de la comunidad universitaria.

El mayor uso de las colecciones electrónicas se potencia desde campañas de difusión, sobre todo cuando un servicio es nuevo. Dada la complejidad de algunas tecnologías y la novedad de las mismas, se deberán elaborar tutoriales y páginas informativas, tanto para dar a conocer las plataformas, como para explicar cómo consultar libros protegidos con DRM. Las colecciones de libros electrónicos pueden pasar desapercibidas por los usuarios, por lo que se deben realizar estanterías de novedades, informar de adquisiciones, realizar selecciones temáticas o presentar bibliografías de interés particular. La presencia de los libros electrónicos puede realizarse también mediante el enriquecimiento de los catálogos, incorporando información de interés al registro bibliográfico, junto al enlace a las obras. La dispersión de los libros electrónicos en diferentes plataformas obliga a que las bibliotecas establezcan sistemas de información, alertas y canales de comunicación de los recursos adquiridos, que potencien el uso de las colecciones.

El uso de los libros electrónicos debe ser evaluado y, para que la eficiencia de este servicio se incremente, se deben tener en cuenta los siguientes elementos:

  1. Estadísticas: indicadores disponibles para el análisis cuantitativo, uso real de los libros (consultas, descargas, préstamos), normalización de datos mediante COUNTER.
  2. Análisis: estudios orientados hacia la satisfacción de los usuarios o análisis cualitativo, impresión sobre la calidad de los contenidos, análisis de la inversión, rendimiento y eficiencia.
  3. Renovaciones: obras de adquisición recomendada, renovación de las suscripciones a plataformas o colecciones, expurgo o anulación de títulos suscritos con nulo rendimiento.
  4. Difusión: planificación de campañas de promoción, sistemas de comunicación, producción de guías informativas, tutoriales y materiales de aprendizaje.
  5. Orientación: confección de bibliografías específicas para titulaciones o materias, selecciones para investigación y docencia, recomendaciones periódicas.

Una visión teórica desde la práctica cotidiana

Los párrafos anteriores han pretendido ofrecer de forma organizada una amplia bateria de temas a los que las bibliotecas universitarias españolas se están enfrentando en la actualidad. La formación de colecciones de libros electrónicos se está haciendo a partir de los presupuestos disponibles y de las posibilidades que los proveedores están permitiendo a las bibliotecas. La impresión general que se puede desprender del momento presente es la dispersión de los recursos electrónicos, la pérdida de control en la gestión de la información bibliográfica y la falta de protagonismo de las bibliotecas en el desarrollo de colecciones y prestación de servicios. Este texto no pretende aportar disertaciones teóricas, sino sistematizar los aspectos que -en teoría- se deben tener en cuenta para ofrecer libros electrónicos desde las bibliotecas universitarias. El panorama presentado se ha obtenido de la la práctica, desde la cercanía hacia los procesos descritos y la presencia activa en las iniciativas descritas. Los libros electrónicos son una realidad en las bibliotecas universitarias españolas y serán un servicio básico que devolverá a las bibliotecas su identidad como expertas en la formación de colecciones, la organización de las mismas y la prestación de servicios. El libro electrónico académico tiene un lector privilegiado en los usuarios de las bibliotecas universitarias. La oferta de contenidos es lo suficientemente rica. Las soluciones tecnológicas se adaptan a los requisitos de las bibliotecas universitarias. Es el momento del libro electrónico en la biblioteca universitaria.

Referencias y notas

1. Estadísticas de REBIUN: https://rebiun.um.es.

2. Martínez, D. Los libros electrónicos. El nuevo reto estratégico y de gestión de las bibliotecas universitarias. E-Prints UPC, 2015. Disponible en http://upcommons.upc.edu/e-prints/handle/2117/25791.

3. Documentos XXII Asamblea REBIUN, Madrid 2014: http://www.rebiun.org/documentos/Paginas/XXII-Asamblea-REBIUN-Madrid-2014.aspx.

4. Merlo Vega, José Antonio. Intercambio científico de libros electrónicos universitarios. XXXIII Asamblea de la Unión de Editoriales Universitarias Españolas. Burgos, 20 noviembre 2014. Disponible en http://diarium.usal.es/merlo/2014/11/intercambio-cientifico-de-libros-electronicos-universitarios/.

5. Algunos trabajos recomendados sobre la incorporación del libro electrónico a las bibliotecas universitarias son los siguientes:

  • Anson, C. ; Connell, R.R. SPEC Kit 313: E-book Collections. Association of Research Libraries, 2009. Información: http://publications.arl.org/Ebook-Collections-SPEC-Kit-313.
  • Kaplan, R. (ed.). Building and managing e-books collections: a how-to-do-it manual for librarians. Chicago: Neal-Schuman, 2012.
  • Martín Rodero; H.; Alonso Arévalo, J. La integración de los libros electrónicos en la biblioteca. En Cordón García, J. A. (et.al.). Libros electrónicos y contenidos digitales en la sociedad del conocimiento. Madrid: Pirámide, 2012, p. 353-384.
  • Vasileiou, M.; Rowley, J.; Hartley, R. The e-book management framework: The management of e-books in academic libraries and its challenges. Library & Information Science Research, 2012, vol. 34, n. 4, p. 282-291.

6. Son útiles los documentos de Roncevic y Gutiérrez Palacios para conocer los tipos de proveedores comerciales de libros electrónicos:

7. Un estudio reciente sobre plataformas de préstamo digital en bibliotecas públicas es:

8. Recursos de biblioteca accesibles desde el Servicio de Identidad de RedIRIS: http://www.rediris.es/sir/sps_library.php.

9. Ejemplos de tutoriales sobre Adobe DRM son los vídeos de las Bibliotecas Públicas de Castilla y León disponibles en http://castillayleon.ebiblio.es/videos-tutoriales/ y la página de las Bibliotecas de la Universidad de Salamanca sobre lectura de libros electrónicos accesible desde http://bibliotecas.usal.es/lectura-de-libros-electronicos.

Este texto es una nota Thinkepi de J.A. Merlo Vega difundida en Iwetel el 26 de enero de 2015. La versión definitiva se publicará en el Anuario Thinkepi 2015.

300 sugerencias para las fonotecas

Rock de LuxHace cinco años nos hacíamos eco en Biblioblog de la publicación de un número especial de la revista musical Rock de Lux. Cada cierto tiempo, nos gusta comentar publicaciones en las que se realizan selecciones que ayudan a desarrollar las colecciones de las bibliotecas. En la nota que titulamos 40 libros, 30 películas, 160 discos comentamos los contenidos del especial 25 aniversario de Rock de Lux, en el que se ofrecía una selección de obras, cercanas al canon cultural alternativo que aportan publicaciones como RDL, que cinco años después ofrece nuevas sugerencias para las bibliotecas musicales.

El 30 aniversario de Rock de Lux se ha celebrado con una idea aún más ambiciosa y el número 333 de la revista, correspondiente a noviembre de 2014 -¡corran al quiosco!-, realiza una selección de los 300 discos más importantes editados entre 1984 y 2014. En los 30 años de Rock de Lux la música moderna ha experimentado un sinfín de movimientos y creaciones, que los periodistas musicales que han colaborado en el número intentan jerarquizar en función de sus criterios, ofreciendo como resultado un ecléctico ranking de los 300 mejores discos de los últimos 30 años, de la música electrónica al flamenco, pasando por el pop radiofónico o el indie nacional. En esta selección, Kiko Veneno da paso a Daft Punk y Public Enemy comparten página con Los Planetas, por ejemplo.

Las secciones de música de las bibliotecas pueden tomar este número especial como una completa guía de discos para incorporar a sus fondos. En todos los casos, se ofrece una reseña que contextualiza el disco y apunta los motivos por lo que merece figurar en esta selección. Una buena fuente de información es también la crónica que se realiza año a año, destacando novedades, votaciones de los mejores discos o noticias destacadas. Por último, el especial termina con otros 200 discos que, si bien no consiguieron su espacio entre los 300 favoritos, sí merecen estar presentes en cualquier discoteca esencial de música moderna. En resumen, una excelente y útil guía para que las bibliotecas completen su fondo musical.