Todos tenemos un dispositivo de lectura: el teléfono móvil

cabecera3Los lectores de libros electrónicos están destinados a ser un producto de nicho. Es lo que contaba Todd Wasserman en Mashable hace unos días, y la noticia está replicándose hasta percibirse como una verdad absoluta. A pesar de lo que a nosotros, gente del libro, pueda parecerno, los eReaders nunca han sido dispositivos populares y lo que contaba ayer Mashable no es más que la afirmación de una realidad.

Una muestra del desinterés de la industria es que los grandes fabricantes de dispositivos de lectura se están dirigiendo a otros negocios, contaba Wasserman: Amazon ya ha anunciado su smartphone, el Fire Phone, y Barnes & Noble externalizará la división del Nook. Y es que son ya varios los medios que han advertido de la falta de innovación en el sector del eReader y de la desaceleración en las ventas, que en 2012 cayeron un 28%, según IDC, y se espera que sigan bajando.

No se trata de que los eReaders vayan a desaparecer, sino más bien que quedarán en nicho de mercado muy concreto, el de los grandes lectores. Y es el smartphone quien está destinado a ocupar un papel importante como dispositivo lector, asegura Wassman, por delante de la tableta. Desde luego, el eReader y las tabletas son más cómodos para leer que un smartphone, pero sólo los lectores intensivos parecen estar dispuestos a adquirir un dispositivo dedicado exclusivamente a ello. El resto de los mortales prefiere leer en el mismo dispositivo que utiliza para todo lo demás ―escuchar música, llamar por teléfono, tomar fotografías y grabar vídeos, actualizar el perfil de Facebook o consultar la predicción del tiempo, entre muchos otros― y que ya tienen, y suele ser un smartphone.

Nos cuesta pensar en el smartphone como un dispositivo de lectura, también de lectura de libros, pero no es nada descabellado: los formatos de libros electrónicos como el ePub o el .mobi de Kindle se adaptan a cualquier pantalla y éstas son cada vez más grandes. Cada vez hay más datos que revelan que en los smartphones también se lee: un informe de Pew Internet descubrió que el 29% de los lectores de libros electrónicos los leyó desde su teléfono móvil. Y un reciente estudio de la Unesco, realizado en países en vías de desarrollo, expone que quienes leían en el smartphone lo hacían sobre todo porque siempre lo llevaban consigo (67%) o por ser más barato (13%) y sólo un 9% lo escogía por ser el único soporte disponible para ellos.

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Fuente: Hábitos de lectura en compra de libros en España, 2012.

El último barómetro de lectura y compra de libros en España, correspondiente a 2012 (pdf), ya mostraba que la lectura era más frecuente en el móvil que en el eReader. Aunque estos datos se refieren a lectura en general, incluyendo, revistas, blogs, libros y otros formatos, la diferencia en la lectura de libros desde el smartphone y el eReader no es tan grande como cabría parecer: el 4,6% de los encuestados leía entonces libros en el móvil y el 6,3 lo hacía en un eReader. Cabe esperar que en los dos últimos años estos datos hayan evolucionado.

Quizás sea hora de empezar a pensar en contar a nuestros usuarios las utilidades para la lectura de los smartphones que llevan en el bolsillo, casi todos tienen uno.

Por qué hablar de smartphones en las bibliotecas no es una frivolidad

Imagen de Intel Photos compartida bajo licencia CC by-nc-sa.

Imagen de Intel Photos compartida bajo licencia CC by-nc-sa.

En ocasiones se piensa en smartphones, tabletas y otros dispositivos móviles como una frivolidad. ¿Por qué los profesionales de la información y los bibliotecarios debemos preocuparnos por este tipo de dispositivos electrónicos y adoptar un punto de visto más abierto con respecto a ellos? ¿Por qué hablar de smartphones en bibliotecas no es una frivolidad, sino que tiene mucho que ver con nuestro trabajo?

Porque permiten el acceso a la información y a la cultura, de la misma manera que los libros, revistas, periódicos o que los ordenadores, desde los que nos conectamos a internet. La información es una herramienta básica para desenvolvernos en esta sociedad, pero a veces se nos olvida que los dispositivos móviles también nos permiten buscar en Google y acceder a cualquier página web, descargar y leer libros, ver vídeos, escuchar archivos sonoros o descargar e instalar apps, es decir, acceder a la información. También la cultura habita en internet.

Porque son dispositivos de lectura. Según el estudio Hábitos de lectura y compra de libro en España, 2012 (pdf), el 12,9% de los españoles de 14 años o más lee en un móvil o en una agenda electrónica. Este porcentaje es mayor que el de lectores en e-readers, del 6,6%. Si bien este estudio entiende la lectura en sentido amplio e incluye lectura de prensa, revistas, cómics, webs y blogs, la diferencia entre ambos dispositivos en la lectura de libros es mucho más baja de lo que cabría pensar.

Porque constituyen un medio de comunicación con los usuarios. Algunas bibliotecas han incorporado sistemas de avisos por SMS o se comunican con los usuarios a través de las redes sociales, incluso de Wasap. Por otra parte, las aplicaciones permiten incluir sistemas de notificaciones y avisos que se pueden hacer llegar automáticamente a los usuarios que instalan la app de la biblioteca.

Porque sus funciones facilitan la vida diaria a los usuarios, que ya se acercan a nuestros mostradores de préstamo con la foto del libro que quieren. En este sentido, las bibliotecas deberían pensar en aplicaciones que ayuden a los usuarios en tareas como encontrar un libro para leer, llegar a la biblioteca de la forma más rápida, descargar un libro electrónico o comunicar en el mostrador cuál es el documento que están buscando, entre muchas otras.

Mientras sigamos pensando que la tecnología no va con nosotros seguiremos teniendo bibliotecas del siglo XX en el siglo XXI.

Tendencia 2013: No subvenciones un smartphone a tu hijo, cómpratelo

No me extraña que con tanto cambio a Javier Leiva le duela en la biblioteca pensando en qué van a encontrar sus hijos si deciden aparecer por allí. Como él, también estoy preocupado: mira que si lo primero que encuentran es un mostrador custodiado por un tipo con gafas (¡ay, la presbicia!) o una señora con moño, sin un smartphone en el bolsillo o un tablet entre las manos. Vaya, para una vez que se animan a venir, se topan con lo más rancio del modelo anterior sin las prestaciones más innovadoras del nuevo.

Tendencias 2013: smartphone

Cualquier persona que se acerca a nuestros mostradores (todavía muchas, a tenor de las estadísticas) posee la tecnología para descubrir y acceder a la información; sus principales estímulos para seguir acudiendo a las bibliotecas no serán ni la colección ni el catálogo, sino el espacio y, sobre todo, el factor humano (sí, me refiero a tí que estás leyendo estas líneas). El edificio sigue siendo muy importante (y hay que cuidar los detalles: mobiliario adaptado a las nuevas necesidades, ambiente agradable,…a mí personalmente me gustan con posibilidad de café) pero no como espacio físico contenedor y cerrado sino como un lugar de socialización y de tránsito en el que los profesionales facilitarán a las personas la vida en el entorno digital.

La capacitación tecnológica es clave y, hoy por hoy, se consigue con un smartphone en el bolsillo. A diferencia de periodos anteriores, no disponemos de una tecnología específica para bibliotecas sino de una tecnología cotidiana “tuneada” para uso bibliotecario. Negar la mayor y obcecarse en vetar llevar un cacharro de esos por considerarlos una intromisión del trabajo en el ámbito privado nos impide conocer para poder tunear. 

Por favor, cuando vayas a subvencionar el smartphone de tu hijo no te olvides de renovar tu zapatófono. Las gafas y el moño son inevitables (vemos mal de cerca y el pelo recogido es más cómodo), lo de los dispositivos, no. Y eso sí que es preocupante.

Por cierto, Natalia cuenta lo mismo…pero de otra manera 😉