Encontrar el camino

Encontrar el camino: correcciones necesarias para incorporar una nueva idea de biblioteca al repertorio de elementos esenciales de la ciudadanía.

fullsizerender4Una cuestión de valor

Las bibliotecas y sus profesionales nos encontramos en una situación complicada: no es fácil hacer frente a la adversidad económica y a sus consecuencias (disminución del presupuesto, empobrecimiento de colecciones y servicios, descenso de préstamos y visitas, cierre de bibliotecas, despidos,1) en plena crisis de identidad.

Los ciclos económicos se suceden y las bibliotecas se acompasan a su ritmo. Durante las crisis las políticas culturales sufren, el sentimiento de que las bibliotecas suponen un gasto se acentúa y toca esforzarse en demostrar su valía para minimizar los recortes presupuestarios. Lo peculiar (y preocupante) de la actual crisis es que ha venido acompañada de un argumentario que justifica recortes y cierres aludiendo a la (supuesta) obsolescencia de las bibliotecas en una sociedad digital. En un momento en el que estamos replanteando la esencia de su misión y decidiendo hacia dónde orientar el futuro se cuestiona también algo que dábamos por descontado: su (nuestro) valor social2.

En este contexto de restricción presupuestaria y nuevas necesidades sociales toma gran importancia obtener evidencias rigurosas (la evidencia no avalada con facturas es insuficiente para evitar cuestionamientos) que permitan poner en valor los servicios públicos que se prestan a la ciudadanía. Desde las asociaciones profesionales se han realizado estudios (entre nosotros son conocidos los realizados por Fesabid3, la Diputación de Barcelona4 y el más reciente del Sistema de bibliotecas de Navarra5) que demuestran, ISO 16439 mediante6, que el retorno de inversión7 de las bibliotecas es positivo. Expresar el valor de las bibliotecas en euros (con datos obtenidos gracias a las calculadoras de servicios bibliotecarios creadas ad hoc8,9) y estar respaldados por unos datos positivos (sí, efectivamente, somos inversión) nos dará confianza para negociar los presupuestos  aunque (sepamos que) tal vez sea insuficiente para invertir la tendencia.

La biblioteca pública desarrolla sus funciones en ámbitos muy diversos y se configura como un agente comunitario con capacidad para contribuir a la transformación social de su entorno10. Calcular el valor social es todavía una práctica minoritaria y poco homogénea debido a la complejidad de medir una actividad no cuantificable económicamente y vinculada, en gran medida, a la generación de (beneficios sociales) intangibles13. A nosotros (parte implicada) su incidencia en la mejora de la sociedad nos parece evidente e incuestionable (podríamos esgrimir que ayudan a disminuir la brecha digital, a subir los niveles de alfabetización, a facilitar la educación permanente, la inclusión social…11,12) y creemos que es uno de los mejores indicadores del nivel sociocultural de una sociedad.

Gracias al estudio realizado por la Diputación de Barcelona14 disponemos de un marco conceptual sistematizado y útil para evaluar y comunicar el valor social que genera un servicio bibliotecario de acuerdo con una doble perspectiva: beneficios en el individuo (en términos de transformación de sus habilidades y conocimientos) y beneficios en la comunidad (en términos de transformación de la realidad y dinámicas de relación existentes en la sociedad). El estudio, que se ha centrado en cuatro ámbitos (el cultural, el social, el económico y el educativo), identifica 15 beneficios sociales y propone diez puntos sobre cómo incrementar este valor. Muchas de las acciones propuestas ya se realizan cotidianamente lo que significa que la cuestión no es tanto ofrecer nuevos servicios como mejorar la comunicación para dar a conocer y animar a  participar.

Sí pero…

En la inauguración del ciclo de mesas redondas “100 Años de Bibliotecas: ¿y ahora qué? Miradas personales” organizadas por el Servicio de Bibliotecas de la Generalitat de Catalunya se preguntaban si hoy, en esta sociedad que acostumbra a relegar aquello que no puede mercantilizar, se habrían inventado las bibliotecas públicas15. Aunque preocupante, creo que el mayor problema no es de índole económica (afortunadamente las bibliotecas públicas están inventadas y en marcha… ya vendrá el cambio de ciclo) sino de percepción: se reconoce su pasado pero no se les encuentra fácil acomodo en el futuro digital. Las bibliotecas son más queridas que utilizadas y pocos las sitúan en el nuevo escenario de la formación, de la información y del conocimiento16. Estudios y calculadoras nos reconfortan como profesionales, pero ni el ROI que esgrimimos (dato que conviene tomar con un punto de escepticismo)17 ni el demostrado valor social parecen suficientes para eludir su consideración secundaria entre políticos (que la relegan a la hora de competir por financiación con otros servicios básicos18,19) y vecinos (que no encuentran tiempo para frecuentarlas). Si no conseguimos reencontrar (la idea de) su utilidad el cariño no evitará una desafección ciudadana que dificultará recobrar porcentaje presupuestario cuando cambie el ciclo económico y facilitará la toma de medidas drásticas cuando sea necesario20.

El imaginario que reflejamos

Yuval Noah Harari en su obra ¿Por qué los humanos gobiernan la Tierra? argumenta que nos diferenciamos del resto de los animales en que somos capaces de vivir en una doble realidad: la realidad objetiva (el pan que comemos, el suelo que pisamos, la casa que habitamos) y la realidad ficcionada, subjetiva, fruto de nuestras creencias, que nos hace diferentes y explica nuestra hegemonía. La realidad ficcionada existe porque hemos decidido que así sea y será válida mientras esa creencia comunal persista21. La biblioteca son ideas y sentimientos, un intangible que depende de lo que sobre ella se opina. Un ejemplo de realidad ficcionada: las bibliotecas son espacios ordenados y muy silenciosos, en los que se custodian los libros que contienen la información y el conocimiento; otro, derivado del anterior: el desarrollo tecnológico al posibilitar acceder a la información desde cualquier sitio hace de las bibliotecas espacios del pasado carentes de futuro.

Hasta el último tercio del siglo XX era una creencia generalmente aceptada que la lectura era buena en sí misma y que en la preservación de la palabra impresa descansaban los valores básicos de la civilización. Esta preeminencia que se otorgaba a la lectura se fue difuminando a medida que empezábamos a hablar más de la información y sus tecnologías. En las bibliotecas de la sociedad digital los usos innovadores de la tecnología y la aplicación de las teorías de gestión empresarial relegan a los lectores en favor de usuarios y clientes, descuidamos la lectura al intentar satisfacer “necesidades de información”. Parece que hemos olvidado que el trabajo y los servicios de la biblioteca van más allá de cualquier tecnología de comunicación particular y que tiene preocupaciones que son más complejas e importantes que el almacenamiento y la difusión de información.

Nuestra actuación profesional, nuestra forma de entender, construir y mostrar la biblioteca en relación a la información y el conocimiento han contribuido a crear este imaginario que antes (con la palabra impresa) beneficiaba y ahora (con internet) perjudica. Para encarar el “no necesito bibliotecas porque tengo toda la información en internet” (que en tiempos de crisis se combina peligrosamente con el “prefiero que destinen mis impuestos a algo más necesario”) necesitamos incorporar una nueva idea de biblioteca al repertorio de elementos esenciales de la ciudadanía, un nuevo imaginario que nos traslade desde el lugar que da acceso a la información (en el que no somos competitivos con los nuevos agentes tecnológicos) hasta el espacio flexible en el que combinamos apuesta social, alfabetización digital, acceso a la información y fomento de la lectura en nuevas formas y soportes.

No existe una receta fácil, única y maravillosa pero de la misma manera que para obtener argumentos fiables y contrastables hemos realizado estudios que demuestran nuestro valor económico y social, que para negar la obsolescencia y proclamar que somos relevantes estamos decididos a forzar nuestro futuro (imaginando cómo nos gustaría que fuera y planificando actuaciones en ese sentido)22 creo que debemos aplicarnos en la construcción/transformación del imaginario. Un imaginario de escala local y larga cola, asequible a nuestra realidad y a nuestras posibilidades, comprensible y cercano para el usuario que nos frecuenta y aprehensible y moldeable por nosotros mismos, verdaderos muñidores de lo que puede llegar a ser (o no) la biblioteca de proximidad que utilizarán nuestros conciudadanos. Y para ello es inevitable preguntarse cuál es la esencia de la biblioteca que queremos transmitir y tener la autoestima para creer que vamos a ser capaces de dejar esa impronta23.

Un simple aleteo

“Cuando no estés de acuerdo con el rumbo de las cosas, recuerda que el simple aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo”. Fesabid nos deseaba un feliz 2017 con este guiño a la teoría del caos24 (a nosotros, amantes del orden y los reglamentos) animando al inconformismo frente a lo cotidiano, a la introspección activa para alterar las inercias cotidianas y, porqué no, a apostar por nuestra actitud para crear una (nueva) realidad bibliotecaria en la sociedad conectada25.

Las bibliotecas en las que la mayoría empezamos a trabajar se parecían a la mía: analógicas, aisladas y autárquicas (por tanto muy vulnerables frente a las crisis), islas pertenecientes a una (sólo nominalmente) red bibliotecaria. No recuerdo cuando el islote dejó de serlo pero sí el origen del cambio: internet. La realidad del cambio que Internet ha supuesto es compleja y, en muchos aspectos, inesperada: la tecnología está cambiando el papel que desempeñan las instituciones y el espacio que tradicionalmente han ocupado; también el concepto sobre lo que es considerado normal en nuestra relación con ellas, las expectativas sobre lo que son, sobre lo que deberían ser. Nuestra propia experiencia en la red como usuarios individuales está modificando la manera en la que nos percibimos como profesionales (nos hemos acostumbrado a que las respuestas se den en tiempo real, a compartir información para difundir ideas o buscar financiación para proyectos, a cierta filosofía basada en una organización más horizontal, de abajo a arriba, no jerárquica) y nos anima a intentar romper el aislamiento y convertir nuestra biblioteca (tal vez sin saberlo) en un nodo receptivo y activo de una red distribuida26. Cobra significado el mensaje de Fesabid, la posibilidad del aleteo en sí mismo; aleteo que se producirá siempre que seamos capaces de asumir y facilitar la interconexión (cooperación, trabajo en red, benchmarking, co-creación) y que ayudará a recuperar la utilidad, a esquivar la supuesta obsolescencia digital.

Porosidad

Volviendo a los imaginarios: es una creencia muy extendida que Internet cambiará nuestras instituciones haciéndolas más abiertas  y colaborativas. Así, hemos vuelto comunes términos como transparenciaapertura, colaboración, comunicación. Antes de que de tanto repetir sin poner en práctica se queden vacios me gustaría comentar uno que me tiene cautivado porque, intuyo, nos puede ayudar a esquivar el sentimiento de obsolescencia que tanto nos preocupa: porosidad27.

Absorto (es un decir) intentando explicar qué es la porosidad, levanto la cabeza del mostrador y veo, agrupados frente a la puerta y en espera de una indicación de la profesora para entrar todos juntos, un grupo de escolares. Entran ordenadamente y se distribuyen buscando cada cual el rincón que más le agrada; conocen el espacio y la dinámica de uso gracias a aquella primera visita (concertada) de “descubrimiento” que tuvo su continuidad un par de veces al mes cuando, en función de sus necesidades y sin cita previa, se acercan hasta la biblioteca “en la hora de lengua”. En su momento, intrigados por la asiduidad de sus visitas, preguntamos a la profesora el porqué; nos comentó que, simplemente, porque consideraban que la biblioteca era un lugar ideal: está relativamente cerca (el traslado en sí es contemplado como parte del aprendizaje), tiene un fondo bien seleccionado con el que no pueden ni soñar en su centro escolar, el espacio es muy agradable, el resto de usuarios no ponen malas caras ni quejas airadas 28  y l@s bibliotecari@s se muestran receptivos (dejan hacer)… Ser como somos, nuestra forma de entender, construir y mostrar la biblioteca hace de esta un recurso valioso para el centro escolar (que lo ha integrado en su curricula) y un lugar “no obligado” e incluso lúdico para ese grupo de chavales, muchos de los cuales se acercan de vez en cuando a pasar la tarde. Ser “porosos” (disminuir las barreras entre la institución y los usuarios; hacer de la biblioteca un espacio utilizable) es la condición previa a cualquier tipo de colaboración con otros agentes, depende de uno mismo y es aplicable a todo tipo de biblioteca independientemente de sus recursos y posibilidades económicas. Y si bien no ha impedido un nuevo recorte presupuestario (ay, la economía) sí nos permite ofrecer una imagen más fresca y que una parte de nuestra comunidad nos reencuentre la utilidad… que no es poco.

Notas y referencias

1 En España el número de bibliotecas ha dejado de crecer desde 2010, provocando un envejecimiento de las colecciones. Además, entre 2009 y 2014, el gasto en adquisiciones ha descendido de 1,50 euros a 56 céntimos por habitante. Debido a esto, a pesar de que se ha producido un incremento en el número de inscritos en las bibliotecas, han descendido también los préstamos y las visitas. http://anatomiadelaedicion.com/2017/01/panorama-de-la-lectura-en-espana-informe-fgee-2017/

2 La digitalización de la cultura desborda la lógica de los equipamientos culturales tradicionales y las bibliotecas públicas se enfrentan a la caducidad de buena parte de sus principios https://ddd.uab.cat/pub/caplli/2015/163522/biblioteca.pdf

3 Estudio FESABID: El valor económico y social de los servicios de información: Bibliotecas. http://www.fesabid.org/repositorio/federacion/estudio-fesabid-el-valor-economico-y-social-de-los-servicios-de-informacion-b

4 El retorno a la inversión de la Red de Bibliotecas Municipales de la provincia de Barcelona (2007-2011) http://www.diba.cat/documents/16060163/22275360/ROI_edicio_web_castellano.pdf/1f863db6-db0a-4cf6-af69-d7675cddd2c4

6 La ISO 16439 expone cómo debe medirse el impacto económico de las bibliotecas http://www.iso.org/iso/catalogue_detail.htm?csnumber=56756

10 Huysmans, Frank; Oomes, Marjolein. «Measuring the public library’s societal value: a methodological research program». En:World Library and Information Congress: 78th IFLA General Conference and Assembly. Helsinki: IFLA, 2012. 14 p.

http://conference.ifla.org/past-wlic/2012/76-huysmans-en.pdf

11 Gómez-Hernández, José-Antonio; Hernández-Pedreño, Manuel; Romero-Sánchez, Eduardo (2017). “Empoderamiento social y digital de los usuarios en riesgo de exclusión de la Biblioteca Regional de Murcia, España”. El profesional de la información, v. 26, n. 1, pp. 20-32. http://recyt.fecyt.es/index.php/EPI/article/view/5469

12 De nuevo, una imagen que muestra cómo la biblioteca ayuda a dismunuir la brecha digital es un factor que incrementa la vulnerabilidad porque la carencia de acceso y de competencia limita o excluye el conocimiento, la comunicación, las relaciones, el trabajo o el ejercicio de derechos “Yo, Daniel Blake” (Ken Loach, 2016) https://vimeo.com/188997363.

13 Berryman, Jennifer. Sustaining Communities: Measuring the Value of Public Libraries.Sídney: State Library of NSW for the Public Library Network Research Comité, 2005. 41 p.

https://www.sl.nsw.gov.au/sites/default/files/sustaining_communities.pdf

14 TOGORES, Rosa, El valor de las bibliotecas públicas en la sociedad: El caso de la Red de Bibliotecas Municipales, Barcelona: Diputación de Barcelona, 2014

http://www.diba.cat/web/biblioteques/publicacions-i-documents/detall/-/journal_content/56_INSTANCE_123t2AhpydNB/16060163/37535285

16 Los expertos del sector de la información y las nuevas tecnologías que contribuyeron en el análisis del informe de Tendencias de la IFLA no encuentran a biblioteca y bibliotecari@s como agentes clave en las tendencias de futuro relacionadas con el acceso a la información, la educación en línea, la nueva economía de la información… http://trends.ifla.org/

17 Si desconfíamos de las estimaciones que se hacen cuando hablan del monto de, por ejemplo, la piratería digital cómo no hacerlo de las que realizamos sobre el valor económico de nuestros servicios.

18 ¿Cómo explicar que con un retorno de 5£ por cada 1£ invertida en UK no cesen las noticias del cierre de bibliotecas? http://www.bl.uk/aboutus/stratpolprog/increasingvalue/index.html

19 Libraries lose a quarter of staff as hundreds close http://www.bbc.com/news/uk-england-35707956

20 los recortes y cierres asumidos como indoloros en términos políticos durante una crisis se agravarán cuando la situación sea más crítica, como decidir qué equipamientos deben ser reconstruidos tras una catástrofe… http://www.makaia.org/index.shtml?apc=t1-48—&x=1304

21 Yuval Noah Harari ¿Por qué los humanos gobiernan la Tierra?

https://www.ted.com/talks/yuval_noah_harari_what_explains_the_rise_of_humans?language=es

23 A menudo los modelos de biblioteca de futuro que nos proponemos en Jornadas y Congresos profesionales están tan alejados de nuestra realidad cotidiana que resultan poco creíbles e irrealizables y más que animar desaniman.

26 No estoy pensando en la red bibliotecaria administrativa aunque pueda tener alguna intersección.

28 “El silencio es un servicio que esta biblioteca ofrece pero no garantiza” https://biblioblog.org/2009/09/24/descatalogando/

Congresos

Escanciando conocimiento

Escanciando conocimiento

Hace poco aproveché un viaje para visitar bibliotecas y reencontrar amigas. Nuestras colegas, con muchos años en la profesión, estaban preocupadas: la afluencia de niños desciende año tras año y creen que el recién estrenado préstamo digital nos quita usuarios. Tenían dudas sobre cómo encarar un presente en el que la oferta de información es abundante, desplazarse a por un libro ya no es tan necesario y conseguir que nuestros vecinos nos dediquen parte de su tiempo libre es cada vez màs caro. Para colmo, los modelos de biblioteca de futuro que les acababan de mostrar en el último congreso del que acababan de regresar (innovación acompañada de presupuesto generoso y diseño de vanguardia) minaba su confianza y las sumía en el pesimismo.

Acudir a saraos profesionales es un acto social necesario para intercambiar ideas que te ayudarán a hacer más llevadero el día a día mientras lo pasas bien. Una de las pocas cosas que le pido a un congreso es que suba la moral de la tropa, imprescindible si trabajas en una biblioteca con todo esto del cambio de paradigma informacional y los recortes de la crisis. Un buen organizador de congresos debe sopesar muy bien la “sociología” de los asistentes;  mostrar buenos ejemplos que hagan reflexionar no debería ser incompatible con fomentar la autoestima y el empoderamiento…

Creo que el último Fesabid ha conseguido que muchos de los asistentes hayan sentido que eran del mismo centro de Bilbao (te aclaro que el bilbaíno lleva la autoestima de serie y no hace falta que le expliquen el significado de “empoderamiento) y hayan vuelto a casa pensando eso lo puedo hacer yo y con la intención de hacerlo.

Escenas cotidianas

Nota: texto escrito para el Grupo Thinkepi y publicado originalmente en la lista IweTel. La intención es provocar reflexión y debate, así que cualquier comentario al respecto será muy bienvenido.

Escenas cotidianas: el juego, la música y la lectura

OLYMPUS DIGITAL CAMERAUn niño jugando con bloques de construcción, una escena que lleva produciéndose muchos años en cualquiera de nuestros hogares… LEGO, fundada en los años 30, vive uno de sus mejores momentos pero en 2003 estuvo al borde de la desaparición; los niños se estaban alejando de los juguetes tradicionales atraídos por las nuevas tecnologías y la compañía, aunque muy popular, no encontraba la forma de ofrecer lo que estos querían. La empresa superó el momento crítico volviendo a los orígenes (apuesta por los productos estrella de siempre), cerrando líneas poco productivas (reducción de costes) e implementando pequeñas innovaciones tecnológicas para mejorar la experiencia del usuario (entre ellas, la mejora de la presencia en Internet creando su propia red social y diseñando una comunidad online donde la gente pudiera compartir sus creaciones).

LEGO apuesta por el bloque de toda la vida y, sin perder de vista el futuro digital, se esfuerza también en implicar a las personas utilizando los nuevos canales de comunicación.

Una persona sentada en un transporte público, mirada absorta, auriculares en los oídos, una escena que lleva produciéndose muchos años en cualquiera de nuestros trenes y autobuses… En 2014 se ha dejado de vender el reproductor musical de bolsillo que propició el terremoto en la distribución musical: el iPod Classic. Tony Fadell, uno de los creadores del primer iPod, intuía esa desaparición desde el momento mismo en que se empezó a comercializar. “En el 2003-2004 nos empezamos a preguntar qué es lo que mataría el iPod. Y aún en esa época ya vimos que sería el streaming. Lo llamábamos “el reproductor celestial en el cielo”. Y eso es lo que tenemos ahora: la música en la nube y contenidos en streaming.”

“En cuanto al futuro de la música, no se trata ni del iPhone ni del iPad. Se trata de aplicaciones que lean tu mente. Ahora que tenemos acceso a toda la música que podemos imaginar, la gallina de los huevos de oro pasa a ser la capacidad de descubrir esa música. […] Que ese reproductor celestial te dé la canción adecuada en el momento adecuado”.

Una persona acercándose a la biblioteca para coger un libro, una escena que lleva produciéndose muchos años en cualquiera de nuestras bibliotecas…¿y si analizamos la escena teniendo en cuenta la experiencia de LEGO y el fin del IPod?

Escenas cotidianas: del libro a la lectura, de la desiderata a la experiencia del usuario

Últimamente, con e-biblio, e-liburutegia y su tímida oferta de préstamo digital, la escena está sufriendo pequeñas variaciones: en la colección hay libros que pertenecen a terceros que imponen condiciones que la biblioteca repercute en los usuarios, esto tienen más opciones para obtener lectura y deciden si merece la pena otorgar valor a lo que las bibliotecas ofrecen. Estamos dejando de pensar en clave de objeto (libro) y empezamos a valorar la importancia del acceso al contenido (lectura): el préstamo ya no es necesariamente presencial ni acudir a la biblioteca imprescindible.

La biblioteca ofrece una colección amplia, plural, bien construida, garantiza el anonimato, no considera al lector como un producto, el poder adquisitivo no es un problema para usar sus servicios; lleva tanto tiempo asociada al libro y a la lectura que la “marca” biblioteca es un gran activo…pero al igual que con la música, el streaming y el leer todo lo que quieras por 10 euros al mes está a la vuelta de la esquina. Acudir a la biblioteca porque allí se encuentran los libros tiene fecha de caducidad.

Seguimos teniendo muchos libros en baldas (y los seguiremos teniendo) pero nos equivocamos si nos empeñamos en pensar que lo nuestro es más el libro que la lectura; si identificamos plataforma de préstamo con estrategia digital, el libro con nuestro bloque…. No, en la era del streaming no iremos a la biblioteca a por libros, pero tal vez sí a por esa recomendación, a por esa experiencia de lectura compartida (nuestro verdadero bloque).

Ahora que el libro y el espacio físico están dejando de ser imprescindibles necesitamos a nuestros lectores para perfilar colecciones y mejorar “la experiencia del usuario”

En la economía de la información el valor de las cosas depende de los usuarios. Cada vez que alguien se acerca a la biblioteca tenemos un potencial creador de valor, una pequeña inversión para ese futuro que nos preocupa, un futuro que no existirá si no es con una comunidad lectora alrededor de la biblioteca. Siempre ha habido personas que nos han comentado sus lecturas, si el libro les ha gustado o no; comentarios que muchas veces no hemos valorado en su justa medida.

Para ese tipo de lectores la biblioteca no es almacén sino plaza donde poder intercambiar impresiones; plaza que frecuentarán con sus amigos si se sienten valorados y correspondidos.

Empezar a mirar con otros ojos a quien viene a por un libro y animarle a, junto a nosotros, recomendar y fomentar la lectura, es clave para el futuro en streaming que se avecina.¿Por qué no aprovechar el mostrador tradicional para construir el virtual del futuro?, ¿por qué no democratizar la recomendación de la lectura “en presencial” para implicar a nuestros lectores en la construcción de la recomendación “en virtual”?

La construcción del fondo bibliográfico es toda una declaración de intenciones: empezamos a recomendar cuando realizamos la selección. Podemos argumentar que en esa selección teníamos en cuenta a nuestros usuarios a través de las desideratas, esa petición en la que quedaba claro quien decidía.

En la era del acceso invitar al usuario a que nos diga que le interesaría a ver si lo tenemos en cuenta en la próxima compra ya no tiene sentido; el tiempo de la desideratas, entendida como una gracia, ha pasado.

Lo interesante es saber qué opina, qué comenta, qué busca, qué recomienda y aprovechar esa información para, sin olvidar la calidad y la pluralidad que se nos supone, ofrecer servicios de lectura más personalizados.

Fíjate, ahí está la usuaria acercándose al mostrador; comenta con tanta pasión el libro que está devolviendo que dan ganas de dejar todo lo que tienes entre manos y ponerte a leer. Y mira esa otra que escucha mientras espera a ser atendida y pregunta si se puede llevar el libro que acaban de dejar. A nada que te descuides se establecerá una conversación entre ambas (“Ya verás cómo te va a gustar”) que molestará a los estudiantes del fondo. Dependiendo de nuestra forma de ser:

  • facilitaremos que la conversación que hemos descrito llegue a producirse,
  • escucharemos con atención el comentario del lector emocionado y
  • aprovecharemos para beneficio de la biblioteca esa información que nos están ofreciendo

o, por contra,

  • cortaremos de raíz el intercambio de opiniones en pos de un silencio que garantice el recogimiento y el estudio.

Aunque no hayamos preguntado el lector siempre nos ha dicho lo que le gusta y hemos empleado esa información para difundir la impersonal y muy solicitada lista de los libros más prestados, clave para mejorar las estadísticas de préstamo. Si estamos tan convencidos de la importancia del usuario ¿por qué no poner el acento en la persona y en la lectura que recomienda? ¿por qué no preguntar directamente para saber lo que le gusta?, ¿por qué no apelar a la creación de un vínculo afectivo entre el lector, la lectura y la biblioteca que les ha puesto en contacto y animar a otras personas a vivir esa experiencia?; y ya puestos ¿por qué no usar las nuevas posibilidades tecnológicas y los nuevos canales de comunicación para hacerlo? LEGO lo ha hecho, sigue vendiendo (analógicas) piezas de plástico y parece que no le va mal.

La segunda oportunidad (la gestión del ahora III)

msthematics¿También te pones nerviosa cuando se te acumulan los usuarios en el mostrador? Los que trabajamos en solitario pasamos en un instante de la soledad más absoluta a estar desbordados durante diez minutos por personas que han decidido que, por ejemplo, cuando has decidido ir a tomar el café (sí, confieso, todos los días) es un buen momento para solicitar un préstamo, pedir ayuda para imprimir un documento o interesarse por un libro del que han oído hablar pero que no encuentran en ninguna parte.

El préstamo y la impresión son demandas rutinarias que exigen tiempo pero no reflexión; si todo va bien (conexión a internet mediante) en cinco minutos se libera de nuevo el mostrador. Pero cuando se trata de suministrar información, de buscar un dato, necesitamos un momento de pausa que a veces no tenemos. Cuántas veces no habremos hallado eso que nos demandaba el usuario cuando ya se ha ido (un libro que no encontramos por estar en la estantería equivocada, una referencia, …) o respondes apresuradamente y te quedas con esa sensación de “tendría que haberle comentado esto”.

Hace poco, instantes antes de cerrar la biblioteca, me preguntaron por un libro de matemáticas. Tras buscar en varios catálogos no conseguí dar con él; la usuaria, apurada al ver mis esfuerzos y temiendo perder el autobús, comentó que no me preocupase y se marchó como había venido, sin noticias del libro. Tenía el dato del autor (Parnaut),  el título (Dimensions in Mathematics) y decidí preguntarle a Google… Lisbeth Salander, la heroína-hacker de la trilogía Millennium, es una gran aficionada a las matemáticas que intenta resolver el enigma de Fermat mientras devora un libro ficticio –Dimensions in Mathematics de L. Parnaut- cuya existencia tuvo que negar la prestigiosa editorial de Harvard ante las peticiones de los fans de la trilogía sueca.

Solo habían pasado diez minutos desde que la usuaria había abandonado la biblioteca y consideré que la biblioteca necesitaba una segunda oportunidad;  decidí enviar un wasap para, con la disculpa del hallazgo, transmitir un mensaje de calado: tus demandas de información nos preocupan, y en la medida de nuestras posibilidades intentaremos satisfacerlas aunque tal vez no podamos hacerlo al momento; te has molestado en venir a la biblioteca, lo agradecemos y, por supuesto, la biblioteca también acudirirá a tí para informarte.

El inmediato ok confirmó que el mensaje había sido recibido y, espero, la declaración de principios entendida.

WhatsApp y las cincuenta de Grey (La gestión del ahora II)

La gestión del ahoraWhatsApp y las cincuenta sombras de Grey han conseguido algo que la biblioteca perseguía pero no lograba: llevar la tecnología y la lectura a ámbitos y grupos de usuarios impensables hasta hace poco. La trilogía propició que muchos “no usuarios” se acercasen a las bibliotecas a por un libro que les habían recomendado en la calle; el whatsApp que la proporción de usuarios de biblioteca con smartphone sea muy elevada y que incluso nosotros sepamos cómo funciona. El whatsApp ha mutado el teléfono del abuelo en el smartphone de mi suegra; el erotismo ha convertido el libro en objeto de deseo. Creo que ninguna de nuestras campañas ha conseguido reducir la brecha digital y fomentar el interés por el libro con tanto éxito ¿por qué no aprovechar la coyuntura?

Una persona se acerca al mostrador de la biblioteca en busca de información;  sabes que nos puede preguntar cualquier cosa: la disponibilidad de un libro, el horario de autobuses o dónde encontrar una imagen de un elefante azul para los deberes del cole. Trabajamos delante de un terminal con acceso a internet, lo habitual es que busquemos respuestas a través de la pantalla. Al preguntar a los colegas si la situación es cotidiana en sus bibliotecas todos asienten; cuando me intereso  en cómo transmiten la respuesta las opciones van desde la voz hasta escribir en un papel o imprimir un pantallazo…¿Sábes qué echo en falta? Alguien que apunte la posibilidad de enviar la respuesta al momento y directamente al bolsillo de quién nos solicita la información. Y ya puestos, si el usuario quiere que le ayudemos, ¿por qué no invitarle a comunicarse con nosotros como lo haría con sus amigos?, ¿por qué no ofrecerle nuestra ayuda sin hacerle venir a la biblioteca, sin tener que dejar de hacer lo que tiene entre manos, en la certeza de que en el mismo momento en que tengamos lo que necesita le llegarà el aviso?, ¿por qué no aprovechar que la mayoría tenemos un nuevo canal de comunicación en el bolsillo que, ahora sí, sabemos usar?. Las formas de comunicación cotidianas e informales son necesarias en una biblioteca que quiera conectar con sus usuarios.

La referencia es una de nuestras especialidades, un servicio que podemos adaptar a los nuevos canales de comunicación con mucha facilidad.  Y si ayer, en los inicios de internet, mejoramos ese servicio de referencia con el correo electrónico y posteriormente con el chat, hoy podemos hacerlo con el whatsApp. Ser receptivos a la omnicanalidad nos permite  personalizar el servicio, nos da la oportunidad de fidelizar, de “poner en valor” nuestra actividad. Nos preocupa el futuro y hacemos cábalas sobre cómo afrontarlo; desconocemos cuáles serán las  posibilidades y las herramientas que tendremos mañana, pero hoy ya sabemos que tanto el número de personas  permanente conectadas como el consumo de datos en movilidad va en aumento así que, mientras llega el futuro, parece fácil adaptar y mejorar nuestro presente aprovechando ese teléfono que no falta casi en ningún bolsillo, ¿no te parece?

La gestion del ahora (haz caso a mi suegra)

La gestión del ahoraCuando tu suegra, de visita en casa, te pide el cargador del móvil para su teléfono, no hay duda, algo ha cambiado radicalmente. Hace años que la mía usa móvil pero nunca había mostrado preocupación por el estado de la batería; no hasta que sus hijas le enseñaron que gracias al nuevo teléfono puede mantenerse en contacto al instante con toda la familia siempre y cuando mantenga operativo ese nuevo cordón umbilical familiar. Envidio el modo en el que mi suegra se ha acercado a la tecnología; no ha tenido ningún problema en adaptarla a sus circunstancias (nada de teclear, que resulta difícil; ella habla y el teléfono se encarga de enviar mensajes de voz personalizados a cada hija, nieto…) y aunque sigue usando el teléfono para llamar lo que más valora es el grupo de whatsApp que le acerca a esa familia tan dispersa.

Cuando vas a dar un curso a bibliotecarios y no tienes que emplear más de la mitad de tus energías en convencer al personal de las posibilidades de los smartphones, no hay duda, algo ha cambiado radicalmente. En los que imparto me gusta empezar la jornada pidiendo a los asistentes que se presenten (ya sabes, lo típico, decir el nombre y la biblioteca en la que trabajan) y animo también a enseñar el teléfono que llevan encima. En 2008 no había muchos smartphones y gran parte del tiempo lo dedicaba no a “convencer” al personal de las posibilidades de los nuevos aparatos sino a negar sus temidos efectos secundarios (“¿Para qué necesito uno de esos, que solo sirven para aislarnos y hacernos más antisociales?”, “Eso no es para las bibliotecas”.)

2014, mismo ritual de presentación; de la treintena larga de asistentes tan solo 2 no disponen de smartphone y enseñan el móvil casi casi entonando un “mea culpa”. Sin rastro ni del argumento de la edad (el manido “es que ya estoy mayor”) ni del de la alienación social de la tecnología; la preocupación es ahora cómo convencer a nuestras administraciones de la necesidad de considerar estos dispositivos como herramienta de trabajo básica en las bibliotecas.

En estos seis años entre cursos se ha popularizado internet, han mejorado  las telecomunicaciones y ha cambiado la forma de comunicamos. Si tuviese que explicar ese cambio en pocas palabras emplearía una: WhatsApp. Al igual que mi suegra, muchas bibliotecarias utilizamos el whatsApp; hemos llegado a esa herramienta no por lo laboral sino desde el ámbito personal; nadie se plantea la edad y el argumento de lo antisocial cae por su propio peso. Whatsapp presenta otro matiz interesante: está siendo empleada con total naturalidad por personas que (Iba a volver a poner a mi suegra pero creo que voy a emplear el nosotros.), como muchos de nosotros, no son usuarias de las redes sociales al uso.

Volviendo al curso de 2014, al preguntar quién utilizaba esa herramienta en la biblioteca, los 2 que no tenían smartphone se convirtieron en 30. Es curioso observar cómo renunciamos al uso de la tecnología en el momento en el que dejamos de actuar como individuos y empezamos a pensar como bibliotecarios. Aunque argumentamos que el principal problema es que la biblioteca no dispone de un dispositivo la mayoría reconoce que, simplemente, no se había planteado la posibilidad. Una vez más la separación de lo laboral y lo personal, el esquema de tecnología para trabajar y tecnología para lo privado. Afortunadamente el problema se puede subsanar con un simple cambio de enfoque, y sólo tenemos que emplear un cuarto del curso para explicar que necesitamos hacer un trasvase de conocimiento tecnológico desde el ámbito privado al profesional.

Antes de que me interpretes mal, no me refiero a usar nuestra cuenta personal en redes sociales o mensajería para gestionar la biblioteca, no; estoy intentando explicarte que esa tecnología que ya sabemos aprovechable para el ámbito privado puede ser útil también para mejorar los servicios que tu biblioteca ofrece a los usuarios y que, por tanto, necesitamos que la biblioteca cree su propia personalidad digital y acceda sin problemas al tiempo real. Y, si reflexionamos sobre ello, podremos encontrar los argumentos necesarios para que una tableta y un smartphone sean consideradas herramientas imprescindibles en nuestras bibliotecas.
Cuando mi suegra utiliza whatsapp no está pensando en términos de filtrado y difusión de la información en tiempo real; cuando nuestros colegas, entre cañita y somontano, se intercambian fotos y chascarrillos en las pausas del curso, se comportan como mi suegra, no están pensando en la interacción en tiempo real, ni en que el emisor emite cuando quiere y el receptor recibe y procesa cuando le da la gana. Y sin embargo todas están gestionando eficientemente la creación y difusión de información en tiempo real. ¿No te parece que una de las grandes mejoras que podemos implementar ya en nuestras bibliotecas es dotar a nuestros servicios de esa interacción en tiempo real?. No dejará de ser el whatsapp pero, si quieres, lo podemos llamar Servicio de referencia virtual en tiempo real, que es más profesional, ¿no?.

Sobre el valor económico de la biblioteca

perfil_bibliopublica_reasonably_smallAunque no sepamos mucho de economía sabemos que es importante para desarrollar cualquier actividad. En la biblioteca lo comprobamos todos los años al negociar unos presupuestos muy influenciados por la percepción del momento económico. Si la economía va bien, no hay mayor problema, podremos comprar libros y hacer actividades; durante las vacas flacas nos recuerdan que dependemos de ingresos que no obtenemos directamente de la prestación de nuestros servicios; el sentimiento de que somos un gasto se acentúa y estamos obligados a demostrar, más si cabe, que nuestra actividad, además de valor social, también tiene valor económico.

Las bibliotecas del siglo XX ayudaron a que las masas de trabajadores mejorasen su formación; ahora lo estamos haciendo con las competencias digitales y eso tiene un impacto positivo en la economía…se nos reconozca o no. El estudio de Fesabid aporta datos sobre nuestro valor económico, pero el que uno diga de sí mismo que es valioso no significa que el de enfrente se lo crea. Nuestro problema es que, en una economía centrada en la venta de productos, se antoja difícil hacer una estimación del valor dinerario que generan unas bibliotecas que ni venden ni facturan. Nuestros intentos por explicar retornos de inversión difícilmente son tenidos en cuenta.

La evolución digital del libro y de la lectura ha hecho que, !oh milagro¡, agentes ajenos a las bibliotecas reconozcan, de manera explícita, su valor económico. La industria editorial, poco partidaria de facilitar el despliegue del libro digital en bibliotecas, empieza ahora a vislumbrar en ellas unas aliadas que le pueden ofrecer una gran base de usuarios con gran vinculación al libro y a la lectura. Un cambio sustancial de estrategia que puede ayudar a que nuestros patrones (las administraciones), ahora sí, empiecen a ver un valor económico donde antes tenían un gasto, más o menos necesario, en cultura. Es desde esa óptica como podemos entender el despegue del préstamo de libros electrónicos en España en 2014. Detrás de esta decidida apuesta de las administraciones no encontraremos en primer lugar el fomento de la lectura sino el apoyo a una industria  en grave crisis que necesita un capote para reflotar su negocio. El préstamo digital, esgrimen, además de asegurar unos ingresos a las editoriales, podrá frenar eso que denominan “piratería” y reconducir a los potenciales usuarios a la senda del consumo de cultura responsable y cotizable en impuestos. Economía, pura economía, vehiculada desde nuestras bibliotecas, ¿no te parece?.

Desmaterialización de libro, acceso a la información, nuevos hábitos de consumo de información…en las bibliotecas nos gusta hacer una lectura “tecnológica” y “social” de estos cambios, tal vez sin reparar que, en este momento, usuario, libro, lectura y biblioteca poseen un protagonismo económico que no podemos obviar. De hecho, antes hablábamos de sociedad y economía industrial y ahora lo hacemos de sociedad y economía de la información. Antes se vendían productos, ahora se ofertan servicios.

De estos temas hablarán en la mesa “La biblioteca ante el reto del ebook” (Barbastro 30-31 de octubre) Flori Corrionero, subdirectora del Centro de Desarrollo Sociocultural de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez en Peñaranda, Blanca Rosa Roca, directora de Roca Editorial, Marià Marín i Torné, secretario técnico del Gremi de Llibreters de Catalunya y el bibliotecario de Muskiz.