Congresos

Escanciando conocimiento

Escanciando conocimiento

Hace poco aproveché un viaje para visitar bibliotecas y reencontrar amigas. Nuestras colegas, con muchos años en la profesión, estaban preocupadas: la afluencia de niños desciende año tras año y creen que el recién estrenado préstamo digital nos quita usuarios. Tenían dudas sobre cómo encarar un presente en el que la oferta de información es abundante, desplazarse a por un libro ya no es tan necesario y conseguir que nuestros vecinos nos dediquen parte de su tiempo libre es cada vez màs caro. Para colmo, los modelos de biblioteca de futuro que les acababan de mostrar en el último congreso del que acababan de regresar (innovación acompañada de presupuesto generoso y diseño de vanguardia) minaba su confianza y las sumía en el pesimismo.

Acudir a saraos profesionales es un acto social necesario para intercambiar ideas que te ayudarán a hacer más llevadero el día a día mientras lo pasas bien. Una de las pocas cosas que le pido a un congreso es que suba la moral de la tropa, imprescindible si trabajas en una biblioteca con todo esto del cambio de paradigma informacional y los recortes de la crisis. Un buen organizador de congresos debe sopesar muy bien la “sociología” de los asistentes;  mostrar buenos ejemplos que hagan reflexionar no debería ser incompatible con fomentar la autoestima y el empoderamiento…

Creo que el último Fesabid ha conseguido que muchos de los asistentes hayan sentido que eran del mismo centro de Bilbao (te aclaro que el bilbaíno lleva la autoestima de serie y no hace falta que le expliquen el significado de “empoderamiento) y hayan vuelto a casa pensando eso lo puedo hacer yo y con la intención de hacerlo.

WhatsApp y las cincuenta de Grey (La gestión del ahora II)

La gestión del ahoraWhatsApp y las cincuenta sombras de Grey han conseguido algo que la biblioteca perseguía pero no lograba: llevar la tecnología y la lectura a ámbitos y grupos de usuarios impensables hasta hace poco. La trilogía propició que muchos “no usuarios” se acercasen a las bibliotecas a por un libro que les habían recomendado en la calle; el whatsApp que la proporción de usuarios de biblioteca con smartphone sea muy elevada y que incluso nosotros sepamos cómo funciona. El whatsApp ha mutado el teléfono del abuelo en el smartphone de mi suegra; el erotismo ha convertido el libro en objeto de deseo. Creo que ninguna de nuestras campañas ha conseguido reducir la brecha digital y fomentar el interés por el libro con tanto éxito ¿por qué no aprovechar la coyuntura?

Una persona se acerca al mostrador de la biblioteca en busca de información;  sabes que nos puede preguntar cualquier cosa: la disponibilidad de un libro, el horario de autobuses o dónde encontrar una imagen de un elefante azul para los deberes del cole. Trabajamos delante de un terminal con acceso a internet, lo habitual es que busquemos respuestas a través de la pantalla. Al preguntar a los colegas si la situación es cotidiana en sus bibliotecas todos asienten; cuando me intereso  en cómo transmiten la respuesta las opciones van desde la voz hasta escribir en un papel o imprimir un pantallazo…¿Sábes qué echo en falta? Alguien que apunte la posibilidad de enviar la respuesta al momento y directamente al bolsillo de quién nos solicita la información. Y ya puestos, si el usuario quiere que le ayudemos, ¿por qué no invitarle a comunicarse con nosotros como lo haría con sus amigos?, ¿por qué no ofrecerle nuestra ayuda sin hacerle venir a la biblioteca, sin tener que dejar de hacer lo que tiene entre manos, en la certeza de que en el mismo momento en que tengamos lo que necesita le llegarà el aviso?, ¿por qué no aprovechar que la mayoría tenemos un nuevo canal de comunicación en el bolsillo que, ahora sí, sabemos usar?. Las formas de comunicación cotidianas e informales son necesarias en una biblioteca que quiera conectar con sus usuarios.

La referencia es una de nuestras especialidades, un servicio que podemos adaptar a los nuevos canales de comunicación con mucha facilidad.  Y si ayer, en los inicios de internet, mejoramos ese servicio de referencia con el correo electrónico y posteriormente con el chat, hoy podemos hacerlo con el whatsApp. Ser receptivos a la omnicanalidad nos permite  personalizar el servicio, nos da la oportunidad de fidelizar, de “poner en valor” nuestra actividad. Nos preocupa el futuro y hacemos cábalas sobre cómo afrontarlo; desconocemos cuáles serán las  posibilidades y las herramientas que tendremos mañana, pero hoy ya sabemos que tanto el número de personas  permanente conectadas como el consumo de datos en movilidad va en aumento así que, mientras llega el futuro, parece fácil adaptar y mejorar nuestro presente aprovechando ese teléfono que no falta casi en ningún bolsillo, ¿no te parece?

La gestion del ahora (haz caso a mi suegra)

La gestión del ahoraCuando tu suegra, de visita en casa, te pide el cargador del móvil para su teléfono, no hay duda, algo ha cambiado radicalmente. Hace años que la mía usa móvil pero nunca había mostrado preocupación por el estado de la batería; no hasta que sus hijas le enseñaron que gracias al nuevo teléfono puede mantenerse en contacto al instante con toda la familia siempre y cuando mantenga operativo ese nuevo cordón umbilical familiar. Envidio el modo en el que mi suegra se ha acercado a la tecnología; no ha tenido ningún problema en adaptarla a sus circunstancias (nada de teclear, que resulta difícil; ella habla y el teléfono se encarga de enviar mensajes de voz personalizados a cada hija, nieto…) y aunque sigue usando el teléfono para llamar lo que más valora es el grupo de whatsApp que le acerca a esa familia tan dispersa.

Cuando vas a dar un curso a bibliotecarios y no tienes que emplear más de la mitad de tus energías en convencer al personal de las posibilidades de los smartphones, no hay duda, algo ha cambiado radicalmente. En los que imparto me gusta empezar la jornada pidiendo a los asistentes que se presenten (ya sabes, lo típico, decir el nombre y la biblioteca en la que trabajan) y animo también a enseñar el teléfono que llevan encima. En 2008 no había muchos smartphones y gran parte del tiempo lo dedicaba no a “convencer” al personal de las posibilidades de los nuevos aparatos sino a negar sus temidos efectos secundarios (“¿Para qué necesito uno de esos, que solo sirven para aislarnos y hacernos más antisociales?”, “Eso no es para las bibliotecas”.)

2014, mismo ritual de presentación; de la treintena larga de asistentes tan solo 2 no disponen de smartphone y enseñan el móvil casi casi entonando un “mea culpa”. Sin rastro ni del argumento de la edad (el manido “es que ya estoy mayor”) ni del de la alienación social de la tecnología; la preocupación es ahora cómo convencer a nuestras administraciones de la necesidad de considerar estos dispositivos como herramienta de trabajo básica en las bibliotecas.

En estos seis años entre cursos se ha popularizado internet, han mejorado  las telecomunicaciones y ha cambiado la forma de comunicamos. Si tuviese que explicar ese cambio en pocas palabras emplearía una: WhatsApp. Al igual que mi suegra, muchas bibliotecarias utilizamos el whatsApp; hemos llegado a esa herramienta no por lo laboral sino desde el ámbito personal; nadie se plantea la edad y el argumento de lo antisocial cae por su propio peso. Whatsapp presenta otro matiz interesante: está siendo empleada con total naturalidad por personas que (Iba a volver a poner a mi suegra pero creo que voy a emplear el nosotros.), como muchos de nosotros, no son usuarias de las redes sociales al uso.

Volviendo al curso de 2014, al preguntar quién utilizaba esa herramienta en la biblioteca, los 2 que no tenían smartphone se convirtieron en 30. Es curioso observar cómo renunciamos al uso de la tecnología en el momento en el que dejamos de actuar como individuos y empezamos a pensar como bibliotecarios. Aunque argumentamos que el principal problema es que la biblioteca no dispone de un dispositivo la mayoría reconoce que, simplemente, no se había planteado la posibilidad. Una vez más la separación de lo laboral y lo personal, el esquema de tecnología para trabajar y tecnología para lo privado. Afortunadamente el problema se puede subsanar con un simple cambio de enfoque, y sólo tenemos que emplear un cuarto del curso para explicar que necesitamos hacer un trasvase de conocimiento tecnológico desde el ámbito privado al profesional.

Antes de que me interpretes mal, no me refiero a usar nuestra cuenta personal en redes sociales o mensajería para gestionar la biblioteca, no; estoy intentando explicarte que esa tecnología que ya sabemos aprovechable para el ámbito privado puede ser útil también para mejorar los servicios que tu biblioteca ofrece a los usuarios y que, por tanto, necesitamos que la biblioteca cree su propia personalidad digital y acceda sin problemas al tiempo real. Y, si reflexionamos sobre ello, podremos encontrar los argumentos necesarios para que una tableta y un smartphone sean consideradas herramientas imprescindibles en nuestras bibliotecas.
Cuando mi suegra utiliza whatsapp no está pensando en términos de filtrado y difusión de la información en tiempo real; cuando nuestros colegas, entre cañita y somontano, se intercambian fotos y chascarrillos en las pausas del curso, se comportan como mi suegra, no están pensando en la interacción en tiempo real, ni en que el emisor emite cuando quiere y el receptor recibe y procesa cuando le da la gana. Y sin embargo todas están gestionando eficientemente la creación y difusión de información en tiempo real. ¿No te parece que una de las grandes mejoras que podemos implementar ya en nuestras bibliotecas es dotar a nuestros servicios de esa interacción en tiempo real?. No dejará de ser el whatsapp pero, si quieres, lo podemos llamar Servicio de referencia virtual en tiempo real, que es más profesional, ¿no?.

Sobre el valor económico de la biblioteca

perfil_bibliopublica_reasonably_smallAunque no sepamos mucho de economía sabemos que es importante para desarrollar cualquier actividad. En la biblioteca lo comprobamos todos los años al negociar unos presupuestos muy influenciados por la percepción del momento económico. Si la economía va bien, no hay mayor problema, podremos comprar libros y hacer actividades; durante las vacas flacas nos recuerdan que dependemos de ingresos que no obtenemos directamente de la prestación de nuestros servicios; el sentimiento de que somos un gasto se acentúa y estamos obligados a demostrar, más si cabe, que nuestra actividad, además de valor social, también tiene valor económico.

Las bibliotecas del siglo XX ayudaron a que las masas de trabajadores mejorasen su formación; ahora lo estamos haciendo con las competencias digitales y eso tiene un impacto positivo en la economía…se nos reconozca o no. El estudio de Fesabid aporta datos sobre nuestro valor económico, pero el que uno diga de sí mismo que es valioso no significa que el de enfrente se lo crea. Nuestro problema es que, en una economía centrada en la venta de productos, se antoja difícil hacer una estimación del valor dinerario que generan unas bibliotecas que ni venden ni facturan. Nuestros intentos por explicar retornos de inversión difícilmente son tenidos en cuenta.

La evolución digital del libro y de la lectura ha hecho que, !oh milagro¡, agentes ajenos a las bibliotecas reconozcan, de manera explícita, su valor económico. La industria editorial, poco partidaria de facilitar el despliegue del libro digital en bibliotecas, empieza ahora a vislumbrar en ellas unas aliadas que le pueden ofrecer una gran base de usuarios con gran vinculación al libro y a la lectura. Un cambio sustancial de estrategia que puede ayudar a que nuestros patrones (las administraciones), ahora sí, empiecen a ver un valor económico donde antes tenían un gasto, más o menos necesario, en cultura. Es desde esa óptica como podemos entender el despegue del préstamo de libros electrónicos en España en 2014. Detrás de esta decidida apuesta de las administraciones no encontraremos en primer lugar el fomento de la lectura sino el apoyo a una industria  en grave crisis que necesita un capote para reflotar su negocio. El préstamo digital, esgrimen, además de asegurar unos ingresos a las editoriales, podrá frenar eso que denominan “piratería” y reconducir a los potenciales usuarios a la senda del consumo de cultura responsable y cotizable en impuestos. Economía, pura economía, vehiculada desde nuestras bibliotecas, ¿no te parece?.

Desmaterialización de libro, acceso a la información, nuevos hábitos de consumo de información…en las bibliotecas nos gusta hacer una lectura “tecnológica” y “social” de estos cambios, tal vez sin reparar que, en este momento, usuario, libro, lectura y biblioteca poseen un protagonismo económico que no podemos obviar. De hecho, antes hablábamos de sociedad y economía industrial y ahora lo hacemos de sociedad y economía de la información. Antes se vendían productos, ahora se ofertan servicios.

De estos temas hablarán en la mesa “La biblioteca ante el reto del ebook” (Barbastro 30-31 de octubre) Flori Corrionero, subdirectora del Centro de Desarrollo Sociocultural de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez en Peñaranda, Blanca Rosa Roca, directora de Roca Editorial, Marià Marín i Torné, secretario técnico del Gremi de Llibreters de Catalunya y el bibliotecario de Muskiz.

Osmundo

vosmundoAyudar a los que lo necesitan, dependiendo de donde lo hagas, suele ser peligroso. A Osmundo Bilbao Garamendi le costó la vida.

El ejemplo de Osmundo inspira a muchas personas y para que no caiga en el olvido la ONG Grupo de Solidaridad Alez Ale Elkartasun Taldea organiza un certamen literario de “Narrativa Solidaria” en su pueblo natal, Muskiz. Es una iniciativa modesta en la que participan muchas personas desinteresadamente. En la biblioteca se hace la entrega de los premios.

Uno de los efectos colaterales de la crisis es que el V certamen se ha quedado sin la ayuda municipal para publicar los relatos ganadores. Este año no hemos podido regalar el libro a los usuarios y nos tenemos que conformar con dejar ojear el ejemplar fotocopiado que nos ha dado la organización…y con ofrecer el libro en formato electrónico que la biblioteca ha editado. De paso les hablamos de las nuevas posibilidades de lectura, de los dispositivos…

osmundoinstaVale, ya sé que no ofrecemos hojear pausadamente, ni poder doblar las esquinitas de las hojas para marcar, ni hacer pequeñas anotaciones a lápiz que tanto nos gusta a los profesionales de las bibliotecas; del tacto y del olor ni os hablo… pero, aún y todo, a mis usuarios parece no importarles demasiado. Supongo que a Osmundo tampoco.

 

 

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Aquí no hay Plan

 

8370793¿Cómo se demuestra a la ciudadanía el desvelo de sus rectores por la Cultura? Sacando una nota de prensa anunciando la creación de una Comisión integrada por un número considerable de próceres de la cosa que van a reflexionar sesudamente sobre la hoja de ruta (es que si no hay una hoja de esas la Comisión lo es menos y sus objetivos se devaluan ante la opinión pública) de un Plan de la Cultura para encarar con garantía el siglo XXI.

 

No sé si pertenecemos a una profesión sin próceres o si la categoría de los que tenemos no da la talla (si hay alguno delante de la pantalla, por favor, no me lo tenga en cuenta) pero el caso es que no nos suelen invitar a reflexionar y nuestra opinión se queda sin hoja ni Plan.

Que no nos inviten al sarao es ilustrativo (indica que somos extras actores secundarios en esto de la Cultura,  más ahora que con lo de internet, ya se sabe, las bibliotecas no tienen nada que hacer) pero no grave.

Grave es que mientras nos muestran lo preocupados que están por la Cultura nuestros rectores confundan esta con la gestión de los derechos de explotación de una obra que no beneficia a los autores y penaliza la difusión de las ideas; grave, y mucho, es que en un  momento en el que la Cultura se transmite por las redes no hagan nada, ni a derecha ni a izquierda, por defender un acceso igualitario a la Red. Y barruntamos que el no ser invitados no depende tanto de nuestra insignificancia cultural como de nuestra falta de negocio que respalde con posibles beneficios la gestión de nuestros rectores.

Sería Imperdonable que indignados por el desplante de lo de Comisiones y Planes no viésemos dónde se está jugando el futuro de la Cultura y lo que como profesionales tenemos que hacer. Si todavía no te has leído el manifiesto de neutralidad en la red hazlo y ten presente  “El traje nuevo del emperador” cuando reclamen cánones y prebendas 🙂