Contar historias: que gire la rueda

Hola, por si pudiera interesar…

Dada la poca imaginación de esta biblioteca (la mala praxis siempre en primera persona del singular, que somos muy susceptibles…) acostumbramos a martirizar a nuestros lectores con la mismas historias: las novedades, guías de lectura, algunos eventos especiales…; el pdf está muy bien para los folletos en papel pero cuando lo que queremos es que nos hagan caso desde un teléfono móvil (qué menos ahora que nos hemos lanzado a la conquista de las redes sociales) lo que enviamos desanima a cualquiera (sí, confieso, decidí escribir esto cuando en la pantalla del móvil me topé, una vez más, con un tuit bibliotecario que enlazaba a un pdf incrustado en Issuu).

Hay muchas herramientas que nos ayudan a soventar ese problema. Hasta que dejó de existir nos gustaba utilizar Storehouse porque permitía combinar texto, fotos y vídeos de una manera muy sencilla y con un resultado visual muy llamativo; también porque no exigía del lector darse de alta ni descargarse ninguna aplicación para ser consultada -algo sobre lo que ya reflexionó @narroyo -. Su defunción en julio de 2016 nos dejó huérfanos.

Hemos aprovechado las navidades para buscar sustitutos y hemos encontrado dos posibles candidatos.

Myalbum (ejemplo)

Ambas son muy fáciles de usar y (muy importante) se adaptan a todo tipo de pantallas. Otra herramienta que nos parece muy aprovechable es Storify.  Dice @jguallar en Curación de contenidos en bibliotecas mediante plataformas social media:

“Otro de los programas  más conocidos para hacer CC es Storify. Tiene una altísima flexibilidad y por ello enormes posibilidades para el sense making, al permitir integrar todo tipo de contenidos de la Web y de las redes sociales con comentarios propios, y crear un hilo narrativo como si se tratara de un artículo que incorpora piezas extraídas de Twitter, blogs, webs, etc. Ello le ha hecho bastante popular en determinados ámbitos como el del periodismo digital. Sin embargo, quizá debido a esas altas posibilidades narrativas, apenas se ha visto su uso por parte de bibliotecas. En el caso de éstas, casi siempre vinculado a la narración de actos que han tenido lugar en la institución o en los que la biblioteca ha intervenido, aunque también se ven algunos ejemplos de otros usos.”

Vale, emplear Storify para hacer un boletín de novedades es como poner al cocinero jefe a pelar patatas pero…queda tan bonito (y amigable) cuando se ve en una pantalla pequeña…;-)

https://storify.com/bibmus/otsailean-irakurtzeko

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“Roda”. Joan Brossa —1969-1989 Poema-objeto 114 x 114 x 30 cm Colección MACBA. Consorcio MACBA. Fondo Joan Brossa. Depósito Fundación Joan Brossa

Moraleja: Ya sabemos que no somos originales ni en lo que contamos ni en el uso de la tecnología pero no es necesario descubrir la rueda todos los días, a veces es sufuciente con hacerla rodar de vez en cuando…

Tecnología NFC y códigos QR, su uso en la biblioteca y otras historias

La Biblioteca Pública de Hanno, en la prefectura de Saitama (Japón) ha implantado la tecnología NFC (Near Field Communication) en sus instalaciones. En la web de la empresa Fujitsu, que ha colaborado en este proyecto, se explica cómo la proximidad del smartphone con las etiquetas NFC, que en este caso se han colocado en varias estanterías (véase imagen más abajo), activa un portal web desde el que se accede a varias fuentes de información, como la Wikipedia o varias bases de datos. De esta manera se puede ampliar información sobre los libros de la colección, lo que ayuda al lector a tomar una decisión a la hora de escoger sus lecturas en el momento de la elección, en la biblioteca. Este portal web, cuyo diseño está optimizado para dispositivos móviles, también permite efectuar reservas de libros y publicar reseñas.

El proyecto Karirutatchi ―así se denomina― se ha implementado por primera vez en esta biblioteca con unas cien etiquetas NFC iniciales que pretenden aumentarse más adelante. En un futuro está previsto que se extienda este proyecto a quinientas bibliotecas de todo el país.

NFC en la Biblioteca Pública de Hanno.

La tecnología NFC permite una conectividad cercana, de unos centímetros, para el intercambio de datos entre dispositivos. Su funcionamiento requiere dos elementos: una etiqueta NFC previamente programada con la instrucción de la tarea a realizar y un smartphone que incorpore la tecnología NFC. Tras instalar una aplicación lectora de NFC en el smartphone, éste debe situarse cerca de la etiqueta para que se ejecute la instrucción.

Si bien se lleva algunos años hablando sobre cómo esta tecnología podría implantarse en las bibliotecas, hasta el momento son escasas las iniciativas puestas en marcha. Por una parte, en la actualidad no todos los smartphones incorporan NFC, aún poco conocida ―el iPhone es uno de los que aún se resiste―, y por otra, la adquisición de las etiquetas conlleva un gasto (aproximadamente un euro por etiqueta) que puede evitarse con otros sistemas.

Aunque hay quienes aseguran que el NFC eclipsará a los códigos QR, estos últimos se han postulado en la práctica como una alternativa más ventajosa para las bibliotecas de nuestro país, especialmente porque son más populares y reconocibles, pero también porque son legibles desde cualquier smartphone y fáciles y baratos de producir ―con sólo buscar en Google «generar QR» se pueden encontrar montones generadores gratuitos en línea y los códigos pueden imprimirse en cualquier soporte―. Al menos en aquellos casos en que el objetivo es algo tan simple como dirigir al usuario a un sitio web.

La tecnología NFC ofrece ventajas frente a los códigos QR en los casos en que se desea aprovechar el elemento de la proximidad o se requiere ejecutar una instrucción para agilizar un proceso. Así, por ejemplo, cuando el objetivo es formalizar un pago de la manera más rápida para el cliente, NFC será una mejor solución (ver vídeo) que los códigos QR, que exigirán al cliente seguir una serie de pasos para autenticarse (así lo plantea PayPal). En el blog QR-Code se explican las diferencias entre ambos.

Otros posibles usos de la tecnología NFC en bibliotecas son la descarga de libros, como proponen el proyecto Ingebord y la propuesta Library Underground ―una idea de un grupo de estudiantes de llevar la biblioteca al metro y poder descargar desde él libros electrónicos a modo de muestra―, el autopréstamo o sustituyendo al carnet de la biblioteca. Estos dos últimos usos sí podrían justificar el uso de la tecnología NFC, que agilizaría los procesos. Más relacionada con la lectura está esta experiencia que conocimos a través de Marta Abarca Villoldo en las últimas Jornadas Españolas de Documentación y que permite escuchar el audiolibro al acercar el smartphone a la portada de su versión en papel, una idea pensada para personas con discapacidad visual.

Pero además Karirutatchi forma parte del portal Kariru, desde el que es posible localizar un libro en cualquier biblioteca del país. Se trata de un catálogo muy diferente a los que estamos acostumbrados a ver: no solo abarca a varias bibliotecas públicas del país, todo un logro, también su diseño es muy informal y priman los elementos gráficos sobre los textuales. La portada y una ventana con publicidad son los elementos más visibles, mientras que los datos bibliográficos quedan en un segundo plano (edición, ISBN…).

Gracias a los dispositivos móviles y la conexión a internet cada vez tenemos más medios a nuestro alcance para facilitar a los usuarios el acceso a la información desde la biblioteca. Es el momento de encontrar la forma de explotar esos medios y buscar soluciones óptimas, al menor coste posible, que realmente funcionen y sean útiles y eficaces para nuestros usuarios. Pero antes que nada debemos conocer cada tecnología y saber aplicarla a cada caso concreto. De ello dependerá su éxito, y también el de nuestras bibliotecas en la era digital.

Sorpresas en los datos de acceso a la web de las bibliotecas desde dispositivos móviles en EE.UU.

El acceso a los sitios web de las bibliotecas desde dispositivos móviles ha dejado de ser minoritario y no se ve afectado por los mismos factores que afectan al acceso desde ordenadores de sobremesa o portátiles. Aunque estamos hablando de dispositivos con un coste alto, el factor socioeconómico no resulta significativo. Así lo muestran los datos de una encuesta publicada recientemente por Pew Internet.

El 13% de los usuarios de bibliotecas mayores de 16 años se conecta a la web de la biblioteca desde un dispositivo móvil —teléfono móvil, smartphone, tableta o lector de libros electrónicos— en los últimos meses en Estados Unidos. Este dato podría parecer insignificante, pero he aquí la primera de las sorpresas anunciadas en el título: no lo es tanto si se tiene en cuenta que solo una cuarta parte de los usuarios se ha conectado a la web de la biblioteca en los últimos 12 meses y tan solo el 39% declara haberlo hecho alguna vez.

El estudio de Pew Internet también arroja datos sobre el tipo de usuarios que acceden a la web de la biblioteca desde un móvil en función de variables como su edad, sexo, origen étnico, nivel educativo y socioeconómico y hábitat. Las variables que marcan realmente mayores diferencias son tres: nivel educativo, hábitat y edad. Respecto al primero, el nivel educativo, se observan diferencias de diez puntos porcentuales entre los universitarios superiores (el 21% se ha conectado a la web de la biblioteca desde el móvil) y los no universitarios (9% en el caso de estudios medios y otro 9% entre personas con estudios elementales). Por otra parte, se reduce a la mitad el acceso en el ámbito rural (8%) con respecto al urbano (16%) y suburbano (13%) y son los mayores de 65 años el grupo que menos emplea un dispositivo móvil para acceder a la web de la biblioteca (5%).

El resto de las variables muestran algunas diferencias ligeras a favor de las mujeres sobre los hombres, de negros (17%) e hispanos (14%) frente a blancos (12%) y en función de niveles socioeconómicos más altos, con solo tres puntos porcentuales de diferencia entre las rentas más altas y las más bajas. En este sentido, sorprende que, a pesar del alto coste de los teléfonos inteligentes, no sea mayor la brecha entre los diferentes niveles socioeconómicos.

La última de las sorpresas que revelan estos datos es la diferencia de patrones con respecto al acceso a la web desde un ordenador. En este caso sí son significativas las diferencias que marcan el nivel socioeconómico (del 18% entre las rentas menores de 30.000$ anuales a 34% entre las mayores de 75.000$) y el factor educativo (entre el 11% en niveles elementales y el 43% de los universitarios superiores). También se observan diferencias por edad, aunque quizás no tanta entre los más mayores, y se invierte el efecto del factor étnico, pues en este caso son blancos y negros quienes más acceden.

A la luz de estos datos se podría afirmar que la brecha de acceso a los sitios web de las bibliotecas en EE.UU. se traslada especialmente al hábitat, nivel educativo y edad y deja de ser económica. Estos datos suponen una buena noticia, por cuanto indican una mayor igualdad de condiciones en el acceso a la información desde dispositivos móviles de lo que cabría suponer. Habrá que permanecer atentos a su evolución.

Información en el móvil

Información en el móvil, por Natalia Arroyo

Arroyo, Natalia. Información en el móvil. Barcelona: Editorial UOC, 2011. ISBN 978-84-9788-496-9

Todo lo que usted necesitaba saber sobre dispositivos móviles y no paraba de preguntar está en esta obra: Información en el móvil, que acaba de publicar la Editorial UOC, cuarto título de la destacada colección El profesional de la información y que es obra de Natalia Arroyo, documentalista del Departamento de Análisis y Estudios de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez y una de las tres patas de este blog.

Natalia Arroyo ha concebido esta monografía como una introducción general a los diferentes conceptos relacionados con la información y los dispositivos móviles. El objetivo pretendido (y conseguido) es desarrollar en una obra de fácil lectura los aspectos que tienen que ver con el acceso a la información desde teléfonos inteligentes (smartphones) y tabletas (tablets) . Para ello, el libro se estructura en seis capítulos principales, además de una introducción contextual y de un epílogo prospectivo. Los temas tratados en la primera monografía publicada en nuestro sector sobre tecnologías y contenidos móviles son los siguientes: dispositivos móviles, web móvil, aplicaciones, códigos bidemensionales, geolocalización y realidad aumentada; es decir, todos aquellos conceptos que forman parte del conjunto información + dispositivos + sistemas + servicios.

El grueso de la obra lo componen los capítulos dedicados a la descripción de los dispositivos móviles y de la web móvil. En cuanto a los soportes, se realiza una buena panorámica de la evolución de los aparatos en los que se basa el acceso móvil a la información, que es de gran utilidad tanto por establecer de forma clara el estado de la cuestión, como por la capacidad de síntesis demostrada en esta evolución tecnológica y en la descripción del momento actual. El capítulo dedicado a dispositivos móviles, por tanto, servirá para conocer las tipologías y características de los teléfonos y tabletas, principapes instrumentos de acceso a los servicios móviles y a la web móvil, protoganista de otro detallado capítulo.  Hasta la llegada de las aplicaciones (apps), el acceso a páginas web a través de teléfonos, PDAs o equipos similares, eran los principales ejemplos de movilidad, entendida como acceso a la información en línea desde dispositivos específicos. La web móvil hoy se ofrece desde diferentes concepciones, que son también explicadas por Natalia Arroyo en esta obra, desde una introducción al concepto de web móvil, hasta las pautas y estándares para adaptar o diseñar webs para su navegación desde teléfonos inteligentes y tabletas. Es conveniente mencionar, que este capítulo, así como el resto de la obra, tiene su precedente en el Informe APEI sobre movilidad, que también publicó la autora a principios de 2011 y que está disponible en acceso abierto.

“Cada vez es menos aceptable la opción de dejar la responsabilidad del lado del cliente. Aumenta el número de quienes acceden a la web desde dispositivos móviles y lo hacen en busca de información puntual y en una situación de movimiento, de manera que si no encuentran lo que buscan rápidamente o si la experiencia de uso no es óptima, es muy posible que no vuelvan y perdamos así visitas y posibles clientes”. (p. 45).

No podía faltar un capítulo dedicado a las aplicaciones (apps), verdaderas protagonistas de la información móvil en estos momentos. De forma paralela al desarrollo y adaptación de la web para su consulta en situación de movilidad y con equipos específicos, se están produciendo de forma desbordante miles de aplicaciones que se utilizarán para los aspectos más profesionales y académicos como para cuestiones de ocio y relaciones personales. Las aplicaciones también son tratadas en esta monografía desde el mismo enfoque: contexto del desarrollo tecnológico y situación actual, con la descripción de los tipos de aplicaciones, los sistemas empleados y los medios de distribución de las mismas. La parte específica de las aplicaciones recoge esencialmente los modelos disponibles y las utilidades de las mismas: juegos, redes sociales, fotografía, productividad, utilidades, compras, educación, prensa, libros, etc.

Los tres últimos capítulos se dedican a aspectos que no podían faltar en una obra como ésta: códigos bidimensionales, geolocalización y realidad aumentada. Una vez más, la estructura de cada apartado sitúa al lector desde el punto de vista teórico (qué es cada tecnología) y le ofrece modelos de aplicación: qué se puede hacer con los códigos QR, qué servicios se basan en geolocalización y cómo se pueden aprovechar las posibilidades de la realidad aumentada. Como en el resto de los capítulos, se ofrecen direcciones web de las diferentes aplicaciones y servicios recomendados en la obra, que además, son accesibles de forma abierta, en la web de Delicious especialmente creada para la obra: www.delicious.com/webmovil.

Uno de los aspectos más destacados de la obra es que trasciende al ámbito puramente documental: no es un manual de cómo usar las tecnologías móviles en centros de información. El libro está escrito por una profesional de la documentación, por lo que la perspectiva sí es la de una documentalista, pero el resultado final es un texto válido y recomendable para todos los públicos, ya que supera el lenguaje técnico, llevándolo a la cotidianidad y consigue que cualquier persona interesada en conocer las bases y usos de las tecnologías móviles lo consiga con la lectura de estas 110 páginas. Natalia Arroyo ha sabido plasmar su experiencia como investigadora de los usos de las tecnologías móviles, como formadora de profesionales de la información en la aplicación de servicios móviles y como divulgadora de la utilidad de estas herramientas y servicios de información para el ciudadano.

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8.215 bibliotecas españolas en el navegador de realidad aumentada Layar

[Biblioblog] El Ministerio de Cultura, a través de la Subdirección General de Coordinación Bibliotecaria, ha creado una capa en Layar, un navegador de realidad aumentada, a través de la cual se pueden localizar más de 8.200 bibliotecas en toda España y en otros países (ver vídeo y tutorial). El navegador de realidad aumentada Layar se instala en el móvil y permite localizar los puntos cercanos a la posición del dispositivo. Hasta hace poco ya existía una capa en Layar que incluía a las 52 Bibliotecas Públicas del Estado, pero con esta nueva capa se logra una mayor cobertura de los equipamientos bibliotecarios de todo el país y una pequeña parte del extranjero.

Así, al seleccionar la capa Bibliotecas en Layar, podremos localizar las bibliotecas más cercanas al lugar en que nos encontramos y obtener sus datos de contacto. Lo que hace original a este servicio de geoposicionamiento es que los puntos de interés (POI) se pueden visualizar en forma de lista, sobre un mapa o sobre una imagen de la realidad, capturada a través de la cámara del dispositivo móvil (realidad aumentada). Similar es la capa de las Bibliotecas de Barcelona, que incluyen todos los puntos de servicio de la red.

Sobre realidad aumentada y biblioteca hablará esta tarde mi compañero de blog, Fernando Juárez, en el IV Encuentro Bibliotecas y Municipio desde la perspectiva de la Biblioteca de Muskiz que, como ya ha contado en ocasiones anteriores en Biblioblog (una, dos y tres, llevo contadas), ha puesto en marcha una capa de realidad aumentada para mostrar lo sucedido en la Batalla de Somorrostro sobre el terreno.

Aunque parece complejo crear una capa de realidad aumentada, nada más lejos de la realidad: basta con tener una idea de los contenidos que queremos ofrecer y utilizar algún servicio externo para crear la capa. Pero esa es otra historia. Para los interesados, me remito a una nota ThinkEPI que escribí hace un tiempo: La realidad aumentada al alcance de todos: creando capas de datos geolocalizados.

Qr en la biblioteca


Qr en bibliotecasLas bibliotecas podemos añadir información multimedia a los libros de nuestro fondo utilizando códigos QR. Es un proceso muy sencillo que puede ayudar a difundir en mejores condiciones el fondo documental.

La idea es muy simple: enriquecer la información en soporte papel con contenidos multimedia que la complementen. En este caso nos parecía interesante que el libro facilitase el acceso al vídeo promocional que la editorial ha preparado usando un código qr.
Generar un código qr es muy sencillo (el vídeo refleja cómo funciona “QR code tag extension” en Chrome pero podríamos haber utilizado otras herramientas por ejemplo Kaywa, Qr-Code, …) y el proceso desde la localización del vídeo hasta ponerlo accesible para el lector no excede los cinco minutos.

Recomendaciones de lectura y realidad aumentada

 

Lo importante es el “concepto”

Cada vez que veo entrar a Amagoia tiemblo. Siempre viene con su lista de libros, con un comentario sobre lo que ha leído y acompañada por personas que vienen a la biblioteca porque desean leer lo que ella les ha recomendado. Atender a Amagoia es hacer nuevos carnets, renovar el préstamo de sus hijas y buscar en el catálogo lo que desea mientras te cuenta sus impresiones sobre el libro que devuelve. El mostrador de la biblioteca, que de por sí es generoso en dimensiones y conversaciones, se convierte en una pequeña tertulia cuando ella llega. Muchas personas vienen solicitando las lecturas de Amagoia.

Seguro que todos tenemos una Amagoia y que nos vendría muy bien tenerla a mano para hacer recomendaciones de lectura. Un día que estaba ocioso saqué el móvil (ese cacharro que ya no se usa para llamar) le grabé un pequeño vídeo con una de sus recomendaciones y asocié el vídeo a la imagen de la cubierta del libro con una aplicación que se llama Aurasma.

Aurasma permite generar contenidos de Realidad Aumentada, que no sé lo que es pero sí para qué sirve: para que Amagoia siga recomendado libros en todo momento, tal y como se ve (ejercicio de imaginación mediante) en el vídeo