De cuando esas cosas que a veces te preocupan descubres que tienen nombre y apellido

Saludos de nuevo, volvemos de nuevo al blog después de una larga temporada de letargo. Espero que entre post y el siguiente el intervalo no sea tan largo. ¡Venga!, al grano:

Uno de los aspectos que siempre me ha preocupado ha sido el que cualquier aplicación, web, base de datos, temas en los que yo esté implicado, etc. quede bien documentada para las “generaciones futuras”.  Aunque si soy sincero, en realidad es que las personas de tu equipo lo dejen bien documentado por si tengo que enfrentarme al producto y resulte que mi conocimiento sobre cómo está hecho sea limitado.

Eso lo ha sufrido en sus carnes el amigo David Maniega durante los años que trabajamos juntos: David como webmaster y desarrollador cerraba un proyecto y con la presión ya se metía en otro. Yo le insistía en que debía documentarlo todo por si en su ausencia debía enfrentarme a todo eso que desarrollaba. Bien, en realidad se lo decía de modo más coloquial: que si lo atropellaba un autobús yo que quedaba “colgado” con la aplicación.  Aunque debo reconocer que con el tiempo me familiaricé con su modo de trabajar y sin documentación podía deducir porqué lo había hecho de un modo y no de otro 😉

Volviendo al tema de este post: Unos días antes de cerrar el 2015 asistí a un interesante curso sobre Arquitectura REST y APis, pero tranquil@s, no voy a disertar sobre conceptos marcianos, ni REST ni APIs, no sufran.

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Imagen: Pixabay  CCO Public Domain

Pero en las conclusiones, Alex Muntada que impartía el curso apuntaba que la peor pesadilla sobre las API y el diseño de una API REST era la documentación: que en general es mala, obsoleta, errónea o inexistente.  Y gracias a esto descubro el concepto de “Semantic Gap”, que tal como lo describe Wikipedia hace referencia a la diferencia entre lo que se describe y lo que se interpreta al utilizar “lenguajes” distintos.

Y salvando las distancias entre este concepto tecnológico y llevándolo a nuestro terreno, me atrevo a afirmar que esto también nos sucede a nosotros. Imaginémonos el siguiente caso:

  • El equipo TIC, desarrolla una aplicación que debe ser administrada por nosotros y utilizada por nuestros usuarios
  • La documentación –y los comentarios dentro del código– estarán probablemente redactados en un lenguaje “marciano” para la mayoría de nosotros pero entendible para los miembros del equipo TIC.
  • Y si los desarrolladores elaboran la documentación para el administrador de la aplicación y para el usuario final, lo más probable es que suceda algo similar: en un lenguaje no tan “marciano”, pero probablemente de difícil comprensión.
  • Seguramente el administrador de la aplicación realizará el esfuerzo en familiarizarse con ella y acabe descubriendo todas las prestaciones de esta. Pero ¿Y si cambiamos al administrador? …. pues volver a empezar de nuevo hasta tomarle de nuevo el pulso.
  • Lo peor estaría en el lado del usuario: Ese fantástico –y a veces demasiado extenso–tutorial que ha costado tanto esfuerzo ¿Está pensado para ellos? ¿Se utilizó la terminología que ellos entienden? Atent@s que aquí puede hallarse el éxito o fracaso de una aplicación y también de un servicio, protocolo, etc.

Como ejemplo “la aplicación tiene un “cron” que cada noche lanza una “query” que llama a una “vista” que se llama “Importpatron””.

Si no estamos familiarizados con el tema de servidores eso de “cron” no lo asociaremos a una “tarea programada”, según nuestros conocimiento con el diseño de bases de datos quizás desconozcamos que “query” se refiere a una consulta y que “vista” es una tabla creada a partir de consultar diferentes tablas (¿Tablas?, ¿Qué son tablas? 😉 )  y quizás sí que interpretamos lo de  “importpatron” que deben ser los datos de usuarios importados de otro sistema de información, aunque quizás otro TIC no entienda en concepto ”patron” al que muy probablemente estemos familiarizados los que gestionamos sistemas de gestión bibliotecaria.

Vamos, todo un tema que se podría traducir para el administrador por  “La información de los usuarios es importada cada noche de la base de datos ….. que gestiona el Servicio ….. ” y quizás para el usuario como “La información se actualiza diariamente a las … horas”.

El ejemplo lo he centrado en el entorno TIC, pero si eres TIC no te ofendas, es tan solo un ejemplo. Hace poco encontré  un manual que hice hace casi 10 años sobre cómo realizar el inventario en mi lugar de trabajo y si los que realizan dicha tarea lo entendieron a la primera, se merecen un homenaje.

Me imagino que para minimizar el “gap”  –que no resolverlo– debemos trabajar de modo transversal e interdisciplinar y además de realizar el esfuerzo de ponerse en la “piel” del destinatario y sin olvidar que cuando mejoramos la aplicación, desarrollamos una nueva versión o simples cambios menores deberemos revisar la documentación ya que lo ms probable es que requiera algunos cambios.

Pues,  ¡ya tenemos un nuevo propósito para 2016! 😉

Bien, ya sabéis, cualquier comentario, aportación y mejora de esta entrada será bienvenida. Un poco de “scroll”, y  más abajo tenéis la oportunidad de hacerlo (¿Scroll?, ¿Qué es scroll? 😉

PD: Algun@s sabéis que otra de las cosas que me preocupan es tener que hacer las cosas dos veces, vamos que si la información ya está disponible en un sitio, no volver a entrarla o duplicarla. Si también os preocupa, entonces “rascar” un poco en el tema de Arquitectura REST y APIs, vuestros bibliotecarios y usuarios os lo agradecerán.

Zona de confort

Me gusta observar la biblioteca cuando está a pleno rendimiento. Ayer la infantil estaba llena de adultos, una estampa cuando menos curiosa, todos sentaditos en unas sillas diminutas, en círculo, alrededor de mi compañera Aiala. Al parecer la actividad de lectura que habíamos preparado no estaba funcionando del todo bien: algunos niños venían obligados mientras otros se habían quedado sin plaza. Aiala estaba hablando con los padres para explicarles que necesitábamos el tiempo y la atención que les dedicamos a sus hijos para dárselo a otros que lo aprecien más.

Zona de confortEn el mostrador una señora no disimulaba su alegría cuando Inma le sugería unos cuantos libros que probablemente les gustarían “a ella y a sus amigas” mientras, cómplice, le apuntaba que no había ningún problema si se retrasaba con la lectura. Era la misma usuaria a la que por la mañana no conseguí recomendar ningún libro apropiado y aconsejé volver por la tarde; usuaria que engrosará el club del “¿No está la chica?” con el que saludan las intrépidas que se acercan por las mañanas. ¡Qué pena no haber grabado la retranca del  “Adiós majo” que me dedicó mientras Inma miraba para otro lado para esquivar la carcajada!

La biblioteca es un espacio en el que se producen muchas intersecciones de intereses.  A veces hay que quitar para poder dar, reconocer que no se sabe mientras se intenta ayudar; no todos tenemos las mismas destrezas y es necesario buscar un equilibrio, delegar y confiar en el compañero, hacer y dejar hacer para poder construir esa zona de confort que desean los usuarios y que nosotros necesitamos para poder ofrecer nuestros servicios. Me siento cómodo en la biblioteca porque tengo unos compañeros generosos; para proteger mi zona de confort dejan al perro del hortelano que llevamos dentro a la entrada…junto al mío. Y esa sensación de estar a gusto se transmite; es uno de los intangibles que no podemos medir pero sí valorar.

También me siento cómodo en este blog pero eso, viendo la tropa que me acompaña, no tiene mucho mérito 😉

Tendencia 2013: ayudar a Tomás

Estaba pensando en cómo conocí a Tomás a finales de los ochenta cuando vi entrar al Yoni. Sin darle tiempo a reaccionar me acerqué a él, le tendí la mano y le invite a pasar al despacho.

“Hola, me llamo Fernando. Tú eres Yoni, ¿verdad?. Ya sabes que por las tardes la biblio está a tope y hay gente esperando para usar el ordenador. Me comenta mi compañera que no haces ni caso cuando te pide que cedas el sitio a otra persona y que respondes de malos modos”.

Al Yoni, 18 años, testosterona explosiva, grito fácil, querencia por el acid house que revienta auriculares, le gusta marcar territorio por donde pasa. En la biblioteca encuentra sus dosis de tuenti ahora que han limitado el uso de ordenadores en el KZ y en el Gaztegune. Al Mariano, aunque prefiere el flamenco, no parecen desagradarle los gustos del Yoni ni le intimidan sus formas; creo no equivocarme si aseguro que es el único. Mis compañeras, siempre en busca del equilibrio cuando sobre el mostrador se avalanchan préstamos, búsquedas y prisas, están preocupadas.

”Yoni, no queremos estar todo el día de bronca ni llamar a nadie para que ponga orden, tampoco obligar a presentar el carnet ni limitar el acceso a una hora al día, pero si nos nos ayudas lo vamos a tener que hacer; tendremos que imponer normas restrictivas que nos van a perjudicar a todos… y te habrás quedado sin KZ, sin Gaztegune, sin biblioteca y sin tuenti”.

Nos miramos. Parece que hay acuerdo.

-”Vale, entendido”.

El Yoni y yo tenemos algo en común: una gran crisis nos trajo a la biblioteca (“Si no hay más, contigo Tomás”). Y si nunca imaginé que mi vida laboral estaría allí supongo que tampoco el Yoni entenderá su peregrinaje diario hacia ella. En mi caso, Tomás me descubrió una ocupación que me apasiona. No sé si el Yoni tendrá tanta suerte como yo pero de momento he decidido ayudar a Tomás mientras le explico lo mismo al Alejandro.

Tendencia 2013: No subvenciones un smartphone a tu hijo, cómpratelo

No me extraña que con tanto cambio a Javier Leiva le duela en la biblioteca pensando en qué van a encontrar sus hijos si deciden aparecer por allí. Como él, también estoy preocupado: mira que si lo primero que encuentran es un mostrador custodiado por un tipo con gafas (¡ay, la presbicia!) o una señora con moño, sin un smartphone en el bolsillo o un tablet entre las manos. Vaya, para una vez que se animan a venir, se topan con lo más rancio del modelo anterior sin las prestaciones más innovadoras del nuevo.

Tendencias 2013: smartphone

Cualquier persona que se acerca a nuestros mostradores (todavía muchas, a tenor de las estadísticas) posee la tecnología para descubrir y acceder a la información; sus principales estímulos para seguir acudiendo a las bibliotecas no serán ni la colección ni el catálogo, sino el espacio y, sobre todo, el factor humano (sí, me refiero a tí que estás leyendo estas líneas). El edificio sigue siendo muy importante (y hay que cuidar los detalles: mobiliario adaptado a las nuevas necesidades, ambiente agradable,…a mí personalmente me gustan con posibilidad de café) pero no como espacio físico contenedor y cerrado sino como un lugar de socialización y de tránsito en el que los profesionales facilitarán a las personas la vida en el entorno digital.

La capacitación tecnológica es clave y, hoy por hoy, se consigue con un smartphone en el bolsillo. A diferencia de periodos anteriores, no disponemos de una tecnología específica para bibliotecas sino de una tecnología cotidiana “tuneada” para uso bibliotecario. Negar la mayor y obcecarse en vetar llevar un cacharro de esos por considerarlos una intromisión del trabajo en el ámbito privado nos impide conocer para poder tunear. 

Por favor, cuando vayas a subvencionar el smartphone de tu hijo no te olvides de renovar tu zapatófono. Las gafas y el moño son inevitables (vemos mal de cerca y el pelo recogido es más cómodo), lo de los dispositivos, no. Y eso sí que es preocupante.

Por cierto, Natalia cuenta lo mismo…pero de otra manera 😉

Contrariedad

El otro día participé en un debate. En un momento determinado la presentadora se interesó por la evolución de ese templo del saber en el mundo digital. Ya sé que no es excusa pero no trabajo en un templo y me costó pillar el concepto, qué queréis que os diga. Como estaba también el Leiva  y soy bibliotecario supuse, creo que con acierto, que se refería a la Biblioteca.

En la Sociedad de la Información (casi) nadie pone en duda que debemos utilizar las nuevas tecnologías y todos nos preguntan cómo las usamos. En mi biblioteca-ermita (por seguir con el símil televisivo) de la periferia del imperio bibliotecario se supone que tenemos un plan tecnológico que nos ha llevado al éxito y que justificaba mi presencia en el debate.

– “¿Entonces, cuál es el plan que has aplicado en tu biblioteca?”

– “No lo sé. No existe tal plan”.

En ese tránsito del “Porqué al Cómo” en el que nos hemos instalado desde que apareció el mundo 2.0 actuamos como si necesitàramos creer que la tecnología obrará el milagro gracias al cual la biblioteca recuperará su mítica esencia de institución del saber. Sí, es cómodo caer en la tentación de identificar nueva biblioteca con tecnología y no con cambio de procesos y, sobre todo, de mentalidad. Creo que obviamos que muchas veces nuestro añorado éxito no era tanto debido al género que dispensábamos como al hecho de ser la única tienda (que no templo) del barrio y ahora, lo queramos o no, estamos rodeados de grandes superficies con productos exóticos y precio reducido. Toca especializarse, no hay otra, y necesitamos tener y trabajar un “Para qué” que nos dé personalidad y sentido.

Claro que necesitamos cuadraditos troquelados, ambientes vintage y muros extrovertidos que luzcan bien en las nuevas pantallas de nuestros usuarios pero esas herramientas sin un sentido no garantizan el éxito. Si existe la receta para aprender, innovar y adaptarse yo no la conozco; en mi caso funciona la actitud y la pérdida de tiempo.

La sorpresa que asomó en el rostro de la presentadora, apenas perceptible, apenas un instante, no estaba teñida de contrariedad; eso la delató, no era del gremio.

La evolución del sector: la visión de los profesionales

Nexo, boletín de Doc6

[Biblioblog] Nexo es el boletín informativo que edita Doc6 y desde el que difunde noticias no sólo de sus servicios y productos, sin también sobre innovación, tecnologías aplicables a centros de información y experiencias notables llevadas a cabo en archivos y bibliotecas de todo el mundo. A partir de 2008, con motivo del 20º aniversario de esta empresa, en esta publicación se recogen las prospectivas de profesionales de la información en relación al sector de la información y la documentación. En el número 59 de junio de 2012 se publicó mi opinión sobre la pregunta que los redactores de Nexo realizan sobre las tendencias en nuestros ámbitos. Copio y pego la pregunta y mis respuestas.

¿Cuáles crees que pueden ser las tres principales líneas de innovación en el sector en los próximos años?

Los tres ámbitos hacia los que se debe tender pueden resumirse en: necesidad de la integración de recursos, enriquecimiento de los servicios remotos y aumento del protagonismo real de los usuarios.

En primer lugar, la integración efectiva de los datos de los documentos que una biblioteca posee o tiene contratados (catálogo, repositorio, recursos comerciales, fuentes abiertas) es una demanda que se consigue mediante el empleo de estándares interoperables y tecnologías semánticas. Además, los catálogos y repositorios deben ofrecerse en forma de datos abiertos, para que estén presentes en buscadores académicos y recolectores.

En segundo lugar, los servicios telemáticos son prioritarios, por lo que la información debe adaptarse a todo tipo de dispositivos, plataformas y formatos. En este aspecto, los retos actuales son, por parte de las bibliotecas, la creación de información para dispositivos móviles y, por parte de los editores, la distribución de libros electrónicos que puedan ser tratados en las bibliotecas en las mismas condiciones que un libro impreso.

En tercer lugar, los usuarios serán los protagonistas de la actividad bibliotecaria, incrementando la relación con los mismos a través de las tecnologías participativas, apoyándoles en sus demandas de información y guiándoles en los recursos disponibles.

[El espacio en el boletín no daba para más, pero seguiremos opinando sobre este tema y difundiéndolo desde nuestro Biblioblog]

Sistematizar la imaginación

Parece que (la punta de lanza tecnológica de) bibliotecas y bibliotecarios acabamos de descubrir un nuevo juguete: Pinterest. En solo una semana han aparecido reseñas en Iwetel, Bibliotecarios 2.0, Biblogtecarios y Lectura Lab que enumeran sus posibles usos en nuestros centros.

Hay tics que a los bibliotecarios nos delatan: esa querencia por la sistematización, por tener un esquema y una guía de comportamiento. La lectura de lo que podemos hacer con Pinterest me recuerda un artículo de un tal Jose Antonio Merlo sobre 50 cosas que se podían hacer con internet en la biblioteca…agotador 🙂

Francamente, ¿no os parece candoroso intentar sistematizar qué se puede hacer con la imaginación?

Hay, sin embargo, un aspecto crucial del uso de Pinterest que no he visto reflejado en los post pero sí como comentario al apunte de Tomás Baiget en Iwetel: el asumir con naturalidad que podemos inspirarnos en lo personal y cotidiano para implementarlo en nuestro trabajo. El “subidón Pinterest” refleja que internet es indisociable de nuestras vidas y que el perfil persoprofesional empieza a aflorar en nuestras bibliotecas; tanto que algunos incluso no dudamos en usar nuestra propia cacharrería para dotar a las tecnologías laborales de la imaginación que exigen los nuevos tiempos. ¿Será contagioso?

Esto se anima

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