Contar historias: que gire la rueda

Hola, por si pudiera interesar…

Dada la poca imaginación de esta biblioteca (la mala praxis siempre en primera persona del singular, que somos muy susceptibles…) acostumbramos a martirizar a nuestros lectores con la mismas historias: las novedades, guías de lectura, algunos eventos especiales…; el pdf está muy bien para los folletos en papel pero cuando lo que queremos es que nos hagan caso desde un teléfono móvil (qué menos ahora que nos hemos lanzado a la conquista de las redes sociales) lo que enviamos desanima a cualquiera (sí, confieso, decidí escribir esto cuando en la pantalla del móvil me topé, una vez más, con un tuit bibliotecario que enlazaba a un pdf incrustado en Issuu).

Hay muchas herramientas que nos ayudan a soventar ese problema. Hasta que dejó de existir nos gustaba utilizar Storehouse porque permitía combinar texto, fotos y vídeos de una manera muy sencilla y con un resultado visual muy llamativo; también porque no exigía del lector darse de alta ni descargarse ninguna aplicación para ser consultada -algo sobre lo que ya reflexionó @narroyo -. Su defunción en julio de 2016 nos dejó huérfanos.

Hemos aprovechado las navidades para buscar sustitutos y hemos encontrado dos posibles candidatos.

Myalbum (ejemplo)

Ambas son muy fáciles de usar y (muy importante) se adaptan a todo tipo de pantallas. Otra herramienta que nos parece muy aprovechable es Storify.  Dice @jguallar en Curación de contenidos en bibliotecas mediante plataformas social media:

“Otro de los programas  más conocidos para hacer CC es Storify. Tiene una altísima flexibilidad y por ello enormes posibilidades para el sense making, al permitir integrar todo tipo de contenidos de la Web y de las redes sociales con comentarios propios, y crear un hilo narrativo como si se tratara de un artículo que incorpora piezas extraídas de Twitter, blogs, webs, etc. Ello le ha hecho bastante popular en determinados ámbitos como el del periodismo digital. Sin embargo, quizá debido a esas altas posibilidades narrativas, apenas se ha visto su uso por parte de bibliotecas. En el caso de éstas, casi siempre vinculado a la narración de actos que han tenido lugar en la institución o en los que la biblioteca ha intervenido, aunque también se ven algunos ejemplos de otros usos.”

Vale, emplear Storify para hacer un boletín de novedades es como poner al cocinero jefe a pelar patatas pero…queda tan bonito (y amigable) cuando se ve en una pantalla pequeña…;-)

https://storify.com/bibmus/otsailean-irakurtzeko

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“Roda”. Joan Brossa —1969-1989 Poema-objeto 114 x 114 x 30 cm Colección MACBA. Consorcio MACBA. Fondo Joan Brossa. Depósito Fundación Joan Brossa

Moraleja: Ya sabemos que no somos originales ni en lo que contamos ni en el uso de la tecnología pero no es necesario descubrir la rueda todos los días, a veces es sufuciente con hacerla rodar de vez en cuando…

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Aprender a mirar, enseñar a mirar la biblioteca (II)

Aprender a mirar, enseñar a mirar (I)

¿Qué es la biblioteca? Pigmentos y trazos

La naturaleza cambiante de los documentos (tablillas, papiros, pergaminos, papel, bytes) y sus condiciones de acceso condicionan nuestro concepto de biblioteca, bibliotecario y usuario. Con la digitalización el documento pierde el soporte y estas definiciones la consistencia; colección, usuario y bibliotecario adquieren un significado diferente que nos hacen cuestionar lo que es y debe ser la biblioteca y cuál será nuestro papel. Recurrir a la biblioteca porque es el lugar donde se encuentran los libros (todavía nuestro mayor activo) se agota; conseguir que los ciudadanos nos sigan considerando opción para obtener información es cada vez más complicado y no creo que estemos en disposición de transformarnos en un “makerspace” sin libros de la noche a la mañana. ¿Dónde se encuentra la esencia de la biblioteca que queremos ofrecer?, ¿tenemos que rellenar con tecnología los huecos dejados por los libros que no vamos a comprar?, ¿seguirá siendo la lectura nuestro eje vertebrador?, ¿hacia dónde debemos dirigir la mirada ahora que el libro parece no tan importante?

Nos gusta imaginar las futuras bibliotecas como espacios dinámicos y abiertos, transitados por personas que utilizarán la tecnología para aprender, hacer y enseñar. A mi también, y creo que estará a nuestro alcance si apostamos por abandonar nuestra zona de confort para superar dinámicas consideradas consustanciales. Y a veces no será fácil:

queja

Queja sobre el funcionamiento de la biblioteca enviada al ayuntamiento de Muskiz  y contestación a la misma.

“Buenos días! En el día de ayer 17/05/2016 me encontraba junto a otras personas en la biblioteca y llegaron unos chavales montando bastante jaleo. Le dijimos a la encargada de la biblioteca que por favor les dijera algo ya que en una biblioteca una de las normas es estar en silencio y más que nada por respeto a las personas que allí nos encontrábamos. La respuesta que nos dió fue inaudita: que si necesitábamos silencio nos fuéramos al aula de estudio que hay habilitada al lado. Por supuesto abandonamos la biblioteca varias personas, pero no es justo que las personas que cumplimos las normas seamos las que tengamos que abandonarla porque los responsables no hagan su trabajo.

Un saludo”

“Hola A, muchas gracias por hacernos llegar tu queja.

Los espacios bibliotecarios son, hoy en día y por méritos propios, unos de los principales espacios comunitarios de las sociedades contemporáneas. Esta socialización basada en la igualdad de acceso a los recursos de información y de conocimiento ha permitido incorporar nuevos perfiles de usuarios y también nuevas formas de usar, entender e interactuar con la biblioteca. Estas nuevas formas de uso de la biblioteca han añadido a  las mismas una nueva variable: la gestión del ruido. El silencio es un servicio que la biblioteca ofrece pero no garantiza.

La biblioteca de Muskiz es un espacio al que a diario acuden muchas personas y los responsables intentan dar el mejor servicio conciliando todas las necesidades: hay personas que necesitan estudiar, otras conectarse a internet, muchos niños vienen al club de lectura, adultos a por libros…la variedad de tareas a realizar por el personal de la biblioteca es muy variada, entre ellas mantener el orden. Conseguir un equilibrio que satisfaga a todos es difícil.

En esta biblioteca no hay ninguna norma sobre la obligatoriedad de estar en silencio pero, sabedores de su importancia para el estudio y la lectura, tenemos una sala de estudio en la que, ahí sí, hay que respetar el silencio.

Ayer por la tarde pasaron por la biblioteca 75 personas, sobre las 17:00 habría unas 40, y en ningún momento hubo “jaleo” aunque sí ruido. Al ver que empezaba a haber muchas personas usando nuestros servicios nos limitamos a recordar a los usuarios que necesitaban silencio que tenían a su disposición la sala de estudio.

Atentamente

Fernando Juárez. Bibliotecario”

Los automatismos delatan que seguimos muy condicionados por cómo hemos interiorizado lo que debía ser una biblioteca. Los profesionales nos sentimos cómodos en el tradicional y poco conflictivo ecosistema colección-estudio-silencio, nos sigue preocupando más la integridad y la salvaguarda patrimonial que la difusión (estoy pensando, por ejemplo, en las políticas de préstamo con sus multas y sanciones); los usuarios nos siguen viendo como suministradores de libros, de información (… aunque pueden recurrir a agentes tecnológicos que están mejor preparados para suministrar datos) y de un espacio de silencio. No creo que consideren (consideremos) que su papel en la biblioteca vaya más allá de usar el wifi, sentarse y pedir un libro.

Si nuestra propuesta se estanca en el monocultivo libro-estudio-silencio el uso de la biblioteca será muy estacional, perderá la atención de los usuarios y nuestro papel profesional será irrelevante/prescindible. Para el futuro  imaginado necesitaremos superar estereotipos, alterar inercias y evitar perdernos buscando altamiras tecnológicas* (tan inalcanzables para la mayoría de las bibliotecas en el entorno digital como anteriormente en el analógico). Por eso me gusta la idea de bibliotecas como espacios demandados (y financiados) por la comunidad, acondicionados, administrados y orientados por bibliotecarios y dedicados a la creación de conocimiento para mejorar la vida de la comunidad a la que sirven que nos propone David Lankes. Me gusta por el protagonismo que concede a las personas (profesionales y usuarios), por la confianza que muestra en nuestras posibilidades. Bajo su punto de vista las colecciones (o la tecnología) no son la finalidad sino la herramienta para conseguir un propósito superior: mejorar la sociedad a través de la creación de conocimiento. Y apunta hacia dónde dirigir la mirada: “no estamos en el negocio de la información; estamos en el negocio del conocimiento lo cual nos sitúa en el negocio de la conversación”.

Conformar y organizar una rica y variada colección, crear servicios de búsqueda y referencia, asesorar a los lectores, facilitar el acceso a recursos, proporcionar un ambiente adecuado y seguro, motivar a las personas… son acciones al alcance de todo tipo de bibliotecas que nos permiten aprovechar las inercias de nuestro pasado-presente (con las que nos sentimos cómodos) para facilitar esa creación de conocimiento que hará que nuestras comunidades estén mejor preparadas. Francamente, lo de crear conocimiento me parece un poco pretencioso pero sí que podemos mejorar la comunicación con nuestros usuarios y propiciar un ambiente distendido que facilite esa conversación que tal vez se convierta en el germen del conocimiento. La receta: alterar las inercias y aprender-enseñar a mirar la biblioteca de otro modo.

Alterar las inercias

Cuando empecé a trabajar en la de mi pueblo sabía qué caracterizaba una buena biblioteca y buscaba ofrecérsela a mis usuarios. Consideraba, como la mayoría que nunca se ha acercado a una, que era un combinado de libros (muchos, buenos y variados) y (extremo) silencio para propiciar el estudio, la lectura y la reflexión. Aunque construir una gran colección se escapaba de nuestro presupuesto sí podíamos (y debíamos) al menos salvaguardar el silencio. Y, ya es mala suerte, nuestra biblioteca tenía una puerta con una ventana de cristal por la que se asomaban a curiosear los que acudían a otros servicios de la casa de cultura. Me molestaba sobremanera que, tras el fisgoneo, los más osados entrasen a saludar a algún conocido o incluso a mí, ¡el bibliotecario!… Mi primera decisión profesional importante fue ordenar cambiar la puerta.

La puerta es la primera toma de contacto que proponemos y condiciona nuestra comunicación. Si es opaca aísla, encapsula el espacio, no invita a entrar a quien no tenga algo concreto que hacer dentro. La disposición del espacio, el mobiliario, la señalización también anticipan qué podemos esperar y cómo debemos comportarnos. En nuestra biblioteca nada invitaba a entablar una conversación que no veíamos necesaria; quien traspasaba la puerta susurraba para no alterar el silencio. Esa era la realidad ajustada a cómo entendíamos y definíamos la biblioteca.

Internet nos ha cambiado. Empezamos a vislumbrar que tal vez exista una biblioteca sin papel pero no sin personas. La colección, sea de la naturaleza que sea, sigue siendo nuestro mayor activo y ,tal y como la entendemos ahora, para mejorarla necesitamos ser visibles y animar a participar por muy ruidoso que sea. Tras veinte años buscando y forzando el recogimiento lo primero que hicimos al reformar la biblioteca fue cambiar la puerta por una totalmente diáfana, de cristal. El cristal nos hace más transparentes, ensancha el espacio, anima a entrar, invita a conversar. Esa es la realidad ajustada a cómo entendemos y defendemos ahora la biblioteca.

Aprender a mirar, enseñar a mirar

¿Qué pensamos de alguien que acude a la biblioteca? La mayoría convendremos en que necesita algo que la biblioteca (nosotros) le puede ofrecer y creo que estamos en lo cierto (probablemente los usuarios tendrán una opinión parecida). Sin embargo, esa manera de mirar y entender lo que sucede (el usuario pide, nosotros damos) condiciona los roles (nos otorga un mando en plaza que acentúa la pasividad del usuario), encorseta los servicios y nos sitúa en un plano divergente al futuro imaginado.

Hemos comentado que la naturaleza cambiante de los documentos condiciona nuestro concepto de biblioteca, bibliotecario y usuario. ¿Y si nos planteásemos, dada esa naturaleza cambiante, que quien viene a la biblioteca es un potencial documento que podría enriquecer la colección? Quien necesita información implícitamente nos está diciendo que ese tema por el que pregunta le interesa, que quiere/necesita aprender más y que, probablemente, pueda tener cierto dominio sobre él. ¿Cómo sabremos si quien viene a pedir nos puede dar?, ¿cómo hacemos saber al usuario que tiene un conocimiento que nos interesa? Actuando como los arqueólogos con los espeleólogos: enseñando a nuestros usuarios esta nueva manera de entender su protagonismo en la biblioteca, diciéndoselo con hechos. Nos ayudará ser menos estrictos con el silencio, ser proactivos preguntando, pidiendo la opinión, animando a que las personas que acudan a la biblioteca crucen palabras, se conozcan. La conversación (formal o informal, presencial o virtual) es una actividad gratificante que crea un clima de complicidad que animará a compartir ideas, pedir ayuda, y , porqué no, a crear nuevos contenidos.

Replantear la comunicación, actualizar lo que hasta ahora entendíamos como “puntos de contacto” (el edificio en horario determinado), reconsiderar jerarquías, crear el entorno adecuado para posibilitar múltiples conversaciones (profesional-usuario, profesional-profesional, usuario-usuario) es lo que diferenciará una biblioteca suministradora de información, inviable en la sociedad conectada, de una biblioteca que aspira a mejorar la comunidad. Nuestra actitud mostrará este cambio en el modo de entender y hacer. Lo de la creación de conocimiento, si tiene que llegar,  ya llegará.

Este escrito recoge a grandes rasgos las ideas que quise transmitir durante mi intervención en las Jornadas Transferencias II (Madrid, 11 y el 12 de marzo de 2016) y acaba de ser publicado en el Boletín de ANABAD.

 

* “si ha lugar redefinir la biblioteca para el futuro, cosa que ciertamente tiene sentido hacer, no ha de ser a partir de un nuevo marco tecnológico sino, de un marco sociológico, e incluso me atrevería a decir antropológico.Olvidemos los soportes documentales y preguntémonos qué necesidades cubría y qué necesidades debe cubrir la biblioteca” Anglada, Lluís . Rellenando espacios: las bibliotecas como tejido conector en una sociedad densa = Filling in spaces: libraries as connecting tissue in a dense society., 2016 In: Bibliotecas 2029 : Documentos de las Jornadas “Bibliotecas 2029”. Murcia: ANABAD, pp. 79-83. [Book chapter] [fecha de acceso 17 Junio 2016]

 

Muchas gracias / Mila esker / Moitas grazas / Moltes gràcies

*Nota del @ferjur para entender el texto. En Euskadi funciona un servicio de préstamo interbibliotecario (financiado por el Gobierno Vasco) que junto con el catálogo unificado y el carnet único han ayudado (bajo mi punto de vista) a mejorar la calidad del servicio ofrecido. Por diversas razones (carga de trabajo extra que no se puede/quiere asumir, considerar que el esfuerzo presupuestario propio debe revertir exclusivamente en la propia biblioteca y sus vecinos, desacuerdo con las “reglas de juego” mínimas…) no todos pensamos lo mismo.

La biblioteca de Muskiz ha experimentado un gran salto de calidad gracias al apoyo de esas bibliotecas que han apostado por el préstamo interbibliotecario y quería dar las gracias. Aprovecho el mensaje que hemos enviado a nuestros colegas de las bibliotecas de Euskadi para volver a visitar este blog.

 

img_0183Mila esker / Muchas gracias

Desde que empecé a trabajar mantengo una hoja de cálculo en la que apunto asistencias y préstamos. Sí, la biblioteca es algo más (“mucho más” nos gusta pensar) que lo que insinúan esos dos indicadores pero los considero un buen termómetro. A 1 de enero nuestro reto es superar la cifra del 31 de diciembre y cada final de año me entretengo, más de lo razonable, contando los préstamos que faltan o sobran para lograr el objetivo. 11.724 marcaba la casilla final en 2015; a pesar de recortes y paradigmas digitales, para este 26 de diciembre ya habíamos trasegado más de 11.724 libros, revistas, películas y saludos.  Como en años anteriores, el logro sería inalcanzable sin el préstamo interbibliotecario (el 5% de esos préstamos, unos 620 ítems. Mapa de procedencia).

Nunca me había planteado lo que supondrían en dinero los servicios que prestamos; incluso ahora que  necesitamos  demostrar que no somos gasto sino inversión miro con escepticismo las cuentas que realizamos sobre la biblioteca (si desconfío de las estimaciones que se hacen cuando hablan del monto de la piratería digital cómo no hacerlo de las que realizamos sobre el valor económico de nuestros servicios). Aún así, para poder hablar en el mismo registro que utilizan mis políticos cuando me tocan los presupuestos, recurro a la calculadora bibliotecaria que han preparado nuestros colegas navarros: a ver, 12,90 € el préstamo del libro, 1,92 € las revistas, 2,63 € las pelis, 8,74 los cds… por 11.7ymuchas transacciones en 2016… unos 100.000 € de servicios prestados y no cobrados. El 5% del préstamo realizado en Muskiz gracias al aporte de otras bibliotecas ha permitido ahorrar/sobredimensionar/ofrecer servicios adicionales por un valor de 7.740 € (más que el presupuesto asignado para compras de fondos en 2016).

Me parece que las cifras (necesarias aunque no sé si creíbles…concedámonos el beneficio de la duda) no reflejan toda la realidad. El préstamo de un libro, más allá del argumento del (hipotético) retorno de la inversión que podemos emplear para negociar presupuestos, nos ofrece la oportunidad de conversar y “exponer/mostrar/vender” un renovado concepto de biblioteca (ahora que estamos tan necesitados de demostrar “valor”). Y sabemos (porque así nos lo hacen saber los lectores) que cuando lo que prestamos viene de otras bibliotecas la satisfacción aumenta, se modifica (para bien) nuestra imagen y la creación de valor se multiplica. El valor es un intangible que depende de los estados de ánimo…

Muchas veces nos preguntan sobre los mejores servicios bibliotecarios; siempre apunto tres:
– la amabilidad de l@s profesionales (el factor humano),
– el wifi abierto y sin contraseñas (oferta tecnológica amigable y flexible)
– el préstamo interbibliotecario (esa cooperación que permite el reescalado de nuestros servicios).

La combinación de los tres hace que quien entra en una biblioteca, bien como usuario, bien como profesional, se sienta cómodo. La amabilidad y el wifi corren de mi cuenta, el préstamo interbibliotecario de la vuestra. Y por eso quiero daros las gracias.

Gracias porque nos ayudáis a paliar las deficiencias presupuestarias, a gestionar mejor nuestro fondo, a mover libros que no sabíamos que estaban en nuestras baldas, a recibir felicitaciones por hacer nuestro trabajo; gracias porque estamos haciendo sentirse especial al usuario que espera un libro, una película  y se alegra con el mensaje  que le anuncia que ya ha llegado y que, cuando quiera, puede pasarse por la biblioteca; gracias por ese vecino que ha vuelto porque le han comentado que si necesita un libro los de la biblioteca se lo traen de donde haga falta; gracias porque nos demostráis que se puede ser parte de una gran biblioteca (la mayor de Euskadi, no lo olvidemos) sin perder personalidad, autonomía e idiosincracia; gracias porque asumís un trabajo extra en vuestra ya de por sí saturada jornada. ¡Ah! y gracias por esa lección de “Reciclaje aplicado al embalaje de libros” que me dispongo a poner en práctica para devolver lo que os debo 🙂

Feliz año nuevo / Urte berri on

Aprender a mirar, enseñar a mirar la biblioteca (I)

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Panel con representaciones figurativas de Lumentxa (foto: SINC http://www.agenciasinc.es/Noticias/Descubiertas-pinturas-rupestres-en-la-cueva-de-Lumentxa)

Me sorprendió la noticia del descubrimiento realizado en la cueva en la que estuve de excavaciones hace años. Recuerdo que al inicio de cada campaña recorríamos infructuosamente su interior en busca de pinturas o grabados. No supimos ver, a pesar de tenerlos allí mismo, el caballo y el bisonte que veinte años después han descubierto el mismo grupo investigador responsable de los hallazgos que se están dando a conocer en las cuevas de la zona. Sorprende que muchos de estos descubrimientos de arte paleolítico se hagan en cavidades ya conocidas e incluso excavadas por arqueólogos.

Detrás de los hallazgos que están rellenando el “vacío vasco” (entre los especialistas se conoce así a la ausencia de arte rupestre entre el suroeste de Francia y la Región Cantábrica, algo cuanto menos curioso al ser esta zona el nexo de unión entre ambos territorios) encontramos una nueva estrategia de estudio: mirar de manera diferente las paredes de las cuevas.

Pensar que todo el arte rupestre tenía que ser tan espectacular como el de los grandes santuarios nos impidió ver una realidad que, simplemente, variando la mirada quedaba al descubierto; una pequeña mancha de pigmento, un trazo grabado en la pared no tienen la espectacularidad de los bisontes bien perfilados pero indican la posible existencia de manifestaciones artísticas. Dentro de esta nueva estrategia los arqueólogos están también  “enseñando a mirar” a los espeleólogos, verdaderos descubridores y conocedores de las cavidades, quienes, preguntados por no haber reparado en la presencia de pinturas y grabados en cuevas que frecuentaban, confesaban que es difícil fijarse en un pigmento cuando estás buscando altamira.

Hasta hace no mucho nuestros santuarios eran esas bibliotecas de presupuestos generosos, plantillas amplias y grandes colecciones situadas en edificios emblemáticos. Los profesionales buscábamos replicar, en la medida de nuestras posibilidades, lo considerado canónico en todo tipo de bibliotecas: buena selección de documentos, descripción y clasificación normalizada para facilitar su recuperación, espacio optimizado para albergar una colección cuanto más amplia mejor, estrictas normas de preservación y, ya puestos, de consulta. El objetivo tal vez fuese facilitar el acceso a una información escasa pero la fortaleza de la biblioteca a la que aspirábamos era la colección con el libro como centro de todos los servicios.

Producir y distribuir información digitalmente está transformando nuestros santuarios. Los libros impresos, aún siendo muy importantes, ceden presupuesto, espacio y esfuerzos a nuevas propuestas que también condicionan nuestra mirada. Se nos invita a olvidar lo que pensa(ba)mos y a cambiar las reglas: la esencia de la biblioteca parece residir en la apropiación y uso de la tecnología en un espacio que necesita quitar baldas, volverse más informal e incluso renunciar al papel. ¿Informal y sin papel? ¡Pero si llevamos siglos ensalzando y defendiendo la necesidad del comportamiento ordenado, del silencio, del libro como piedra angular y eje de nuestra actividad!

Continuará… (o eso espero).

Creo que así comenzaré mi conversatorio con Gonzalo Moure en el V Seminario Internacional de Bibliotecas Públicas: “Leer el Futuro”

 

De cuando esas cosas que a veces te preocupan descubres que tienen nombre y apellido

Saludos de nuevo, volvemos de nuevo al blog después de una larga temporada de letargo. Espero que entre post y el siguiente el intervalo no sea tan largo. ¡Venga!, al grano:

Uno de los aspectos que siempre me ha preocupado ha sido el que cualquier aplicación, web, base de datos, temas en los que yo esté implicado, etc. quede bien documentada para las “generaciones futuras”.  Aunque si soy sincero, en realidad es que las personas de tu equipo lo dejen bien documentado por si tengo que enfrentarme al producto y resulte que mi conocimiento sobre cómo está hecho sea limitado.

Eso lo ha sufrido en sus carnes el amigo David Maniega durante los años que trabajamos juntos: David como webmaster y desarrollador cerraba un proyecto y con la presión ya se metía en otro. Yo le insistía en que debía documentarlo todo por si en su ausencia debía enfrentarme a todo eso que desarrollaba. Bien, en realidad se lo decía de modo más coloquial: que si lo atropellaba un autobús yo que quedaba “colgado” con la aplicación.  Aunque debo reconocer que con el tiempo me familiaricé con su modo de trabajar y sin documentación podía deducir porqué lo había hecho de un modo y no de otro 😉

Volviendo al tema de este post: Unos días antes de cerrar el 2015 asistí a un interesante curso sobre Arquitectura REST y APis, pero tranquil@s, no voy a disertar sobre conceptos marcianos, ni REST ni APIs, no sufran.

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Imagen: Pixabay  CCO Public Domain

Pero en las conclusiones, Alex Muntada que impartía el curso apuntaba que la peor pesadilla sobre las API y el diseño de una API REST era la documentación: que en general es mala, obsoleta, errónea o inexistente.  Y gracias a esto descubro el concepto de “Semantic Gap”, que tal como lo describe Wikipedia hace referencia a la diferencia entre lo que se describe y lo que se interpreta al utilizar “lenguajes” distintos.

Y salvando las distancias entre este concepto tecnológico y llevándolo a nuestro terreno, me atrevo a afirmar que esto también nos sucede a nosotros. Imaginémonos el siguiente caso:

  • El equipo TIC, desarrolla una aplicación que debe ser administrada por nosotros y utilizada por nuestros usuarios
  • La documentación –y los comentarios dentro del código– estarán probablemente redactados en un lenguaje “marciano” para la mayoría de nosotros pero entendible para los miembros del equipo TIC.
  • Y si los desarrolladores elaboran la documentación para el administrador de la aplicación y para el usuario final, lo más probable es que suceda algo similar: en un lenguaje no tan “marciano”, pero probablemente de difícil comprensión.
  • Seguramente el administrador de la aplicación realizará el esfuerzo en familiarizarse con ella y acabe descubriendo todas las prestaciones de esta. Pero ¿Y si cambiamos al administrador? …. pues volver a empezar de nuevo hasta tomarle de nuevo el pulso.
  • Lo peor estaría en el lado del usuario: Ese fantástico –y a veces demasiado extenso–tutorial que ha costado tanto esfuerzo ¿Está pensado para ellos? ¿Se utilizó la terminología que ellos entienden? Atent@s que aquí puede hallarse el éxito o fracaso de una aplicación y también de un servicio, protocolo, etc.

Como ejemplo “la aplicación tiene un “cron” que cada noche lanza una “query” que llama a una “vista” que se llama “Importpatron””.

Si no estamos familiarizados con el tema de servidores eso de “cron” no lo asociaremos a una “tarea programada”, según nuestros conocimiento con el diseño de bases de datos quizás desconozcamos que “query” se refiere a una consulta y que “vista” es una tabla creada a partir de consultar diferentes tablas (¿Tablas?, ¿Qué son tablas? 😉 )  y quizás sí que interpretamos lo de  “importpatron” que deben ser los datos de usuarios importados de otro sistema de información, aunque quizás otro TIC no entienda en concepto ”patron” al que muy probablemente estemos familiarizados los que gestionamos sistemas de gestión bibliotecaria.

Vamos, todo un tema que se podría traducir para el administrador por  “La información de los usuarios es importada cada noche de la base de datos ….. que gestiona el Servicio ….. ” y quizás para el usuario como “La información se actualiza diariamente a las … horas”.

El ejemplo lo he centrado en el entorno TIC, pero si eres TIC no te ofendas, es tan solo un ejemplo. Hace poco encontré  un manual que hice hace casi 10 años sobre cómo realizar el inventario en mi lugar de trabajo y si los que realizan dicha tarea lo entendieron a la primera, se merecen un homenaje.

Me imagino que para minimizar el “gap”  –que no resolverlo– debemos trabajar de modo transversal e interdisciplinar y además de realizar el esfuerzo de ponerse en la “piel” del destinatario y sin olvidar que cuando mejoramos la aplicación, desarrollamos una nueva versión o simples cambios menores deberemos revisar la documentación ya que lo ms probable es que requiera algunos cambios.

Pues,  ¡ya tenemos un nuevo propósito para 2016! 😉

Bien, ya sabéis, cualquier comentario, aportación y mejora de esta entrada será bienvenida. Un poco de “scroll”, y  más abajo tenéis la oportunidad de hacerlo (¿Scroll?, ¿Qué es scroll? 😉

PD: Algun@s sabéis que otra de las cosas que me preocupan es tener que hacer las cosas dos veces, vamos que si la información ya está disponible en un sitio, no volver a entrarla o duplicarla. Si también os preocupa, entonces “rascar” un poco en el tema de Arquitectura REST y APIs, vuestros bibliotecarios y usuarios os lo agradecerán.

La sinrazón del canon por préstamo bibliotecario

rd624canonEl gobierno español considera que los servicios bibliotecarios públicos restan ingresos a los autores. A partir de este planteamiento, ha aprobado una normativa perjudicial para las bibliotecas que obliga a sus titulares a pagar tasas por los servicios de préstamo. El 1 de agosto de 2014 se publicó el Real Decreto que “desarrolla el derecho de remuneración a los autores por los préstamos de sus obras”, con el que cumple con lo adelantado en la Ley de la lectura, del libro y de las bibliotecas de 2007 y mediante el que atiende la reivindicación de determinadas sociedades de gestión de derechos, que han mostrado su queja constantemente en los órganos ministeriales españoles y en las oficinas europeas competentes. El real decreto identifica a las bibliotecas y otros centros de información con organismos que menoscaban los ingresos de los autores. Se trata de una imposición legal que confunde derechos con intereses y que consolida un despropósito que tendrá una repercusión perniciosa en el desarrollo de los servicios públicos. La crítica a esta normativa puede basarse en argumentos objetivos, que se desgranan en este texto y que parte de dos afirmaciones incontestables: los autores deben ser remunerados por sus obras y las bibliotecas benefician a los autores. Es un error considerar a las bibliotecas como entidades que perjudican económicamente a los autores, al igual que es inaceptable sobrecargar a las entidades que prestan servicios bibliotecarios públicos con tasas que menguarán sus presupuestos y que impedirán el cumplimiento correcto de sus actividades sociales, educativas y culturales. En los siguientes párrafos defiendo la derogación del real decreto y el consenso en un sistema global de remuneración de la creación por el uso público que se hace de la misma, que realmente beneficie a los autores y que no perjudique a los servicios bibliotecarios y similares.

¿Por qué la remuneración por préstamo?

La compensación por préstamo de obras en establecimientos públicos ha sido una reclamación de las sociedades de gestión en la última década. La progresiva facilidad para el almacenamiento de contenidos en soporte digital y la diversificación de los formatos en las colecciones de las bibliotecas puso en alerta a los representantes de los autores para establecer mecanismos mediante los que las entidades titulares de las bibliotecas pagaran por los posibles perjuicios causados a los autores. La acción de las sociedades de gestión dio sus frutos en Europa y se aprobó una directiva sobre derechos de alquiler y préstamo, que se toma como base para que cada país regule al respecto. La directiva europea tiene una finalidad protectora para las obras sonoras y multimedia, pero por extensión para cualquier recurso prestable en una biblioteca. Desde la aprobación de la directiva europea, los estados de la Unión han modificado sus legislaciones de propiedad intelectual, en función de lo que políticamente hayan decidido los respectivos gobiernos, porque, si bien la directiva reafirma el derecho de remuneración a los autores por alquiler y préstamo, también admite que sean los estados quienes decidan cómo se determina (Art. 6.1), que se exima a determinados establecimientos (Art. 6.3) y que permite, incluso, que no se legisle al respecto, siempre y cuando se establezca una remuneración (Art. 6.2).

Los gobiernos españoles siempre se han mostrado favorables a regular en favor de las sociedades de gestión, estableciendo cantidades para la aplicación de sus normas y repercutiendo el pago en las entidades titulares de los “establecimientos públicos”, o sea, de las bibliotecas públicas, principalmente. La secuencia histórica se inicia con el directiva europea (2006), continúa con la incorporación de la remuneración por préstamo en la Ley de la lectura, del libro y de las bibliotecas (2007) y sigue con el reciente real decreto sobre el derecho de remuneración por los préstamos (2014). La ley de 2007 preveía el desarrollo de este real decreto a fin de desarrollar procedimientos y cuantías (Art. 37.2). No obstante, desde la ley de 2007 algunas sociedades de gestión han comenzado a cobrar por estos conceptos y siguen haciéndolo hasta la fecha. Por ejemplo, CEDRO informa en su memoria de 2013 que ingresó 0,17 millones de euros por este concepto, al tiempo que muestra su queja porque “La mayoría de las instituciones obligadas al pago no hacen efectiva su responsabilidad” (Memoria CEDRO 2013). La negativa de las instituciones públicas a pagar es lógica, ya que la normativa es contradictoria y la representación de los autores no está unificada.

Aquí está el tan esperado, para algunos, real decreto de desarrollo de la ley. Otros, estamos deseando la siguiente normativa que modifique la recientemente aprobada, que deje de identificar a las bibliotecas como perjuicio para los autores y que defienda que las bibliotecas -públicas y educativas por igual- son centros de promoción de la creación y, por tanto, generadoras de bienes educativos, culturales y, como no, económicos. Los reales decretos también se modifican y derogan. La próxima normativa debe premiar a las bibliotecas por hacer bien su trabajo, no castigarlas por ello.
Lo cierto es que desde el 2 de agosto de 2014 las entidades que ofrecen obras en préstamo están obligadas a pagar un canon como “contrapartida al perjuicio causado a los autores derivada de la utilización de sus obras en establecimientos accesibles al público sin necesidad de autorización”, según dice el preámbulo de la nueva norma legal. Los legisladores dan por hecho que las bibliotecas causan un perjuicio a los autores, aunque la justificación siempre es que España tiene que transponer la normativa europea en la nacional y que es el Parlamento Europeo y el Consejo de la Unión quienes obligan a remunerar. Esto es una verdad a medias, ya que la reglamentación europea simplemente indica que hay que buscar sistemas de remuneración, pero son los estados miembros quienes decidirán cómo se aplica y a quién afecta, algo lógico, ya que los sistemas de financiación de las bibliotecas son diferentes según los países. Si las bibliotecas españolas no cobran por sus servicios ¿cómo van a pagar por ellos? Teniendo en cuenta que más del 85 % de las bibliotecas españolas son financiadas por entidades públicas, se podría haber optado por una sencilla opción legal: negociar licencias nacionales con las sociedades de gestión; sin embargo, se ha decidido una solución compleja, en la que se traspasan más obligaciones a las administraciones, sin ir acompañadas de presupuestos complementarios para apoyar estas nuevas “competencias”. El resultado es que las administraciones deben pagar un canon por disponer de bibliotecas activas y este canon se deberá soportar con los presupuestos propios, presumiblemente los mismos con los que se financian las bibliotecas para su personal, adquisiciones y actividad.

Los errores de la nueva norma

El real decreto 624/2014 llega en un momento inoportuno, se ha aprobado sin la interlocución necesaria y presenta dificultades técnicas, por lo que será de muy difícil aplicación. Las bibliotecas públicas españolas, las afectadas por el canon, disponen cada año de menos presupuesto para adquisiciones. Según la Estadística de Bibliotecas del INE, en 2012 las bibliotecas públicas gastaron cerca de 41 millones de euros en nuevos fondos; cantidad alejada de los 52 millones invertidos en 2010 y de los 64 millones de 2008. Imponer una tasa a las bibliotecas públicas es obligarlas a reducir aún más su volumen de adquisiciones. Lo justo hubiera sido que las autoridades ministeriales hubiesen consensuado una propuesta con los representantes de las entidades que disponen de bibliotecas y que tendrán que soportar los efectos de la nueva obligación. Existen los suficientes órganos colegiados como para haber establecido una norma acorde a los intereses de todas las partes. La falta de acuerdo provoca que se haya aprobado un procedimiento estudiado al céntimo por quienes se beneficiarán principalmente de la nueva normativa: las sociedades de gestión. En el momento en que los representantes de los autores expliquen cuál será el criterio de reparto “objetivo, proporcional y de público conocimiento”, al que les obliga el real decreto (Art. 8.2) y sepamos además las cuantías que obligan a pagar a las bibliotecas y si se detraen de sus presupuestos, podremos conocer quienes son los perjudicados y quienes los beneficiados. De momento, los únicos beneficiados son los recaudadores, las sociedades de gestión de derechos de autor.

La aprobación del real decreto de remuneración por préstamo bibliotecario es, en mi opinión, un gran error político, que significa una concepción equivocada de los servicios públicos y la incomprensión de la función de los mismos, pero sobre todo es un despropósito por varios motivos:

  • Incoherencia en la responsabilidad del pago. La repercusión del pago en los organismos titulares de las bibliotecas reducirá el presupuesto de las bibliotecas. El real decreto exime a las bibliotecas de centros educativos, independientemente de que sean públicas o privadas, para “garantizar la plena efectividad del derecho a la educación” (Preámbulo), olvidándose de que la biblioteca pública actúa como biblioteca escolar y universitaria. Ni se puede dar el mismo trato a los centros privados que a los públicos ni se debe negar la función educativa de la biblioteca pública. Por otra parte, los autores están representados legalmente en España por cuatro sociedades de gestión, más otras cuatro que agrupan a productores o intérpretes. ¿A quién se debe pagar? Hay que tener en cuenta que tanto la directiva europea como la legislación española de propiedad intelectual permiten que los autores decidan cómo se difunden sus obras y que puedan autorizar el préstamo público de su creación, por lo que también hay que arbitrar el procedimiento para no pagar por obras autorizadas y por aquellas que son de dominio público.
  • Dificultad del cálculo de las tasas. El real decreto cuantifica el canon por obra y por usuario. La tasa y los plazos están determinados. Se deben tener en cuenta las obras con derecho de autor que son adquiridas para préstamo (Art. 7.3) y los usuarios que han hecho uso efectivo del servicio de préstamo (Art. 7.4). La norma exime del pago, en determinadas circunstancias, a los usuarios con discapacidad y, por lo tanto, los préstamos que realicen (Art. 3c). Los datos los debe aportar la administración titular de la biblioteca (Art. 7.1), por lo que debe disponer de un sistema que permita saber si una obra prestada tiene derechos de autor, si ha sido adquirida para préstamo, cuántos prestatarios reales ha servido la biblioteca y qué préstamos se han hecho a personas con discapacidad en los términos legales. Los sistemas de gestión bibliotecaria no están preparados para este nivel de detalle, por lo que, antes de pagar, las bibliotecas necesitan adaptar sus sistemas informáticos. La Estadística de Bibliotecas del INE de 2012 indica que de las 4211 bibliotecas públicas existentes en España -las realmente afectadas por el real decreto-, sólo 2967 tienen automatizado el servicio de préstamo y 1216 son las que tienen informatizado la gestión de adquisiciones; por lo que el 29,54 % que no tienen gestión informática deberán obtener de forma manual los datos que se requieren de las obras susceptibles de remuneración. Se trata de trabajo laborioso, que los titulares de las bibliotecas públicas deberán también cuantificar, ya que se hará un trabajo para las entidades privadas a las que se ha concedido la recaudación.
  • Inequidad de la recaudación establecida. La privatización que supone el sistema de remuneración aprobado es injusta para los autores, ya que se determina que la recaudación se haga sin tener en cuenta qué obras se prestan. La normativa aprobada permite que las sociedades de gestión recauden por autores que no representan, por lo que estarían obteniendo un enriquecimiento ilícito, ya que obtienen dinero público que no les corresponde. La normativa abre diferentes vías para que tanto las entidades de gestión de derechos, como las entidades titulares de las bibliotecas establezcan representación para el pago y el cobro. No se puede cobrar nada antes de que las entidades de gestión y las administraciones establezcan sus procedimientos. Sería injusto pagar a una entidad por las obras que pertenecen a otra o por obras de las que se tiene autorización. La nueva norma de alguna forma plantea una moratoria, al hacer efectiva la obligación desde 2016, pero busca una injusta solución transitoria, basada en el pago en función de las adquisiciones efectuadas, sin tener en cuenta si las obras tienen derecho de autor y quienes son los titulares de las mismas. No se puede pagar sin tener la seguridad de que verdaderamente se está remunerando al autor. Si se obliga al pago, lo justo sería devolver a las bibliotecas la recaudación que no se haya justificado y que se ha cobrado de forma indebida.

Las cifras y otros argumentos contrarios

El real decreto establece el canon futuro, así como una tasa de remuneración provisional que habría que abonar desde el 2 de agosto de 2014 hasta el 1 de enero de 2016 y que implica el pago de 0,16€ por obra adquirida, cantidad que rebaja los 0,20€ vigentes desde 2007. Si tenemos en cuenta el número de altas (que no de compras) que recoge la Estadística de Bibliotecas 2012 del INE, el pago global que debería hacerse por los libros incorporados a las bibliotecas públicas y centrales sería de unos 480.000 euros, a lo que habría que sumar otros 23.000 euros por los documentos sonoros y otros 67.000 euros por los audiovisuales. Entre estas tres categorías de documentos se debería pagar a las sociedades de gestión unos 570.000 euros. Esta cantidad no tiene en cuenta si las obras tienen derechos de autor, si han sido compradas para préstamo o si tan siquiera han sido compradas, ya que pueden haber sido donadas. Se toma como dato el número de altas en bibliotecas públicas de los tipos de documentos más comunes para el préstamo: libros, discos y películas. Los ingresos deberían ser repartidos entre las cuatro sociedades de gestión de derechos de autor: SGAE, CEDRO, VEGAP y DAMA. Según sus propios datos, SGAE representa a unos 100.000 autores y CEDRO a unos 20.000. VEGAP y DAMA tienen un menor número de socios en España, unos 3000 entre ambas. El reparto es sencillo: 4,63 € por autor. Pero esta cantidad no es correcta, ya que habría que desglosar las donaciones, las obras con autorización y las de dominio público, por lo que los ingresos serían menores. No obstante, hay que tener en cuenta que las sociedades de gestión se mantienen gracias a los porcentajes que cobran a sus asociados por su actividad. A mayor recaudación, mayores ingresos para las sociedades, no necesariamente para sus autores, que en el caso de los préstamos públicos nunca recibirán una remuneración proporcional al uso de su obra. ¿No sería más lógica una licencia nacional con fondos estatales? Tal como se ha aprobado, la norma no debería ser aplicada, ya que supone un tratamiento injusto para las bibliotecas de titularidad pública y favorece un pago inadecuado a entidades de las que no hay constancia que representen a los autores cuyas obras han sido prestadas.

Las bibliotecas no deben pagar por su actividad. Las bibliotecas públicas fomentan la creación y dinamizan el consumo de productos culturales. La promoción que realizan las bibliotecas de las obras que alojan implica un mayor conocimiento de las mismas y es una vía de uso prolongado en el tiempo. Las bibliotecas organizan presentaciones de obras, audiciones y ciclos, recomiendan obras en guías y centros de interés, coordinan clubes de lectura y otras acciones de fomento de la lectura y la cultura. Nunca se ha pedido una compensación a las editoriales o los autores por la promoción que se hace de sus obras. Las bibliotecas son servicios gratuitos, que no cobran por su actividad, por lo que tampoco deben pagar por la misma. Además, las bibliotecas españolas no disponen de presupuestos suficientes, por lo que aunque se quiera pagar, no se dispone de las condiciones para ello.

El debate debe ser político y debe estar basado en por qué gravar a las bibliotecas públicas y las entidades que fomentan la cultura y que potencian los sectores de la cultura y de la educación. Si el objetivo es el reparto justo de los ingresos derivados de la creación, la normativa actual no cumple dicho objetivo. El nuevo decreto acusa a las bibliotecas de restar ingresos a los autores; interpreta que los préstamos son fugas en las ganancias de las sociedades de gestión. No es así. Las bibliotecas son una garantía para que el flujo cultural no cese, para que las obras se conozcan, se utilicen, se vendan. La normativa aprobada favorece a las sociedades de gestión y perjudica a las bibliotecas, que verán dificultada su actividad. A nadie beneficia que un país se encuentre en un estado de precariedad cultural. La decisión debería ser la contraria a la aprobada: de igual forma que se obliga a dedicar presupuestos para remunerar a los autores, se pueden aprobar normativas que obliguen a disponer de presupuestos para la adquisición de recursos bibliotecarios.

La triste situación a la que se ha llegado en España se resume en que los gobernantes opinan que las bibliotecas restan ingresos a los autores. La realidad es la inversa, por lo que se debe sustituir la normativa aprobada por un sistema que beneficie conjuntamente a los autores y a las bibliotecas que difunden sus obras. Me gustaría que estos argumentos fueran tenidos en cuenta por los representantes políticos, para que trabajaran en una norma justa, ya que, en mi opinión el real decreto aprobado ahora es injusto, inadecuado, ilícito, arbitrario, antisocial, erróneo, absurdo, desproporcionado, insidioso y pernicioso.

1. El sistema es injusto, porque cobra por promover la cultura
2. El sistema es inadecuado, porque no beneficia a los autores
3. El sistema es ilícito, porque permite recaudar sin derechos
4. El sistema es arbitrario, porque no se ajusta a indicadores reales
5. El sistema es antisocial, porque resta financiación a un servicio público
6. El sistema es erróneo, porque se basa en planteamientos falsos
7. El sistema es absurdo, porque penaliza a quienes mejor hacer su trabajo
8. El sistema es desproporcionado, porque vuelve a cobrar por derechos ya pagados
9. El sistema es insidioso, porque se establece con intereses particulares
10. El sistema es pernicioso, porque ataca a las bibliotecas públicas

Referencias

Por qué las bibliotecas deberían estar pensando en visualización de la información

Imagen de André Hofmeister compartida bajo licencia CC BY-SA 2.0.

Imagen de André Hofmeister compartida bajo licencia CC BY-SA 2.0.

No es un estereotipo, sino una realidad: a los bibliotecarios —con excepciones que confirman la regla— les producen alergia los datos, las estadísticas, los números y los indicadores. Se masca desde los años de facultad, en que se percibe un verdadero pánico a cualquier formulita que se cuela en los apuntes, y se acrecienta al escuchar las conversaciones de los colegas de profesión sobre la inutilidad de los datos, porque todo bibliotecario ya sabe lo que pasa en su biblioteca y no necesita más.

Pero resulta que ahora, más que nunca, los datos son imprescindibles para conocer y denunciar lo que está sucediendo en estos años de azote de la crisis (aceptamos pulpo como animal de compañía). Mostrarlos de forma que sean fáciles de entender y conseguir que revelen tendencias es más necesario que nunca.

De un tiempo a esta parte las bibliotecas han asumido la necesidad de contar lo que hacen y de conectar con los usuarios en los medios sociales. Está claro que Facebook, Twitter y otros medios son sociales, pero a menudo se nos pasa por alto que también son visuales y que cada vez es más importante saber contar a través de imágenes para llegar a más. Una muestra de ello es la proliferación de infografías en los últimos años.

Con los formatos electrónicos las bibliotecas pueden conocer mejor el comportamiento de sus usuarios gracias a la gran cantidad de datos que se pueden obtener, tal y como indican Torres-Salinas, Jiménez-Contreras y Robinson-García en un artículo publicado en el número de El profesional de la información sobre visualización de la información. La utilidad de esos datos y el aprovechamiento que de ellos se haga dependerá en gran medida de su análisis y de cómo se presenten esos datos a los propios bibliotecarios.