Osmundo

vosmundoAyudar a los que lo necesitan, dependiendo de donde lo hagas, suele ser peligroso. A Osmundo Bilbao Garamendi le costó la vida.

El ejemplo de Osmundo inspira a muchas personas y para que no caiga en el olvido la ONG Grupo de Solidaridad Alez Ale Elkartasun Taldea organiza un certamen literario de “Narrativa Solidaria” en su pueblo natal, Muskiz. Es una iniciativa modesta en la que participan muchas personas desinteresadamente. En la biblioteca se hace la entrega de los premios.

Uno de los efectos colaterales de la crisis es que el V certamen se ha quedado sin la ayuda municipal para publicar los relatos ganadores. Este año no hemos podido regalar el libro a los usuarios y nos tenemos que conformar con dejar ojear el ejemplar fotocopiado que nos ha dado la organización…y con ofrecer el libro en formato electrónico que la biblioteca ha editado. De paso les hablamos de las nuevas posibilidades de lectura, de los dispositivos…

osmundoinstaVale, ya sé que no ofrecemos hojear pausadamente, ni poder doblar las esquinitas de las hojas para marcar, ni hacer pequeñas anotaciones a lápiz que tanto nos gusta a los profesionales de las bibliotecas; del tacto y del olor ni os hablo… pero, aún y todo, a mis usuarios parece no importarles demasiado. Supongo que a Osmundo tampoco.

 

 

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Bibliotecario visionario

Hipólito Escolar Sobrino

Hipólito Escolar Sobrino (Foto: El Adelantado de Segovia)

[Biblioblog] Colecciono libros. Desde hace unos años estoy recopilando las obras de autores españoles que tratan de organización de bibliotecas y temas similares. Cada cierto tiempo, rastreo bibliografías e intento localizar los libros en servicios de venta en línea. Así, tengo ya una representativa colección de libros de lo que puede considerarse la historia de la enseñanza de la biblioteconomía en España, desde las instrucciones que escribió María Moliner para las bibliotecas del frente de batalla, hasta los manuales con los que nos hemos formado todos los que estamos en activo, pasando por los excelentes y olvidados breviarios de los años 50 y 60 del Servicio Nacional de Lectura. En ocasiones, reviso “mi colección” y confirmo una frase que he empleado en algunos escritos y que he elegido como título para la conferencia de clausura que dictaré en las Jornadas Bibliosalud 2011: El pasado es el presente y el presente es el futuro. Explico.

1972 fue declarado por la Unesco Año Internacional del Libro. En España, las conmemoraciones incluyeron una pequeña publicación de Hipólito Escolar titulada Historia del libro en cinco mil palabras, en la cual, quien fue una de las figuras esenciales en el desarrollo de la bibliotecas en España, reflexiona sobre la evolución del libro, de sus soportes y de su futuro. Estamos en los 70, por lo que el debate entre el formato digital y el impreso no era más que una intución (a la que dedica un capítulo: “Las computadoras”); más bien, la atención principal del momento eran los modernos y atrayentes nuevos formatos: los audiovisuales. Escolar, visionario y clarividente, prevé que el libro debe adaptarse para sobrevivir, avanza que la lectura pervivirá sea cual sea la forma del libro y destaca la capacidad de metamorfosis del libro. La intuición de Escolar Sobrino fue más allá, ya que incluso libró a su texto del derecho de copia y especificó la libertad de su reproducción total o parcial. Así que, como homenaje a una de las personas que más aportó en España al libro y a las bibliotecas, he dedicado esta mañana de sábado a digitalizar esta obra y he puesto sus 5000 palabras en consulta pública.  En el documento embebido se puede leer esta breve historia/reflexión, pero aquí les dejo su visión sobre el futuro del libro (ojo, recuerden que este texto es de 1972):

El libro tradicional puede ser una rémora si no cambia su forma para adaptarse a las nuevas realidades, como hizo en otros tiempos con esa capacidad metamórfica que le ha permitido sobrevivir a lo largo de milenios y brindar en cada momento, manteniéndose en su perenne categoría de factor esencial de las relaciones humanas, la forma más en consonancia con las necesidades sociales.

¿Les recuerda algo esta reflexión? Si desean leer las 5000 palabras, dejamos a su disposición el texto completo, que además del capítulo “Crisis del libro impreso en papel”, del que se ha extraído el párrafo anterior, finaliza con una acertada prospectiva sobre la “Supervivencia del libro escrito”.  Hace 40 años, los argumentos ya eran los de hoy.

Deconstruyendo el síndrome de Diógenes

3108343Leía la semana pasada mensajes enviados conmemorando el día de la biblioteca. No soy muy partidario de ese tipo de celebraciones aunque es innegable que nos permiten ser reinas por un día.

Me llamó la atención una frase que utilizó un colega, Angel Luis Calle, para definirnos: “eternos navagentes con derecho a “síndrome de Diógenes”. Aunque supongo que se refería a ese empeño que tenemos por acumular todo tipo de papeles (perdón, de información, que estamos en el XXI) si hacemos caso a la definición de la Wikipedia nos caracterizamos también por “el total abandono social y por el aislamiento voluntario en nuestra propia casa”.

Diógenes de Sinope llevó hasta el extremo los ideales de privación e independencia de las necesidades materiales. Es cierto que en las estanterías de nuestras bibliotecas hay mucho papel acumulado pero ello más que al síndrome o a ser discípulos del filósofo es debido muchas veces a nuestra cotidiana privación de presupuestos reflejada en los metros cuadrados disponibles

Ahora que parece nos vamos a quedar sin libros de papel (¿pero que vamos a hacer con tanto espacio 🙂 ?) creo que es buen momento para deconstruir el síndrome y reinterpretarlo: abandonemos nuestro aislamiento voluntario para evitar el (posible pero creo que improbable) abandono social y esgrimamos nuestro ideal de independencia para que los ministerios y editoriales nos permitan seguir acumulando bites y más bites de inservible cultura (señor@s del ministerio de cultura, señor@s de la industria del libro, ofrézcannos el acceso y permítannos también el almacenamiento y la difusión; prometemos portarnos bien).

Soy usuario de Spotify y creo que ese modelo de negocio aplicado a los libros tiene futuro; pero también creo que si algo hemos demostrado las bibliotecas es que sabemos conservar libros como muchas veces no han hecho las editoriales. Somos usuarios de la nube, nos encanta la nube, pero no vivimos en una nube. El acceso en streaming no debería ser incompatible con poder almacenar lo que compramos.

Actualización: Me la quería dar de original pero descubro una mirada complementaria desde una perspectiva diferente:  José Angel Maestro ya reflexionaba sobre Síndrome de Diógenes vs numeritis en su blog.


La biblioteca 404


La biblioteca 404

La biblioteca 404

El otro día participé en un taller en el que, a instancias de una institución pública, personas vinculadas al “libro” (editores, autores, bibiotecarios) reflexionamos sobre qué pasos tendríamos que dar para activar/revitalizar la presencia de una lengua minoritaria en internet; nuestras reflexiones deberían servir para dar ideas y tomar decisiones. Frente al horizonte de internet  unos veíamos un campo abierto y otros demandaban vallas; en un escenario en el que las nuevas formas de lectura y  escritura se están perfilando y cualquiera puede crear contenidos, algunos esgrimían la defensa férrea de esas firmas que por sí solas justifican la valía de una cultura, de una lengua; estaba claro que mientras unos teníamos en mente las posibilidades de descubrir muchos muskiz con sus pobeñas e hilarios otros pensaban exclusivamente en atxagas y lertxundis. Y así, a la hora de proponer acciones, unos priorizaban la defensa de los derechos de autor (sin especificar cuáles) frente a la generación de contenidos que propugnábamos los otros…


Quién haya vivido la reconversión naval española de los ochenta ( a mí me tocó pasar el puente de Euskalduna en plena refriega) y hubiese asistido a las encendidas charlas que en defensa de los astilleros se hicieron en aquel momento sabe el desenlace: en un mercado mundial las reglas, nos gusten o no, son globales. El otro día, en el taller, no pasé por el puente pero sí que volví a estar en una de esas “charlas”…

Y, curiosamente, también volví a estar en uno de los Encuentros que celebran los de BiblioRedes. Porque es precisamente un modelo como el de BiblioRedes lo que necesita todo aquel que quiera saber cómo poner contenidos locales en internet.

En Chile, además de enseñarnos a utilizar twitter en casos de emergencia (#terremoto) y a rentabilizar las cuitas de la explotación laboral con rescates espectaculares, saben planificar. Y saben planificar desde la humildad, la racionalidad y la visión de futuro; humildad para recurrir a quien tiene dinero para obtener tecnología; racionalidad para emplear bien los recursos (creación de un proyecto, BiblioRedes, para conseguir la capacitación tecnologíca de toda la población) y visión de futuro (“en un mundo globalizado es necesario que Chile esté en la red y para ello nuestros ciudadanos tienen que ser capaces de contar sus historias”).

Y mientras en España los pioneros de la web 2.0 en las bibliotecas eran figuras marginales predicando en el desierto BiblioRedes les invitaba a sus Encuentros para que explicasen sus ideas y contagiasen su entusiasmo.

La organizadora del taller invitó al bibliotecario de Muskiz pero quién asisitió fue la biblioteca 404 de la región ultramarina de BiblioRedes… ¿lo tendrán en cuenta?

En el incumpleaños del libro

Semana complicada en las bibliotecas, toda la profesión de cabeza con el día del libro: encuentros con escritores, lecturas, feria va feria viene;  en la nuestra celebramos el incumpleaños del libro y no hacemos nada especial.  Así que como soy la única pata ociosa de este blog (Natalia nos está “movilizando” y Merlo está…en otras cosas) me voy de posteo con vosotros.

Si entre encuentros y lecturas encontráis tiempo para pasar por algún sarao del (engranaje industrial del) libro empezaréis a constatar cómo las pantallas toman posiciones en el reino del papel; la posición marginal de años anteriores dará paso a un “pantallo-centrismo” progresivo que ira in-crescendo en ediciones futuras. Interesante para ver cómo se despide una manera de hacer e irrumpe “algo” nuevo (más cercano al gravamen que al incentivo creativo, visto lo visto). E interesante para ver cómo a pesar de que los actores de la industria editorial cambian todos desean que los lectores no lo hagamos (business es business); nada mejor que unos lectores sumisos a la espera de que les digan cómo tienen que “consumir” los productos.

Mientras sostengo mi ebook sé que me están haciendo comprar un aparato  que, de momento,”solo” sirve para leer  aquello que no me interesa leer (sí, es cierto, tenemos los clásicos…), que habrá quien intente obligarnos a leer “exclusivamente” lo que les compremos y en las condiciones que estipulen; que no me venden el libro que sí me gustaría leer (y comprar)…y soy consciente de que, como lector,estoy habituado a leer lo que deseo, a comprarlo donde me apetece, a prestárselo a un amigo, a ir a la biblioteca a por un fiambre sueco o un príncipe azul…y como usuario de “cacaharros” a usar tecnologías que permiten leer, oir y hablar todo en uno.


Como bibliotecario reflexiono (es un decir) y analizo el panorama: la evolución de las pantallas, las condiciones de la edición electrónica, los canales de distribución, los impuestos, los márgenes de beneficio que se  pretenden, las dificultades para comprar, para prestar.

Y acabo viéndolo con una claridad meridiana: su negocio no es nuestro negocio, ni como lectores ni como profesionales. Nuestro negocio es explicar que se puede leer en diferentes formatos y que sea cual sea el que el lector desee allí estará la biblioteca; que vamos a ser capaces de crear contenidos para las personas, las conpantalla (presentes y futuras) y las sinpantalla, que podemos ayudar a contar cosas, a difundirlas, a conservarlas…

Y mientras divago y espero a que el panorama editorial se aclare  me acuerdo de lo de la música 🙂

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Y mientras divago y espero...


El pulpo, el alma caritativa y la biblioteca.

[Biblioblog] Adivina adivinanza: ¿qué tienen en común “un pulpo en un garaje” con un “alma caritativa” que adopta huerfanos compulsivamente ?

La industria del libro,  pulpo perdido  en el garaje de la edición electrónica,  y  Google, a la caza y captura de toda obra huérfana de derechos de autor para su gran librería virtual, desean que el resto de los actores secundarios del “universo gutenberg” esperen pacientemente a que se aclare el futuro del libro.

Tradicionalmente las bibliotecas han filtrado la producción editorial centrando sus esfuerzos en la transmisión de un “objeto libro” que auna contenido, formato y dispositivo de salida; tres componentes indisociables que entran en la biblioteca como producto cerrado e inalterable. Esta secular sumisión a las reglas del mercado editorial favorece un comportamiento gregario que impide ver la gran oportunidad que brinda el nuevo escenario: la tecnología permite tomar decisiones…Natalia hablaba ayer sobre Descargando libros electrónicos desde la biblioteca; creo que también podemos hablar sobre Subiendo libros electrónicos desde la biblioteca.

En estos momentos en los que se está perfilando el “futuro del libro” ¿por qué no acometer desde la biblioteca una estrategia de edición digital para distribuir contenidos de calidad, propios o ajenos, contemplando los nuevos lenguajes de comunicación multimedia, en formatos abiertos y desligados de un determinado dispositivo?.

Muchos de nuestros usuarios van a tener su primera experiencia de lectura digital en los nuevos soportes (ebook, móvil, consola…) gracias a la biblioteca por lo que la labor de sensibilización para que desarrollen un espíritu crítico ante los nuevos cotenidos digitales puede influir en futuras conductas de consumo de lectura.

Abordar la edición en clave bibliotecaria no es cerrar los ojos ante la realidad. Los grandes grupos manejaran la producción y marcaran las pautas de consumo; abordar una estrategia bibliotecaria de edición digital es plantearse cómo se generan y distribuyen contenidos que a uno como usuario le interesan; es entender el concepto de la larga cola y lanzarse decididamente a definir dentro de ella el “nicho de mercado” que queremos explotar bajo nuestras premisas.

Hay un universo multimedia que irrumpe con fuerza en el que la única certeza es que el panorama es incierto: no hay formatos ni dispositivos dominantes y el modelo de negocio se está construyendo. Adquirir dispositivos de lectura (ebook) es invertir en tecnología obsoleta casí desde que se presenta en sociedad y sin, de momento, contenidos atrayentes para nuestros usuarios… Precisamente por ello hay que asumir el coste (experimentar, errar para aprender) de difundir los valores que queremos mostrar: generar y redistribuir contenidos de calidad en formatos abiertos, accesibles por todos sin distinción de poder adquisitivo o preferencias tecnológicas. Y eso sí que puede estar entre los servicios que la biblioteca  del XXI debe ofrecer.


Por cierto, la respuesta a la adivinanza: pues que ambos esperan que la biblioteca del XXI siga comportándose como una biblioteca del XIX.

Descargando libros electrónicos desde la biblioteca

[Biblioblog]  Mientras en nuestro país comienza a popularizarse el libro electrónico y son varias ya las bibliotecas que prestan lectores de ebooks, en EE.UU. es una realidad emergente la descarga de libros electrónicos desde las plataformas web de las bibliotecas. Para muestra, la Biblioteca Pública de Nueva York, con una oferta de 17.000 títulos descargables, frente a su colección impresa de 800.000 libros .

Dos son los obstáculos que apunta Andrea Kobeskzo en su artículo Libraries check out the ebook para el desarrollo de servicios de descargas por parte de las bibliotecas de este país: por una parte, la incapacidad para ofrecer contenidos legibles en los nuevos dispositivos, como es el caso del Kindle de Amazon, demasiado cerrado a formatos propietarios, y por otra las reticencias de las editoriales a permitir versiones electrónicas de sus libros impresos. A pesar de todo, el número de descargas de libros electrónicos desde plataformas bibliotecarias ha superado este año el millón.

En España esa realidad apenas se plantea, pues aún nos encontramos algunos pasos atrás: las cuestiones legales no están claras y no parece existir un mercado de proveedores similar al de revistas electrónicas. Otras alternativas para la provisión de contenidos para este dipo de dispositivos, como la oferta de obras libres de derechos de autor o la transformación de documentos propios a formatos electrónicos (me consta que mi compañero de blog, Fernando Juárez, ha conseguido convertir algunas obras locales a formato ePub y están disponibles para el lector Stanza) no han sido apenas exploradas.