Vacaciones y hábitos


qr_imgVacaciones. Buen momento para descansar, estar con la familia, leer y, si se puede, tomar distancia con nuestra actividad cotidiana.

Este verano he estado en dos destinos diferentes: una gran ciudad cosmopolita y un balneario alejado de grandes núcleos de población. En los hoteles aunque el cliente era diferente (por tipología y edad) observé una gran presencia de pantallas: mucho portátil y smartphone, pocos tablets. Al igual que en las bibliotecas el servicio de wifi abierto era muy demandado y probablemente uno de los pequeños detalles que pueden inclinar la balanza a la hora de decantarse por un hotel u otro al preparar el viaje; las piscinas y los salones eran los espacios preferidos para leer y el papel goza de buena salud (aparte del mío solo vi otro ebook).


Hablando de dispositivos, soportes, lecturas y hábitos: llevaba el teléfono que no utilizo para hablar, el ipad y un ebook con todo lo que quería leer; mi compañera prefiere el papel y optó por una novela (en edición de bolsillo) inicio de una trilogía bastante voluminosa. A mitad de estancia, entre piscina y tratamiento, leyó la novela. Deseaba seguir con la historia pero perdidos en la tranquilidad del balneario no había manera de encontrar una librería que tuviese la continuación de la trilogía…

Había wifi, tenía un dispositivo, y poseía unas posibilidades que la actual biblioteca no posee para descargarlo y ofrecérselo al lector. Al volver de vacaciones le ofrecí retomar la lectura en papel pero declinó amablemente porque la pantalla le pesa menos entre las manos y la cubierta del libro de la biblioteca estaba demasiado curtida 😉

Ya estoy de vuelta y parece que este otoño hablaremos sobre plataformas de agregación y distribución de contenidos digitales que nos permitan una fácil intermediación entre lector y lectura. No sé si por fin ese modelo de negocio despegará; me gustaría poder ofrecer desde la biblioteca acceso a lo que desean nuestros lectores pero si el mercado sigue terco la distribución de esos contenidos se nos escapará definitivamente; los usuarios tendrán sus dispositivos y sabrán cómo alimentarlos aunque probablemente necesiten ayuda para decidirse por un libro u otro. Y ese, y no otro, será nuestro tesoro: intermediar entre el lector y sus lectura no ofreciendo el contenido sino el deseo de leerlo.



Lectura en la nube


Me gusta escuchar música mientras intento “inspirarme” para escribir; tengo una cuenta gratuita en Spotify y me parecía muy acertado usar este servicio para comentaros que está en fase beta abierta “24symbols, el spotify de los libros”.  24symbolsOs iba a hablar del modelo de lectura social que nos ofrece y las posibles repercusiones en nuestras bibliotecas pero creo que lo haré otro día y que dedicaré el post de hoy a intentar explicar porqué creo que necesitamos un espíritu crítico para entender las nuevas formas de distribución de la lectura.




El escenario de la lectura en pantallas está cocinándose; el cambio de soporte conlleva un deplazamiento del contenido desde las estanterías (me da igual si son las de nuestro domicilio o las de nuestras bibliotecas) hacia la nube; y si ahora la nube pone a nuestra disposición un acceso que nuestras baldas serían incapaces de albergar nos niega algo muy preciado a lo que no deberíamos renunciar: el anonimato y la libertad de elección.
Cuando compramos un libro no nos piden el nombre ni los apellidos, podemos prestarlo a un amigo y leerlo tantas veces como queramos; cuando pagamos por un ebook debemos identificarnos para que nos den una licencia de utilización bajo determinadas condiciones…Nuestra capacidad de acceso es inversamente proporcional a nuestra capacidad de decidir; cuanta mayor sea la dejación de nuestros derechos más posibilidades nos ofrecen los nuevos señores de la edición digital… ¿Nos os habéis preguntado porqué las bibliotecas no podemos (por ley) hacer un seguimiento de las lecturas de nuestros usuarios?

Hace unos días estuve en Valladolid en un curso sobre “Edición digital” con colegas bibliotecarios; estuvímos dándole vueltas al cambio de escenario que se nos avecina con la fragmentación de la trinidad “dispositivo-continente-contenido” que auna el libro impreso y que con la edición digital pasa a mejor vida. Entre tanto cacharro y formato el personal estaba agobiado; en un momento determinado alguien comentó que nuestras estadísticas se iban a resentir porque íbamos a perder muchos de los usuarios que tenemos gracias a los pelotazos editoriales (sí, creo que con la nube la batalla de los best-sellers la tenemos perdida…al igual que los distribuidores editoriales como no espabilen) pero sinceramente, más grave me parece nuestra pérdida de identidad si no hacemos una defensa encendida de  la utilización de dispositivos, formatos y contenidos abiertos.


Viejos hábitos en nuevas tecnologías


gensanta



Ayer tuve una conversación muy reveladora con una usuaria, lectora habitual. Me comentaba que animada por un amigo se había comprado un Kindle; estaba emocionada con la facilidad de compra (en Amazon de los USA) y lo barato que le pareció comparado con lo que nos venden por aquí (grandes superficies que ofrecen “cacharros” mucho peores y más caros). Hablamos sobre los ebooks (se sorprendió cuando le comenté que teníamos 3 para prestar) y sobre los problemas para comprar libros “actuales”; mientras para una biblioteca ese es un escollo insalvable para ella no era tal problema (“¿pero no sabes que se pueden descargar?”)

Al final, un tanto apurada, se disculpó porque igual dejaba de venir tan a menudo por la biblioteca.

Coincidía esta conversación con un análisis sobre la realidad web en 2010 en el que he estado enfrascado estos días. Entre las cifras que he manejado me llamó la atención que aunque el servicio web más utilizado en 2010 fuese el correo electrónico su uso está en baja en todo grupo de edad, excepto en los mayores de 55 años.


Un estudio refleja que las audiencias están cambiando no sólo en cuanto a consumo de contenidos o a generación del mismo sino en algo más profundo que es la ventaja de estar comunicado siempre.

Esta percepción del uso del correo electrónico dependiendo de la edad nos permite reflexionar sobre el valor de lo instántaneo y la ubicuidad. Mientras aquellos que han crecido en internet (adolescentes) valoran la rápidez del flujo pregunta/respuesta en la comunicación y, por tanto, consideran como algo del pasado una herramienta que no ofrece una respuesta inmediata, para el segmento de población que se está empezando a incorporar ahora a la red (mayores de 55 años) el acceso instantáneo y ubicuo es algo nuevo, muchas veces desconocido y de momento no prioritario.

Este dato puede llegar a tener una derivada curiosa en el consumo de lectura. En España, en 2010, los mayores de 55 son los grandes consumidores de e-readers (por encima de los de 25-34). Hacen un consumo de la información con la nueva tecnología pero a la vieja usanza: un dispositivo para cada cosa y cada cosa a su tiempo. Es pronto para interpretar si es debido a la edad o si es por una falta de práctica en el uso de las herramientas web.

Una reflexión para las bibliotecas y profesionales es qué modelo de gestión de contenidos y de lectura vamos a poder implantar en nuestros centros, aquel de viejos hábitos en nuevos dispositivos (cada cosa a su tiempo, con un dispositivo solo para leer, sin posibilidad de intercambio como pretende la industrial editorial, obligando al usuario a que se acerque a nuestros centros) o ese otro, más emergente, que marca las pautas de consumo de ocio a nivel mundial y que tiene a su favor el componente de la edad.

Mientras despedía a mi usuaria fuí consciente de que como no espabilemos ni para los viejos hábitos en nuevas tecnologías las bibliotecas tendremos sitio…


La biblioteca 404


La biblioteca 404

La biblioteca 404

El otro día participé en un taller en el que, a instancias de una institución pública, personas vinculadas al “libro” (editores, autores, bibiotecarios) reflexionamos sobre qué pasos tendríamos que dar para activar/revitalizar la presencia de una lengua minoritaria en internet; nuestras reflexiones deberían servir para dar ideas y tomar decisiones. Frente al horizonte de internet  unos veíamos un campo abierto y otros demandaban vallas; en un escenario en el que las nuevas formas de lectura y  escritura se están perfilando y cualquiera puede crear contenidos, algunos esgrimían la defensa férrea de esas firmas que por sí solas justifican la valía de una cultura, de una lengua; estaba claro que mientras unos teníamos en mente las posibilidades de descubrir muchos muskiz con sus pobeñas e hilarios otros pensaban exclusivamente en atxagas y lertxundis. Y así, a la hora de proponer acciones, unos priorizaban la defensa de los derechos de autor (sin especificar cuáles) frente a la generación de contenidos que propugnábamos los otros…


Quién haya vivido la reconversión naval española de los ochenta ( a mí me tocó pasar el puente de Euskalduna en plena refriega) y hubiese asistido a las encendidas charlas que en defensa de los astilleros se hicieron en aquel momento sabe el desenlace: en un mercado mundial las reglas, nos gusten o no, son globales. El otro día, en el taller, no pasé por el puente pero sí que volví a estar en una de esas “charlas”…

Y, curiosamente, también volví a estar en uno de los Encuentros que celebran los de BiblioRedes. Porque es precisamente un modelo como el de BiblioRedes lo que necesita todo aquel que quiera saber cómo poner contenidos locales en internet.

En Chile, además de enseñarnos a utilizar twitter en casos de emergencia (#terremoto) y a rentabilizar las cuitas de la explotación laboral con rescates espectaculares, saben planificar. Y saben planificar desde la humildad, la racionalidad y la visión de futuro; humildad para recurrir a quien tiene dinero para obtener tecnología; racionalidad para emplear bien los recursos (creación de un proyecto, BiblioRedes, para conseguir la capacitación tecnologíca de toda la población) y visión de futuro (“en un mundo globalizado es necesario que Chile esté en la red y para ello nuestros ciudadanos tienen que ser capaces de contar sus historias”).

Y mientras en España los pioneros de la web 2.0 en las bibliotecas eran figuras marginales predicando en el desierto BiblioRedes les invitaba a sus Encuentros para que explicasen sus ideas y contagiasen su entusiasmo.

La organizadora del taller invitó al bibliotecario de Muskiz pero quién asisitió fue la biblioteca 404 de la región ultramarina de BiblioRedes… ¿lo tendrán en cuenta?

El concepto de lectura se amplía en nuestro país

esp_hab10A finales de la semana pasada vió la luz el primer barómetro de hábitos de lectura y compra de libros en España, correspondiente al primer cuatrimestre de 2010 (véanse la nota de prensa y el documento con los datos del estudio). A pesar de que ya ha pasado tiempo desde entonces y su publicación ya no es noticia, no quería dejar pasar la oportunidad de hacer referencia a él por su significación. Por vez primera desde que estos estudios comenzaron a realizarse, en el año 2000, se tienen en cuenta las lecturas en otros soportes diferentes del papel y por motivos profesionales. Esto no es más que una muestra de la evolución que el concepto de lectura está sufriendo en nuestra sociedad y una valoración de otras lecturas y otros soportes, que cambian la percepción de la realidad lectora en nuestro país: si el pasado año el 55% de los españoles mayores de 14 años eran considerados lectores, este año comienza con un dato del 91,1%.

Si nos centramos en estos dos grupos de datos, la lectura en soportes digitales y por motivos profesionales, hay algunos puntos que considero interesantes:

  1. La lectura por motivos de trabajo sólo amplía en 3,8 puntos porcentuales el dato de lectura de libros. Así, la mayoría de los españoles lectores lee por motivos de ocio y/o de trabajo, pero son pocos quienes sólo leen por motivos de trabajo.
  2. El 48,6% de los españoles lee en formato digital, especialmente en  el ordenador (47,3%). La lectura en teléfonos móviles o PDAs (6,6%) y lectores de libros electrónicos (0,8%) son aún muy residuales.
  3. Los contenidos más leídos  en formato digital son los contenidos nativos de internet, como sitios web, foros o blogs (37,6%), seguidos de la prensa (32,1%) y, más de lejos, la lectura de revistas (6,4%) y libros (4,7%). La lectura digital de cómics parece no existir. Estos datos y los expuestos en el punto anterior muestran cómo el peso de la lectura digital recae actualmente en nuestro país sobre la web y el incipiente estadio en que se encuentra el libro electrónico (que supone tan solo el 1,6% de toda la lectura digital). El perfil del lector digital se asemeja al del usuario de internet, ¿se puede hablar por lo tanto de una brecha de la lectura digital?.
  4. La lectura en formatos digitales está más extendida entre los hombres (al contrario que la lectura de libros), la población más joven (de los 14 a los 45 especialmente), quienes viven en municipios mayor tamaño y gente con mayor nivel de estudios. Este último factor tiene mayor peso que en el caso de la lectura de libros. De hecho, los menores (de 10 a 13 años) son más lectores en formato digital que los adultos (55,2%), incluso de libros electrónicos (6,4%).

La nota de prensa del estudio en tu móvil.

Se echan de menos en este informe datos sobre la compra de libros digitales, sobre el empleo de contenidos digitales en las bibliotecas y los libros electrónicos más leídos. Sabemos el por qué de la no lectura de libros (la falta de tiempo es el motivo más extendido) y podemos intuir por qué no se leen contenidos web (brecha digital le llaman), pero no sabemos exactamente por qué no se leen libros electrónicos: ¿será por desconocimiento, por lo caro de los aparatos o por su escaso desarrollo? ¿O será porque, como comentaba recientemente mi compañero de blog, la producción editorial sigue siendo creada para ser impresa?

En el incumpleaños del libro

Semana complicada en las bibliotecas, toda la profesión de cabeza con el día del libro: encuentros con escritores, lecturas, feria va feria viene;  en la nuestra celebramos el incumpleaños del libro y no hacemos nada especial.  Así que como soy la única pata ociosa de este blog (Natalia nos está “movilizando” y Merlo está…en otras cosas) me voy de posteo con vosotros.

Si entre encuentros y lecturas encontráis tiempo para pasar por algún sarao del (engranaje industrial del) libro empezaréis a constatar cómo las pantallas toman posiciones en el reino del papel; la posición marginal de años anteriores dará paso a un “pantallo-centrismo” progresivo que ira in-crescendo en ediciones futuras. Interesante para ver cómo se despide una manera de hacer e irrumpe “algo” nuevo (más cercano al gravamen que al incentivo creativo, visto lo visto). E interesante para ver cómo a pesar de que los actores de la industria editorial cambian todos desean que los lectores no lo hagamos (business es business); nada mejor que unos lectores sumisos a la espera de que les digan cómo tienen que “consumir” los productos.

Mientras sostengo mi ebook sé que me están haciendo comprar un aparato  que, de momento,”solo” sirve para leer  aquello que no me interesa leer (sí, es cierto, tenemos los clásicos…), que habrá quien intente obligarnos a leer “exclusivamente” lo que les compremos y en las condiciones que estipulen; que no me venden el libro que sí me gustaría leer (y comprar)…y soy consciente de que, como lector,estoy habituado a leer lo que deseo, a comprarlo donde me apetece, a prestárselo a un amigo, a ir a la biblioteca a por un fiambre sueco o un príncipe azul…y como usuario de “cacaharros” a usar tecnologías que permiten leer, oir y hablar todo en uno.


Como bibliotecario reflexiono (es un decir) y analizo el panorama: la evolución de las pantallas, las condiciones de la edición electrónica, los canales de distribución, los impuestos, los márgenes de beneficio que se  pretenden, las dificultades para comprar, para prestar.

Y acabo viéndolo con una claridad meridiana: su negocio no es nuestro negocio, ni como lectores ni como profesionales. Nuestro negocio es explicar que se puede leer en diferentes formatos y que sea cual sea el que el lector desee allí estará la biblioteca; que vamos a ser capaces de crear contenidos para las personas, las conpantalla (presentes y futuras) y las sinpantalla, que podemos ayudar a contar cosas, a difundirlas, a conservarlas…

Y mientras divago y espero a que el panorama editorial se aclare  me acuerdo de lo de la música 🙂

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Y mientras divago y espero...


Tocar antes de teorizar

Ayer estuve en Bilbao, con @jserranom y algunas amigas bibliotecarias. Jordi había venido de “tourné” invitado por ALDEE a dar un curso sobre ebooks.  Me arrepiento de no haber asistido (la teoría me produce urticaria): tienes que ser muy bueno para que el auditorio te aguante cinco horas; y cojonudo para que después de teorizar sobre el ebook el personal salga contento (y doy fe que todo el mundo salía encantado aunque todavía me pregunto cómo se puede hablar tanto tiempo sobre algo que, hoy por hoy, es una entelequia.  Eso sí, la entelequia bibliotecaria del momento, con permiso del facebook , del twitter…)

La tertulia del vino fue muy profesional: “que si el dispositivo tal, el formato cual, la plataforma x…”; tenían una cara parecida a la de quien tras pasar la mañana en una megatienda buscando una cámara de fotos sale sin compra, desorientado ante tanto pixel, zoom, resolución…, confuso ante la constatación de su ignorancia tecnológica y  lo que es peor,  habiendo olvidado lo importante: el porqué de la necesidad de compra, hacer fotos. Ante el aluvión jurídico-tecnologíco mis amigas también habían olvidado el porqué de su asistencia, que no es comprar un ebook ni discutir sobre DRMs sino dar un servicio al usuario.

Nuevos hábitos de e-lectura

Nuevos hábitos de e-lectura

Intuyo que no habían manoseado ningún artilugio de esos; no es de  extrañar que saliesen con esa sensación de vértigo ante lo desconocido; si hasta llegaron a meterme miedo. Así que si eres un profesional que te encuentras en esa misma situación te recomiendo algo, que aunque no infalible, es barato: cómprate un cacharro (el más barato porque para lo que van a durar no merece la pena gastar mucho) y juega con él; utilízalo, leéte El Quijote (lo único que encontrarás sin problemas con la sgae, que al parecer el autor la palmó hace tiempo y sus herederos no cobran), intenta después abordar un best-seller (y ya no necesitarás que nadie te explique que el cacharro no es el problema sino encontrar quien te lo venda; también aprenderás qué es eso del emule y entenderas a qué se refieren los que saben con eso de “no repetir lo de la música”, a ver si se aclaran); verás que algunos “libros” están en pdf, otros en epub, otros en no se qué; que a veces un pdf se vé bien y otras no tanto (lo cual te ayudará a entender lo del formato…); empezarás a preguntarte si la pantalla es táctil, si tiene wifi, si sólo sirve para leer; que a color estaría más mono. Perdido el miedo, desaparecido el vértigo, estarás en situación para la gran pregunta: ¿y qué puede aportarme esto en la biblioteca?

Entonces, superado el “Tocar para entender” llegarás al siguiente estadio: “Haz primero, teoriza después” y estarás más cerca del objetivo final (“Be open, my friend”). Y hasta aquí puedo contar. Si deseas enterarte de qué va eso ya sabes, paásate por aquí 🙂

Continuará…