El libro electrónico en las bibliotecas universitarias

El libro electrónico en las bibliotecas universitarias: recursos, servicios y 20 aspectos clave para su desarrollo

El libro electrónico en la universidad española

El libro electrónico está presente en las bibliotecas universitarias desde su nacimiento. Su presencia no ha sido significativa hasta el momento, pero todas las bibliotecas han ido  adquiriendo o suscribiendo monografías digitales de forma progresiva. Las estadísticas de REBIUN (1) podrían indicar que la incorporación del libro electrónico está siendo destacada, ya que desde 2009 hasta 2013 el crecimiento de la colección de libros electrónicos ha sido de un 51%, pasando de una media de 63.753 títulos en 2009 a 129.701 monografías electrónicas de pago o con licencia en 2013 (media de títulos de las bibliotecas de REBIUN). Partiendo de estas cifras se podría concluir que el libro electrónico es un recurso asentado en las bibliotecas universitarias españolas, algo que no puede afirmarse, como se describirá en este texto y que requiere tanto una reflexión acerca de cómo se están desarrollando las colecciones de libros electrónicos en las universidades, como una análisis de la realidad española en el que se determine como están afrontando las bibliotecas universitarias y científicas la formación de colecciones de libros electrónicos y la prestación de los servicios de acceso a este tipo de recursos. Una primera explicación para estas altas cifras, en cuanto al volumen de títulos disponibles, es que las bibliotecas académicas a menudo suscriben licencias de acceso a las colecciones íntegras de los proveedores, con derechos limitados de consulta. Si las estadísticas de REBIUN recogieran también las obras electrónicas adquiridas en propiedad, los datos serían muy diferentes.

Las bibliotecas universitarias españolas están empezando a tomar decisiones en torno a los libros electrónicos, debido a la diversidad de modelos de comercialización y a la necesidad de integrar toda la información bibliográfica dispersa en las plataformas de los editores y proveedores con los que las bibliotecas trabajan (2). En este sentido, REBIUN aprobó un nuevo objetivo estratégico en su Asamblea anual de 2014 orientado hacia el libro electrónico en las bibliotecas universitarias y científicas (3). El nuevo objetivo quedó redactado de la siguiente forma: “Fomentar la incorporación del libro electrónico en las bibliotecas como recurso para la promoción de colecciones académicas, la prestación de servicios innovadores y el desarrollo de cooperación científica”. La línea estratégica 3, que coordina las iniciativas de REBIUN relacionadas con ámbitos digitales, es la responsable de este objetivo y ya ha creado un grupo de trabajo específico para producir documentación sobre la situación del libro electrónico en las bibliotecas académicas y científicas españolas. Otra muestra de este interés es el grupo de trabajo mixto UNE-REBIUN creado para experimentar vías de colaboración entre editoriales y bibliotecas universitarias y cuyo primer resultado ha sido el intercambio científico de libros electrónicos a través de plataformas de préstamo digital (4).

La gestión del libro electrónico en bibliotecas universitarias es un tema de análisis en la bibliografía profesional actual (5). Desde las políticas de selección hasta el análisis de uso, los procesos en la administración del libro electrónico en las bibliotecas universitarias deben tener en cuenta una serie de consideraciones que van a condicionar qué colecciones se ofrecen, cuánto valen dichos recursos, a quién se pondrán adquirir, dónde se encontrarán los libros o qué se podrá hacer con ellos. Los aspectos que se deben considerar se pueden agrupar en las cinco fases sucesivas por las que la biblioteca debe pasar desde que se plantea la compra de un libro electrónico hasta que evalúa su uso: formación de colecciones, adquisición de las obras, proceso técnico, prestación del servicio y evaluación y promoción del servicio. En los apartados siguientes se desarrollan estas cinco etapas, detallando los principales aspectos que se deben tener en cuenta en cada una de ellas.

Libros electrónicos en las bibliotecas universitarias

Formación de colecciones: seleccionar libros electrónicos

La selección de los libros electrónicos que una universidad desea incorporar, además del presupuesto disponible, dependerá de las políticas de desarrollo de colecciones que la biblioteca haya establecido y de las necesidades concretas que atiendan a las titulaciones o a proyectos de investigación específicos. La selección de los libros electrónicos se podrá realizar de distintas maneras, en función de los proveedores y herramientas con los que trabaje la biblioteca. Existen diferentes agregadores de contenidos y distribuidores a los que las bibliotecas pueden adquirir contenidos digitales, siempre teniendo en cuentas las posibilidades de consulta de los libros, como se verá más adelante.

Los modelos de venta que se suelen contemplar son los siguientes: título a título (pick & choose), colecciones (package), evaluación (evidence) y desiderata (PDA, Patron Driven Acquisition). La compra título a título es la más conveniente para la biblioteca, ya que la selección se realiza con los criterios que marcan las universidades y no los proveedores. Se trata del modelo “pick & choose”, de selección de libros a partir de los catálogos y plataformas de compra de los proveedores. Junto a este modelo, sigue siendo común la compra por paquetes, en algunos casos como única posibilidad para adquirir contenidos de editores. Así ocurre con Springer, quien vende por colecciones temáticas y años. Un modelo híbrido es la compra de colecciones basada en el uso o “evidence”. Consiste en abrir durante un tiempo limitado todo o parte del contenido de una editorial a cambio de un pago previamente establecido. Tras el periodo de prueba, la biblioteca se queda en propiedad con los libros que se puedan adquirir conforme al importe acordado. La selección se apoya en los datos de consulta y descarga que facilita la editorial. Este modelo es posible con grandes editoriales como Elsevier, Springer o Wiley. Por último, un modelo que se ofrece para la selección y que todavía está muy poco representado en las bibliotecas universitarias españolas es la compra bajo demanda de los usuarios, que recibe nombres como “Patron-driven acquisition” (PDA) o “Demand-driven acquisition” (DDA). Este modelo parte de que la biblioteca acuerda con el proveedor las condiciones para que los libros electrónicos estén a disposición de los usuarios, quienes podrán hacer uso de las colecciones, independientemente de que sean o no parte de los recursos adquiridos, porque la compra se activa por iniciativa del usuario, tras un periodo de consulta, descargas o impresiones. Este modelo está activo en España en empresas como Ebsco o Ebrary de Proquest, quienes ya tienen modelos de venta y plataformas para ello.

Los precios que las bibliotecas pagan por los libros electrónicos pueden variar sensiblemente si se compran por títulos o colecciones, así como por el número de usuarios y de si se trata de compra o suscripción. Muchas editoriales, como Elsevier, Emerald, DeGryter o Springer tienen precios diferentes para novedades (Frontlist) y para obras retrospectivas (Backlist). De igual forma, la compra por colecciones siempre es más asequible que la que se realiza título a título, aunque en los paquetes la selección no suele ser posible. La compra de colecciones consorciadas también es una de las vías que se están empleando en las universidades españolas para dotar a sus bibliotecas de libros digitales. En el caso de las compras consorciadas, son habituales las negociaciones entre los consorcios y los proveedores para acordar precios y condiciones. Los precios variarán en función del número de usuarios y de las posibilidades de consulta. Lo habitual en las bibliotecas universitarias es adquirir libros electrónicos para toda la universidad, permitiendo la consulta y descarga ilimitada a los usuarios autorizados. Este tipo de condiciones son más caras y no todos los editores las ofrecen, por lo que las bibliotecas emplean otros procedimientos, como la compra de títulos individuales o licencias concurrentes limitadas o 3-5 usuarios, por ejemplo. E-Libro es una buena muestra de proveedor que ofrece tanto licencias de usuario único como de multiusario. Otras vías de adquisición que se están empleando son la compra temporal o suscripción a colecciones, el alquiler de un número de licencias complementarias que se puedan necesitar provisionalmente y la compra de versiones digitales de obras que ya se tenían en formato impreso. El acceso a todas la colección por un tarifa anual es una modalidad muy utilizada con determinados proveedores.

Los aspectos que se deben tener en cuenta en el desarrollo de colecciones de libros electrónicos en las bibliotecas universitarias son los siguientes:

  1. Políticas: existencia de programas de innovación o universidad digital, apoyo a los campus virtuales, distribución de recursos en bibliotecas con estructura descentralizada.
  2. Contenidos: preferencias en disciplinas según especialización de las titulaciones, temas preferentes de investigación, áreas prioritarias de provisión de recursos de información, apoyo a nuevos programas de formación.
  3. Formatos: tecnologías hacia las que se orientan los libros electrónicos, formatos electrónicos prioritarios (estándares y comerciales), dispositivos de lectura (lectores, tabletas, teléfonos) desde los que se prevé la consulta.
  4. Modelos: procedimientos para la selección, compra de los libros electrónicos a través de editores, agregadores, distribuidores o plataformas de préstamo digital, usos posibles de los libros electrónicos.
  5. Presupuestos: contratación, tipo de gasto y facturación del mismo, paquetes, suscripciones, depósitos económicos para PDA, inventario, tributación, incrementos anuales, renovaciones, adquisición de forma individual o consorciada.

Adquisición de las obras: comprar o suscribir libros electrónicos

Una vez realizada la selección se procede a la compra de los libros electrónicos que hayan resultado de interés para las bibliotecas y sus usuarios. Pueden resumirse en cuatro grandes tipos los proveedores que las bibliotecas universitarias españolas están empleando para adquirir o suscribir libros electrónicos: editores, agregadores, distribuidores y plataformas de préstamo digital. Por lo general, las obras estarán en los servidores de los proveedores. El mayor porcentaje de las adquisiciones se realiza a través de los propios editores (6), quienes ofrecen los libros para su consulta y descarga desde sus plataformas. La relación de los editores más presentes en las bibliotecas universitarias españolas y la oferta aproximada de su catálogo de libros electrónicos, ordenados por volumen, es la siguiente: Springer (176.000), Tailor & Francis (58.000), Elsevier (23.000), Cambridge (22.000), Wiley (16.500), ABC-Clio (7.000), Ovid (5.400), Emerald (2400), DeGryter (2.000). A estos editores habría que sumarles las sociedades científicas, con catálogos menores, pero también muy presentes en las bibliotecas españolas, como son IEEE, Institute of Physics (IOP), Royal Society of Chemistry (RSC), American Chemical Society (ACS) o American Mathematical Society (AMS), así como los grandes servicios cooperativos como Huti Trust, Project Muse o JSTOR, que también son proveedores de libros electrónicos.

La compra a través de agregadores es común en las bibliotecas universitarias españolas. Se trata de proveedores que integran en sus plataformas los libros electrónicos de múltiples editoriales, para su adquisición o suscripción y lectura desde las plataformas de los agregadores. Este tipo de compra suele conllevar la aceptación de las condiciones del modelo de venta de los agregadores, en cuanto a cómo se consultan los contenidos y qué se puede hacer con ellos: lectura en línea, descarga con o sin DRM, impresión, etc. Los principales agregadores que operan en España, también ordenados por el volumen de sus catálogos, son los siguientes: Ebrary-Proquest (890.000), Myilbrary (475.000), Dawsonera (275.000), 123Library (111.000), Safari (24.000), Torrossa (22.500), E-Libro (17.500), Digitalia (10.800). En este apartado se puede incluir a Ebsco, ya que ofrece la adquisición de miles de libros electrónicos que se consultan desde su plataforma Ebscohost. No obstante, el modelo de compra de Ebsco puede ser agrupado también en la categoría de distribuidor, entendiendo como tales a las empresas que disponen de amplios catálogos de libros electrónicos de diferentes editoriales para la venta a bibliotecas, siendo la biblioteca la que decide donde se consulta el libro, por lo general en la plataforma del editor o de otro agregador. Los distribuidores son “meta-agregadores”, ya que incluso ofrecen las obras que están en estas plataformas de intermediarios. El modelo de negocio de los distribuidores se basa en la amplia oferta de contenidos y en la simplificación de los trámites de las adquisiciones. Además de Ebsco, con su servicio Ebscohost Collection Manager, en España operan distribuidores como YBP Libray Services con su plataforma GOBI3 y Proquest con su servicio E-Book Library EBL, que está integrando con Ebrary. Otros distribuidores son Greendata, que ofrece un servicio centralizado de adquisiciones de libros electrónicos y la plataforma OASIS (Online Acquisitions and Selection Information System) de Ingram.

El modelo más reciente de adquisición de libros electrónicos es el que se realiza a través de las plataformas de préstamo digital. Se trata de los catálogos de los editores que trabajan con los proveedores de servicios de préstamo digital, desde donde adquieren las obras las bibliotecas que trabajan con ellas (7). Las plataformas con mayor contenido fuera de España son 3M Cloud Library y Overdrive, que opera de forma conjunta con Amazon para los libros para Kindle. En las bibliotecas públicas españolas se emplea el catálogo de Libranda, para las bibliotecas que ofrecen préstamo digital en el servicio Ebiblio. De igual forma, las bibliotecas que emplean el sistema OdiloTk compran las obras a través de la plataforma OdiloPlace y las bibliotecas universitarias que emplean Xebook de la empresa Xercode compran las obras desde su plataforma, realizando la gestión directamente con los editores. El siguiente paso obligado será la interconexión de plataformas de editores, agregadores, distribuidores y plataformas de préstamo digital. En este sentido, E-Libro y Xercode ya tienen integrados sus servicios para que las bibliotecas puedan elegir dónde comprar y para que las compras realizadas en el agregador se dispongan de forma conjunta desde el sistema de préstamo digital.

Es importante destacar que los libros electrónicos también pueden ser incorporados desde plataformas de acceso abierto. Los servicios de publicaciones de las universidades, así como muchas editoriales científicas ofrecen libros electrónicos en acceso abierto, que pueden ser seleccionados por las bibliotecas e incorporados a sus catálogos. En muchos casos, las propias políticas de las editoriales sirven como base a su publicación en abierto, aunque también es común que el acceso abierto se realice previo pago por parte del autor, como ocurre con obras de Springer, Taylor & Francis o DeGryter. Una modalidad similar es aquella en la que la biblioteca paga por el acceso abierto, como ocurre con los libros de Open Editions, que son de lectura abierta, pero donde la descarga se restringe a lo que haya adquirido la biblioteca. Ejemplos de proyectos donde las bibliotecas han pagado el acceso abierto son Knowledge Unlatched y Unglue. La localización de libros electrónicos de editoriales científicas puede hacerse a partir de los directorios DOAB y OApen.

En resumen, los aspectos que las bibliotecas universitarias deben tener en cuenta para la adquisición de libros electrónicos son los siguientes:

  1. Proveedor: compra de las obras a editores directamente o agentes intermediarios, como son los agregadores, los distribuidores y los catálogos de proveedores de servicios de préstamo digital.
  2. Licencias: compra en perpetuidad o por suscripción renovable, con derechos de archivo o sin ellos, número de concurrencias en el acceso a los libros electrónicos.
  3. Plataformas: almacenamiento de los libros electrónicos en los servidores de los editores, plataformas de agregadores o servicios de préstamo digital, enlaces a libros en acceso abierto, archivo local de los títulos.

Proceso técnico: describir e integrar libros electrónicos

El proceso técnico de los libros electrónicos se realiza como el del libro impreso, con las necesarias particularidades del formato digital. La normativa de descripción aplicable es la misma que se emplea en la biblioteca, aunque los profesionales de los procesos técnicos en bibliotecas se encuentran con problemas añadidos como son la integración de los registros en el catálogo y en las herramientas de descubrimiento o la carga y revisión de la información que facilitan los editores y proveedores a quienes se han adquirido los libros electrónicos. La organización de los flujos de trabajo está siendo una constante en las bibliotecas universitarias, debido a que las compras se realizan en grandes volúmenes, por lo general debido a compras consorciadas, suscripciones a contenidos completos y adquisiciones de paquetes. Los procesos técnicos han debido normalizarse para establecer las políticas acerca de cuándo se integraban los registros en un catálogo (sólo cuando la compra es en propiedad, en todos los casos), cómo se cargaban los registros (tipo de importación, metadatos, MARC) o desde qué herramientas se difundían los libros electrónicos (sección de recursos electrónicos de la web, integración en el discovery).

En relación a los procesos técnicos cobra una especial relevancia la forma de integrar los recursos adquiridos con los registros bibliográficos de la biblioteca, sobre todo su catálogo y su herramienta de descubrimiento. Los proveedores de libros electrónicos para bibliotecas ofrecen los registros MARC de las obras que son adquiridas y que a menudo se ofrecen en tablas de Excel o en archivos CSV. Los sistemas de gestión bibliotecaria actuales disponen de herramientas de interoperabilidad de datos que simplifican la carga de los registros provistos por editores o agregadores en el catálogo. La importación de los datos incluye un enlace al libro electrónico, que dirige a la plataforma del proveedor al que se ha adquirido el libro electrónico. El trabajo habitual de los departamentos de proceso técnico incluye la revisión de la información bibliográfica, el control de autoridades o la inclusión de materias a partir de los procedimientos de las bibliotecas. La revisión es más necesaria cuando los metadatos facilitados por el editor son específicos de comercialización de libros, como ONIX, que difieren de los de intercambio de información bibliográfica, aunque son compatibles.

La adquisición de libros electrónicos se está haciendo a una amplia variedad de proveedores, lo que implica una dispersión del fondo de libros electrónicos. Para poder ofrecer de forma simultánea los títulos adquiridos, las bibliotecas, además de sus catálogos, han empezado a emplear servicios de descubrimiento o “discovery services”, donde los usuarios pueden encontrar cualquier recurso disponible en la biblioteca o en Internet, si está abierto. Los sistemas de integración en este tipo de herramientas pueden ser los mismos que en el catálogo; es decir, la biblioteca carga en el “discovery” el archivo que le haya facilitado el proveedor. Está ganando presencia la carga mediante archivos KBART (Knowledge Bases And Related Tools), que están creados de forma específica para recursos electrónicos y que pretenden resolver los problemas de las cargas con archivos de Excel o en formatos CSV. No obstante, lo habitual en las plataformas de descubrimiento es que las colecciones que adquieran las bibliotecas ya estén descritas en la herramienta, debiendo la biblioteca simplemente seleccionar desde el módulo de administración del servicio de descubrimiento los recursos a los que tiene acceso. Este método es útil cuando se adquieren paquetes o colecciones, pero no es válido en caso de compras título a título, donde la biblioteca tiene que cargar los registros. Algunos proveedores, como Ebrary, tienen acuerdos con los servicios de descubrimiento, para que periódicamente se sincronice la información de las adquisiciones de la biblioteca en ambos proveedores y se detecte qué libros electrónicos han adquirido o suscrito, para que aparezcan en los resultados de las búsquedas que se hagan desde el “discovery” y se dé acceso a los mismos a los usuarios autorizados.

Los aspectos que tienen que ser revisados y tenidos en cuenta por las bibliotecas universitarias en cuanto a la integración de los libros electrónicos en los catálogos y herramientas de consulta son los siguientes:

  1. Metadatos: posibilidades de importación de los registros, información en un formato MARC o similar de aplicación en la biblioteca, tipos de metadatos empleados por el editor (ONIX).
  2. Integración: sistema de integración en los catálogos y en las herramientas de descubrimiento (ficheros CSV, MARC, XML, KBART), base de datos de conocimiento del servicio de descubrimiento.
  3. Procesos: organización de los flujos de trabajo, establecimiento de los procedimientos, normativa aplicable, revisión y homogeneización de los registros bibliográficos.

Prestación del servicio: ofrecer libros electrónicos

La consulta de los libros electrónicos adquiridos o suscritos por las bibliotecas se debe garantizar a toda la comunidad universitaria. Para ello, se establecen los mecanismos necesarios para la identificación de usuarios autorizados y el acceso a los recursos tanto desde las redes de las universidades como a través de acceso remoto. Las bibliotecas y los proveedores de libros electrónicos emplean dos formas esenciales de reconocimiento de las personas autorizadas: el rango de direcciones IP de la universidad y las diferentes posibilidades de los servicios de identidad. Es poco frecuente que los editores o agregadores ofrezcan usuarios y contraseñas para acceder a los libros electrónicos. El sistema de acceso más básico es el reconocimiento de las direcciones IP que la biblioteca facilita al editor, agregador o proveedor. Este sistema debe ser completado con otros que permitan el acceso remoto a través de los datos de los usuarios autorizados, como son el registro de usuario en el sistema de gestión automatizada de la biblioteca o el correo electrónico. Es frecuente el acceso remoto a través de sistemas Web Access Management (WAM), que emplean la base de datos de usuarios de la biblioteca y, sobre todo, el sistema más extendido para el acceso remoto es el que se basa en protocolos de federación como PAPI y Shibboleth, que se ofrecen en el Servicio de Identidad de RedIRIS, mediante el que se facilita el acceso a más de un centenar de proveedores (8). Por lo general, se emplean servicios Single Sign-On, basados en las tecnologías mencionadas, como PAPI y Shibboleth. Este tipo de accesos permiten que el correo electrónico institucional sea el único requisito para acceder a los libros electrónicos. Al igual que los editores, las plataformas de préstamo digital están empleando los mismos protocolos.

La consulta a los libros electrónicos puede estar limitada según los modelos de venta de los editores o agregadores. Muchos de ellos permiten exclusivamente la lectura en línea de sus contenidos o bien limitan a un número de páginas la impresión o la copia de contenidos. En otros casos, se permite la descarga con caducidad de los contenidos, que están controlados por sistemas DRM de gestión de derechos digitales. Por el contrario, los grandes editores permiten la consulta y descarga sin límites de los libros, una vez realizada la autentificación. Es necesario que la información relacionada con las posibilidades de consulta, descarga y limitaciones que impongan los proveedores. Algunos agregadores como Dawsonera basan su modelo de acceso en el número de usos o créditos, pudiendo impedirse la consulta a un libro si ya han se ha superado el número de consultas anuales permitida. En otros casos, como en las plataformas de préstamo digital, se compran bonos por números de préstamo, aunque también existen tarifas planas para el acceso a los contenidos.

El control de copias y temporalidad del acceso se suele realizar con sistemas de protección de contenidos denominados DRM (Digital Rights Management). Estos sistemas son diferentes en función del formato o de las empresas que los desarrollan. En los libros que ofrecen las bibliotecas universitarias españolas los DRM más comunes son los de Amazon y Adobe. El DRM de Amazon es necesario para poder leer sin conexión los libros adquiridos a este proveedor y que están editados en formatos legibles por su dispositivo y aplicación Kindle. El DRM más frecuente que se emplea por los editores que lo requieren suele ser el de Adobe, que se está convirtiendo en un estándar de hecho, dada la diversidad de proveedores que lo utiizan. E-Libro y Ebrary, que emplean la misma plataforma, usan el DRM de Adobe para leer los libros descargados desde estas plataformas. De igual forma, el DRM de Adobe es el que usan las plataformas de préstamo digital. Esta tecnología requiere la creación de una cuenta en Adobe, así como la instalación de programas de lectura y gestión de DRM, como Adobe Digital Editions (ordenadores) y Aldiko o Bluefire Reader (dispositivos móviles), siendo necesaria la conexión de estas aplicaciones con la cuenta de Adobe para poder leer los libros con su DRM. Por este motivo, es esencial que las bibliotecas produzcan tutoriales y páginas informativas en las que expliquen estos procedimientos, que son necesarios para leer contenido con DRM (9).

La prestación del servicio puede realizarse de forma consorciada, ya que las obras a menudo se han adquirido de forma conjunta. Las formas de acceso suelen ser las mismas, es decir, rangos de direcciones IP de las bibliotecas integradas en el consorcio y los sistemas de identidad que emplee el consorcio para el acceso remoto. La participación en redes también supone la integración en servicios de préstamo interbibliotecario. En el caso de los libros electrónicos, las licencias que las bibliotecas firman con los grandes editores suelen restringir este servicio a capítulos y porcentajes de las obras. En el ámbito de la cooperación se ha introducido una nueva herramienta para el intercambio de publicaciones: los servicios de préstamo digital. Estas plataformas están siendo la base para el intercambio científico de los libros electrónicos que publican las universidades y ha sido el objeto de uno de los proyectos conjuntos UNE-REBIUN que están en desarrollo. Un resultado concreto de esta colaboración es el grupo de universidades que emplean Xebook (biblioteca y editorial universitarias), que ya ofrecen sus publicaciones en intercambio científico, de tal forma que las obras editadas por una editorial del grupo se ofrecen de forma gratuita a las restantes, como ya se hacía con las publicaciones en papel. El grupo está formado hasta el momento por las universidades de Burgos, Cádiz, León, Murcia, Salamanca y Santiago de Compostela y se encuentran instalando la aplicación la UNED y la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

Para la prestación de servicios de acceso a libros electrónicos, las bibliotecas universitarias deben tener en cuenta los siguientes aspectos:

  1. Identificación: autorización de usuarios mediante el reconocimiento de IPs, sistemas de identidad mediante protocolos de federación (PAPI, Shibboleth), control de usuarios mediante sistemas de gestión de bibliotecas (WAM).
  2. Consulta: condiciones y posibilidades que permiten los proveedores: lectura en línea, descarga temporal o permanente, número de acceso concurrentes o usuarios simultáneos.
  3. Seguridad: empleo de sistemas de gestión de derechos digitales (Adobe, Amazon), control de copias con DRM, descarga sin DRM, acceso a las condiciones establecidas en el DRM.
  4. Cooperación: acceso consorciado a los libros electrónicos, posibilidad de ofrecer contenidos en préstamo interbibliotecario, intercambio científico de libros universitarios desde las mismas plataformas.

Evaluación y promoción del servicio: analizar y potenciar el uso del libro electrónico

La etapa final de cualquier servicio bibliotecario es la evaluación del mismo. Es necesario un análisis desde el que se obtenga la información sobre el uso real de los libros electrónicos, como el número de lecturas y descargas. Los editores científicos habitualmente emplean estadísticas normalizadas, generalmente mediante COUNTER (Counting Online Usage of Networked Electronic Resources). Este método es el que usa también para contabilizar accesos a revistas electrónicas y bases de datos, por lo que ha sido fácil de implementar por los editores. Una evaluación necesaria que debe hacer la biblioteca es el análisis de coste/eficiencia, que ofrece información sobre la rentabilidad de la inversión económica realizada. Los libros electrónicos de interés universitario suelen tener precios elevados, por lo que se debe potenciar el uso de los mismos. Las estadísticas que ofrecen los proveedores también suelen incluir datos sobre las obras, materias y colecciones más usadas. En el caso de las plataformas de préstamo digital, además de la información sobre número global y temático de préstamos, es muy útil conocer el número de préstamos de cada obra, que servirá para decidir la adquisición de nuevas licencias para las libros con más préstamos y reservas. De igual forma, en todos los casos es necesario disponer de información estadística sobre los dispositivos que se emplean para la lectura de los libros electrónicos (ordenadores, tabletas, lectores, teléfonos), así como de los formatos preferidos cuando se ofrecen varios (epub, mobi, pdf). Estos datos servirán para orientar las futuras compras. La satisfacción del usuario debe ser conocida a través de métodos de investigación cualitativa, ya que es esencial determinar si la colección que se está desarrollando responde a las necesidades de la comunidad universitaria.

El mayor uso de las colecciones electrónicas se potencia desde campañas de difusión, sobre todo cuando un servicio es nuevo. Dada la complejidad de algunas tecnologías y la novedad de las mismas, se deberán elaborar tutoriales y páginas informativas, tanto para dar a conocer las plataformas, como para explicar cómo consultar libros protegidos con DRM. Las colecciones de libros electrónicos pueden pasar desapercibidas por los usuarios, por lo que se deben realizar estanterías de novedades, informar de adquisiciones, realizar selecciones temáticas o presentar bibliografías de interés particular. La presencia de los libros electrónicos puede realizarse también mediante el enriquecimiento de los catálogos, incorporando información de interés al registro bibliográfico, junto al enlace a las obras. La dispersión de los libros electrónicos en diferentes plataformas obliga a que las bibliotecas establezcan sistemas de información, alertas y canales de comunicación de los recursos adquiridos, que potencien el uso de las colecciones.

El uso de los libros electrónicos debe ser evaluado y, para que la eficiencia de este servicio se incremente, se deben tener en cuenta los siguientes elementos:

  1. Estadísticas: indicadores disponibles para el análisis cuantitativo, uso real de los libros (consultas, descargas, préstamos), normalización de datos mediante COUNTER.
  2. Análisis: estudios orientados hacia la satisfacción de los usuarios o análisis cualitativo, impresión sobre la calidad de los contenidos, análisis de la inversión, rendimiento y eficiencia.
  3. Renovaciones: obras de adquisición recomendada, renovación de las suscripciones a plataformas o colecciones, expurgo o anulación de títulos suscritos con nulo rendimiento.
  4. Difusión: planificación de campañas de promoción, sistemas de comunicación, producción de guías informativas, tutoriales y materiales de aprendizaje.
  5. Orientación: confección de bibliografías específicas para titulaciones o materias, selecciones para investigación y docencia, recomendaciones periódicas.

Una visión teórica desde la práctica cotidiana

Los párrafos anteriores han pretendido ofrecer de forma organizada una amplia bateria de temas a los que las bibliotecas universitarias españolas se están enfrentando en la actualidad. La formación de colecciones de libros electrónicos se está haciendo a partir de los presupuestos disponibles y de las posibilidades que los proveedores están permitiendo a las bibliotecas. La impresión general que se puede desprender del momento presente es la dispersión de los recursos electrónicos, la pérdida de control en la gestión de la información bibliográfica y la falta de protagonismo de las bibliotecas en el desarrollo de colecciones y prestación de servicios. Este texto no pretende aportar disertaciones teóricas, sino sistematizar los aspectos que -en teoría- se deben tener en cuenta para ofrecer libros electrónicos desde las bibliotecas universitarias. El panorama presentado se ha obtenido de la la práctica, desde la cercanía hacia los procesos descritos y la presencia activa en las iniciativas descritas. Los libros electrónicos son una realidad en las bibliotecas universitarias españolas y serán un servicio básico que devolverá a las bibliotecas su identidad como expertas en la formación de colecciones, la organización de las mismas y la prestación de servicios. El libro electrónico académico tiene un lector privilegiado en los usuarios de las bibliotecas universitarias. La oferta de contenidos es lo suficientemente rica. Las soluciones tecnológicas se adaptan a los requisitos de las bibliotecas universitarias. Es el momento del libro electrónico en la biblioteca universitaria.

Referencias y notas

1. Estadísticas de REBIUN: https://rebiun.um.es.

2. Martínez, D. Los libros electrónicos. El nuevo reto estratégico y de gestión de las bibliotecas universitarias. E-Prints UPC, 2015. Disponible en http://upcommons.upc.edu/e-prints/handle/2117/25791.

3. Documentos XXII Asamblea REBIUN, Madrid 2014: http://www.rebiun.org/documentos/Paginas/XXII-Asamblea-REBIUN-Madrid-2014.aspx.

4. Merlo Vega, José Antonio. Intercambio científico de libros electrónicos universitarios. XXXIII Asamblea de la Unión de Editoriales Universitarias Españolas. Burgos, 20 noviembre 2014. Disponible en http://diarium.usal.es/merlo/2014/11/intercambio-cientifico-de-libros-electronicos-universitarios/.

5. Algunos trabajos recomendados sobre la incorporación del libro electrónico a las bibliotecas universitarias son los siguientes:

  • Anson, C. ; Connell, R.R. SPEC Kit 313: E-book Collections. Association of Research Libraries, 2009. Información: http://publications.arl.org/Ebook-Collections-SPEC-Kit-313.
  • Kaplan, R. (ed.). Building and managing e-books collections: a how-to-do-it manual for librarians. Chicago: Neal-Schuman, 2012.
  • Martín Rodero; H.; Alonso Arévalo, J. La integración de los libros electrónicos en la biblioteca. En Cordón García, J. A. (et.al.). Libros electrónicos y contenidos digitales en la sociedad del conocimiento. Madrid: Pirámide, 2012, p. 353-384.
  • Vasileiou, M.; Rowley, J.; Hartley, R. The e-book management framework: The management of e-books in academic libraries and its challenges. Library & Information Science Research, 2012, vol. 34, n. 4, p. 282-291.

6. Son útiles los documentos de Roncevic y Gutiérrez Palacios para conocer los tipos de proveedores comerciales de libros electrónicos:

7. Un estudio reciente sobre plataformas de préstamo digital en bibliotecas públicas es:

8. Recursos de biblioteca accesibles desde el Servicio de Identidad de RedIRIS: http://www.rediris.es/sir/sps_library.php.

9. Ejemplos de tutoriales sobre Adobe DRM son los vídeos de las Bibliotecas Públicas de Castilla y León disponibles en http://castillayleon.ebiblio.es/videos-tutoriales/ y la página de las Bibliotecas de la Universidad de Salamanca sobre lectura de libros electrónicos accesible desde http://bibliotecas.usal.es/lectura-de-libros-electronicos.

Este texto es una nota Thinkepi de J.A. Merlo Vega difundida en Iwetel el 26 de enero de 2015. La versión definitiva se publicará en el Anuario Thinkepi 2015.

¿Por qué la administración necesita préstamo electrónico en las bibliotecas?

IMG_20140613_092231Parece que la desmaterialización del libro obliga a tomar decisiones peliagudas. Desde hace años vengo participando en diferentes foros que intentaban analizar el impacto de los libros electrónicos en los hábitos de lectura, en las bibliotecas y en los mercados; en cada foro se reproducía una dinámica de bloques conformados según la posición de cada cual respecto a la cadena del libro (el bloque de los productores, el bloque de los facilitadores custodios) y entre ambos, una administración que pudiendo con sus decisiones regular la dinámica decidía no mover ficha.

La inacción, el dejar que las cosas se autocorrijan y autorregulen, además de dejar insatisfechos a todos los sectores del tradicional “universo libro”, está llevando los impuestos a, pongamos, Luxemburgo y eso enciende ya todas las alarmas. El problema no es tanto el desplome de la industria tradicional (ley de vida, nada nuevo bajo el mercado) como el que la nueva que retoma el negocio no cotice donde debe.

Reconducir la situación obliga a discernir si un libro es industria, si es cultura, si es industria y cultura al 50%, o más industria que cultura o viceversa….vaya rollo, con lo bien organizado que lo teníamos con el papel. Ser consciente de que no vas a dejar a nadie contento y sopesar con quién te importa enemistarte más o menos es el reto de la lectura en digital al que se enfrentan nuestros administradores. Mientras los editores piden que se vele por el negocio las bibliotecas reclaman un capote para poder seguir ofreciendo lecturas a la ciudadanía…como si ambas cuestiones fuesen incompatibles.

Recientemente se ha hecho público el convenio de colaboración entre el Gobierno Vasco y los editores de Euskadi. La iniciativa tiene cuatro objetivos fundamentales: ayudar al sector editorial en el impulso de la edición digital, garantizar una oferta de contenido digital en euskera , fomentar la lectura entre los jóvenes, (aprovechando la penetración de las nuevas tecnologías y el uso de los dispositivos entre las personas mayores de 12 años) y luchar contra la piratería.

De los dos aspectos (que es un vehículo de difusión cultural defendido desde las bibliotecas; que es el protagonista de una industria que necesita ser protegida esgrimido por la industria editorial. ¿cuál ha pesado más para la administración en este convenio? Salomón nunca lo ha tenido fácil 😉

¿Por qué los lectores necesitamos préstamo electrónico en bibliotecas?

¿quién lee qué?

¿quién lee qué?

Ayer tuve visita. Alex y Esti querían conocer la biblioteca y ya de paso aprovechamos para comer.

– “Alex, ¿sabes cuál es la principal diferencia entre leer tu libro en papel o hacerlo en digital?”

– “Dime”

– “Que cuando te tengo en papel yo soy el lector pero cuando abro la pantalla el libro me lee a mí”

– “No jodas”

– “Hay dos diferencias significativas entre el libro impreso y el digital que condicionan el acto de leer: el anonimato y el sujeto lector. Con el libro impreso el acercamiento (ojear, leer,comprar) es anónimo; no nos preguntará el nombre, ni los apellidos; mucho menos la identificación fiscal. Un lector de libros electrónicos antes de decidir qué quiere leer tendrá que darse a conocer y aceptar una serie de condiciones (registrarte como cliente, dar el nombre, apellidos, dirección, el NIF…).

La segunda diferencia tiene su cosa: los libros electrónicos nos leen. Un libro electrónico sabe en todo momento el ritmo de nuestras lecturas, qué y cuándo leemos, qué párrafos nos saltamos, en cuales nos demoramos, que palabras buscamos, anotamos… información que puede ser utilizada por autores y editores para “fabricar” lecturas digitales ad hoc, para diseñar campañas publicitarias personalizadas, para saber de qué pie cojeamos…

– “Nunca me había planteado así la lectura de los libros”

– “Una de las demandas que hacen los usuarios en la biblioteca a pie de mostrador es que miremos en el historial y les digamos si han leído tal o cual libro. La respuesta siempre es la misma: no podemos; un bibliotecario no tiene acceso al historial de lecturas de un usuario. Dime que lees y te diré qué piensas, cómo eres, qué deseas, qué te puedo vender, qué querrás comprar…

La lectura social (que es como eufemísticamente se está llamando a esta nueva forma de lectura) está muy bien si es el lector quien decide qué, cómo y cuándo compartir. Eso que tanto se le envidia a Amazon es nuestra gran carencia y nuestra gran virtud. La biblioteca debe ser intransigente para evitar que el lector mute en producto…o por lo menos así lo creo. La privacidad de la lectura le pertenecen al lector y debe ser este quien la gestione. ”

– “Ahora entiendo lo complicado de las negociaciones para implantar el préstamo en bibliotecas. Hay mucho en juego…y no sólo mis derechos de autor”

-” En este bazar electrónico en el que todo es negociable -licencias, precios, periodos…- la biblioteca no debe olvidar su misión. Quién controle la plataforma tecnológica que gestiona el préstamo de libros, la base de datos de los lectores, los ritmos de lectura, definirá el modelo de lectura.”

La próxima vez que vayas a leer un libro electrónico ten presente si deseas ser un lector o un producto…y pregúntate porqué el préstamo de libros digitales no está aún disponible en tu biblioteca.

Ese bazar llamado préstamo electrónico

Jérusalem. Le bazar ; Bildmaterial

Jérusalem. Le bazar ; Bildmaterial. Fuente: Europeana

Acceder al catálogo, realizar la búsqueda y solicitar el préstamo son acciones cotidianas en nuestras bibliotecas…siempre que tratemos de libro impreso. De momento son testimoniales las bibliotecas públicas españolas que en 2014 ofrecen préstamo electrónico a sus usuarios. ¿Porqué? (Suspiros virtuales)

En el plazo de una semana he asistido a dos reuniones sobre préstamo electrónico, una invitado por los editores de revistas culturales (ARCE) y otra en el grupo de trabajo sobre el préstamo electrónico de la red de bibliotecas de Euskadi a la que pertenece mi biblioteca. Esa situación me da el privilegio de conocer los argumentos que esgrimimos cada cual para defender nuestras tesis sobre los diferentes modelos de acceso y compra que condicionan el préstamo.

Los editores temen que el préstamo digital devalúe su negocio (subyace la identificación de préstamo con “no venta” y pérdida de control de su activo); los bibliotecarios recelamos de la carísima “no compra” que nos ofrecen los editores (y nos preocupa la pérdida patrimonial que ello conlleva). Para que engañarnos, mientras todos veamos el palo en la pata y el parche en el ojo ajeno el concepto de préstamo (un usuario, un libro, un préstamo) no será aplicable al libro electrónico. Mientras no entendamos que nos enfrentamos a un problema común no seremos capaces de buscar una solución al mismo. Y me preocupa…

Me preocupa la desaparición de las industrias culturales, me preocupa la falta de un ecosistema de lectura que no considere al lector como el producto a exprimir y me preocupa  no poder acudir a una biblioteca para leer sin sentirme vigilado y explotado. Creo que toca reacondiconar nuestras visiones y posturas antes de que la catástrofe (aquí que cada cual ponga la suya, por ejemplo, Amazon para los editores, el olvido de nuestros usuarios para las bibliotecas y la explotación comercial para mí como lector) sea inevitable.

El negocio del libro electrónico está más cerca del bazar en el que todo es negociable que de la tienda con precio más o menos fijo en la que estamos acostumbrados a desenvolvernos. En este bazar todos somos nuevos, todos tenemos temores y todos tenemos que ceder para ganar. Así que propongo la siguiente terapia antes de volvernos a reunir para negociar las condiciones:

– Estimada industria editorial, repita en voz alta al menos tres veces al día (desayuno, comida y cena) : “La biblioteca me quiere, respeta mis derechos, y cuida y difunde mi obra con cariño”, “La biblioteca es una gran oportunidad para que los lectores se acerquen a mi obra y la aprecien”, “El inmovilismo me está matando”. (No es necesario creérselo)

– Estimados bibliotecarios, repitamos al menos tres veces al día (desayuno, comida y cena): “Los autores nutren nuestras bibliotecas de buenos contenidos; las editoriales facilitan que esa creación sea posible y llegue a nuestros lectores”,  “El inmovilismo me está matando”. (No es necesario creérselo)

– Estimada industria editorial, estimados colegas bibliotecarios, pensemos en la frase que tenemos en común y que, sin duda alguna, todos creemos.

Ahora, vayamos al bazar y negociemos; convirtamos el préstamo electrónico en bibliotecas en futuro cercano y, por qué no, rentable.

 

Libros electrónicos para bibliotecas públicas

La Secretaría de Estado de Cultura ha convocado una licitación para la contratación de licencias de libros electrónicos y de la plataforma que gestione su préstamo en bibliotecas públicas. Se trata de una noticia excepcional, al menos por tres razones:

  1. Porque la Subdirección General de Coordinación Bibliotecaria inicia con fuerza una política nacional de expansión del libro electrónico en las bibliotecas españolas.
  2. Porque se convoca el concurso tanto para la compra de licencias de libros como para el uso de la plataforma que permita prestarlos en bibliotecas.
  3. Porque la creación de una plataforma nacional de préstamo de libros electrónicos para bibliotecas públicas alivia el escandoloso descenso en las adquisiciones que han sufrido las bibliotecas públicas.

El concurso acaba de abrirse y ahora es el momento de que editores y empresas hagan las mejores ofertas para que todos podamos disfrutar del revolucionario servicio que es disponer de una plataforma nacional de préstamo de libros electrónicos desde bibliotecas públicas. Una vez adjudicado, el plazo de ejecución será de 14 meses, pero el proceso ya está en marcha, por lo que los usuarios podemos felicitarnos.

El anuncio de la contratación es para la “Adquisición de licencias de uso de libros electrónicos (e-books) para su préstamo a través de las Bibliotecas Públicas, así como la implantación de un sistema de gestión informática“. El valor económico total de la inversión es de 1.705.785,12 €, que se dividen en diversos lotes de diferente valor en función de los contenidos. Se trata de lotes por tipos/temáticas de libros electrónicos, más el correspondiente a la plataforma de gestión del préstamo de los libros.

Tendencia 2013: el metro cuadrado

IMG_20130507_142626 (1)El otro día me asomaba por esta ventana argumentando que no consideraba este un buen momento para impulsar un modelo de préstamo de ebooks tal y como la industria lo plantea. La razón, por si no quedó claro, no es la negación de la necesidad del servicio sino las reglas de juego sobre las que quieren hacer pivotar el mismo.

Sí la industria editorial argumenta en términos de “defensa de la industria y del autor” nosotros debemos plantear la defensa de la industria, del autor y de la cultura. En un escenario de desaparición de librerías y en el que las editoriales no garantizan la conservación de su propio fondo (!ay qué caro está el m2¡) no debemos olvidar que las bibliotecas son el último reducto físico del libro, del autor y su obra. Nuestro trabajo, sufragado por todos, tiene un impacto económico que no quieren reconocer pero que debemos esgrimir. ¿Y si las bibliotecas cobrasen a autores y editoriales por el privilegio de que sus libros tengan unos m2 de exposición permanente que garantiza la calidad de su visibilidad y conservación?.

El mercado niega a las pequeñas bibliotecas públicas el acceso al ebook dejándolas a expensas de la negociación entre las plataformas distribuidoras y las administraciones. Podemos ofrecer papel pero no bites y eso está favoreciendo la aparición de canales alternativos de descubrimiento y acceso a la lectura. Y ahí perdemos todos.

Entre el acceso restrictivo y muy limitado al contenido que nos proponen (no compramos una obra sino que pagamos por acceder a ella n veces por un tiempo) y ese “pirateo” al que tanto aluden (y fomentan…hasta hacernos pensar mal) debe haber un punto intermedio. ¿Por qué no facilitar una compra de contenido digital con tratamiento de libro impreso? (si se compra “un” ejemplar se presta “un” ejemplar por el tiempo estipulado, no estando accesible para otro usuario mientras tanto). La tecnología lo permite, ¿dónde está el problema?. Quien esgrima que el desgaste del papel que limita el número de préstamos y “obliga” a reponer el libro no se da en un ebook es porque esconde la obsolescencia de dispositivos y formatos; sobre el mensaje nada subliminal que identifica libro prestado con libro no vendido prefiero abstenerme. Y si alguno piensa que eso es inviable les recomiendo un paseo por la editorial Susa o por el CIELO.

La lectura en pantallas necesita una entente cordial entre los deseos de la industria editorial y la defensa del préstamo en bibliotecas. En este punto, las instituciones interesadas en que la industria cultural florezca tienen que ayudar a perfilar el modelo de acceso a la lectura que desean defender. Y tienen que decidir si lo harán buscando el equilibrio o primando a la parte aferrada al (irrecuperable modelo del negocio) papel. Solo espero que cuando negocien recuerden lo de los m2.

La socialización de la lectura en pantallas

unitagqrParece que las industrias de difusión de contenidos han encontrado el camino (su camino) y nos empiezan a preparar para  una nueva experiencia de lectura acorde a los nuevos tiempos: la lectura social. Este nuevo paradigma de la lectura se cimenta en tres pilares: pérdida de anonimato, lectura multidispositivo desde cualquier sitio y lectura compartida/comentada en la red.



No sé si es casualidad o estrategia pero en la última semana han aparecido un sinfín de reseñas sobre herramientas que nos permiten compartir con nuestros amigos notas sobre lo que estamos leyendo. He instalado en un Ipad OpenMargin y Readmill y tras jugar un poco creo que todavía están muy penalizadas por la naturaleza del sector editorial (problemas con los contenidos bajo DRM, dificultad en el proceso de integración con los libros que están en nuestros dispositivos…) y por la comprensible bisoñez de las herramientas en sí. Pero evidentemente denotan la apuesta por el nuevo modelo de lectura.

Curiosamente tanto los defensores de los DRM como las bibliotecas tenemos nuestras reticencias frente a los nuevos hábitos de lectura en pantalla que nos están proponiendo. Cada uno a nuestra manera llevamos en nuestra genética la defensa de una lectura no acorde con el nuevo concepto de lo “social”.

La industria editorial tradicional se aferra a la defensa del pago por copia sin percatarse de que el soporte ya no justifica el precio de compra. Defienden la lectura no-anónima y saben que el dinero fluirá con las nuevas herramientas para compartir lecturas pero sus trabas a la circulación fluida de los contenidos dificultan el proceso así que tarde o temprano renunciarán al DRM y acabaran plegándose ante este aire socializador (tenemos el precedente de la reticencia de los periódicos ante la idea de que los lectores llegasen a sus noticias a través de Google News: la intermediación del gigante era más rentable que su indiferencia).

En el caso de las bibliotecas públicas el reto que tenemos ante nosotros es mantener en las pantallas la calidad y los principios de libertad intelectual que garantizamos sobre el soporte papel . Ya sé que hacer compatible la lectura anónima con las pantallas y defender una socialización de la lectura que no facilite nuestros hábitos, gustos y necesidades a las empresas proveedoras será complicado pero espero que no sea imposible…por el bien común.