Gaseosa tamaño familiar

Ya hace un tiempo comentaba en este espacio experiencias colaborativas poco formales y más terrenales. Poco a poco se van obteniendo resultados, pero en esta ocasión quiero comentar uno que desde mi punto de vista es relevante y es un ejemplo de colaboración.

Logo Bib@prop

Me refiero a la reciente puesta en marcha de una APP (Bib@prop = bibliotecas cerca) en la que los estudiantes de Catalunya pueden conocer en tiempo real cuales son las bibliotecas o salas de estudio más cercanas en donde estudiar. Esta APP forma parte de la iniciativa LABObiblioteques, un proyecto de colaboración entre diferentes redes de lectura pública y redes universitarias entre cuyos objetivos hay el de un mayor aprovechamiento de los recursos disponibles. Y precisamente de uno de los recursos bibliotecarios trata la APP: de sus instalaciones y de su disponibilidad y horarios.

El tema era: ¿Cómo conseguimos recopilar los datos como localización y horarios entre otros de casi 500 bibliotecas pertenecientes a tres redes de lectura pública y a ocho redes universitarias y meterlo todo en una APP? A priori no era tarea fácil con diferentes modelos organizativos y diferentes sistemas de gestión y de información.

Y de ahí el título de este post, algo ya debe estar inventado, solo hay que experimentarlo (con gaseosa, claro): Vimos que cuando buscas una biblioteca en Google, la página de resultados muestra a la derecha una pequeña ficha con los datos de la biblioteca. Y ahí estaba la clave si ya lo tiene Google, vamos a ver cómo podemos aprovechar esta información.

En la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC, ya hacía un tiempo que teníamos algo de experiencia en esa ficha gracias a una sugerencia de Mar Romaní y en las que nos organizamos para gestionar la información disponible en Google, sólo era necesario profundizar un poco más en esta funcionalidad..

Allá que vamos y vemos que se trata de una de las prestaciones de la família de Alphabet o Google, conocida como Google Business (anteriormente Google Places), que contempla la información que necesitamos para la APP como horarios, horarios especiales (especialmente útil para aberturas extraordinarias como en épocas de exámenes), imágenes, sitio web, teléfonos y dirección.

Además, vemos que se complementa con las búsquedas de Google y con Google Maps y de propina nos da las indicaciones para llegar, gaseosa en estado puro señores, solo hay que seguir investigando un poco más.
Descubrimos que todas las ubicaciones disponen de un identificador único o PlaceID i además dispone de una API con la que podemos recuperar la información a partir de este identificador.

Y para cerrar el círculo comprobamos que buscando bibliotecas por diferentes poblaciones ya nos aparece la ficha informativa en la parte derecha de la lista de resultados. Tambiéno con un simple zoom en Google Maps vemos la ubicación. Conclusión ya lo tenemos todo, solo falta recopilar estos identificadores o PlaceiD y a por la APP. Sólo hay que coordinarse.

Si, … pero

Abrir una gaseosa, no siempre es fácil: las ubicaciones existen, pero la información que contienen es poco fiable: horarios desfasados, datos incompletos, bibliotecas que cambiaron de ubicación etc… y que en la mayoría de ocasiones el lugar lo debe haber creado Google o algún ciudadano, rara es la biblioteca que gestiona esa información.

Pues el primer paso es reclamar la “titularidad” del lugar, o si no existe crear la ubicación y una vez realizados los trámites actualizar la información de la biblioteca. Para eso creamos unas pautas que se distribuyeron entre las diferentes redes y en dónde al final se recogen los PlaceID en un formulario (también de Google, claro).

Durante el proceso de revisión, a por la APP

En paralelo vamos investigando como crear la APP Y de esto se encarga Fran Mañez que ya tiene experiencia en temas de geolocalización como el portal Geocommons que desarrollamos en la UPC a partir de contenidos geolocalizables del repositorio institucional de la Universidad.  Reuso del conocimiento en estado puro, amig@s.

Apostamos por Ionic un Kit de desarrollo de software (SDK) en código abierto que trabaja bajo Angular 2 y Apache Cordova y en dónde vía REST nos retorna la información de las bibliotecas vía el PlaceID en formato JSON con el que se construyen los contenidos en la aplicación.

¿Qué hemos conseguido?

Bien, pues la tarea ya es una realidad, la APP para Android ya está disponible en la Play Store y en breve en Apple iTunes, pero además creo que hemos obtenido otros beneficios:

  • Por primera vez en Catalunya esa deseada colaboración inter-redes de diferentes tipologías para compartir recursos. concretamente los espacios.
  • Nos hemos coordinado y distribuido las tareas de recopilación de los PlaceID sin interferir en los procesos y flujos de trabajo de cada red. Cada una se ha organizado como le ha ido mejor: de forma centralizada en algunos casos y descentralizada en otros.
  • Hemos aprendido lo que Google sabe de las bibliotecas y cómo modificarlo.
  • Algunas redes empiezan a compartir la gestión con los servicios centrales para tener una visión más amplia de la red
  • Descubrimos que hay unas estadísticas (Insights) con las que sabemos cómo han llegado a la información (Google Search o Google Maps), si a partir de ahí, nos han llamado con sus smartphones, si le han indicado a este cómo llegar, la visualización de imágenes, si visitaron la web y naturalmente gestionar los comentarios y opiniones que la mayoría de bibliotecas desconocían o no sabían qué hacer con ellos.

En resumen, mucho más que una APP, una nueva acción colaborativa y hemos tomado las riendas de una información que no gestionamos. Bien, esto mientras dure Google Business, que a Google cuando lo le salen las cuentas, cierra el servicio, el próximo Google Talk, pero ya sabemos eso del “beta permanente”.

¿Qué contiene la APP?. Pues, información de casi 450 bibliotecas entre la redes de la Generalitat de Catalunya, de la Diputació de Barcelona i de Biblioteques de Barcelona, además de las bibliotecas universitarias de la Universitat Politècnica de Catalunya, Universitat de Barcelona, Universitat Autònoma de Barcelona, Universitat Oberta de Catalunya, Universitat de Girona, Universitat Rovira i Virgili de Tarragona, Universitat de Lleida y Universitat de Vic.

La APP muestra sus horarios (y si en el momento de usar la APP está abierta o cerrada), las más cercanas y el tipo de biblioteca

A propósito, ¿Alguien se anima a ampliarlo al resto de bibliotecas del Estado?

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Las mejores apps de 2015

Se acerca el final de año y la industria tecnológica comienza a hacer balance. Las principales tiendas de aplicaciones, App Store y Google Play, han publicado recientemente listas de las que consideran las mejores apps del año, una oportunidad que no hay que dejar escapar para descubrir buenas aplicaciones.

Las listas son extensas, así que he seleccionado aquellas que he creído pueden ser interesantes para bibliotecarias y bibliotecarios. Aquí va mi lista personal, escogida de entre las mejores del año.

LiquidText, una excelente app para leer y estudiar

LiquidTextEntre las mejores apps para iPad de este año destaca LiquidText, que de momento solo está disponible para dispositivos iOS pero posiblemente acabe lanzando una versión para Android. Se trata de una app gratuita para la lectura de documentos que destaca por la flexibilidad de sus opciones para incluir anotaciones y comentarios y nos hace replantearnos el uso de las tabletas para el estudio.

LiquidText cuenta con un espacio de trabajo adicional para cada documento en el que se pueden realizar esquemas, relacionándolos con el texto original y enlazando unas ideas con otras. Otras opciones interesantes son la búsqueda en el texto, la importación de documentos de Dropbox y otros servicios similares, así como la opción de agrupar las anotaciones.

Utilizando el gesto de pellizcar, se pueden unificar todos los subrayados del texto. Sin duda esta app ofrece opciones mejoradas sobre el papel.

Periscope

PeriscopePeriscope es la app del año, según Apple. Junto con Meerkat, Periscope ha iniciado en 2015 una nueva generación de aplicaciones para retransmitir vídeo en streaming. Esta idea asombra y asusta por igual, tanto sus enormes posibilidades como por las implicaciones para la privacidad. En mis primeras incursiones en Periscope ví a jóvenes hablando o mirando directamente a la cámara, sin más, pero también pude acompañar a una persona en su visita turística por París y ví las noticias de Antena 3 desde un punto muy diferente al que vieron los telespectadores.

Sin duda Periscope es una potente herramienta al alcance de cualquiera con un smartphone, Android o iPhone, para romper los muros de cualquier biblioteca y contar al mundo lo que se hace en ella. En el mes de agosto Verónica Juárez nos dejó algunas ideas en su blog.

Todoist: no olvides ninguna tarea

TodoistEsta app de productividad, una de las favoritas de la Google Play, está pensada para gestionar nuestra lista de tareas. Su funcionamiento es sencillo: una vez creada una cuenta de usuario, se añaden las tareas pendientes de desempeñar, se les asigna un proyecto y una prioridad y se establece una fecha y una hora para recibir un recordatorio que impida olvidarla.

Todoist es gratuita y también funciona en dispositivos con sistemas operativos iOS y Windows, además de Android, y tiene versiones web.

Paper 53, una app para dibujar y hacer collages

Paper 53Paper 53 es una gran aplicación para dibujar, disponible para iPad y iPhone. Combina textos, fotos y dibujos en una misma composición, a modo de collage. Su uso es muy intuitivo, se aprende rápidamente tras estar atento un rato al tutorial inicial, y se basa una serie de herramientas para dibujar de forma táctil. Aunque se puede utilizar con un lápiz especial que se compra aparte, funciona perfectamente con el dedo.

La oruga glotona, ahora en app

La oruga glotonaLa app My Very Hungry Caterpillar [La oruga glotona], basada en el famoso cuento con el mismo título, fue distinguida con uno de los premios de la Feria de Bolonia este año y ahora recibe un nuevo reconocimiento como una de las mejores apps para Android. Esta app se diferencia de otras similares porque constituye un complemento al propio cuento, en lugar de ser una traslación del mismo con algo de interacción añadida, como es común. Se trata por lo tanto de un juego para que los niños de hasta cinco años aprendan a amar la naturaleza a través del personaje de Eric Carle.

La aplicación funciona en dispositivos móviles con sistemas operativos Android, iOS y Windows y la versión completa tiene un coste de 3,99€, aunque cuenta con una versión lite gratuita.

Seedling Comic Studio: dibuja tus propios cómics

Seedling Comic StudioEsta app gratuita para iPad está pensada para crear un verdadero cómic fácilmente y con estupendos resultados. Los numerosos recursos de esta aplicación nos permiten combinar en cada viñeta los típicos fondos urbanos de los cómics, diferentes bocadillos y tipos de letra, stickers e incluso fotografías capturadas con la cámara de la tableta. Seedling Comic Studio está dirigida a niños entre 9 y 11 años y tienen la posibilidad de comprar temas para mejorar nuestros cómics.

NLB Mobile, la mejor app de una biblioteca en 2015

NLBmobileEsta aplicación no está incluida en los listados de las mejores, pero sin duda es la mejor app bibliotecaria del año. Como ya expliqué en el blog de SEDIC, esta app supone un paso adelante en la evolución de las apps de bibliotecas, pues no es meramente informativa, sino que además permite al usuario realizar sus propios préstamos.

Otras apps interesantes

La tienda de aplicaciones de Google también destaca entre las mejores del año apps como el editor de textos Microsoft Word, el Power Point de Microsoft, Colorfy, que está pensada para colorear, o Writing Wizard, una app educativa para que los niños practiquen la escritura.

De entre las destacadas por la App Store de Apple también merece la pena explorar iTranslate, el traductor de Google con opciones de realidad aumentada que traducen en contexto; Tandem, para aprender idiomas practicando conversación con nativos; y PlayKids Talk, un What’s App seguro para utilizar con niños menores de doce años.

Desde luego, hay muchas más apps increíbles y estas son solo algunas.

¿Cuál es, para ti, la app del año?

La segunda oportunidad (la gestión del ahora III)

msthematics¿También te pones nerviosa cuando se te acumulan los usuarios en el mostrador? Los que trabajamos en solitario pasamos en un instante de la soledad más absoluta a estar desbordados durante diez minutos por personas que han decidido que, por ejemplo, cuando has decidido ir a tomar el café (sí, confieso, todos los días) es un buen momento para solicitar un préstamo, pedir ayuda para imprimir un documento o interesarse por un libro del que han oído hablar pero que no encuentran en ninguna parte.

El préstamo y la impresión son demandas rutinarias que exigen tiempo pero no reflexión; si todo va bien (conexión a internet mediante) en cinco minutos se libera de nuevo el mostrador. Pero cuando se trata de suministrar información, de buscar un dato, necesitamos un momento de pausa que a veces no tenemos. Cuántas veces no habremos hallado eso que nos demandaba el usuario cuando ya se ha ido (un libro que no encontramos por estar en la estantería equivocada, una referencia, …) o respondes apresuradamente y te quedas con esa sensación de “tendría que haberle comentado esto”.

Hace poco, instantes antes de cerrar la biblioteca, me preguntaron por un libro de matemáticas. Tras buscar en varios catálogos no conseguí dar con él; la usuaria, apurada al ver mis esfuerzos y temiendo perder el autobús, comentó que no me preocupase y se marchó como había venido, sin noticias del libro. Tenía el dato del autor (Parnaut),  el título (Dimensions in Mathematics) y decidí preguntarle a Google… Lisbeth Salander, la heroína-hacker de la trilogía Millennium, es una gran aficionada a las matemáticas que intenta resolver el enigma de Fermat mientras devora un libro ficticio –Dimensions in Mathematics de L. Parnaut- cuya existencia tuvo que negar la prestigiosa editorial de Harvard ante las peticiones de los fans de la trilogía sueca.

Solo habían pasado diez minutos desde que la usuaria había abandonado la biblioteca y consideré que la biblioteca necesitaba una segunda oportunidad;  decidí enviar un wasap para, con la disculpa del hallazgo, transmitir un mensaje de calado: tus demandas de información nos preocupan, y en la medida de nuestras posibilidades intentaremos satisfacerlas aunque tal vez no podamos hacerlo al momento; te has molestado en venir a la biblioteca, lo agradecemos y, por supuesto, la biblioteca también acudirirá a tí para informarte.

El inmediato ok confirmó que el mensaje había sido recibido y, espero, la declaración de principios entendida.

Piketty, la desigualdad económica y el papel de la biblioteca en la era digital

Llevo varios días leyendo en la prensa sobre el libro de Piketty, El capital en el siglo XXI, que defiende la tesis de que «la desigualdad económica es un efecto inevitable del capitalismo y que, si no se combate vigorosamente, la inequidad seguirá aumentando hasta llegar a niveles que socavan la democracia y la estabilidad económica», en palabras de Moisés Naim. Desde que estallara la crisis económica hemos visto en nuestro entorno más cercano cómo esa desigualdad ha ideo creciendo, por lo que la teoría de Piketty nos resulta evidente, sean o no ciertas las acusaciones de manipulación de datos que se han vertido sobre su obra.

La creciente desigualdad económica es un aspecto de especial relevancia para las bibliotecas públicas, que siempre han trabajado, y lo siguen haciendo, por acortar esa brecha económica y también la digital. Por eso las bibliotecas son ahora más necesarias que nunca y prescindir de ellas, como está sucediendo en algunos países, significaría un aumento de la desigualdad.

Las bibliotecas no son menos necesarias ante el avance de lo digital, sino que siguen siendo imprescindibles en la lucha contra la desigualdad. Esta es la idea con la que comienza Andrew Roskill, director ejecutivo de BiblioLabs, su charla en TEDx Charleston. En poco más de once minutos Roskill explica su teoría sobre por qué existe una gran diferencia entre el número de estadounidenses que considera importantes las bibliotecas (el 95%, según los datos de Pew Internet) y el porcentaje de población que las usa (52%).

¿Por qué la gente no utiliza los servicios de las bibliotecas, aunque crea que son importantes? Porque son complicadas. Esa es la respuesta de Roskill, para quien los sitios web de las bibliotecas son mucho más complicados que los de Google, Amazon o Apple. ¿Por qué hay mucha más gente que compra libros electrónicos en Amazon que libros impresos y, sin embargo, no se prestan más libros electrónicos en bibliotecas, a pesar de ser gratuitos?, se pregunta. Son cinco los puntos que Roskill recomienda a las bibliotecas:

  1. Enfocarse hacia los dispositivos móviles, que cada vez utiliza más gente.
  2. Hacer los sitios web más fáciles de usar, elegantes y de forma que enganchen.
  3. Atención al contenido: lo que la gente busca son best sellers, ¿por qué no dárselos?
  4. Curation, selección de contenidos y su puesta en contexto.
  5. Presencia física, que sigue siendo una ventaja competitiva también en el entorno digital.

En definitiva, las bibliotecas deben pensar como un negocio si quieren seguir tendiendo puentes que acorten la brecha económica y digital.

Por qué hablar de smartphones en las bibliotecas no es una frivolidad

Imagen de Intel Photos compartida bajo licencia CC by-nc-sa.

Imagen de Intel Photos compartida bajo licencia CC by-nc-sa.

En ocasiones se piensa en smartphones, tabletas y otros dispositivos móviles como una frivolidad. ¿Por qué los profesionales de la información y los bibliotecarios debemos preocuparnos por este tipo de dispositivos electrónicos y adoptar un punto de visto más abierto con respecto a ellos? ¿Por qué hablar de smartphones en bibliotecas no es una frivolidad, sino que tiene mucho que ver con nuestro trabajo?

Porque permiten el acceso a la información y a la cultura, de la misma manera que los libros, revistas, periódicos o que los ordenadores, desde los que nos conectamos a internet. La información es una herramienta básica para desenvolvernos en esta sociedad, pero a veces se nos olvida que los dispositivos móviles también nos permiten buscar en Google y acceder a cualquier página web, descargar y leer libros, ver vídeos, escuchar archivos sonoros o descargar e instalar apps, es decir, acceder a la información. También la cultura habita en internet.

Porque son dispositivos de lectura. Según el estudio Hábitos de lectura y compra de libro en España, 2012 (pdf), el 12,9% de los españoles de 14 años o más lee en un móvil o en una agenda electrónica. Este porcentaje es mayor que el de lectores en e-readers, del 6,6%. Si bien este estudio entiende la lectura en sentido amplio e incluye lectura de prensa, revistas, cómics, webs y blogs, la diferencia entre ambos dispositivos en la lectura de libros es mucho más baja de lo que cabría pensar.

Porque constituyen un medio de comunicación con los usuarios. Algunas bibliotecas han incorporado sistemas de avisos por SMS o se comunican con los usuarios a través de las redes sociales, incluso de Wasap. Por otra parte, las aplicaciones permiten incluir sistemas de notificaciones y avisos que se pueden hacer llegar automáticamente a los usuarios que instalan la app de la biblioteca.

Porque sus funciones facilitan la vida diaria a los usuarios, que ya se acercan a nuestros mostradores de préstamo con la foto del libro que quieren. En este sentido, las bibliotecas deberían pensar en aplicaciones que ayuden a los usuarios en tareas como encontrar un libro para leer, llegar a la biblioteca de la forma más rápida, descargar un libro electrónico o comunicar en el mostrador cuál es el documento que están buscando, entre muchas otras.

Mientras sigamos pensando que la tecnología no va con nosotros seguiremos teniendo bibliotecas del siglo XX en el siglo XXI.

Tecnología NFC y códigos QR, su uso en la biblioteca y otras historias

La Biblioteca Pública de Hanno, en la prefectura de Saitama (Japón) ha implantado la tecnología NFC (Near Field Communication) en sus instalaciones. En la web de la empresa Fujitsu, que ha colaborado en este proyecto, se explica cómo la proximidad del smartphone con las etiquetas NFC, que en este caso se han colocado en varias estanterías (véase imagen más abajo), activa un portal web desde el que se accede a varias fuentes de información, como la Wikipedia o varias bases de datos. De esta manera se puede ampliar información sobre los libros de la colección, lo que ayuda al lector a tomar una decisión a la hora de escoger sus lecturas en el momento de la elección, en la biblioteca. Este portal web, cuyo diseño está optimizado para dispositivos móviles, también permite efectuar reservas de libros y publicar reseñas.

El proyecto Karirutatchi ―así se denomina― se ha implementado por primera vez en esta biblioteca con unas cien etiquetas NFC iniciales que pretenden aumentarse más adelante. En un futuro está previsto que se extienda este proyecto a quinientas bibliotecas de todo el país.

NFC en la Biblioteca Pública de Hanno.

La tecnología NFC permite una conectividad cercana, de unos centímetros, para el intercambio de datos entre dispositivos. Su funcionamiento requiere dos elementos: una etiqueta NFC previamente programada con la instrucción de la tarea a realizar y un smartphone que incorpore la tecnología NFC. Tras instalar una aplicación lectora de NFC en el smartphone, éste debe situarse cerca de la etiqueta para que se ejecute la instrucción.

Si bien se lleva algunos años hablando sobre cómo esta tecnología podría implantarse en las bibliotecas, hasta el momento son escasas las iniciativas puestas en marcha. Por una parte, en la actualidad no todos los smartphones incorporan NFC, aún poco conocida ―el iPhone es uno de los que aún se resiste―, y por otra, la adquisición de las etiquetas conlleva un gasto (aproximadamente un euro por etiqueta) que puede evitarse con otros sistemas.

Aunque hay quienes aseguran que el NFC eclipsará a los códigos QR, estos últimos se han postulado en la práctica como una alternativa más ventajosa para las bibliotecas de nuestro país, especialmente porque son más populares y reconocibles, pero también porque son legibles desde cualquier smartphone y fáciles y baratos de producir ―con sólo buscar en Google «generar QR» se pueden encontrar montones generadores gratuitos en línea y los códigos pueden imprimirse en cualquier soporte―. Al menos en aquellos casos en que el objetivo es algo tan simple como dirigir al usuario a un sitio web.

La tecnología NFC ofrece ventajas frente a los códigos QR en los casos en que se desea aprovechar el elemento de la proximidad o se requiere ejecutar una instrucción para agilizar un proceso. Así, por ejemplo, cuando el objetivo es formalizar un pago de la manera más rápida para el cliente, NFC será una mejor solución (ver vídeo) que los códigos QR, que exigirán al cliente seguir una serie de pasos para autenticarse (así lo plantea PayPal). En el blog QR-Code se explican las diferencias entre ambos.

Otros posibles usos de la tecnología NFC en bibliotecas son la descarga de libros, como proponen el proyecto Ingebord y la propuesta Library Underground ―una idea de un grupo de estudiantes de llevar la biblioteca al metro y poder descargar desde él libros electrónicos a modo de muestra―, el autopréstamo o sustituyendo al carnet de la biblioteca. Estos dos últimos usos sí podrían justificar el uso de la tecnología NFC, que agilizaría los procesos. Más relacionada con la lectura está esta experiencia que conocimos a través de Marta Abarca Villoldo en las últimas Jornadas Españolas de Documentación y que permite escuchar el audiolibro al acercar el smartphone a la portada de su versión en papel, una idea pensada para personas con discapacidad visual.

Pero además Karirutatchi forma parte del portal Kariru, desde el que es posible localizar un libro en cualquier biblioteca del país. Se trata de un catálogo muy diferente a los que estamos acostumbrados a ver: no solo abarca a varias bibliotecas públicas del país, todo un logro, también su diseño es muy informal y priman los elementos gráficos sobre los textuales. La portada y una ventana con publicidad son los elementos más visibles, mientras que los datos bibliográficos quedan en un segundo plano (edición, ISBN…).

Gracias a los dispositivos móviles y la conexión a internet cada vez tenemos más medios a nuestro alcance para facilitar a los usuarios el acceso a la información desde la biblioteca. Es el momento de encontrar la forma de explotar esos medios y buscar soluciones óptimas, al menor coste posible, que realmente funcionen y sean útiles y eficaces para nuestros usuarios. Pero antes que nada debemos conocer cada tecnología y saber aplicarla a cada caso concreto. De ello dependerá su éxito, y también el de nuestras bibliotecas en la era digital.

Tendencia 2013: No subvenciones un smartphone a tu hijo, cómpratelo

No me extraña que con tanto cambio a Javier Leiva le duela en la biblioteca pensando en qué van a encontrar sus hijos si deciden aparecer por allí. Como él, también estoy preocupado: mira que si lo primero que encuentran es un mostrador custodiado por un tipo con gafas (¡ay, la presbicia!) o una señora con moño, sin un smartphone en el bolsillo o un tablet entre las manos. Vaya, para una vez que se animan a venir, se topan con lo más rancio del modelo anterior sin las prestaciones más innovadoras del nuevo.

Tendencias 2013: smartphone

Cualquier persona que se acerca a nuestros mostradores (todavía muchas, a tenor de las estadísticas) posee la tecnología para descubrir y acceder a la información; sus principales estímulos para seguir acudiendo a las bibliotecas no serán ni la colección ni el catálogo, sino el espacio y, sobre todo, el factor humano (sí, me refiero a tí que estás leyendo estas líneas). El edificio sigue siendo muy importante (y hay que cuidar los detalles: mobiliario adaptado a las nuevas necesidades, ambiente agradable,…a mí personalmente me gustan con posibilidad de café) pero no como espacio físico contenedor y cerrado sino como un lugar de socialización y de tránsito en el que los profesionales facilitarán a las personas la vida en el entorno digital.

La capacitación tecnológica es clave y, hoy por hoy, se consigue con un smartphone en el bolsillo. A diferencia de periodos anteriores, no disponemos de una tecnología específica para bibliotecas sino de una tecnología cotidiana “tuneada” para uso bibliotecario. Negar la mayor y obcecarse en vetar llevar un cacharro de esos por considerarlos una intromisión del trabajo en el ámbito privado nos impide conocer para poder tunear. 

Por favor, cuando vayas a subvencionar el smartphone de tu hijo no te olvides de renovar tu zapatófono. Las gafas y el moño son inevitables (vemos mal de cerca y el pelo recogido es más cómodo), lo de los dispositivos, no. Y eso sí que es preocupante.

Por cierto, Natalia cuenta lo mismo…pero de otra manera 😉