Aprender a mirar, enseñar a mirar la biblioteca (II)

Aprender a mirar, enseñar a mirar (I)

¿Qué es la biblioteca? Pigmentos y trazos

La naturaleza cambiante de los documentos (tablillas, papiros, pergaminos, papel, bytes) y sus condiciones de acceso condicionan nuestro concepto de biblioteca, bibliotecario y usuario. Con la digitalización el documento pierde el soporte y estas definiciones la consistencia; colección, usuario y bibliotecario adquieren un significado diferente que nos hacen cuestionar lo que es y debe ser la biblioteca y cuál será nuestro papel. Recurrir a la biblioteca porque es el lugar donde se encuentran los libros (todavía nuestro mayor activo) se agota; conseguir que los ciudadanos nos sigan considerando opción para obtener información es cada vez más complicado y no creo que estemos en disposición de transformarnos en un “makerspace” sin libros de la noche a la mañana. ¿Dónde se encuentra la esencia de la biblioteca que queremos ofrecer?, ¿tenemos que rellenar con tecnología los huecos dejados por los libros que no vamos a comprar?, ¿seguirá siendo la lectura nuestro eje vertebrador?, ¿hacia dónde debemos dirigir la mirada ahora que el libro parece no tan importante?

Nos gusta imaginar las futuras bibliotecas como espacios dinámicos y abiertos, transitados por personas que utilizarán la tecnología para aprender, hacer y enseñar. A mi también, y creo que estará a nuestro alcance si apostamos por abandonar nuestra zona de confort para superar dinámicas consideradas consustanciales. Y a veces no será fácil:

queja

Queja sobre el funcionamiento de la biblioteca enviada al ayuntamiento de Muskiz  y contestación a la misma.

“Buenos días! En el día de ayer 17/05/2016 me encontraba junto a otras personas en la biblioteca y llegaron unos chavales montando bastante jaleo. Le dijimos a la encargada de la biblioteca que por favor les dijera algo ya que en una biblioteca una de las normas es estar en silencio y más que nada por respeto a las personas que allí nos encontrábamos. La respuesta que nos dió fue inaudita: que si necesitábamos silencio nos fuéramos al aula de estudio que hay habilitada al lado. Por supuesto abandonamos la biblioteca varias personas, pero no es justo que las personas que cumplimos las normas seamos las que tengamos que abandonarla porque los responsables no hagan su trabajo.

Un saludo”

“Hola A, muchas gracias por hacernos llegar tu queja.

Los espacios bibliotecarios son, hoy en día y por méritos propios, unos de los principales espacios comunitarios de las sociedades contemporáneas. Esta socialización basada en la igualdad de acceso a los recursos de información y de conocimiento ha permitido incorporar nuevos perfiles de usuarios y también nuevas formas de usar, entender e interactuar con la biblioteca. Estas nuevas formas de uso de la biblioteca han añadido a  las mismas una nueva variable: la gestión del ruido. El silencio es un servicio que la biblioteca ofrece pero no garantiza.

La biblioteca de Muskiz es un espacio al que a diario acuden muchas personas y los responsables intentan dar el mejor servicio conciliando todas las necesidades: hay personas que necesitan estudiar, otras conectarse a internet, muchos niños vienen al club de lectura, adultos a por libros…la variedad de tareas a realizar por el personal de la biblioteca es muy variada, entre ellas mantener el orden. Conseguir un equilibrio que satisfaga a todos es difícil.

En esta biblioteca no hay ninguna norma sobre la obligatoriedad de estar en silencio pero, sabedores de su importancia para el estudio y la lectura, tenemos una sala de estudio en la que, ahí sí, hay que respetar el silencio.

Ayer por la tarde pasaron por la biblioteca 75 personas, sobre las 17:00 habría unas 40, y en ningún momento hubo “jaleo” aunque sí ruido. Al ver que empezaba a haber muchas personas usando nuestros servicios nos limitamos a recordar a los usuarios que necesitaban silencio que tenían a su disposición la sala de estudio.

Atentamente

Fernando Juárez. Bibliotecario”

Los automatismos delatan que seguimos muy condicionados por cómo hemos interiorizado lo que debía ser una biblioteca. Los profesionales nos sentimos cómodos en el tradicional y poco conflictivo ecosistema colección-estudio-silencio, nos sigue preocupando más la integridad y la salvaguarda patrimonial que la difusión (estoy pensando, por ejemplo, en las políticas de préstamo con sus multas y sanciones); los usuarios nos siguen viendo como suministradores de libros, de información (… aunque pueden recurrir a agentes tecnológicos que están mejor preparados para suministrar datos) y de un espacio de silencio. No creo que consideren (consideremos) que su papel en la biblioteca vaya más allá de usar el wifi, sentarse y pedir un libro.

Si nuestra propuesta se estanca en el monocultivo libro-estudio-silencio el uso de la biblioteca será muy estacional, perderá la atención de los usuarios y nuestro papel profesional será irrelevante/prescindible. Para el futuro  imaginado necesitaremos superar estereotipos, alterar inercias y evitar perdernos buscando altamiras tecnológicas* (tan inalcanzables para la mayoría de las bibliotecas en el entorno digital como anteriormente en el analógico). Por eso me gusta la idea de bibliotecas como espacios demandados (y financiados) por la comunidad, acondicionados, administrados y orientados por bibliotecarios y dedicados a la creación de conocimiento para mejorar la vida de la comunidad a la que sirven que nos propone David Lankes. Me gusta por el protagonismo que concede a las personas (profesionales y usuarios), por la confianza que muestra en nuestras posibilidades. Bajo su punto de vista las colecciones (o la tecnología) no son la finalidad sino la herramienta para conseguir un propósito superior: mejorar la sociedad a través de la creación de conocimiento. Y apunta hacia dónde dirigir la mirada: “no estamos en el negocio de la información; estamos en el negocio del conocimiento lo cual nos sitúa en el negocio de la conversación”.

Conformar y organizar una rica y variada colección, crear servicios de búsqueda y referencia, asesorar a los lectores, facilitar el acceso a recursos, proporcionar un ambiente adecuado y seguro, motivar a las personas… son acciones al alcance de todo tipo de bibliotecas que nos permiten aprovechar las inercias de nuestro pasado-presente (con las que nos sentimos cómodos) para facilitar esa creación de conocimiento que hará que nuestras comunidades estén mejor preparadas. Francamente, lo de crear conocimiento me parece un poco pretencioso pero sí que podemos mejorar la comunicación con nuestros usuarios y propiciar un ambiente distendido que facilite esa conversación que tal vez se convierta en el germen del conocimiento. La receta: alterar las inercias y aprender-enseñar a mirar la biblioteca de otro modo.

Alterar las inercias

Cuando empecé a trabajar en la de mi pueblo sabía qué caracterizaba una buena biblioteca y buscaba ofrecérsela a mis usuarios. Consideraba, como la mayoría que nunca se ha acercado a una, que era un combinado de libros (muchos, buenos y variados) y (extremo) silencio para propiciar el estudio, la lectura y la reflexión. Aunque construir una gran colección se escapaba de nuestro presupuesto sí podíamos (y debíamos) al menos salvaguardar el silencio. Y, ya es mala suerte, nuestra biblioteca tenía una puerta con una ventana de cristal por la que se asomaban a curiosear los que acudían a otros servicios de la casa de cultura. Me molestaba sobremanera que, tras el fisgoneo, los más osados entrasen a saludar a algún conocido o incluso a mí, ¡el bibliotecario!… Mi primera decisión profesional importante fue ordenar cambiar la puerta.

La puerta es la primera toma de contacto que proponemos y condiciona nuestra comunicación. Si es opaca aísla, encapsula el espacio, no invita a entrar a quien no tenga algo concreto que hacer dentro. La disposición del espacio, el mobiliario, la señalización también anticipan qué podemos esperar y cómo debemos comportarnos. En nuestra biblioteca nada invitaba a entablar una conversación que no veíamos necesaria; quien traspasaba la puerta susurraba para no alterar el silencio. Esa era la realidad ajustada a cómo entendíamos y definíamos la biblioteca.

Internet nos ha cambiado. Empezamos a vislumbrar que tal vez exista una biblioteca sin papel pero no sin personas. La colección, sea de la naturaleza que sea, sigue siendo nuestro mayor activo y ,tal y como la entendemos ahora, para mejorarla necesitamos ser visibles y animar a participar por muy ruidoso que sea. Tras veinte años buscando y forzando el recogimiento lo primero que hicimos al reformar la biblioteca fue cambiar la puerta por una totalmente diáfana, de cristal. El cristal nos hace más transparentes, ensancha el espacio, anima a entrar, invita a conversar. Esa es la realidad ajustada a cómo entendemos y defendemos ahora la biblioteca.

Aprender a mirar, enseñar a mirar

¿Qué pensamos de alguien que acude a la biblioteca? La mayoría convendremos en que necesita algo que la biblioteca (nosotros) le puede ofrecer y creo que estamos en lo cierto (probablemente los usuarios tendrán una opinión parecida). Sin embargo, esa manera de mirar y entender lo que sucede (el usuario pide, nosotros damos) condiciona los roles (nos otorga un mando en plaza que acentúa la pasividad del usuario), encorseta los servicios y nos sitúa en un plano divergente al futuro imaginado.

Hemos comentado que la naturaleza cambiante de los documentos condiciona nuestro concepto de biblioteca, bibliotecario y usuario. ¿Y si nos planteásemos, dada esa naturaleza cambiante, que quien viene a la biblioteca es un potencial documento que podría enriquecer la colección? Quien necesita información implícitamente nos está diciendo que ese tema por el que pregunta le interesa, que quiere/necesita aprender más y que, probablemente, pueda tener cierto dominio sobre él. ¿Cómo sabremos si quien viene a pedir nos puede dar?, ¿cómo hacemos saber al usuario que tiene un conocimiento que nos interesa? Actuando como los arqueólogos con los espeleólogos: enseñando a nuestros usuarios esta nueva manera de entender su protagonismo en la biblioteca, diciéndoselo con hechos. Nos ayudará ser menos estrictos con el silencio, ser proactivos preguntando, pidiendo la opinión, animando a que las personas que acudan a la biblioteca crucen palabras, se conozcan. La conversación (formal o informal, presencial o virtual) es una actividad gratificante que crea un clima de complicidad que animará a compartir ideas, pedir ayuda, y , porqué no, a crear nuevos contenidos.

Replantear la comunicación, actualizar lo que hasta ahora entendíamos como “puntos de contacto” (el edificio en horario determinado), reconsiderar jerarquías, crear el entorno adecuado para posibilitar múltiples conversaciones (profesional-usuario, profesional-profesional, usuario-usuario) es lo que diferenciará una biblioteca suministradora de información, inviable en la sociedad conectada, de una biblioteca que aspira a mejorar la comunidad. Nuestra actitud mostrará este cambio en el modo de entender y hacer. Lo de la creación de conocimiento, si tiene que llegar,  ya llegará.

Este escrito recoge a grandes rasgos las ideas que quise transmitir durante mi intervención en las Jornadas Transferencias II (Madrid, 11 y el 12 de marzo de 2016) y acaba de ser publicado en el Boletín de ANABAD.

 

* “si ha lugar redefinir la biblioteca para el futuro, cosa que ciertamente tiene sentido hacer, no ha de ser a partir de un nuevo marco tecnológico sino, de un marco sociológico, e incluso me atrevería a decir antropológico.Olvidemos los soportes documentales y preguntémonos qué necesidades cubría y qué necesidades debe cubrir la biblioteca” Anglada, Lluís . Rellenando espacios: las bibliotecas como tejido conector en una sociedad densa = Filling in spaces: libraries as connecting tissue in a dense society., 2016 In: Bibliotecas 2029 : Documentos de las Jornadas “Bibliotecas 2029”. Murcia: ANABAD, pp. 79-83. [Book chapter] [fecha de acceso 17 Junio 2016]

 

Muchas gracias / Mila esker / Moitas grazas / Moltes gràcies

*Nota del @ferjur para entender el texto. En Euskadi funciona un servicio de préstamo interbibliotecario (financiado por el Gobierno Vasco) que junto con el catálogo unificado y el carnet único han ayudado (bajo mi punto de vista) a mejorar la calidad del servicio ofrecido. Por diversas razones (carga de trabajo extra que no se puede/quiere asumir, considerar que el esfuerzo presupuestario propio debe revertir exclusivamente en la propia biblioteca y sus vecinos, desacuerdo con las “reglas de juego” mínimas…) no todos pensamos lo mismo.

La biblioteca de Muskiz ha experimentado un gran salto de calidad gracias al apoyo de esas bibliotecas que han apostado por el préstamo interbibliotecario y quería dar las gracias. Aprovecho el mensaje que hemos enviado a nuestros colegas de las bibliotecas de Euskadi para volver a visitar este blog.

 

img_0183Mila esker / Muchas gracias

Desde que empecé a trabajar mantengo una hoja de cálculo en la que apunto asistencias y préstamos. Sí, la biblioteca es algo más (“mucho más” nos gusta pensar) que lo que insinúan esos dos indicadores pero los considero un buen termómetro. A 1 de enero nuestro reto es superar la cifra del 31 de diciembre y cada final de año me entretengo, más de lo razonable, contando los préstamos que faltan o sobran para lograr el objetivo. 11.724 marcaba la casilla final en 2015; a pesar de recortes y paradigmas digitales, para este 26 de diciembre ya habíamos trasegado más de 11.724 libros, revistas, películas y saludos.  Como en años anteriores, el logro sería inalcanzable sin el préstamo interbibliotecario (el 5% de esos préstamos, unos 620 ítems. Mapa de procedencia).

Nunca me había planteado lo que supondrían en dinero los servicios que prestamos; incluso ahora que  necesitamos  demostrar que no somos gasto sino inversión miro con escepticismo las cuentas que realizamos sobre la biblioteca (si desconfío de las estimaciones que se hacen cuando hablan del monto de la piratería digital cómo no hacerlo de las que realizamos sobre el valor económico de nuestros servicios). Aún así, para poder hablar en el mismo registro que utilizan mis políticos cuando me tocan los presupuestos, recurro a la calculadora bibliotecaria que han preparado nuestros colegas navarros: a ver, 12,90 € el préstamo del libro, 1,92 € las revistas, 2,63 € las pelis, 8,74 los cds… por 11.7ymuchas transacciones en 2016… unos 100.000 € de servicios prestados y no cobrados. El 5% del préstamo realizado en Muskiz gracias al aporte de otras bibliotecas ha permitido ahorrar/sobredimensionar/ofrecer servicios adicionales por un valor de 7.740 € (más que el presupuesto asignado para compras de fondos en 2016).

Me parece que las cifras (necesarias aunque no sé si creíbles…concedámonos el beneficio de la duda) no reflejan toda la realidad. El préstamo de un libro, más allá del argumento del (hipotético) retorno de la inversión que podemos emplear para negociar presupuestos, nos ofrece la oportunidad de conversar y “exponer/mostrar/vender” un renovado concepto de biblioteca (ahora que estamos tan necesitados de demostrar “valor”). Y sabemos (porque así nos lo hacen saber los lectores) que cuando lo que prestamos viene de otras bibliotecas la satisfacción aumenta, se modifica (para bien) nuestra imagen y la creación de valor se multiplica. El valor es un intangible que depende de los estados de ánimo…

Muchas veces nos preguntan sobre los mejores servicios bibliotecarios; siempre apunto tres:
– la amabilidad de l@s profesionales (el factor humano),
– el wifi abierto y sin contraseñas (oferta tecnológica amigable y flexible)
– el préstamo interbibliotecario (esa cooperación que permite el reescalado de nuestros servicios).

La combinación de los tres hace que quien entra en una biblioteca, bien como usuario, bien como profesional, se sienta cómodo. La amabilidad y el wifi corren de mi cuenta, el préstamo interbibliotecario de la vuestra. Y por eso quiero daros las gracias.

Gracias porque nos ayudáis a paliar las deficiencias presupuestarias, a gestionar mejor nuestro fondo, a mover libros que no sabíamos que estaban en nuestras baldas, a recibir felicitaciones por hacer nuestro trabajo; gracias porque estamos haciendo sentirse especial al usuario que espera un libro, una película  y se alegra con el mensaje  que le anuncia que ya ha llegado y que, cuando quiera, puede pasarse por la biblioteca; gracias por ese vecino que ha vuelto porque le han comentado que si necesita un libro los de la biblioteca se lo traen de donde haga falta; gracias porque nos demostráis que se puede ser parte de una gran biblioteca (la mayor de Euskadi, no lo olvidemos) sin perder personalidad, autonomía e idiosincracia; gracias porque asumís un trabajo extra en vuestra ya de por sí saturada jornada. ¡Ah! y gracias por esa lección de “Reciclaje aplicado al embalaje de libros” que me dispongo a poner en práctica para devolver lo que os debo 🙂

Feliz año nuevo / Urte berri on

Aprender a mirar, enseñar a mirar la biblioteca (I)

lumentxa

Panel con representaciones figurativas de Lumentxa (foto: SINC http://www.agenciasinc.es/Noticias/Descubiertas-pinturas-rupestres-en-la-cueva-de-Lumentxa)

Me sorprendió la noticia del descubrimiento realizado en la cueva en la que estuve de excavaciones hace años. Recuerdo que al inicio de cada campaña recorríamos infructuosamente su interior en busca de pinturas o grabados. No supimos ver, a pesar de tenerlos allí mismo, el caballo y el bisonte que veinte años después han descubierto el mismo grupo investigador responsable de los hallazgos que se están dando a conocer en las cuevas de la zona. Sorprende que muchos de estos descubrimientos de arte paleolítico se hagan en cavidades ya conocidas e incluso excavadas por arqueólogos.

Detrás de los hallazgos que están rellenando el “vacío vasco” (entre los especialistas se conoce así a la ausencia de arte rupestre entre el suroeste de Francia y la Región Cantábrica, algo cuanto menos curioso al ser esta zona el nexo de unión entre ambos territorios) encontramos una nueva estrategia de estudio: mirar de manera diferente las paredes de las cuevas.

Pensar que todo el arte rupestre tenía que ser tan espectacular como el de los grandes santuarios nos impidió ver una realidad que, simplemente, variando la mirada quedaba al descubierto; una pequeña mancha de pigmento, un trazo grabado en la pared no tienen la espectacularidad de los bisontes bien perfilados pero indican la posible existencia de manifestaciones artísticas. Dentro de esta nueva estrategia los arqueólogos están también  “enseñando a mirar” a los espeleólogos, verdaderos descubridores y conocedores de las cavidades, quienes, preguntados por no haber reparado en la presencia de pinturas y grabados en cuevas que frecuentaban, confesaban que es difícil fijarse en un pigmento cuando estás buscando altamira.

Hasta hace no mucho nuestros santuarios eran esas bibliotecas de presupuestos generosos, plantillas amplias y grandes colecciones situadas en edificios emblemáticos. Los profesionales buscábamos replicar, en la medida de nuestras posibilidades, lo considerado canónico en todo tipo de bibliotecas: buena selección de documentos, descripción y clasificación normalizada para facilitar su recuperación, espacio optimizado para albergar una colección cuanto más amplia mejor, estrictas normas de preservación y, ya puestos, de consulta. El objetivo tal vez fuese facilitar el acceso a una información escasa pero la fortaleza de la biblioteca a la que aspirábamos era la colección con el libro como centro de todos los servicios.

Producir y distribuir información digitalmente está transformando nuestros santuarios. Los libros impresos, aún siendo muy importantes, ceden presupuesto, espacio y esfuerzos a nuevas propuestas que también condicionan nuestra mirada. Se nos invita a olvidar lo que pensa(ba)mos y a cambiar las reglas: la esencia de la biblioteca parece residir en la apropiación y uso de la tecnología en un espacio que necesita quitar baldas, volverse más informal e incluso renunciar al papel. ¿Informal y sin papel? ¡Pero si llevamos siglos ensalzando y defendiendo la necesidad del comportamiento ordenado, del silencio, del libro como piedra angular y eje de nuestra actividad!

Continuará… (o eso espero).

Creo que así comenzaré mi conversatorio con Gonzalo Moure en el V Seminario Internacional de Bibliotecas Públicas: “Leer el Futuro”

 

Congresos

Escanciando conocimiento

Escanciando conocimiento

Hace poco aproveché un viaje para visitar bibliotecas y reencontrar amigas. Nuestras colegas, con muchos años en la profesión, estaban preocupadas: la afluencia de niños desciende año tras año y creen que el recién estrenado préstamo digital nos quita usuarios. Tenían dudas sobre cómo encarar un presente en el que la oferta de información es abundante, desplazarse a por un libro ya no es tan necesario y conseguir que nuestros vecinos nos dediquen parte de su tiempo libre es cada vez màs caro. Para colmo, los modelos de biblioteca de futuro que les acababan de mostrar en el último congreso del que acababan de regresar (innovación acompañada de presupuesto generoso y diseño de vanguardia) minaba su confianza y las sumía en el pesimismo.

Acudir a saraos profesionales es un acto social necesario para intercambiar ideas que te ayudarán a hacer más llevadero el día a día mientras lo pasas bien. Una de las pocas cosas que le pido a un congreso es que suba la moral de la tropa, imprescindible si trabajas en una biblioteca con todo esto del cambio de paradigma informacional y los recortes de la crisis. Un buen organizador de congresos debe sopesar muy bien la “sociología” de los asistentes;  mostrar buenos ejemplos que hagan reflexionar no debería ser incompatible con fomentar la autoestima y el empoderamiento…

Creo que el último Fesabid ha conseguido que muchos de los asistentes hayan sentido que eran del mismo centro de Bilbao (te aclaro que el bilbaíno lleva la autoestima de serie y no hace falta que le expliquen el significado de “empoderamiento) y hayan vuelto a casa pensando eso lo puedo hacer yo y con la intención de hacerlo.

Escenas cotidianas

Nota: texto escrito para el Grupo Thinkepi y publicado originalmente en la lista IweTel. La intención es provocar reflexión y debate, así que cualquier comentario al respecto será muy bienvenido.

Escenas cotidianas: el juego, la música y la lectura

OLYMPUS DIGITAL CAMERAUn niño jugando con bloques de construcción, una escena que lleva produciéndose muchos años en cualquiera de nuestros hogares… LEGO, fundada en los años 30, vive uno de sus mejores momentos pero en 2003 estuvo al borde de la desaparición; los niños se estaban alejando de los juguetes tradicionales atraídos por las nuevas tecnologías y la compañía, aunque muy popular, no encontraba la forma de ofrecer lo que estos querían. La empresa superó el momento crítico volviendo a los orígenes (apuesta por los productos estrella de siempre), cerrando líneas poco productivas (reducción de costes) e implementando pequeñas innovaciones tecnológicas para mejorar la experiencia del usuario (entre ellas, la mejora de la presencia en Internet creando su propia red social y diseñando una comunidad online donde la gente pudiera compartir sus creaciones).

LEGO apuesta por el bloque de toda la vida y, sin perder de vista el futuro digital, se esfuerza también en implicar a las personas utilizando los nuevos canales de comunicación.

Una persona sentada en un transporte público, mirada absorta, auriculares en los oídos, una escena que lleva produciéndose muchos años en cualquiera de nuestros trenes y autobuses… En 2014 se ha dejado de vender el reproductor musical de bolsillo que propició el terremoto en la distribución musical: el iPod Classic. Tony Fadell, uno de los creadores del primer iPod, intuía esa desaparición desde el momento mismo en que se empezó a comercializar. “En el 2003-2004 nos empezamos a preguntar qué es lo que mataría el iPod. Y aún en esa época ya vimos que sería el streaming. Lo llamábamos “el reproductor celestial en el cielo”. Y eso es lo que tenemos ahora: la música en la nube y contenidos en streaming.”

“En cuanto al futuro de la música, no se trata ni del iPhone ni del iPad. Se trata de aplicaciones que lean tu mente. Ahora que tenemos acceso a toda la música que podemos imaginar, la gallina de los huevos de oro pasa a ser la capacidad de descubrir esa música. […] Que ese reproductor celestial te dé la canción adecuada en el momento adecuado”.

Una persona acercándose a la biblioteca para coger un libro, una escena que lleva produciéndose muchos años en cualquiera de nuestras bibliotecas…¿y si analizamos la escena teniendo en cuenta la experiencia de LEGO y el fin del IPod?

Escenas cotidianas: del libro a la lectura, de la desiderata a la experiencia del usuario

Últimamente, con e-biblio, e-liburutegia y su tímida oferta de préstamo digital, la escena está sufriendo pequeñas variaciones: en la colección hay libros que pertenecen a terceros que imponen condiciones que la biblioteca repercute en los usuarios, esto tienen más opciones para obtener lectura y deciden si merece la pena otorgar valor a lo que las bibliotecas ofrecen. Estamos dejando de pensar en clave de objeto (libro) y empezamos a valorar la importancia del acceso al contenido (lectura): el préstamo ya no es necesariamente presencial ni acudir a la biblioteca imprescindible.

La biblioteca ofrece una colección amplia, plural, bien construida, garantiza el anonimato, no considera al lector como un producto, el poder adquisitivo no es un problema para usar sus servicios; lleva tanto tiempo asociada al libro y a la lectura que la “marca” biblioteca es un gran activo…pero al igual que con la música, el streaming y el leer todo lo que quieras por 10 euros al mes está a la vuelta de la esquina. Acudir a la biblioteca porque allí se encuentran los libros tiene fecha de caducidad.

Seguimos teniendo muchos libros en baldas (y los seguiremos teniendo) pero nos equivocamos si nos empeñamos en pensar que lo nuestro es más el libro que la lectura; si identificamos plataforma de préstamo con estrategia digital, el libro con nuestro bloque…. No, en la era del streaming no iremos a la biblioteca a por libros, pero tal vez sí a por esa recomendación, a por esa experiencia de lectura compartida (nuestro verdadero bloque).

Ahora que el libro y el espacio físico están dejando de ser imprescindibles necesitamos a nuestros lectores para perfilar colecciones y mejorar “la experiencia del usuario”

En la economía de la información el valor de las cosas depende de los usuarios. Cada vez que alguien se acerca a la biblioteca tenemos un potencial creador de valor, una pequeña inversión para ese futuro que nos preocupa, un futuro que no existirá si no es con una comunidad lectora alrededor de la biblioteca. Siempre ha habido personas que nos han comentado sus lecturas, si el libro les ha gustado o no; comentarios que muchas veces no hemos valorado en su justa medida.

Para ese tipo de lectores la biblioteca no es almacén sino plaza donde poder intercambiar impresiones; plaza que frecuentarán con sus amigos si se sienten valorados y correspondidos.

Empezar a mirar con otros ojos a quien viene a por un libro y animarle a, junto a nosotros, recomendar y fomentar la lectura, es clave para el futuro en streaming que se avecina.¿Por qué no aprovechar el mostrador tradicional para construir el virtual del futuro?, ¿por qué no democratizar la recomendación de la lectura “en presencial” para implicar a nuestros lectores en la construcción de la recomendación “en virtual”?

La construcción del fondo bibliográfico es toda una declaración de intenciones: empezamos a recomendar cuando realizamos la selección. Podemos argumentar que en esa selección teníamos en cuenta a nuestros usuarios a través de las desideratas, esa petición en la que quedaba claro quien decidía.

En la era del acceso invitar al usuario a que nos diga que le interesaría a ver si lo tenemos en cuenta en la próxima compra ya no tiene sentido; el tiempo de la desideratas, entendida como una gracia, ha pasado.

Lo interesante es saber qué opina, qué comenta, qué busca, qué recomienda y aprovechar esa información para, sin olvidar la calidad y la pluralidad que se nos supone, ofrecer servicios de lectura más personalizados.

Fíjate, ahí está la usuaria acercándose al mostrador; comenta con tanta pasión el libro que está devolviendo que dan ganas de dejar todo lo que tienes entre manos y ponerte a leer. Y mira esa otra que escucha mientras espera a ser atendida y pregunta si se puede llevar el libro que acaban de dejar. A nada que te descuides se establecerá una conversación entre ambas (“Ya verás cómo te va a gustar”) que molestará a los estudiantes del fondo. Dependiendo de nuestra forma de ser:

  • facilitaremos que la conversación que hemos descrito llegue a producirse,
  • escucharemos con atención el comentario del lector emocionado y
  • aprovecharemos para beneficio de la biblioteca esa información que nos están ofreciendo

o, por contra,

  • cortaremos de raíz el intercambio de opiniones en pos de un silencio que garantice el recogimiento y el estudio.

Aunque no hayamos preguntado el lector siempre nos ha dicho lo que le gusta y hemos empleado esa información para difundir la impersonal y muy solicitada lista de los libros más prestados, clave para mejorar las estadísticas de préstamo. Si estamos tan convencidos de la importancia del usuario ¿por qué no poner el acento en la persona y en la lectura que recomienda? ¿por qué no preguntar directamente para saber lo que le gusta?, ¿por qué no apelar a la creación de un vínculo afectivo entre el lector, la lectura y la biblioteca que les ha puesto en contacto y animar a otras personas a vivir esa experiencia?; y ya puestos ¿por qué no usar las nuevas posibilidades tecnológicas y los nuevos canales de comunicación para hacerlo? LEGO lo ha hecho, sigue vendiendo (analógicas) piezas de plástico y parece que no le va mal.

La segunda oportunidad (la gestión del ahora III)

msthematics¿También te pones nerviosa cuando se te acumulan los usuarios en el mostrador? Los que trabajamos en solitario pasamos en un instante de la soledad más absoluta a estar desbordados durante diez minutos por personas que han decidido que, por ejemplo, cuando has decidido ir a tomar el café (sí, confieso, todos los días) es un buen momento para solicitar un préstamo, pedir ayuda para imprimir un documento o interesarse por un libro del que han oído hablar pero que no encuentran en ninguna parte.

El préstamo y la impresión son demandas rutinarias que exigen tiempo pero no reflexión; si todo va bien (conexión a internet mediante) en cinco minutos se libera de nuevo el mostrador. Pero cuando se trata de suministrar información, de buscar un dato, necesitamos un momento de pausa que a veces no tenemos. Cuántas veces no habremos hallado eso que nos demandaba el usuario cuando ya se ha ido (un libro que no encontramos por estar en la estantería equivocada, una referencia, …) o respondes apresuradamente y te quedas con esa sensación de “tendría que haberle comentado esto”.

Hace poco, instantes antes de cerrar la biblioteca, me preguntaron por un libro de matemáticas. Tras buscar en varios catálogos no conseguí dar con él; la usuaria, apurada al ver mis esfuerzos y temiendo perder el autobús, comentó que no me preocupase y se marchó como había venido, sin noticias del libro. Tenía el dato del autor (Parnaut),  el título (Dimensions in Mathematics) y decidí preguntarle a Google… Lisbeth Salander, la heroína-hacker de la trilogía Millennium, es una gran aficionada a las matemáticas que intenta resolver el enigma de Fermat mientras devora un libro ficticio –Dimensions in Mathematics de L. Parnaut- cuya existencia tuvo que negar la prestigiosa editorial de Harvard ante las peticiones de los fans de la trilogía sueca.

Solo habían pasado diez minutos desde que la usuaria había abandonado la biblioteca y consideré que la biblioteca necesitaba una segunda oportunidad;  decidí enviar un wasap para, con la disculpa del hallazgo, transmitir un mensaje de calado: tus demandas de información nos preocupan, y en la medida de nuestras posibilidades intentaremos satisfacerlas aunque tal vez no podamos hacerlo al momento; te has molestado en venir a la biblioteca, lo agradecemos y, por supuesto, la biblioteca también acudirirá a tí para informarte.

El inmediato ok confirmó que el mensaje había sido recibido y, espero, la declaración de principios entendida.

WhatsApp y las cincuenta de Grey (La gestión del ahora II)

La gestión del ahoraWhatsApp y las cincuenta sombras de Grey han conseguido algo que la biblioteca perseguía pero no lograba: llevar la tecnología y la lectura a ámbitos y grupos de usuarios impensables hasta hace poco. La trilogía propició que muchos “no usuarios” se acercasen a las bibliotecas a por un libro que les habían recomendado en la calle; el whatsApp que la proporción de usuarios de biblioteca con smartphone sea muy elevada y que incluso nosotros sepamos cómo funciona. El whatsApp ha mutado el teléfono del abuelo en el smartphone de mi suegra; el erotismo ha convertido el libro en objeto de deseo. Creo que ninguna de nuestras campañas ha conseguido reducir la brecha digital y fomentar el interés por el libro con tanto éxito ¿por qué no aprovechar la coyuntura?

Una persona se acerca al mostrador de la biblioteca en busca de información;  sabes que nos puede preguntar cualquier cosa: la disponibilidad de un libro, el horario de autobuses o dónde encontrar una imagen de un elefante azul para los deberes del cole. Trabajamos delante de un terminal con acceso a internet, lo habitual es que busquemos respuestas a través de la pantalla. Al preguntar a los colegas si la situación es cotidiana en sus bibliotecas todos asienten; cuando me intereso  en cómo transmiten la respuesta las opciones van desde la voz hasta escribir en un papel o imprimir un pantallazo…¿Sábes qué echo en falta? Alguien que apunte la posibilidad de enviar la respuesta al momento y directamente al bolsillo de quién nos solicita la información. Y ya puestos, si el usuario quiere que le ayudemos, ¿por qué no invitarle a comunicarse con nosotros como lo haría con sus amigos?, ¿por qué no ofrecerle nuestra ayuda sin hacerle venir a la biblioteca, sin tener que dejar de hacer lo que tiene entre manos, en la certeza de que en el mismo momento en que tengamos lo que necesita le llegarà el aviso?, ¿por qué no aprovechar que la mayoría tenemos un nuevo canal de comunicación en el bolsillo que, ahora sí, sabemos usar?. Las formas de comunicación cotidianas e informales son necesarias en una biblioteca que quiera conectar con sus usuarios.

La referencia es una de nuestras especialidades, un servicio que podemos adaptar a los nuevos canales de comunicación con mucha facilidad.  Y si ayer, en los inicios de internet, mejoramos ese servicio de referencia con el correo electrónico y posteriormente con el chat, hoy podemos hacerlo con el whatsApp. Ser receptivos a la omnicanalidad nos permite  personalizar el servicio, nos da la oportunidad de fidelizar, de “poner en valor” nuestra actividad. Nos preocupa el futuro y hacemos cábalas sobre cómo afrontarlo; desconocemos cuáles serán las  posibilidades y las herramientas que tendremos mañana, pero hoy ya sabemos que tanto el número de personas  permanente conectadas como el consumo de datos en movilidad va en aumento así que, mientras llega el futuro, parece fácil adaptar y mejorar nuestro presente aprovechando ese teléfono que no falta casi en ningún bolsillo, ¿no te parece?