Contrariedad

El otro día participé en un debate. En un momento determinado la presentadora se interesó por la evolución de ese templo del saber en el mundo digital. Ya sé que no es excusa pero no trabajo en un templo y me costó pillar el concepto, qué queréis que os diga. Como estaba también el Leiva  y soy bibliotecario supuse, creo que con acierto, que se refería a la Biblioteca.

En la Sociedad de la Información (casi) nadie pone en duda que debemos utilizar las nuevas tecnologías y todos nos preguntan cómo las usamos. En mi biblioteca-ermita (por seguir con el símil televisivo) de la periferia del imperio bibliotecario se supone que tenemos un plan tecnológico que nos ha llevado al éxito y que justificaba mi presencia en el debate.

– “¿Entonces, cuál es el plan que has aplicado en tu biblioteca?”

– “No lo sé. No existe tal plan”.

En ese tránsito del “Porqué al Cómo” en el que nos hemos instalado desde que apareció el mundo 2.0 actuamos como si necesitàramos creer que la tecnología obrará el milagro gracias al cual la biblioteca recuperará su mítica esencia de institución del saber. Sí, es cómodo caer en la tentación de identificar nueva biblioteca con tecnología y no con cambio de procesos y, sobre todo, de mentalidad. Creo que obviamos que muchas veces nuestro añorado éxito no era tanto debido al género que dispensábamos como al hecho de ser la única tienda (que no templo) del barrio y ahora, lo queramos o no, estamos rodeados de grandes superficies con productos exóticos y precio reducido. Toca especializarse, no hay otra, y necesitamos tener y trabajar un “Para qué” que nos dé personalidad y sentido.

Claro que necesitamos cuadraditos troquelados, ambientes vintage y muros extrovertidos que luzcan bien en las nuevas pantallas de nuestros usuarios pero esas herramientas sin un sentido no garantizan el éxito. Si existe la receta para aprender, innovar y adaptarse yo no la conozco; en mi caso funciona la actitud y la pérdida de tiempo.

La sorpresa que asomó en el rostro de la presentadora, apenas perceptible, apenas un instante, no estaba teñida de contrariedad; eso la delató, no era del gremio.

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