La (in)formación

[Biblioblog] Siempre me han gustado los cursillos de formación. Son una buena manera de cambiar la rutina diaria: sales de tu entorno, conoces gente, te reunes con (cada vez más) viejos amigos, te tomas un café, comes, y de vez en cuando aprendes algo.

Sigo asistiendo a cursos pero desde el otro lado: se supone que soy el encargado de que los asistentes aprendan algo; y de verdad que (coherente que es uno) pongo todo mi empeño en que el café y la conversación de la comida den la talla. Y, sí, sigo aprendiendo cosas…

Con esto de la aceleración tecnológica las píldoras formativas suelen centrarse en enseñar a usar tal o cual herramienta web que dote de un aire de modernidad digital a nuestras bibliotecas. Sucede que ese toque digital tan necesario en nuestras bibliotecas es, en muchas ocasiones, no deseado en nuestras vidas, y, por lo visto y oido, no deseado en nuestras administraciones.

Y te encuentras con la paradoja de que quienes vienen a formarse aluden a razones laborales (“esto es solo para trabajar”) o de edad para justificar su desinterés en aplicar lo aprendido en casa. Y que quién envía a sus huestes a formarse les niega el botón derecho del ratón o el acceso a internet sin restricciones. En fin, nada grave si no fuese por el pequeño detalle de que nosotros nos tenemos por bibliotecarios, nuestras administraciones por impulsoras de la “e-administración”, y nuestra razón de ser es la información.


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