El desastre de la Biblioteca Nacional de Iraq

Javier Gimeno Perelló, bibliotecario de la Universidad Complutense de Madrid, ha mandado a la lista PUBLICAS un estremecedor mensaje sobre las perdidas sufridas en la Biblioteca Nacional de Iraq a comienzos de la ocupación de este país por el ejército estadounidense. A continuación se reproduce el mensaje dado el interés del mismo y la importancia que tiene conocer las pérdidas patrimoniales de una cultura milenaria por culpa de políticas incoherentes y actos irresponsables. Se reproduce el texto literal del mensaje:


«Aunque no son muchas las fuentes que nos detallan la destrucción del patrimonio bibliográfico y artístico iraquí, las que existen nos dan idea de la magnitud de la catástrofe. Solo imaginarnos el incendio de la Biblioteca Nacional de Bagdad o de la biblioteca universitaria de al-Mosul nos resulta estremecedor. Las principales fuentes que aportan datos contrastados son investigadores, profesores y bibliotecarios de la Universidad de Bagdad, de al-Mosul y de la Biblioteca Nacional, periodistas, testigos presenciales, o la cadena de televisión qatarí Aljazeera. El profesor iraquí de estudios árabes e islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid, Waleed Saleh Alkhalifa, ha recopilado datos de estas pérdidas, procedentes en su mayoría de aquellas fuentes. La Biblioteca Nacional, inaugurada en 1977 con un edificio de 10.240 m2 construido al estilo arquitectónico árabe, especialmente las ventanas y celosías, joya arquitectónica por su belleza, amplitud y servicios, albergaba miles de manuscritos, todos pasto de las llamas. Entre las pérdidas más relevantes cabe destacar: El Canon en Medicina de Avicena (980-1037 d. C), que fuera durante siglos manual de las facultades de medicina, no solamente en los países islámicos sino también en la mayoría de los países occidentales; Tratado sobre los números de Abu Said al-Magribi (1819); Tratado sobre pesos y medidas de Kadim b. Qasim al-Hasani (1851); Nahj al-Balaga (El Camino de la retórica) de Ali b. Abi Talib, primo y yerno del Profeta, del año 1160. Manuscritos también albergados en la Biblioteca Nacional escritos en persa y en turco fueron asimismo pasto de las llamas.
Se ha perdido igualmente toda la sección documental sobre el Imperio Otomano custodiado en la biblioteca, incluidas miles de cartas y misivas; la colección formada por cerca de medio millón de documentos relacionados con la Familia Hachimita a la que pertenecía la Familia Real iraquí, así como todos sus libros privados que allí se guardaban. Un gran número de cartas y misivas referentes a la relación de Irak con el Sharif Husayn de Meca antes de la Gran Revolución Árabe.
Entre los miles de volúmenes contemporáneos desaparecidos destacan las donaciones particulares hechas a la Biblioteca Nacional, como la de los padres carmelitas de Bagdad, con varios miles de tomos procedentes de su biblioteca conocida por el nombre de El Padre Anistas Mari al-Karmali.
Junto a estos fondos documentales, hay que señalar la desaparición de los siguientes archivos guardados también en la BN: el archivo moderno de Irak, incluidos los documentos originales de la Primera Guerra del Golfo (Irán – Irak, 1980 – 1988), el archivo de la prensa iraquí y árabe desde finales del siglo XIX y comienzos del XX, o el archivo de Microfichas de la prensa árabe y su historia, muchas de las cuales no cuentan con ninguna copia.
Próximo a la Biblioteca Nacional, el Centro de Documentación y Manuscritos fue también objeto de destrucción y de robo. Entre los manuscritos que albergaba estaban las primeras muestras de caligrafía árabe de la época abbasí, de autores como: Ibn Muqla (m. 940 d.C.); Ibn al-Bawwab (m. 1032) inventor de la caligrafía al-Rayhani y al-Muhaqqaq; Yaqut al-Musta’simi (m. 1299), calígrafo y autor de libros como “Asrar al-Hukama” (El Secreto de los sabios) y “Ajbar wa ash’ra” (Noticias y versos); un Corán de puño y letra de Ali b. Abi Talib (primo y yerno del Profeta de los musulmanes y cuarto califa ortodoxo, m. 661 d. C.), escrito en caligrafía cúfica.
Además de los centros anteriormente mencionados, el profesor Saleh recoge testimonios de investigadores, bibliotecarios y periodistas, que dan cuenta de otros centros culturales y bibliotecarios destruidos como el Centro Saddam de las Artes, la Biblioteca de al-Bab al-Sharqi, o la ya citada Biblioteca universitaria de la ciudad de al-Mosul, todos ellos también con importantes colecciones bibliográficas perdidas para siempre.
Ni los artífices de la invasión ni sus cómplices han mostrado preocupación alguna por esta pérdida irreparable para la historia de la humanidad, como si no fuera con ellos. Seguramente no va con ellos porque no se sienten parte de ese legado humanístico que representa todo cuanto ellos han contribuido a aniquilar. Muchos consideramos un alto deber y una gran misión profesional dar a conocer, con todos los medios a nuestro alcance, por pocos y limitados que sean, esta vesania cultural y humana. Agradecemos pues a esta lista de distribución la difusión de este mensaje.
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